Gia
El viento gélido me eriza los vellos y me provoca abrazarme a mí misma, con la intención de darme calor. El gris del cielo le da una apariencia melancólica a este campo desolado, cuyos árboles viejos y robustos lo hacen lucir tenebroso.
Mis pies descalzos pisan la grama verde que luce opaca, mientras que mis hebras son levantadas por el viento frío, que me provoca varios temblores en el cuerpo.
¿Dónde estoy?
—Todos me dicen la loca. Que soy una obsesiva.
Miro en dirección a la voz y descubro a una niña de unos diez años, de trenzas largas y castañas, ojos grises y una espada de madera en la mano derecha.
—¿Quién eres? —inquiero desconcertada—. ¿Por qué estás sola en este lugar tan remoto?
Ella me mira con tristeza y aprieta los puños.
—No le importo a nadie. Solo soy un error porque nací mujer. ¿Lo olvidaste? Antes de que el alfa adoptara a ese niño te solía decir eso, que debiste nacer hombre.
Una punzada de dolor me atraviesa el pecho, entonces las lágrimas se me acumulan en los ojos.
—Soy más poderosa que los hombres del alfa, ¿acaso debe importarme lo que él diga de mí?
—Eres una amenaza para tu propio padre porque él nunca ha podido domar tu espíritu luchador e insistente. Muy en el fondo, siempre supiste que nuestro mate nos necesitaba, pero no sabías cómo lidiar con ello. Te han robado, no solo la posibilidad de estar con tu compañero, también tu poder y liderazgo.
¿Qué?
¿A qué se refiere ella?
—Abre los ojos y recuerda…
De momento me veo en mi cama y mi cuerpo es pequeño.
«Ayúdame», escucho en mi mente.
¿De dónde viene esa voz?
«Por favor. No dejes que nos separen. Ayúdame, él me lo está quitando todo. Eres la única que me puede liberar».
—Control mental… —musito, al entender a qué se refiere la voz.
Es la de un chico… Se me hace tan familiar…
Miro en dirección a la voz y me encuentro frente a un espejo, donde se refleja mi imagen. Entonces entiendo por qué mi cuerpo es pequeño ahora; soy yo, más de doce años atrás.
Una sensación de familiaridad me visita, entonces recuerdo aquella noche antes de que el alfa llevara a Gael a vivir a casa. Por alguna razón no podía dormir y sentía que alguien pedía mi ayuda.
Gael…
De momento estoy de vuelta en aquel extraño campo y a lo lejos vislumbro una casita de madera. Corro en dirección a esta, pero me detengo cuando veo a Gael salir de allí. Junto a él, se encuentra la mujer de cabellera blanca con quien él se fue.
—¿Por qué me traicionaste, Gael? —digo a la nada mientras mis lágrimas son levantadas por el viento.
«Control mental», dice alguien a quien no logro reconocer.
Miro a mi mate en los brazos de otra y lloro por la impotencia.
—Gia, el culpable está más cerca de lo que piensas —dice él como si despertara de un sueño. Su mirada se apaga y su semblante decae, entonces siento un dolor fuerte en el pecho que se torna insoportable.
Despierto desorientada y me asusto al verme en mi antigua habitación, en la casa de mis padres.
¿Y si lo vivido con Gael fue solo un sueño?
Salto de la cama y salgo a toda prisa mientras llamo a Gael, pero él no responde. Siento que el corazón se me saldrá del pecho en cualquier momento y que pierdo el aliento. ¿Dónde están todos? ¿Por qué me encuentro en la manada?
Me dirijo al patio y me quedo pasmada ante el panorama. El cielo tiene un tono gris oscuro y hay relámpagos y truenos en este, asimismo, el viento mueve los árboles y levanta el polvo.
—¿Qué está sucediendo?
—Es la tía. —Escucho a Seriné detrás de mí. Me volteo para encararla y me quedo inerte, al ver a Bill junto a ella. Vivo…
—Bill, cariño… —Las lágrimas me empapan el rostro.
Corro en dirección a la casa y cargo a mi bello cachorro con euforia; lo lleno de besos y lo aprieto a mi cuerpo como si temiera que me fuera arrebatado.
Después de que lo tuviera en los brazos por un largo rato, lo suelto porque este se queja de que lo voy a asfixiar. Recupero la compostura y miro a través de la puerta.
—¿Dónde están todos? ¿Por qué estamos solos si va a empezar tremenda tormenta? —interrogo a mis pequeños. Ellos se miran asustados.
—No es una tormenta y no estamos solos. Hay guerreros aguardando la entrada de la casa —responde Seriné.
—¿Por qué?
—Porque todos se fueron a buscar a la gran bruja. Ella se llevó al tío Gael.
—¿Qué? —espeto, confundida.
—Sí. La mañana que te trajeron a ti y a Bill… —Ella empieza a contar con sus deditos—. Tres días atrás…
—¡Tres días! —Siento que la cabeza me va a estallar.
—Sí… —responde ella, asustada por mi reacción—. Ese día Bill despertó, pero tú no. Papá dijo que estabas muy débil y que tardarías más tiempo en recuperarte.
No entiendo lo que está sucediendo. Aquella noche no luché tanto como para haberme quedado sin energía.
Me quedo pensativa un rato, pero no le encuentro sentido a nada de lo sucedido. Decido comer porque estoy famélica, luego me doy un largo baño que me reconforta.
Después de ponerme una ropa cómoda, me dirijo a la sala porque escucho ruidos. Allí encuentro a mamá sentada aparte, con los ojos rojos y cansados, como si hubiera llorado mucho. Luego vislumbro a Gin con el bebé en brazos y a Kali con sus otros tres cachorros sobre la pierna. Jerril y algunos guerreros rodean a papá, quien se encuentra de pie cerca de la puerta.
—¿Dónde está Gael? —Es lo primero que se me ocurre preguntar.
De inmediato, la mirada de todos los presentes se posa sobre mí, entonces mamá corre en mi dirección y me abraza entre llantos.
—¡Mi niña! —exclama ella mientras se percata de que estoy entera—. Estaba tan asustada por ti.
—Mamá… —La voz se me torna suave y de alguna forma me siento más relajada—. ¿Qué está sucediendo? Mi mente es un caos y no logro separar la realidad de las pesadillas. ¿Dónde está Gael?
—Ya deja de preguntar por ese traidor —escupe papá con odio—. Mejor vete a descansar porque pronto te entregaré al alfa Leoncio como compañera.
No puede ser…
¿De verdad papá seguirá con esa locura?
—¿Dónde está Gael? —insisto, pero esta vez mi voz es tosca y desafiante.
—¡Ya deja de preguntar por él! —grita, luego se me coloca al frente con porte autoritario e intimidante.
Lo que el alfa no sabe es que ya no le tengo ni miedo ni respeto.
—Tengo todo el derecho de hacerlo. Al fin y al cabo, Gael es mi mate y mi esposo.
Papá va a pegarme, como tiene por costumbre, pero levanto mi mano y lo esquivo con facilidad. Todos los presentes nos observan atónitos, puesto que no se esperaban que una loba tonta como yo fuera más rápida que su alfa.
—No perderé mi valioso tiempo contigo —dice él con arrogancia y me da la espalda—. Pero te prepararás para irte a la manada de tu nuevo compañero.
Él sale de la casa y cierra la puerta de forma brusca.
¿Prepararme para irme a otra manada? Ni en sus sueños.
***
Tres días después…
Observo el horizonte con tristeza y nostalgia, entonces sorbo de mi taza, aunque la bebida me sabe insípida.
Gael…
Las lágrimas brotan de mis ojos y esta vez no me molesto en limpiarlas ni detenerlas, porque necesito desahogarme de alguna forma.
¿Dónde estás, Gael? Ya no sé en qué lugar buscarte.
En estos tres días, lo he buscado por todos los alrededores de la manada, este territorio y el bosque donde estuvimos la última vez, pero no hay rastro de él. Lo peor es que yo me debilito más cada día, puesto que el veneno se está apoderando de mi salud.
Esa es la razón principal para haber regresado a mi verdadero hogar, aunque se sienta vacío sin Gael. Pero es que temí que papá se aprovechara de mi estado para llevarme a la manada de ese alfa.
Entro a la casa que Gael construyó para nosotros y esbozo un suspiro. Todavía su olor está aquí para recordarme que todo lo que sucedió entre nosotros fue real. Acaricio la marca sobre mi hombro y cierro los ojos, otra vez lo busco con mi habilidad, mas no lo encuentro.
Toques en la puerta me espantan, entonces me apresuro hasta allí un poco intrigada, debido a que el olor de la persona del otro lado de la puerta no me es conocido.
—Hola, ¿cómo le puedo ayudar? —inquiero cuando abro la puerta y encaro a un hombre delgado, maltratado por la vida y con ropas desgastadas.
—Busco a Gael, mi alfa.
Me quedo inerte en mi lugar y sin pronunciar palabras por unos segundos. Después de que me despabilo, trago pesado y lo encaro.
—¿Su alfa?
—Sí, era uno de los jefes de confianza de la manada Luna Dorada, a donde pertenecía Gael, tu mate.
¿Qué?
—Entre, por favor. —Le hago espacio para que pase y le ofrezco asiento. Él toma una silla y se sienta allí; por mi parte, voy a la cocina y le traigo café, también arrastro una silla para mí y me le coloco al frente.
—Gael fue raptado por la gran bruja —le informo acongojada—. Al principio todo era confuso y creí que me había abandonado, pero luego de analizar el asunto y de haber tenido esos sueños raros, entendí que fue hechizado y que alguien lo controla. Lo peor y, lo que más me confunde, es que siento que el control mental no es provocado por ella.
El hombre se queda pensativo y me mira angustiado.
—Soy un incompetente. Debí estar al lado de mi alfa desde que lo encontré, ahora él no está y yo no pude hacer nada para impedirlo —se lamenta.
—No había forma de que lo ayudara. Mientras el veneno esté en el cuerpo de Gael, la gran bruja podrá controlarlo. Debemos encontrar el zarcillo dorado para poder romper la maldición.
—Ese asunto del zarcillo es muy extraño. Según el guerrero que me informó de lo que había sucedido en la manada antes de morir, el alfa heredero siempre protegió el zarcillo. Lo que significa que lo tuvo con él hasta que lo encontraron.
» Cuando hablé con Gael, él me dijo que no recordaba nada de lo sucedido, solo su nombre. Es por esto por lo que nos pusimos a investigar por nuestra cuenta, pero aún no hemos obtenido resultado y creo que he llegado tarde.
Me abrazo a mí misma ante la impotencia que siento. Necesito encontrar a Gael o me volveré loca.
Después de que el hombre me contara acerca de la vida de Gael antes de que su manada fuera asaltada, acerca del asunto de los alfas soberanos y de lo orgulloso que el padre de mi mate estaba de su hijo, él se despide de mí. Me dijo que se mantendrá cerca de la casa para vigilar.
Está a punto de anochecer y otra vez la angustia del paradero de mi compañero empieza a torturarme.
¿Qué estará haciendo Gael ahora?
Quizás se esté apareando con esa bruja.
Unas náuseas horrendas me atacan de repente. Mejor no pienso en eso porque puedo perder la poca cordura que me queda. Voy a entrar a la casa, cuando un aroma dulzón y conocido inunda mis fosas nasales.
—Flora… —murmuro al reconocer su aroma dulce, el mismo que me perseguía cada vez que aparecía sin ser llamada.
—Gia, ¡hasta que por fin doy contigo! —exclama aliviada.
—¿Qué es lo que quieres?
—Que todo tome su orden natural y que destruyamos a esas malditas brujas, de una vez y por todas —responde Flora, o como se llame la misteriosa hada que me solía espiar.
—¿A qué te refieres? —inquiero confundida.
—Ya confirmé mis sospechas y logré dar con la verdad. Ahora te contaré quién eres en realidad y cómo podrás rescatar a tu mate —asegura ella. Yo, por mi parte, la observo con recelo y a la expectativa. Anhelo que ella sí sea de fiar porque, lo que más necesito ahora mismo, es tener una solución que me ayude a encontrar a Gael.




