¡Mate! – Capítulo 22: Sí, te amo

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Gia
Los besos se tornan pasionales y demandantes entre Loni y yo, tanto que puedo percibir lo excitado que él está.
Por mi parte, siento curiosidad y deseo de experimentar el acto entre dos personas; sin embargo, temo mucho porque Loni no me inspira confianza. Me aparto y finjo una sonrisa. Él, sin embargo, se me lanza encima y vuelve a besarme. Sus manos me tocan con rudeza, a lo que vuelvo a tomar distancia.
—No quiero hacer esto, no ahora —digo decidida, pero él no está conforme con mis palabras, por lo que las ignora y vuelve a besarme, esta vez en el cuello. Desearía dejarme llevar, mas no deseo a Loni. No haré nada que yo no quiera solo para complacer a otros; si me voy a aparear con un hombre, por lo menos debo disfrutarlo o carecería de sentido que lo hiciera.
El muy idiota intenta romper mi ropa y me toca el busto, razón para empujarlo y encararlo amenazante.
—No vuelvas a tocarme —le advierto mientras le apunto con el dedo—. Yo no soy una de tus zorras.
—¿Te vas a hacer la puritana ahora? ¿A qué viniste entonces? —Me acorrala contra la pared.
Cretino, infeliz, desgraciado…
—Idiota, vine porque me invitaste a cenar, pero no mencionaste que la cena se trataba de tu pene. Imbécil. Yo mejor me voy, al final, todos tuvieron razón en cuanto a ti y tus intenciones.
—Me diste la oportunidad para ser algo más que un maldito amigo. ¿Ahora me sales con esta basura? ¿Qué crees que hacen las parejas? ¿Jugar a las escondidas? No, Gia, las parejas copulan y nosotros no seremos la excepción.
—¡Yo no soy tu pareja! —Lo empujo para recuperar el espacio que él está invadiendo.
—Ya estoy harto de las tontas como tú. Todo es por culpa del idiota de Gael, ¿cierto? No puedo creer cómo es que la hija del alfa se rebaja tanto por un recogido. Él ni siquiera pertenece a nuestra manada y ya el alfa lo ha hecho su heredero. ¡Qué familia de idiotas!
Le pego una cachetada que provoca que él gire el rostro.
—A mi padre lo respetas, infeliz. ¿Te das cuenta de que puedes ser exiliado por faltarle el respeto a tu alfa y a su familia?
—Eso no será necesario porque yo me largaré de esta mugrienta manada. ¿Crees que permitiré que un intruso como Gael sea mi alfa? ¡Jamás! Pero primero te enseñaré lo que es un verdadero hombre, así te sacas al inservible de Gael de la cabeza. Quien quita que el alfa lo hizo su heredero porque es su hijo bastardo, entonces estás cometiendo una aberración al babear por tu hermano.
Sus palabras, de alguna manera me irritan.
—¡Ya cállate! Yo me largo de aquí. —Me voy a girar cuando él me jala por el brazo y trata de forzarme… A mí…
Los ojos me arden y siento cómo mis dientes se convierten en grandes y afilados colmillos. Con una fuerza brutal, empiezo a golpearlo con los puños y gruño amenazante.
No le doy tiempo de reaccionar porque salgo corriendo de allí y me convierto en loba. En vez de dirigirme a casa, me adentro al conglomerado de árboles que rodea nuestra manada y corro bosque adentro.
Gael no es mi hermano, eso es una estupidez. Me subo a una roca grande y aúllo debajo de la luna.
«Mate», grita mi interior y vuelvo a aullar.
Esta noche lloro sobre la almohada mi frustración. ¿Por qué Loni resultó ser un fiasco si era mi esperanza para olvidar a Gael? Al parecer, estoy destinada a sufrir por un amor imposible y a ser la única loba a quien su mate no ama.
 
***
 
—Lo mueves así, ahora le echas sal y listo. ¡Huevos revueltos! —me instruye Gael mientras me ayuda a menear la cuchara.
—¡Genial! Mañana lo hago yo sola. —Agarro el plato que él me entrega y me dirijo con este en manos al comedor.
—Toma; pan y leche. —Gael pone una porción del pan más fresco en mi plato y me sirve del líquido blancuzco, luego pela una naranja para mí—. Come frutas primero —comanda mientras me entra un trozo en la boca.
Mastico sonriente y trato de que mi sonrisa no se haga muy ancha, así no se me sale el contenido de la boca. Mamá me ha dicho que eso es de mala educación. Después de que Gael se asegura de que tengo todo mi desayuno servido y, que he comido mi porción de frutas matutina, él empieza a desayunar.
Me quedo mirándolo alelada. Gael es muy lindo y sus ojos me encantan. Ya él tiene catorce años, por lo que se ha vuelto más grande y me cuida mucho.
—Ya estoy satisfecha —aviso cuando me como la mitad del desayuno.
—No has terminado aún. Ven aquí. —Palmea sus piernas y jala mi plato. Una vez me siento en su regazo, él empieza a alimentarme hasta que me como todo—. Lo has hecho bien. Ahora podemos irnos de aventuras al bosque.
—¡Sí! —celebro mientras lo abrazo.
Me gusta abrazar a Gael porque él tiene un calorcito rico. Además, me encanta su olor a esencia de vainilla mezclado con madera del campo.
Hoy nos levantamos más temprano para ir de aventuras, por eso no hay nadie en la cocina aún. Empacamos comida y ropa para bañarnos. Gael lleva la mochila y yo un palo que me encontré en el patio, me gusta usarlo para quitar las ramas y jugar en el camino.
—Gael, escuché de mamá que casi todos los lobos tenemos un mate.
—Así es.
Dejo de picar las piedras de la orilla del río con mi palo y me acomodo junto a Gael. Él, quien está sentado en una roca frente al río y con sus pies descalzos jugando dentro el agua de la orilla, me mira con una sonrisa, aunque puedo notar tristeza en sus ojos y no entiendo la razón.
—¿Y cómo sabes que encuentras a tu mate? Se supone que tu lobo es quien dice: ¡Mate!, ¿cierto?
Gael se queda pensativo y luego me acaricia la mejilla con ternura. Me gusta que haga eso.
—Por el olor, por el vínculo y por el apego. Al principio no es certero, pero lo percibes o sospechas. Entonces, cuando te transformas, tu lobo confirma lo que ya imaginabas. Pero todo va a variar de persona a persona, ya que cada cual tiene una experiencia diferente al otro.
—Gael, me gusta tu olor, tu calor y tu compañía. Seamos mates cuando crezcamos, así vamos a estar juntos para siempre. ¿Qué dices?
—Eso no se decide, pequeña princesa. Pero de algo debes estar segura, yo siempre te protegeré.
Miro a Gael con una sonrisa, quien tiene su atención puesta a la nada y denota mucha tristeza. ¿Por qué le cambia el humor de repente?
 
Despierto con lágrimas en los ojos y un dolor insoportable en el pecho. Una vez más he vuelto a soñar con el pasado. Lo peor es que siempre que recuerdo la relación que Gael y yo solíamos tener, mis defensas bajan y termino buscando la forma de acercarme a él. Soy una masoquista, ¿por qué no me rindo?
Me aseo rápido y me dirijo a la cocina, donde el olor a huevos y a café me hace salivar; huele diferente, por lo que no creo que sea mamá o Tita las que estén cocinando. Cuando entro, tengo un dejá vù. Ver a Gael removiendo los huevos y apagando la leche, antes de que se salga de la olla, me transporta al pasado, al tiempo donde no teníamos tanta tensión y nos levantábamos antes que mamá para usar la cocina.
Me quedo en silencio para observarlo hacer lo suyo. Se ve tan sensual con el delantal puesto, sirviendo café y echándole leche. Su trasero duro y redondo, atrapado en ese pantalón de mezclilla, capta mi atención, así que ya no sé si salivo por la comida o por él.
—¿Te quedarás ahí parada? —cuestiona Gael mientras sirve los huevos. Suspiro antes de caminar en dirección al comedor y trato de disimular lo mucho que todo esto me afecta. Siento tanta nostalgia. Gael me sirve con naturalidad, como si esperaba que yo viniera a desayunar.
—¿Dónde están todos? —inquiero mientras miro a mi alrededor. Es extraño que esta cocina esté vacía.
—El alfa y mamá fueron a visitar a una manada vecina, no me preguntes que no sé cuál, y Tita no pudo venir.
—Vaya —musito ida.
—Por eso vine a hacer nuestro desayuno temprano, dado que esta cocina será un caos cuando todos despierten sin el control de Tita y mamá aquí. Los días en que los jefes y los guerreros se quedan en casa son caóticos.
—Tienes razón. —Me encojo de hombros—. Cuando todos se levanten se va a armar tremendo desastre. Gracias por hacer el desayuno para ambos. —No puedo creer que esté sonrojada.
—Para mí cuidarte siempre será un placer. —Ya basta Gael, no me hagas esto. Es tan difícil olvidarlo cuando me trata así.
Mastico en silencio y con los nervios alterados. Esta familiaridad, esta comodidad y sentimiento de "me siento segura a tu lado" me hacen estremecer y querer entender por qué no podemos estar juntos. Gael debe amarme, es la única explicación para su comportamiento conmigo.
Me estoy saboteando una vez más. Un acto de amabilidad de su parte y ya creo que tengo esperanzas con él.
¡Qué tonta!
Por inercia, miro a Gael porque me siento observada y me espanto cuando descubro sus orbes dorados sobre mí, donde se refleja una gran tristeza y añoranza.
Yo también te añoro.
Si Gael y yo fuéramos pareja, ¿cómo sería nuestra vida juntos? Muy divertida, estoy segura.
Entre fantasías, doble ánimo y una lucha interna termino mi desayuno. Luego me levanto de la mesa para lavar los trastes.
—No te preocupes, yo lo hago. —Gael también se levanta mientras trae su plato y su taza al lavadero.
—¿Cómo crees? Tú hiciste el desayuno —replico.
—Hagámoslo juntos, entonces.
¿Me conviene tenerlo tan cerca?
» ¿Ya no sales con Loni?
Su pregunta me descoloca.
¿Cómo decirle que tuve que patearle las bolas a ese imbécil porque me quiso forzar a tener relaciones?
Me llama la atención que haya transcurrido una semana desde aquella noche y no lo he vuelto a ver. Creo que aún está molesto y por eso no me ha buscado, o tal vez ya no me buscará más. Es obvio que solo le interesaba llevarme a la cama como a las demás chicas con las que suele salir.
—¿Qué harás hoy? —indaga Gael cuando terminamos de lavar los platos, supongo que no insistirá con la pregunta que no le respondí.
—No lo sé. Loni desapareció y los chicos están raros en estos días. Se la pasan discutiendo y nerviosos, es incómodo estar con ellos.
—Demos un paseo tú y yo. Como en los viejos tiempos.
Su propuesta me desconcierta. ¿Gael me está invitando a salir?
—No lo sé... ¿No viene Lía a verte hoy? No creo que a ella le guste que salgas conmigo.
—Lía no tiene por qué meterse en mis asuntos.
—Es tu pareja, Gael. Te la coges todas las semanas.
Gael se rasca la cabeza y me mira con pesar.
—No nos estamos acostando. No después de...
—¿De? —pregunto con impaciencia.
—No importa, olvida lo que dije. Tienes razón, ella se puede molestar.
Una ira abrasadora me recorre por completo, entonces empiezo a golpear a Gael en el pecho mientras dejo salir las lágrimas y con estas mi frustración.
Ella se puede molestar…
Su amante tiene más importancia para él que yo.
—Te odio, Gael… —profiero entre llantos—. ¿Por qué juegas con mi mente y mis sentimientos? ¿Te parece divertido hacerme sufrir? Aludes que me amas, me celas y me cuidas; pero de un momento a otro te conviertes en un témpano de hielo y me haces sentir como a una maldita loca y obsesiva sin dignidad. ¿Por qué, Gael?
Lloro fuerte y audible. Libero con mi llanto todo este sufrimiento que me quema por dentro. Es que no lo entiendo. ¿Y si lo rechazo de nuevo? Quizás esta vez tenga los pantalones de aceptarlo y terminar con esta tortura que me está matando con lentitud.
—Gael, si nosotros tenemos algún vínculo; yo, Gia, hija del alfa…
No termino de hablar porque él me tapa la boca.
—No te atrevas a rechazarme —gruñe alterado.
¿Ah?
Lo miro desorbitada y atónita. Gael me volverá loca con su comportamiento contradictorio, si no es que ya lo hizo.
Él, sin añadir nada más, me agarra por la muñeca y camina fuera de la cocina conmigo a rastras. Por mi parte, me dejo llevar porque estoy en un trance de impresión que me quita la voluntad.
Una vez en el patio, Gael me carga entre sus brazos y da grandes saltos por encima de los árboles. Me aferro a él cuando siento que la brisa de la mañana choca contra mi rostro y levanta varias hebras de mi cabello en el acto.
Nos alejamos bastante de la casa y llegamos a un claro, donde Gael se detiene y me devuelve al suelo.
—¿Qué te pasa? ¿Por qué me traes aquí? De seguro quieres matarme para deshacerte de mí, ¿cierto? Pero no me importa, ya me has matado el alma, que lo hagas con mi cuerpo…
—¡Ya! ¡Cállate! —profiere él con voz de mando mientras me encara con el ceño fruncido.
—¡Ah! ¿Quién te crees que eres para mandarme a callar? —lo enfrento con desafío en mi porte. Él me mira con ojos entrecerrados y camina en mi dirección, como si fuera a destrozarme con sus manos. Reculo por instinto y asustada. ¿Y si de verdad va a matarme?
Choco contra un árbol que ni sabía que estaba allí, entonces soy acorralada por Gael, quien me mira con esos ojos fieros que me intimidan.
—¿Qué es lo que quieres de mí, Gia?
Su pregunta ofende.
—A ti, Gael. Lo único que quiero es que seas mío y de nadie más, pero tú ya escogiste a Lía. Es algo que nunca entenderé. ¿Por qué a ella y no a mí, que soy tu mate?
—¿Por qué dices que eres mi mate?
—No te hagas el pendejo.
Gael suspira y se frota las sienes con desesperación.
—Lo siento, pero no puedo corresponderte, aunque quisiera…
Noto que empieza a alterarse. Es como si luchara contra él mismo o…
—¿Qué dice tu lobo?  ¿Él tampoco puede corresponderme?
Gael empieza a temblar y el pecho le sube y baja de manera brusca. Sus uñas comienzan a crecer y sus ojos amarillos brillan como dos faroles, tornándose intensos como si fueran hechos de oro puro; también noto cómo sus colmillos hacen aparición.
Está peleando contra su lobo, ¿por qué?
—¡Ya basta! —gruñe con tantas fuerzas que todos los vellos del cuerpo se me erizan.
Me quedo sorprendida por la manera rápida con la que él controla a su lobo y ha recuperado el dominio sobre sí. Vaya, mi loba hace conmigo lo que quiera, ¿cómo diablos pudo él hacer eso?
—¿Estás bien? —inquiero preocupada porque él ha caído de rodillas, está sudoroso y respira con dificultad.
—No te acerques… —profiere mientras aprieta la mandíbula.
—Solo quiero ayudarte.
—No quiero tu ayuda ni nada que tenga que ver contigo. ¡Vete de aquí!
¿Ah? Maldito infeliz, si fue él quien me trajo.
—No te dejaré solo en este lugar, estás débil por haber luchado contra tu lobo.
—¡Maldición! —Él se pone de pies y me vuelve a acorralar contra el árbol—. Vete antes de que cometa una locura, por favor.
—¿Qué locura podrías cometer tú, imbécil?
—Vete —ordena. Noto su lucha interna, la manera en que aprieta los dientes y cómo se le tensa el cuerpo. Percibo ruego en su mirada, pero rudeza en sus facciones. Él es toda una contradicción que me hará sucumbir en la locura.
Estoy desquiciada, sí, y quizás no tengo dignidad porque siento que él me necesita, que muy en el fondo no quiere que me rinda con él.
—Te amo, Gael —confieso con ojos cristalizados y mis emociones hechas un caos. Su semblante cambia a uno de terror.
—No… —Sacude la cabeza y llora.
Vaya… Gael está llorando, eso sí que es raro.
—Sí, te amo… —insisto.
—¡Maldición! ¡Aléjate de mí! No te quiero cerca, no ahora… Estoy débil… ¡Rayos! ¿Por qué tienes que ser tan insoportable? ¿Por qué no me dejas en paz? Eres tan hermosa y sensual... ¿Por qué diablos tengo que amarte como lo hago?
¿Qué?
Me quedo helada sin mover ni un músculo y sin dar crédito a lo que acabo de escuchar. Gael, por su parte, me atrae hacia él y me besa.

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