¡Mate! – Capítulo 47: El precio del vínculo

Días después…

Gia

Me acerco a la manada con sigilo, ocultando mi olor como suelo hacer cuando quiero pasar desapercibida; esta es una habilidad que solo Gael y yo aprendimos a hacer. Bueno, yo siempre supe desde pequeña, pero lo he mantenido en secreto.

Él único que lo sabe es Gael, quien lo descubrió cuando nos conocimos y ambos prometimos que no le diríamos a nadie.

Noto que los guerreros que aguardan los alrededores se movilizan, así que aprovecho para hacerlo yo y poder avanzar. Busco entre todos los olores el de Kali; entonces logro rastrearlo. Él se encuentra a unos metros de aquí, según puedo deducir.

Mis patas tocan el suelo de manera delicada, con la intención de pasar desapercibida. Después de caminar por varios minutos, visualizo a Kali recoger algunos frutos de los árboles que rodean la casa del alfa.

«Hola», saludo por medio del vínculo, puesto que estoy en mi forma lobuna.

—¿Gia? —musita asombrado y se me acerca para inspeccionarme—. Luces diferente, acaso…

«Sí. Gael y yo nos reclamamos y marcamos», le respondo antes de que termine.

—Entonces lo encontraste —dice aliviado y esperanzado.

«Sí».

—Llévame con él, por favor. Necesito que hablemos.

«A eso vine. Queremos planear nuestros próximos movimientos».

Kali sonríe y se convierte en lobo; entonces se va conmigo.

Varias horas después, los tres nos encontramos sentados en el piso de la sala, tomando chocolate caliente.

—Nosotros tenemos sospechas de quién es la bruja que le está haciendo daño a mi cachorro —dice Kali, antes de sorber de su taza.

—¿Ya la encontraron? —respondo, asombrada.

—Dije: «Sospechamos». —Entorna los ojos—. Creemos que es Natura. Esa mujer está desaparecida. El día que te fuiste, ella también lo hizo. Incluso el alfa llegó a creer que ella tuvo que ver con tu desaparición.

Me quedo helada ante lo que dice Kali.

—¿Bill ha despertado? —Es lo primero que me viene a la mente.

—No… —Kali suspira, muy triste.

Estoy confundida ahora; ¿a dónde pudo ir esa loca?

Miro a Gael, quien se ha sumido en sus pensamientos otra vez. Ya esto se ha vuelto normal en él; por ratos se pierde en sus meditaciones y le cuesta concentrarse o enfocarse.

—Puede que esté más cerca de lo que creemos —dice Gael de repente. Kali y yo miramos en su dirección, contrariados con su comentario.

—¿Por qué lo dices? —cuestiono.

—Ahora que compartimos la maldición, tengo visiones y sueños sobre una bruja. Es como si la esencia de la mujer que me maldijo estuviera presente por medio de esa otra.

Siento que mi corazón late muy fuerte y el temor me corroe. ¿Será que la plática que tuve con ella sí se trató de una trampa, como sospechaba?

—¿Estás seguro? —digo con la voz en un hilo; luego me acerco a él, le acaricio el rostro y me aferro a su pecho.

—No del todo… —Me acaricia el cabello—. Es que todavía mis recuerdos son borrosos…

—Pero son recuerdos. Creo que debemos armar un plan entre todos. Así buscas el arcillo y atrapamos a esa bruja —propone Kali.

—Es lo que debemos hacer —concuerda Gael.

Después de conversar por un rato más, Kali decide irse porque no quiere estar lejos de su familia por mucho tiempo.

—Kali —me dirijo a él cuando salimos de la casa—. Oye, necesito que entiendas mi decisión.

—Fuiste muy impulsiva, Gia. ¿Por qué no hablaste conmigo primero? No te imaginas lo preocupados que hemos estado por ti. El alfa está que emana chispas; él sospecha que viniste por Gael, pero no está seguro porque Natura desapareció también. Es cuestión de tiempo para que recibas su visita; estoy seguro de que vendrá.

—No importa que venga porque pronto Gael encontrará el dichoso zarcillo dorado que todos mencionan. Por lo menos ahora Gael y yo tenemos una esperanza; si no lo hubiese marcado, él estaría muerto y todo perdido. Prefiero morir a tener que vivir toda una vida con ese dolor. ¿Tú no harías lo mismo por Gin?

Kali suspira. No tiene cómo refutarme porque él tiene una mate, por lo que sabe lo mucho que nos duelen.

—Lo sé, Gia. Es que me asusta mucho lo que te pueda suceder, pero tienes razón. Yo daría mi vida por mi compañera y por mis cachorros. No te imaginas cómo desearía estar en el lugar de Bill ahora mismo; es que me da tanta impotencia. —Sus ojos se cristalizan.

«¡Kali!»

Todos nos volteamos cuando visualizamos a Gin correr en nuestra dirección, convertida en loba.

«Deben venir conmigo», dice por medio del vínculo, «los de la manada Luna de Fuego y la manada Rouge nos están atacando».

—¿Qué?

—¿Por qué los Rouge nos atacarían? —cuestiono con desconcierto.

«Porque nuestro alfa había hecho un acuerdo de pareja contigo y el alfa Leoncio. De alguna forma, este se enteró de que te escapaste con Gael y nos declaró la guerra».

—¡¿Qué demonios!?

Miro a todos con ojos cristalizados y la indignación carcomiéndome el pecho. ¿Cómo se atrevió papá a hacerme esto? ¿Un acuerdo de unión sin mi consentimiento? Ahora la actitud de ese alfa conmigo y sus visitas tienen sentido.

—¡El alfa se ha vuelto loco! —estalla Kali. Él relaja el semblante y se aprieta el cabello, luego mira a Gin con confusión—. ¿Por qué nos atacan los de Luna de Fuego?

«Buscan a Gael», responde.

—Sabía que algo se traían —escupe Kali.

—¿Cómo nos encontraste? —me dirijo a mi amiga.

«Tu madre me envió. Ella me dio las coordenadas para que les avisara. Debemos darnos prisa».

Todos nosotros corremos en dirección a la manada. Pese a que es probable que Gael y yo no seamos bienvenidos allí, solo nos importa salvar a nuestra gente.

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