¡Mate! – Capítulo 59: Entre luz y sangre

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Gia

Me siento muy débil, derrotada y con el corazón desgarrado. Es difícil aceptar que esa bruja gane, que Gael no pueda ser libre, a pesar de que he luchado tanto.

Estoy cansada…

Todos estos años he peleado por nuestro amor, por ese vínculo que no me permitía rendirme, pero ahora solo quiero cerrar los ojos…

«No te rindas, ya hemos recorrido mucho. Luchemos una vez más», me anima mi loba. La siento débil; su voz tiembla dentro de mí.

Parpadeo varias veces y aprieto los puños, como si esa acción pudiera darme fuerza.

—¿Qué está sucediendo? —le pregunto a Kali, pues me siento un poco desorientada.

«Ella se va a aparear con Gael», me responde mientras lucha contra las brujas que quedan, pese a su debilidad.

No sé de dónde sacó fuerzas, pero me abalanzo en contra de esa cama; no obstante, soy empujada por un campo de energía.

No puede ser, ella puso un domo alrededor. ¿Acaso piensa copular con mi mate frente a mis narices?

La ira arde dentro de mi cual volcán en erupción.

No lo puedo permitir. Ella no tomará lo que es mío.

Me vuelvo a lanzar contra el campo de energía, pero corro con la misma suerte, mas esta vez la caída es demasiado fuerte.

Noto que los lobos han asesinado a todas las brujas, así que solo nos queda su líder. Ellos también se abalanzan contra el domo, pero les sucede lo mismo que a mí, una y otra vez.

«¡Vamos!», los anima Kali, quien también se lanza contra el campo de energía.

Un olor extraño inunda el lugar, entonces me pongo alerta.

—Kali, tenemos compañía —le aviso con voz temblorosa mientras me incorporo.

La decepción cae sobre mí como agua fría. Nuestra suerte no podría ser peor.

Tanto Kali como los demás guerreros dejan de luchar contra el domo para ponerse en posición de batalla, debido a que somos rodeados por varios lobos salvajes, quienes, al parecer, han cruzado el orificio.

Ellos caminan en nuestra dirección con pasos amenazantes, mientras gruñen y nos enseñan los colmillos.

Estos malditos quieren luchar.

«Lo que nos faltaba», dice Kali con hastío.

—¡Ataquen! —ordeno, entonces se arma tremenda batalla. De nuevo…

Mis lobos guerreros se encuentran con los salvajes en el aire, y desde ahí empiezan a pelear. El polvo es levantado por las patas de ellos cuando regresan a la superficie, y los ruidos rabiosos y llenos de odio inundan el lugar.

La luz que emana de las fogatas ilumina las piedrecillas, las gotas de sangre y saliva, y revela lo denso y polvoriento que se ha vuelto el aire por los bruscos movimientos.

Los dejo luchando para enfocar mi atención en Gael, pero al instante me arrepiento, porque verlo besarse y acariciarse con esa bruja termina por destrozarme.

Ella está abusando de él y yo no puedo hacer nada para impedirlo.

Gael, perdón…

Soy una inútil, dejé que esa bruja ganara. Pronto moriré y ella logrará su cometido.

Caigo de rodillas, incapaz de soportar el dolor en mis huesos. Las lágrimas inundan mis mejillas como si fueran un arroyo que brota de golpe, trayendo desolación consigo.

Duele tanto…

Todo lo que hice fue en vano. Al parecer, Gael y yo no estamos destinados a ser felices. No podremos volver a nuestro hogar ni tener esos cachorros que tanto anhelamos. Todo acabará para nosotros y el caos consumirá nuestras tierras. Tanto sacrificio… para nada.

Me rindo y lloro desconsolada. Mi cuerpo tiembla, y los latidos de mi corazón se aceleran. No solo siento dolor físico, también en el alma, porque mi compañero destinado está siendo tomado… y yo no puedo hacer nada para evitarlo.

De repente, todo se torna oscuro y siento que la humedad me abraza.

«¿Qué haces?»

Busco a mi alrededor porque me pareció escuchar hablar a una niña. La encuentro sentada en la arena, de lo que parece ser la orilla de un río, aunque solo hay oscuridad aquí.

«¿Quién eres?», le pregunto atolondrada.

«Todavía respiras, así que hay esperanzas. Por favor, no te des por vencida», dice en vez de responderme.

Al instante, una luz me envuelve y siento cómo mi esencia se precipita de golpe a la realidad, como si me arrancaran de un sueño profundo.

Abro los ojos y me incorporo de repente, con la sensación de haber vuelto a la vida. Miro a Gael y a la bruja en la cama; ella encima de él, besando el abdomen que yo besé antes y acariciándolo hasta hacerlo gemir.

Asco…

—¡Quita tus sucias manos de encima de mi mate! —vocifero, al tiempo en que me lanzo contra el domo.

En esta ocasión no logra alejarme, por lo que me aferro a él como si mi vida dependiera de ello. Encaramada sobre este, empiezo a golpear con mis puños y no me detengo.

Lucharé y esta vez no me rendiré. Estoy cansada de permitir que los demás me pisoteen y se roben lo que me pertenece. Ya basta de ser esa chica débil e ingenua que siempre huye.

No, esta vez pelearé hasta que el aliento me abandone.

La bruja trata de acelerar el coito con Gael porque es consciente de que puedo romper su hechizo en cualquier momento y llegar a ellos.

Por mi parte, golpeo con más fuerza hasta que me desplomo y caigo sobre la cama junto a ellos dos.

¡Lo logré!

De repente, una multitud de hadas llegan volando a este lugar, quienes se unen a la batalla. Trato de levantarme de la cama, pero mi cuerpo no responde. La reina hada empieza a pelear con la gran bruja y un grupo de sus guerreras detienen a Gael, quien iba a atacarme. Él es rodeado por luces doradas que provienen de estas, lo que supongo es la razón para que él no pueda moverse.

Noto que las dos hadas, que se quedaron liberando el zarcillo, flotan por encima de mí, entonces lanzan el pendiente en mi dirección. No puedo evitar gritar cuando este se me incrusta en la oreja derecha, debido al dolor y la quemazón que me provoca.

De un momento a otro, siento mucha energía recorrerme el cuerpo y me da una sensación de que algo en mi interior se rompe, es cuando recobro las fuerzas.

—¡Gael! —Me incorporo de golpe y lo busco con la mirada.

Lo veo caer al suelo, gritar y sacudirse, como si algo dentro de él lo torturara. Me desgarra verlo así, pero pronto yo también empiezo a sentirme mal.

Una corriente dolorosa me recorre la piel y, cada vez que la energía negativa se mueve dentro de mis músculos, me quema.

Ambos somos rodeados por una luz plateada que se fusiona con otra dorada, hasta que algo dentro de nosotros estalla y…

—Mi bella loba, somos libres —balbucea Gael con lágrimas en los ojos, mientras tiembla. Le toma tiempo recuperarse, ponerse de pie y lanzarse hacia mí, pero cuando lo logra, sus brazos me envuelven con fuerza, como si aún temiera que yo le fuera arrebatada. Cual, si todavía fuéramos víctimas de la maldición, y alguien insistiera en condenarnos a la separación.

Pero no es así. Ya no.

Somos libres…

No puedo evitar llorar. Me rompo en su calor, en la seguridad que solo él puede brindarme. Dejo que las lágrimas limpien mi alma, que todo el dolor y el estrés acumulado salgan en forma de gotas ardientes que mojan el pecho de mi compañero.

Él también llora.

Con llantos, quejidos y suspiros de alivio, nos aferramos el uno al otro.

Hemos vencido.

Podemos estar juntos al fin.

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