Gia
Hoy decidí darme un respiro de la caótica y patética vida que llevo, razón por la que salí con mis amigos más cercanos, May y Jill.
—¿Cómo fue vivir lejos de la manada? —inquiere May después de darle varias lamidas a su helado de coco.
Tanto ella, Jill y yo estamos sentados en una banqueta, de las tantas que hay en el parque, mientras conversamos acerca de cualquier tontería que se nos ocurre; pero al mismo tiempo, nos ponemos al día con todos los acontecimientos de nuestras vidas en este año que estuvimos distanciados.
—Pues… —Me quedo pensativa un rato.
En el tiempo que duré fuera de la manada sentí un poco de paz, asimismo, estaba tan ocupada y pendiente en hacer mi trabajo, que casi no tenía tiempo para lidiar con la presión de mi loba ni mis sentimientos.
Tal vez debí quedarme en aquella manada para siempre y no regresar a este infierno. Porque, aunque allí sufría, por lo menos tenía tranquilidad y los cachorros me quitaban el tiempo de lamentarme. ¡Los extraño tanto!
—¡Cómo va a hacer! —Jill toma la palabra—. Aburrido —sentencia. Como respuesta, May entorna los ojos y le golpea el hombro, entonces él se queja y empieza a hacerle cosquillas.
—Ustedes son un caso —digo con diversión y luego como de mi helado.
—Entonces, ¿saldrás con Loni? —inquiere May con esa carita de chismosa que la caracteriza. Raro se me hacía que no me había hablado del tema.
—Sí… —Miro al suelo—. Loni es un buen tipo, así que quiero darle una oportunidad.
—¡Buen tipo! —ironiza Jill—. No lo sé, Gia, yo creo que deberías mantenerte lejos de él. Ese tipejo se la pasa metiéndose en problemas, además él no me da buena espina. Hasta extraño me parece que de buenas a primera quiera salir contigo.
—Pero ¡si Loni sale con todas! —espeta May con diversión—. Eso para nada es extraño.
—Sí, pero nunca había intentado nada con la hija del alfa. No lo sé, me es sospechoso y me da mala espina, punto —replica Jill mientras frunce el ceño.
Nos quedamos hablando sobre temas banales por un rato, luego me voy de compras para hacer tiempo y regresar a la casa en la tarde. Sé que es una estupidez tratar de evadir a Gael, puesto que vivimos en la misma casa y trabajamos juntos; sin embargo, no quiero verlo y, mientras más prolongue ese inevitable encuentro, pues, mejor.
El día se va volando y regreso a la casa antes de que anochezca para poder prepararme para mi cita. Al llegar, me encuentro a Lía hablando con Natura.
Vaya, vaya… Dos arpías juntas.
—Hola, Gia… —me saluda Lía, fingiendo una sonrisa amable.
—¿Qué tal, Lía? —le devuelvo el saludo con naturalidad, como si su presencia no me tensara.
—No sabía que Gael tuviera novia. —Natura habla de repente—. Como te la pasas buscando excusas para tenerlo cerca…
—Si me disculpan —interrumpo a la señorita víctima. Más venenosa no puede ser, si es ella la que se la pasa coqueteándole a Gael y llamando su atención—, debo prepararme para mi cita.
La sorpresa en mi examiga no me pasa desapercibida, pero no se atreve a preguntar y se lo agradezco, puesto que no estoy de humor para lidiar con ella ni con sus palabras mal intencionadas.
Lía asiente aliviada de que Natura no prosiguiera, ya que ella en el fondo sabe lo que hizo al meterse con Gael. A veces siento que todo esto ha sido un complot para que él y yo no estemos juntos, pero ¿por qué? Lo peor es que Gael sigue con ese teatro de que yo no soy su mate y que le gusta Lía.
En fin, ya no me importa.
Me alejo del par de brujas, antes de que la rubia esquelética siga con su veneno, y las dejo a ellas con su tensión. Me dirijo a mi habitación en silencio y con pasaos apresurados y, una vez allí, tiro las cosas en la cama y me siento.
—Hoy Lía y Gael van a… —No puedo evitar reflexionar en eso, puesto que es lo que siempre sucede cuando ella viene a la casa.
Unas lágrimas ruedas por mis mejillas y me muerdo el labio inferior, como manera de contener este dolor que me tortura por dentro.
Ellos van a acostarse, ya que es lo único que hacen cuando ella lo visita. ¿Qué relación tan extraña es que tienen? Tantos años juntos y solo se encuentran para tener sexo, eso para mí no tiene sentido. Ese tipo de relación es fugaz, a la larga uno de ellos debería cansarse y querer algo más que solo pasar el rato.
En fin, no es mi asunto.
Exhalo un suspiro y limpio las lágrimas que han dejado mis ojos para recorrerme las mejillas. Ya basta de llorar por Gael y romperme la cabeza al tratar de buscarle una lógica a su comportamiento.
Con este pensamiento me voy al baño para relajarme.
***
Omnisciente
El chico de cabellera oscura recorre todo el lugar, pero no encuentra lo que busca. Rendido, regresa a la casa donde su esposa está preparando unos pedidos.
—Kali, ¿me explicarás ahora qué sucede? Me dejaste angustiada cuando saliste de aquí como un loco.
Él se acerca a ella y le besa la frente, acción que la calma al instante. Las caricias de su esposo siempre surten ese efecto relajante en ella y solo él tiene la capacidad de darle esa seguridad que la tranquiliza.
—Gin, sentí una presencia extraña por los alrededores. Un ente desconocido con mucha energía.
De inmediato, Gin se abraza así misma con el temor calando sus huesos. Desde días atrás había tenido pesadillas con una bruja, con quien suele soñar. En sus pesadillas, esta esclaviza a un lobo y se bebe la sangre de unos niños.
—¿Por qué no lo percibí? —pregunta con inquietud.
—Yo sí lo he sentido. —Él se queda pensativo mientras enfoca la mirada al techo.
—¿Crees que sea malo?
—No lo sé… No logro descifrar el tipo de energía; pero tranquilízate que ya se fue.
—Sin embargo, puede volver. No puedo estar tranquila sabiendo que hay un ser extraño merodeando y tratando de romper la protección, como también hemos recibido amenazas de lobos salvajes; temo por los cachorros. ¿Crees que una bruja sea capaz de volver a romper la protección? Ya lo hicieron, doce años atrás.
—No creo que sea posible, mi amor. Aumentamos la energía de la barrera, aparte de que las hadas vigilan. Además, contamos con Gael; tú y yo hemos sido testigos de lo que este es capaz de hacer. También estoy yo, así que no temas, Gin, yo estoy aquí para protegerlos y no permitiré que nadie les haga daño.
Ambos se abrazan. Aquel gesto íntimo, les da esa seguridad que encuentran en el refugio del otro. Kali le acaricia el cabello y besa la coronilla de su cabeza.
» Hay algo que sí me preocupa y, por lo tanto, debo visitar la casa del alfa o, más bien debemos, ya que no los dejaré solos aquí bajo ninguna circunstancia.
—¿Qué es? —Ella lo mira a los ojos, preocupada.
—Gia. Tengo un mal presentimiento y he soñado con ella todas las noches. He visto energía oscura a su alrededor, como si algo o alguien quisiera hacerle daño; necesito verla y percatarme de que todo está bien. O quizás deba advertirle a Gael para que esté atento.
Gin lo mira con extrañeza, pero no dice nada. Kali tiene mucha afinidad para percibir las malas criaturas y, aunque ambos han desarrollado su poder en esos años, no deja de temer.
No quiere que los de su especie vuelvan a caer en las garras de la maldad y mucho menos que sus hijos le sean arrebatados o que vivan una experiencia similar a sus padres. Decide calmarse y no pensar de más, tal vez aquellas criaturas no se tratan de esas brujas.
Pero ¿y si son seres peores?





