Narrador omnisciente
En una cantina de una manada ubicada en una región lejana, un viajero llena su sangre de alcohol mientras cuenta historias a las personas que van allí a divertirse:
—Erase una vez, una manada poderosa de licántropos. Esta manada era llamada Luna dorada y estaba representada por el oro y la plata. El alfa tenía un hijo que había nacido con el don de ser soberano y el poder del oro y la plata en su sangre.
» Tener el don del oro y la plata lo hacía más poderoso que a los demás lobos y, gracias a la energía que él desprendía, aquella manada era rica en recursos y su tierra producía los mejores frutos de todo el mundo.
» Un día, una bruja poderosa encontró la manera de burlar la protección por medio de unas joyas que le daban dicho poder, así que llegó a aquella manada atraída por la energía que el cachorro desprendía e hizo un hechizo para ocultar su verdadera identidad.
» Vivió allí haciéndose pasar por un licántropo y de esa manera poder aparearse con el alfa, ya que buscaba a un compañero fuerte que pudiera asegurar la conservación de su especie.
» Aquel alfa vivía feliz con su mate y su hijo, quien heredaría su liderazgo en el futuro. El niño era sabio y calculador, y a su poca edad analizaba problemas propios de adultos, daba consejos para mejorar la manada y respuestas a situaciones complejas.
» Para el alfa, su cachorro era un ser especial y sabía que él era ese líder soberano, que nacía cada cierto tiempo para liderar a todas las manadas y someter a los lobos más poderosos. Sin embargo, él tenía una debilidad, era esta la razón para mantener la naturaleza de su hijo oculta hasta que llegase el momento de proclamarlo alfa de los alfas.
» Solo sus hombres de confianza conocían el don del chico, aunque para ningún licántropo era un secreto que aquel cachorro sobresalía por encima de los demás.
» Un día, la bruja intentó seducir al alfa, pero este la rechazó. Ella no se dio por vencida e intentó hechizarlo; no obstante, la energía que provenía del arcillo del chico no le permitía lograr su objetivo. El alfa se enteró de que ella era una bruja y trató de asesinarla, pero la bruja escapó. Él dio aviso a varias manadas, quienes a su vez informaron a las hadas, entonces los guerreros y sus alfas merodeaban los territorios para cazar a la intrusa.
» Un año más tarde, ella regresó más poderosa y con otras brujas, quienes mataron a todos los lobos de la manada Luna dorada porque ellas no estaban solas. Habían conseguido la ayuda de lobos salvajes, quienes les prometieron apareamiento si ellas los llevaban hasta aquella manada y así poder robar el don del cachorro.
» Solo un niño pudo resistir el ataque y él protegió el tesoro dorado que le encomendó su padre, el alfa. Otras manadas y las hadas vinieron al auxilio de Luna dorada, pero ya era tarde; sin embargo, pudieron salvar al pequeño.
—¿Qué sucedió con el niño? —inquiere una prostituta con diversión en su semblante, como si le estuviera siguiendo el juego a aquel borracho.
—Eso mismo me pregunto yo. Cuando sucedió tal evento, estaba de viaje por orden del alfa, y por desgracia ya todo había acontecido a mi regreso. Un lobo guerrero me contó todo, pero él murió antes de decirme cuál fue el destino del cachorro —responde con melancolía—. He viajado por doce años en busca de mi alfa, puesto que siento que este corre peligro.
—¿Tu alfa? —se burla la mujer entre risas.
—Es mi alfa porque es el heredero de nuestra manada y porque él debe someter a todos los alfas existentes.
—¡Tú! —grita el dueño de la cantina con el ceño fruncido—. Deja de perder el tiempo con ese loco y vete a atender a los clientes —le reclama a la chica.
—Bueno, amigo, debo continuar con mi labor. Te deseo suerte en tu búsqueda —dice juguetona y se dirige en dirección a un grupo de hombres, quienes empiezan a tocarla mientras beben.
***
Gia
En el centro de curación y despacho, los guerreros y jefes se han reunido con el alfa y, puesto que soy parte del equipo, debo estar presente.
—Son los de la manada Luna de fuego. Estoy seguro —afirma uno de los guerreros.
—Debemos asegurar nuestros límites y prohibir que los habitantes se adentren a los bosques que están lejos de nuestra manada, ya que ellos están atacando en los lugares remotos. Solo nos están provocando para que perdamos la paciencia —asegura Gael mientras toma los mapas de nuestros territorios y marca los lugares de peligro.
—Si nos siguen provocando entonces démosles lo que buscan. No es que le tengamos miedo —espeta Loni. Gael lo mira mal. Desde que empecé a salir con Loni este lo trata como si su presencia le molestara.
—Es lo que ellos quieren. ¿Por qué atacar de forma “clandestina” a nuestra gente en vez de declararnos enemistad de forma abierta? —replica Gael—. Nos hacen entender que son ellos, pero de forma sutil. Quieren que nosotros le declaremos enemistad y así poder acusarnos. Ese es su plan.
—¿Cómo puedes estar tan seguro? Es una estupidez —refuta Loni.
—Estupidez es lo que propones. Quieres que vayamos a atacar a toda una manada porque sí. ¿No has pensado que ellos nos pueden emboscar? Es lo que buscan para matarnos dentro de su territorio —contesta Gael de forma despectiva, como si quisiera hacer quedar a Loni como un idiota; sin embargo, Loni le replica de forma ofensiva, a lo que Gael responde con burla.
—¡Ya basta los dos! —La voz intimidante del alfa detiene la niñada de estos tontos—. Haremos lo que dice Gael hasta saber qué es lo que ellos se traen en mano y si de verdad son los de la manada Luna de fuego los que nos atacan, asimismo, la razón para hacerlo. Bien, cada quien regrese a su trabajo —sentencia el alfa. La reunión se termina y yo me dirijo a la oficina que comparto con Gael.
Loni me sigue hasta aquí.
—Tú y yo, cena bajo la luna, vino y… —pronuncia Loni mientras rodea mi cintura y roza su nariz con la mía.
—¿Y…? —repito con coquetería.
—Y que pase lo que tenga que pasar —responde con voz seductora.
De inmediato me tenso. Como licántropo, es de esperarse la copulación en una pareja, dado que los lobos de nuestra manada suelen ser muy cachondos y siempre esperan la actividad sexual con la persona con la que salen. Como en todo lugar hay excepciones, pero definitivamente Loni no es una de ellas. ¿Por qué demonios tuve que ir más lejos con él?
Finjo una sonrisa y me aparto de su agarre.
—Ya vete a entrenar, tengo mucho trabajo que hacer. —Le tiro un beso al aire, pero él me agarra por el brazo y me besa en la boca. Lo hace con pasión y profundidad, como si estuviéramos solos aquí. Rompo el contacto de sus labios y le acaricio la mejilla—. Deja un poco para la noche, picarón —digo para que se vaya de una buena vez.
Loni sonríe victorioso y mira a Gael, hago lo mismo por instinto y todo mi cuerpo se estremece, al encontrarme con esa mirada asesina que le atina a Loni. Lo percibo tenso y molesto, a punto de estallar.
—Adiós, Gael. —Loni ondea su mano con sorna y se marcha. Exhalo un suspiro de alivio cuando la puerta se cierra y me dirijo cabizbaja a mi escritorio. Puedo percibir la mirada fiera de Gael siguiendo mis movimientos y eso me hace sentir nerviosa.
—¿Qué? —interpelo de mala gana cuando me siento.
—Ten cuidado con lo que haces esta noche, Gia. No tientes mi paciencia.
—¿Perdón?
¡Esto si es el colmo! ¿Acaso Gael se golpeó la cabeza?
—El alfa te buscará una pareja que te merezca. Es más, si quieres salir con otros chicos, bien, pero ¿él? ¿Te dejarás usar por ese tipo?
Inhalo y exhalo varias veces para lidiar con la rabia. Infeliz, y así dice que no le intereso. Me levanto de la silla y me dirijo al escritorio de él, su mirada dura sigue sobre mí, estudiando mi caminar. Pongo las manos sobre el escritorio para apoyarme mientras me agacho a su nivel, entonces lo encaro con malicia.
—¿Celoso? —digo irónica.
—No… —contesta ambivalente.
—¿Seguro? Es la única explicación que le encuentro a tu estúpido reclamo, mi amor. Si quieres dejo de tontear con Loni y esa cita la tenemos tú y yo esta noche. Imagínate, ambos solos y desnudos en la casa del árbol. Podríamos terminar lo que empezamos.
Lo veo tensarse y tragar pesado. Su respiración se ha tornado agresiva y sus ojos están brillosos, como si estuvieran encendidos en llamas.
—D-Deja tus juegos…
¡Está tartamudeando!
—Tú lo empezaste, Gael. Tienes dos opciones: O reconoces de una vez y por todas que me quieres, nos hacemos pareja y gozamos de nuestro amor, o me dejas ir.
» La segunda opción requiere que no te metas en mi vida ni en mis decisiones. Si Loni me merece o no, es asunto mío; si me caso con la pareja que papá me escoja o no, es mi decisión. No debes inmiscuirte en lo que no te incumbe.
Gael se sume en sus pensamientos. Por mi parte, me quedo estudiando sus facciones, la manera en la que frunce el ceño y aprieta los labios, como sus ojos melosos se pierden en la nada.
¿De verdad lo está meditando?
Mi corazón empieza a latir muy rápido, de una manera que me asfixia. Esperaba una respuesta rápida y cortante, un “no me interesas” con expresión fría. Pero él se está debatiendo mis opciones.
No te ilusiones. Lo sé, no debería…
—Gia… —Nuestras miradas se conectan con tanto sentimiento que siento mis ojos cristalizados; los de él también lo están.
—¿Cuál es tu decisión, Gael? —Trato de seguir con el temple de hace unos minutos, pero es difícil. Estoy muy nerviosa.
—No tengo nada qué decidir, mas que velar por tu bienestar. Te juro que lo que más deseo es que estés bien.
—No tienes ninguna responsabilidad conmigo.
—Claro que sí. Es mi deber y naturaleza protegerte.
—¡¿Por qué?! —Me exalto. Nada de esto tiene sentido. No lo entiendo.
—Porque es así y punto. —Se levanta de su silla dispuesto a marcharse, mas yo lo detengo al aferrarme a su brazo. Lo volteo y hago que me encare, estoy cansada de sus omisiones. Sé que algo oculta.
—Gael, dime las razones verdaderas para rechazarme, es justo que yo sepa la verdad. Sé que eres mi mate y que tú lo sabes. Me celas, me cuidas y siempre apareces cuando estoy en peligro. Gael, confía en mí, por favor. No te exijo que estés conmigo, pero por lo menos dime lo que ocultas.
Veo lágrimas llenar sus ojos, pero se las arregla para no derramarlas. Él me observa con tristeza, como si se debatiera en dejar salir esas palabras que siempre ha retenido.
—Gia, escojo la segunda opción. Pero nunca dejaré de protegerte y estaré pendiente de ese Loni. No dejaré que te haga daño.
Me besa la frente y sale de la oficina. Una vez me veo sola, las lágrimas retenidas salen con libertad.



