Gia
Observo a mi amiga con los ojos agrandados, puesto que aún no logro asimilar sus palabras.
—Entonces, ¿Jill se marchó? —Estoy pasmada. May asiente con los ojos cristalizados.
—Se fue a vivir con su abuelo a las afueras de la manada. Se cansó de esperar por mí.
—Pues, búscalo —dije obvia.
—No tengo el coraje. ¿Qué le diré?
—No sé, ¿qué tal que fuiste una tonta y que te arrepientes? —La miro de forma acusatoria. Ella se muerde el labio inferior y niega con la cabeza.
—No me atrevo. No me siento lista para tener un mate.
La amo, pero a veces me dan ganas de matarla.
—Entonces deja de lamentarte. ¿Qué esperabas? Jill está sufriendo por tu indecisión, es justo que se aleje por su bien. De verdad, no te entiendo. Si lo amas y él a ti, ¿por qué te empeñas en sufrir?
» Deberías ser agradecida por la dicha de poder estar al lado de tu compañero, pues no todos somos tan afortunados. Cómo deseo estar en tu lugar. Pero tú te aferras a un estúpido complejo y te ahogas en un vaso de agua.
—Lo siento —dice, avergonzada—. Tú tienes problemas serios y yo vengo a molestarte con mis tonterías…
—May, cariño —la interrumpo—, sabes que puedes contar conmigo siempre. Es mi deber como tu amiga decirte las cosas como son. Deja esas tonterías que te hacen daño y busca a tu mate, no pierdas tiempo valioso porque luego te puedes arrepentir.
Ella asiente mientras se limpia las lágrimas que se le escaparon.
Después de acompañarla a su casa, soy interceptada por Kali en el camino.
—Ven conmigo —pide mientras me agarra por el antebrazo y me arrastra con prisa.
¿Qué le pasa?
—¿Sucede algo? —inquiero con preocupación.
—Muchas cosas. —Es lo único que responde.
Caminamos hasta llegar al parque de la manada y nos sentamos en un banco en silencio. Al instante, una mujer pequeña, rubia y de ojos verdes se sienta a nuestro lado. La reconozco porque había visto su imagen en los libros, así que mis ojos se abren con exageración, al igual que mi boca.
¿Por qué la reina de las hadas está aquí?
—¿Qué está sucediendo, Kali? —cuestiono, perdiendo la paciencia, pero también impresionada por tan extraña situación.
Es decir, mi amigo me intercepta en la calle junto a nada más y nada menos que la reina de las hadas, un ente importante y que pocos licántropos conocen. Ella está sola, misteriosa, sentada en un parque con dos seres inferiores. Estas cosas raras solo me suceden a mí.
—Yo le explico —dice ella—. Como todos los licántropos saben, yo y mis subordinados ayudamos a los lobos a protegerse de las brujas que aún quedan vivas. Treinta años atrás hubo una guerra, donde muchos licántropos murieron, incluyendo la mate del alfa Mateus, quien cargaba a su primogénito en el vientre.
» Mis hadas guerreras se mantienen vigilando que la protección no sea traspasada o alterada; sin embargo, eso no significa que hayamos tenido ciertos eventos inevitables, como el ocurrido doce años atrás, en la manada del licántropo escogido por la naturaleza para ser el alfa soberano.
» Hace poco, la protección volvió a ser violada, por lo que sospecho que fue traspasada por una bruja. Todo este tiempo hemos tratado de descifrar cómo lo logró y la conclusión es que ella posee unas joyas poderosas, que pertenecen a la gran bruja, quien escapó de nuestra prisión y recuperó sus prendas. No estamos muy seguros de que esa loba diga la verdad o si en realidad es la gran bruja camuflajeada.
Vaya…
No puedo evitar que mi rostro se distorsione por la impresión, en especial porque todas las piezas empiezan a encajar en mi mente. Esa sospecha latente ahora empieza a sentirse real.
—¿Quiere decir que podríamos tener al enemigo en la casa? —deduzco, con una mezcla de emociones que dicta desde la esperanza hasta la ira pura.
—No solo eso. Puede que otros seres hayan entrado —responde ella, afirmando justo lo que pensé—. Antes de la chica aparecer ya estos seres habían traspasado la protección. Por cierto, Kali me contó acerca de la criatura que viste y quiero que me des detalles de ese ente.
Me quedo inerte en mi lugar y muy confundida. ¿Qué no fue un hada la criatura que se me apareció y quien me protegió de caer en el risco?
Le cuento todo sin guardarme nada. Ella se queda pensativa por un largo rato y añade:
—Si lo que dices es cierto, entonces estamos en peligro —dice con voz preocupada, asustándome—. Quizás sea una bruja disfrazada, pero debe ser demasiado poderosa para confundirte, ya que tu habilidad te haría reconocer si su aura es negativa o no.
Me abrazo a mí misma y me muerdo el labio inferior, como si con esa acción pudiera protegerme. Ya no sé qué pensar. Ahora más que nunca siento intriga acerca de esa hada, quizás no deba dar más detalle sobre ella y encontrar la verdad por mi propia cuenta.
La reina de las hadas se marcha y yo me quedo sola con Kali en este lugar, entonces decido contarle lo que me dijo Loni, ya que eso me ha dejado preocupada.
—Kali, me pasó algo extraño con Loni… —Él me mira con confusión.
—Habla de una buena vez —comanda con impaciencia porque me he quedado callada.
—Pues…
Le cuento todo lo que él me dijo sobre aquella manada y la maldición de Gael; todo, incluyendo la mentira acerca de papá.
Kali se queda pensativo con esa cara que suele poner cuando está atando cabos.
—Llegué a escuchar sobre aquellos zarcillos, la bruja y la manada —comenta él—, pero nunca imaginé que Gael fuera el hijo de aquel alfa. Vaya, Gael es más de lo que imaginé —dice Kali con una sonrisa—. Siempre supe que era un licántropo especial, pero no a tal punto.
—¿Entonces das por ciertas las palabras de Loni? Es decir, se trata de Loni.
Kali suspira y me mira con malicia.
—Gia, puede que él tenga razón; sin embargo, me intriga la manera de Loni conseguir tal información. Tengo una leve sospecha de sus intenciones, pero antes de hablar de ello, tú y yo debemos hacer una visita importante. Luego tenemos que buscar la manera de encontrar a Gael, ya que él nos puede aclarar muchas cosas.
—¿Por qué piensas que Loni dice la verdad? —cuestiono, un poco incómoda.
—Porque esa sería la explicación al comportamiento del alfa —responde él y me observa con diversión en sus facciones—. No me mires así, no quiero decir que el asunto de robarse el zarcillo sea cierto, eso es totalmente ridículo. Pero sí lo de la maldición.
» Piensa: El alfa hasta le pagó a Lía para que frene los deseos sexuales de Gael. ¿Por qué el alfa no te dejaría estar con tu mate? Él más que nadie sabe lo doloroso que esa situación es y estoy seguro de que no querría lo mismo para ti. La única razón para impedirlo sería que tu vida corriera peligro.
El razonamiento de Kali cala hondo en mí; también despierta recuerdos que le dan sentido a sus palabras. Sin embargo, hay un temor en lo más profundo de mi interior, una voz que grita algo que temo reconocer.
Es imposible suprimir las lágrimas que arden en mis ojos y brotan sin permiso. Ahora entiendo a Gael, también. Él solo me estaba protegiendo al negarme como su mate.
Kali me abraza y lloro en su pecho. Esto es tan injusto. Necesito encontrar a Gael.
—Kali, hay algo más, ¿cierto?
—Sí —responde—. Después de que fueras a preguntarme acerca de la maldición, me puse a investigar sobre ellas. Entonces encontré que este tipo de maldiciones funciona de esta manera: la maldad del hechizo te perseguirá hasta que ambos copulen. A Gael el deseo sexual le incrementará el doble que a un licántropo normal hasta enloquecerlo, por eso me imagino que usaron un reemplazo. Pero a ti también te haría lo mismo. ¿Has tenido eventos suicidas o de locura?
Vaya, vaya…
Kali agranda los ojos y pareciera que ya entendiera algo, porque su mirada se ilumina y su semblante cambia.
Sí… Ya queda aclarado parte de mi comportamiento y la oscuridad que me vigila. Que, por cierto, dejé de sentir cuando Gael se marchó.
Regresamos a la casa en silencio, cada cual sumergido en sus pensamientos y dando forma al rompecabezas. Pero hay algo que me falta; tengo el presentimiento de que aún no sé todo lo concerniente a esa maldición. Gael dijo que podría tomar una mala decisión si él me contaba toda la verdad, y esa parte me preocupa.
Temo que Gael esté en peligro.
***
Camino por las calles pavimentadas de la manada, perdida en mis meditaciones. Todo luce tan solitario que el ambiente se siente escalofriante. El cielo está teñido de gris, y la brisa es tan fría que tengo la piel de gallina.
La calle termina en un camino terroso, ubicado en un territorio cubierto de grama. Este lugar es desconocido para mí, pero, por alguna razón, siento que aquí pertenezco. A mitad de camino, vislumbro dos hileras de árboles a cada lado, y el sendero de tierra se pierde, dando paso a uno verde.
Continúo mi andar y, cuando he avanzado unos pasos más, vislumbro a una niña pequeña llorando en medio del sendero.
—¿Estás bien? —le pregunto.
Ella se voltea en mi dirección, pero se mantiene agachada. Sus ojos grises están llenos de lágrimas, sus trenzas castañas están desarregladas y su pequeño cuerpo tiembla.
—Mi mate va a morir pronto. Él ya se ha resignado a la muerte y dejó de luchar. No permitas que se rinda; debes ir por él antes de que sea tarde.
Despierto exaltada otra vez. Esto ya se ha vuelto costumbre. Mi corazón late tan rápido que temo sufrir un infarto. Esta sensación amarga me ha estado torturando por varios días; es como si tuviera un mal presentimiento.
Además, mi loba ha estado sufriendo, y por momentos siento un dolor desgarrador en el pecho. Temo tanto por Gael… Percibo que no la está pasando bien, donde sea que se encuentre.
Gael, ¿por qué no regresas por mí? ¿Por qué no me permites ayudarte?
***
Esta mañana no tengo apetito ni ganas de hacer nada, por lo que me he sentado en el patio, después de haber discutido con papá. Él quiso obligarme a ir a un estúpido almuerzo en la manada del alfa Leoncio. ¿Acaso piensa que no sospecho de sus intenciones?
—Gia —Kali se sienta a mi lado—. Vamos a aprovechar que el alfa estará fuera de la manada hoy para hacer una visita importante.
Lo miro desorbitada. ¿A quién iremos a visitar? De repente, él se quita la ropa y se transforma en lobo; entonces abre vínculo para comunicarse conmigo.
—Vamos a la manada Luna de Fuego —me informa. Supongo que es para que nadie más escuche.
—¿Por qué iremos allí? —le pregunto, desorientada.
—Porque necesitamos respuestas —concluye, antes de levantarse.
También me convierto en loba. Decidimos tomar el camino de los montes, ya que así llegaremos más rápido que con un vehículo.
Después de correr entre los árboles por dos horas, nos detenemos en la entrada de nuestra manada vecina. Soltamos las ropas que llevamos en la boca y cambiamos de forma. Salimos del conglomerado de árboles y nos paramos frente a las gigantescas puertas que protegen la manada. Nos miramos con decisión y avanzamos hacia la entrada.
—¿Qué buscan por aquí? —interroga uno de los guardias.
—Venimos a visitar al alfa. Él ya había invitado al heredero de nuestra manada, pero este no pudo venir; por eso lo hicimos nosotros en su lugar —respondo con naturalidad.
Kali me mira con sorpresa, pues nunca le conté sobre el encuentro que Gael y yo tuvimos con los guerreros de Luna de Fuego.
Ellos asienten como si ya estuvieran enterados, por lo que mi amigo y yo nos adentramos en el lugar. Estoy que muero de los nervios; solo espero que esta visita no sea una pérdida de tiempo.



