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Gia
«Volveré por ti».
«Gael...»
«Gia, te amo».
El resplandor que se cuela por la ventana abierta me hace refunfuñar, y de mala gana me incorporo. Me froto los ojos y esbozo un bostezo; pasan algunos segundos para que me espante. ¿Por qué mi ventana está abierta?
Miro a mi alrededor y noto que estoy desnuda; entonces, fragmentos de la noche anterior me confunden. No sé si esos episodios forman parte de todas las pesadillas que tuve o si fueron reales, pero una sensación extraña en mi pecho me pone alerta.
Necesito hablar con Gael.
Me doy una ducha rápida y me pongo lo primero que encuentro; ni me molesto en buscar unos zapatos, meto mis pies en mis chanclas y salgo a toda prisa de la habitación.
—¿A dónde vas? —interroga papá cuando salgo al pasillo. No le respondo y continúo mi camino. Por supuesto, papá me sigue y hace preguntas obvias, mas yo lo ignoro—. Él no está.
—¡Gael, abre! —grito mientras golpeo la puerta, puesto que ya he tocado varias veces y él no se ha dignado a abrirme.
—Gael se fue y no volverá —dice papá. Cruza los brazos y me mira con firmeza; por mi parte, continúo ignorándolo y golpeo la puerta con fuerza.
—¡Maldición, Gael! ¡Abre la puta puerta! —golpeo con violencia, pero él no responde. A este punto, las lágrimas se han concentrado en mis ojos.
—No tienes que golpear la puerta, no está asegurada. Abre y comprueba por ti misma que Gael se marchó.
En este momento siento que odio a papá. ¿Cómo se atreve a decirme que Gael se fue? Es una estupidez, ¿por qué lo haría?
Sigo golpeando la puerta mientras llamo a Gael, pero él no responde. ¡Qué rayos!
—Deja de actuar como una loca y abre la puerta.
Mi mano temblorosa aprieta la manilla de la puerta y la gira; de inmediato, esta cede a mi empuje. Entro con desesperación y empiezo a buscar a Gael por todo el cuarto y, aunque su olor permanece en este lugar, no hay rastro de él. Abro sus gavetas y los armarios, pero solo algunas prendas están colgadas allí, y en las gavetas no hay nada.
Gael se ha ido.
Caigo de rodillas mientras mis ojos estallan y varios aullidos de dolor salen de mi boca. Duele... Siento cómo mi corazón se hace trizas y mi respiración se torna irregular; me asfixio...
Gael, ¿por qué?
—¡Gael! —Me levanto del suelo y corro fuera de la casa. Tal vez no esté lejos y pueda alcanzarlo.
—¡Gia! —El alfa corre detrás de mí, pero lo ignoro y aumento la velocidad. Gael no se ha marchado, él no puede traicionarme de esta manera. ¿Cómo se atreve? ¡Él es mi mate!
—¡Gael! —Corro. He tirado mis chanclas y sigo mi carrera descalza. No me importa que todos en la calle me vean correr como loca; necesito impedir que Gael me deje.
—¡Ya basta! —El alfa se me lanza encima y ambos caemos en el duro pavimento—. ¡Deja de ser tan infantil!
—¡Gael! —grito—. Regresa...
***
Una semana después...
Me meso en el mueble que está en el patio mientras miro a la nada. Esta semana ha sido dolorosa e insoportable. No tengo ni idea de dónde pueda estar Gael, y nadie me da una respuesta coherente sobre la razón de su abandono. Mamá dice que es por la discusión que tuvo con el alfa en su estudio, pero yo no le creo nada. Algo sucedió para que él se fuera sin despedirse.
He estado tan afectada que ni siquiera he hecho nada para ayudar a mi pequeño cachorro, a quien Kali trajo a la casa junto a toda su familia. Eso sucedió tres días atrás, pero la situación del pequeño aún no mejora. Hasta hemos perdido la esperanza de ayudarlo.
Visualizo a Natura venir del bosque. Esa es otra que ha actuado raro desde que Kali vino a la manada. En estos días se la pasa más metida en el bosque que en la casa, pese a que el alfa ha advertido a todos que no se alejen, debido al asunto de la manada de Luna de fuego.
—Gia, cariño, ve a arreglarte; pronto llegará la visita de Mateus —pide mamá con amabilidad y voz tenue. Resoplo de hastío, no me importa quién viene, no estoy de humor para recibir visitas y mucho menos para arreglarme.
—No estaré en ese almuerzo.
—Cariño, no le puedes hacer ese desaire a tu padre; él está ilusionado con esta visita y espera que todos lo apoyemos.
—Me importa un comino. Nuestra familia no está en condiciones para recibir visitas ni hacer almuerzos especiales. ¡Bill se está muriendo y Gael no aparece!
Mamá se abraza a sí misma y lucha contra las lágrimas.
—Es por eso que necesitamos distraernos un poco. Bill nos necesita fuertes, y Gael... él prefirió irse, y debemos respetar su decisión.
—Algo sucedió para que él decidiera marcharse. Y lo que más me duele es que ustedes lo saben y no me quieren decir.
—Fue su decisión, Gia —dice mamá con voz severa. Veo culpabilidad en su mirada y sé que algo oculta.
Me levanto del mueble para irme a mi habitación, pero mamá me agarra del brazo y me susurra:
—No siempre podemos tener lo que queremos, pero eso no significa que no podamos ser felices. Gael es tu mate, pero eso no impide que te des una oportunidad con un hombre que pueda cuidar de ti y amarte.
—Yo no soy tú, mamá. Mi mate está vivo y yo lo amo. Es fácil para ti decirlo porque tú nunca entenderás lo que siento.
Me suelto de su agarre y entro a la casa. No me gusta ser ruda con mamá, pero me irrita que pretenda saber lo que necesito cuando ella nunca ha tenido que sufrir por amor.
Cuando ella encontró a su mate, este yacía muerto en una aldea. Ella estaba regresando a la manada junto a un grupo de guerreros, y en el camino ayudaron a unos hombres de otra manada que habían sido atacados por lobos salvajes.
Ella vio a un hombre agonizando y fue a socorrerlo; el olor que emanaba de él captó su atención, y el último aliento de aquel extraño fue “mate”. Mamá lo lloró como si lo conociese y duró unas semanas de luto por quien pudo ser su gran amor; estaba triste porque ya no sabría qué se sentiría ser reclamada y marcada por su compañero destinado.
Su historia es penosa, pero ella no sabe lo que es sentir que se te desgarra el alma cuando estás lejos de tu mate. Ella no entiende mi sufrimiento ni todo lo que he tenido que soportar todos estos años.
Cuando voy a entrar a mi habitación, Gin me aborda llena de curiosidad.
—¿Sabes quién es la persona que nos visitará hoy? —inquiere con sus ojazos verdes bien abiertos.
—No. Tampoco es que me importe.
—Cariño, vamos a hacer algo con tu cabello. No estás para nada representable. —Cambia el tema de forma brusca.
—No estaré en ese almuerzo, así que no importa si me veo representable o no.
—Gia, entiendo lo dolida que te encuentras por la ausencia de Gael, pero no voy a permitir que te hundas en el dolor. Todos estos años he sido testigo de tu sufrimiento, y ya no soporto verte derrumbada por un hombre que ni siquiera tuvo la consideración de hablar contigo antes de irse.
» Amo a Gael, pero esta vez se pasó. Gia, yo más que nadie entiendo el dolor de estar lejos de tu mate, pero debes amarte a ti misma antes que a él y darte tu lugar.
Las palabras de Gin me golpean de forma cruel. Debo admitir que es cierta cada cosa que dice, pero no quiero aceptar que le importo tan poco a Gael.
Es tan doloroso.
Un asentimiento es suficiente para que mi amiga me arrastre a la habitación y me meta debajo de la ducha. Hecho esto, abre el grifo y le echa champú a mi cabello.
Después de que Gin me lavara el cabello, lo secara y me obligara a ponerme un lindo vestido blanco y corto, me hizo un maquillaje sencillo.
Verme en el espejo me hace sentir mejor y, de alguna manera, me ha subido el ánimo. Me dirijo a la sala donde se encuentran los demás, y un rostro conocido capta mi atención.
—Hermosa, Gia, tan deslumbrante como te recuerdo.
Finjo una sonrisa de cortesía mientras extiendo mi mano en su dirección. Él la toma con delicadeza y deja un beso en el dorso; luego me regala una sonrisa coqueta.
Vaya, vaya...
Así que la visita de papá es el alfa Leoncio. Tal vez esté paranoica, pero este asunto no me da buena espina. ¿Qué se traerá papá ahora?


