Gia
Gael y yo nos hemos sumido en un incómodo silencio cargado de resentimiento y tensión. Por más que trato de entenderlo, no puedo asimilar ni aceptar su argumento.
—No debí decirte nada de esto ni proponerte que seamos novios. Estoy incumpliendo mi promesa y poniéndote en peligro —suelta de repente, lacerando mi corazón en el acto.
—Sabía que te ibas a arrepentir, después de todo, es difícil deshacerte de tu juguete sexual. No tienes que inventarte toda esta ridiculez para alejarte de mí, Gael. Lo haré por mi cuenta. Eres libre de seguir copulando con Lía.
Me levanto de sus piernas, muy enojada. ¡Esto me parece inaudito! Gael se hubiera evitado toda esta estupidez si no me hubiera propuesto que seamos novios. ¿Para qué lo hizo?
—Gia, espera… —Me agarra el brazo, otra vez—. Terminé lo que tenía con Lía. Ella no me interesa, solo tengo ojos para ti. —Él me acaricia el cabello con manos temblorosas.
—Gael, te estás contradiciendo. ¿No me acabas de decir que te arrepientes de haberme pedido que fuera tu novia?
—Solo dije que no debí hacerlo, fui muy impulsivo y egoísta. Pero no me arrepiento, te quiero a mi lado. —Gael me besa.
Me quedo quieta sin saber cómo reaccionar, por lo que no le correspondo el beso. Gael lame mis labios para que yo abra la boca; sin embargo, aparto mi rostro para romper el contacto.
—Estoy enojada contigo. —Hago un puchero berrinchudo.
—Lo sé y tienes toda la razón para estarlo. —Gael me vuelve a acariciar el cabello—. Gia, dame unos meses hasta que encuentre una solución o respuesta a este asunto. Perdón por no haberte defendido ni aclarado que fingiría con Lía para despistar al alfa.
—Te perdono, pero si te veo acaramelado con Lía otra vez, terminamos.
—Es un trato.
Nos besamos. Cómo me gusta esto. Sus labios suaves saborean los míos y el sabor rico de su boca mentolada me inunda el paladar. Su lengua busca la mía, que cede a sus caricias, y sucumbo en el deleite de su beso, en el placer que succionar y morder me brinda.
Gael me acaricia los muslos que han quedado desnudos, debido a que el vestido se me ha subido. El contacto de su mano grande, fuerte y cálida me quema la piel que acaricia y provoca que todo mi ser se estremezca. Lo necesito tanto.
De manera instintiva, enredo los dedos en su cabello lacio, que ahora mismo lleva suelto, y me como su boca como si mi vida dependiera de ello. Ay, estoy demasiado caliente.
—Gael… —susurro sobre sus labios. Mi aliento se mezcla con el suyo y nuestros ojos se conectan.
—Vamos a otro lugar, nos pueden ver aquí —propone él con la respiración entrecortada.
Agarrados de las manos, corremos en dirección al bosque. Risas estallan en el conglomerado de árboles, mientras que las ramas y las hojas, que yacen en el suelo, crujen al ser pisadas por nuestros pies ansiosos. Esta hermosa complicidad nos une mucho más que antes y las ansias de saborear nuestros labios me hace desear llegar rápido a nuestro destino.
Mi corazón late muy fuerte, mis manos están sudorosas y mi salivación es excesiva. Me urge volver a degustar esa boca que me enloquece, acariciar su piel y refugiarme en su calor.
Llegamos a la casa del árbol y escalamos con rapidez, en cuestión de segundos nos encontramos dentro de la casita y nos miramos a los ojos. No entiendo mi nerviosismo ni los escalofríos de mi cuerpo, si lo único que haremos es darnos unos besos y ya.
—Te amo tanto, mi pequeña princesa. Se siente tan bien poder decirlo, que sepas lo mucho que siempre me has importado. No te imaginas lo doloroso que ha sido ocultarte mis sentimientos, ya que siempre me gustaste y nunca pude verte como a una hermana, aunque el alfa me insistía en que así lo hiciera. No eres mi hermana, eres mi mate. Mi amada esposa y la madre de nuestros cachorros. Te prometo que haré hasta lo imposible para que podamos formar nuestra propia familia.
—Gael…
—Gia, yo… lo siento tanto… —Gael me abraza y empieza a sollozar—. Pude sentir tu dolor, tu impotencia. No te imaginas cómo te extrañe todo el año que te fuiste. Ese día que fui a buscarte me puse muy feliz; cuando te vi, yo… tuve que poner mucho de mi parte para no lanzarme encima de ti y llenarte de besos.
» ¿Recuerdas cuando me besaste en nuestra adolescencia? Fue tan delicioso sentir tus dulces labios sobre los míos, que todavía me pregunto cómo pude resistirme.
—Gael, ese día fue muy doloroso y humillante para mí. Creí que te daba asco. —Yo también sollozo.
—Perdón por haberte hecho sentir tan feo. Me provocaste de todo menos repulsión, no te imaginas cómo lloré de la impotencia, de la frustración y de la tristeza. Es tan injusto que tengamos que pasar por esta situación tan dolorosa. Hace mucho te hubiera reclamado si pudiera, de seguro tuviéramos un par de cachorros correteando en nuestra propia casa.
—No tenemos una casa…
Gael me encara con seriedad y me besa la nariz.
—Nunca he perdido la esperanza de poder romper la maldición, así que… —Él suspira—. Estoy construyendo nuestra casa en un campo cerca de la manada. Le dije al alfa que sería para irme a vivir allí cuando te unas a otro alfa y yo lo herede.
» Todavía le faltan algunos arreglos para que esté lista. También quiero ponerle columpios para los cachorros y, por supuesto, tu mecedora no debe faltar. Así nos acurrucamos en el patio para disfrutar de las estrellas. Cuando esté lista, tú serás la encargada de amueblarla y decorarla a tu gusto.
Ay…
Es inevitable llorar y anhelar ese día en el que podamos ser una pareja. Mi Gael, él siempre me amó. Mi mate…
Ambos lloramos aferrados al calor del otro, donde las lágrimas son ese bálsamo que limpia nuestras heridas y ese dolor con el que hemos cargado por tantos años.
Está bien si aún no podemos copular y tener cachorros, lo importante es que estemos juntos. Tengo la fe de que algún día seremos libres de construir esa familia que tanto deseamos.




