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Gia
Una ola de confusión me invade. ¿De qué habla Gin? ¿Cómo es que mi niño travieso se está muriendo? Eso no tiene ningún sentido.
—¿De qué estás hablando? ¿Por qué dices que Bill se está muriendo? Él es un niño sano; lo que me cuentas no tiene explicación lógica —mis palabras salen con desesperación.
—Él empezó a decaer de repente —responde ella, con el dolor reflejado en su mirada—. Kali percibía una mala presencia, pero nunca dio con esta. Ahora nuestro pequeño está en cama. Hemos hecho todo lo que está a nuestro alcance para que despierte, pero nada funciona. —Sus ojos se llenan de lágrimas y sus mejillas se enrojecen—. Me voy a volver loca, no sé qué más hacer para ayudarlo —solloza, con voz quebrada.
Me siento herida e indignada al escuchar su explicación, pues no nos tomaron en cuenta para resolver este asunto tan delicado.
—¿Por qué me estoy enterando ahora de esto? ¿Acaso no somos como una familia para ustedes? ¿Por qué no nos han dicho nada? —reclamo.
—No quería alarmar a nadie sin antes saber de qué se trataba —interviene Kali—. No sabemos quién está haciendo esto, por lo tanto, no quería poner al culpable en sobre aviso.
» Mas ahora no importa, puesto que no logro dar con la bruja, o lo que sea que esté haciendo esto. Gin y yo estamos planeando ir al centro de la manada y contarle todo al alfa, aunque dudo mucho que él pueda ayudarnos. Pero puede que Gael sí.
¿Ah? ¿Gael?
—¿Cómo podría Gael ayudarlos? —inquiero, pasmada.
—Gael es muy sabio y sabe cosas. Gracias a ello, pude salvar a Gin una vez.
—¿No se puede hacer nada, entonces? —pregunto con mortificación.
—Seriné, ve a tu habitación un momento —comanda Kali. Ella se levanta del comedor, lleva el plato sucio al fregadero y se marcha—. Hay una solución —afirma Kali—: matar a la bruja. El problema es que no la encuentro. Esto es aterrador; se suponía que no quedaban brujas en nuestro territorio.
—¿Estás segura de que es una bruja?
Kali se queda en silencio por un rato, puesto que está meditando mi pregunta.
—No hay otra explicación, Gia. Solo las hadas sin poderes son las que se enferman, también las brujas. La única manera de que uno de nosotros se enferme es bajo algún hechizo o exposición a matalobos, pero de esto último ya nos cercioramos —responde, agotado.
—Kali, Gin, encontraremos una solución, lo prometo. —Ambos me miran con intriga, pero no añado más a mi comentario. Primero debo asegurarme de que mi sospecha sea cierta.
Pido ir a ver al cachorro y, cuando entramos a su habitación, la tensión en el ambiente me asfixia. Se siente pesado aquí, como si la maldad habitara en este cuarto.
Me acerco a mi pequeño, que luce tan débil, y no puedo evitar que las lágrimas me mojen las mejillas al verlo tan frágil, postrado en esa cama. Mi Bill no es así; él es enérgico y alegre. Mi bebé.
Mi loba aúlla del dolor, y tengo que apretar los labios para no sucumbir al llanto. Me siento a su lado y le acaricio el rostro. El cachorro está dormido, pero parece que no se siente en paz, debido a que su ceño se encuentra fruncido.
—Pequeño Bill, tía no dejará que esa maldita se robe tu vida. Te prometo que te vamos a ayudar y que volverás a ser el niño travieso y lleno de energía de siempre. Te lo prometo, mi amor. —Le beso la frente.
Me acuesto a su lado para velar su sueño y, sin darme cuenta, me quedo dormida junto a él.
***
Después de quedarme toda la mañana y parte de la tarde cuidando a Bill, Kali me llama al patio para conversar.
—Ahora dime la razón de tu visita —inquiere Kali, cuando se sienta frente a mí con esa seriedad que me intimida. Este sí que me conoce.
—Necesitaba verlos, en especial a mis cachorros.
—Lo sé, pero esa no es la única razón por la que has venido hoy, y el hecho de que necesitaras vernos me da a entender que estás triste y que te sientes sola. ¿Qué sucede? ¿Te has sentido acorralada por la oscuridad?
—No… En realidad, no he vuelto a tener eventos extraños. Bueno, lo de sentirme vigilada sí… esa sensación nunca me deja.
—A veces me pregunto si todo esto tiene relación —razona, analítico.
Me encojo de hombros.
—Kali, ¿tú sabes lo que le sucedió a la manada donde Gael nació? ¿Sabes sobre su origen y por qué mataron a sus padres?
Kali se queda pensativo por unos segundos.
—Gael, papá, mucho menos el alfa, nunca dieron detalles, más que aquella manada fue atacada y ellos fueron a auxiliarlos. El alfa se trajo a Gael porque quedó huérfano y, de buenas a primeras, nos dijo que él sería su heredero.
» ¿Te confieso algo? La insistencia del alfa para que trataras a Gael como a un hermano —cuando siempre fue obvio que ustedes tenían sentimientos opuestos a una hermandad— me era sospechosa. En realidad, aún lo es.
» Pero en ese tiempo estaba enfocado en aprender de papá, luego él murió y estuve muy triste. Así que nunca le puse atención a tu asunto con Gael, pese a que la manera en que él te protegía y te trataba era característica de un mate, que vela por su compañera de vida.
Trago pesado al ahondar en lo que ha dicho. Así que Kali siempre sospechó que Gael y yo éramos mates…
—¿Sabías que papá le paga a Lía para que mantenga relaciones sexuales con Gael?
La cara de Kali es un poema, lo que me hace deducir que hasta ahora se entera de la barrabasada de papá y Gael.
—¿Qué locura dices? Lía siempre babeó por Gael y se la pasaba acosándolo. Cuando supe que este y ella se enredaron, dudé que fuera tu mate.
Me abrazo a mí misma ante lo confuso que todo esto me parece. Kali tiene razón: después de que esa zorra se cansó de hacerle ojos bonitos a él y a Jill, empezó a lanzársele a Gael.
—En fin, eso ya no importa —resto importancia—. Pero sí hay algo que me gustaría preguntarte. —Kali asiente y me mira, a la expectativa—. ¿Existe una maldición que no te permita estar con tu mate?
Kali se pierde en sus pensamientos por unos segundos que me parecen eternos. Estoy tan nerviosa que siento que mi cordura va a colapsar en cualquier momento.
—No sé qué responder al respecto... Diría que no poder estar junto a tu mate ya es una maldición; sin embargo, que exista una maldición que te impida estar con este, no lo sé.
Resoplo con frustración.
—Te diré un secreto. —Miro a Kali, determinada a sacar esto que me asfixia—. Pero no le digas a Gael que yo te conté. —Él asiente—. Según Gael, nosotros somos mates, pero no podemos estar juntos porque él tiene una maldición y está envenenado por una bruja.
Kali frunce el ceño y sus ojos se agrandan por la impresión. Tal vez piensa que le estoy jugando una broma o solo es el efecto de la sorpresa.
—Entonces Gael ha reconocido que ustedes son mates...
—Sí... Somos novios en secreto porque, si papá se entera, nos mata. Él no me quiere cerca de Gael, según este, porque teme que yo salga afectada por la maldición. Gael no me quiere decir de qué se trata en sí su miedo ni cómo rayos yo saldría lastimada.
Kali se queda pensativo un rato, con el ceño fruncido.
—¿Cómo ha podido Gael soportar el no reclamarte? Gael tiene mucha fuerza de voluntad.
No, tiene a Lía.
Kali me mira como si tratara de descifrar algún enigma en mi expresión. Debe haber notado mi decaída.
—¿Recuerdas lo que te dije sobre Lía? Creo que era la manera de satisfacer a Gael para que no me reclamara.
—Eso no tiene sentido. Debe haber algo más fuerte, porque una cosa es tener deseos sexuales y encontrar con quién satisfacerlos, y otra muy diferente es inhibirte de reclamar a tu mate.
Eso sí que me confunde. Suspiro del hastío y miro a mi amigo, esperanzada.
—¿Crees que pueda encontrar una solución?
—No lo sé... Necesito saber la verdad completa. Solo así podría llegar a una conclusión o posible solución. Pero se trata de Gael; si no me ha dicho nada, es porque no ha encontrado una respuesta aún o sabe que no le seré útil. Él es muy calculador.
Eso acaba con todas mis esperanzas. Entonces, solo me queda una opción: ir a la manada Luna de Fuego.
***
Decido regresar a casa con los pensamientos abrumando mi mente. Son demasiados problemas a los que necesito hacerles frente, razón por la que debo priorizar. Por eso, me encargaré de mi pequeño primero y luego me enfocaré en Gael.
El sol se está poniendo ya, así que subo la velocidad para llegar antes de que anochezca a casa, pues no quiero estar sola en la noche, no después de todos los eventos extraños que he tenido.
Un golpe seco en la camioneta me hace parar de golpe. Salgo del vehículo con nerviosismo y miro por todos lados, mas no veo nada. El temor me hiela los huesos cuando percibo un olor dulce y ácido que me es familiar. Entonces, me volteo para encontrarme de frente con aquella hada.
—Hola, Gia. Por favor, no te asustes. No voy a hacerte daño.
—¿Quién eres y qué quieres? —Siento la adrenalina recorrerme y mis músculos tensarse, lo que significa que mi loba está lista para salir en caso de que lo requiera.
—Ya me he presentado a ti. Vine hasta aquí porque estoy rastreando un pendiente dorado que se le perdió a un alfa que murió junto a su familia, debido a que la protección está a punto de destruirse y solo con el poder de esas joyas podremos restaurarla.
—¿De esas joyas? —pregunto con recelo.
—Sí, es que son un par. He estado vigilando a un chico que posee una de ellas, pero no quiero dar un paso en falso o sacar conclusiones. Por eso necesito tu ayuda.
—Pero yo no tengo ese pendiente, ¿por qué me buscas a mí?
—Porque tú pudiste verme. Eso significa que eres especial y sensible al poder. Además, eres cercana al chico, así que tú puedes ayudarme a encontrar esas respuestas que necesito.
Me quedo estática en mi lugar, sin entender nada de lo que ella dice. ¿Qué chico y cuáles respuestas?


