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Gia
Sobre mi cama, lloro mi desdicha. Si tan solo tuviera idea de…
Espera…
¿Y si el hada puede ayudarme? Tal vez ella sepa algo sobre la maldición de Gael y yo podría apoyarlo. Necesito saber, aunque busque la información por mi cuenta. Porque, ¿cómo podré luchar contra algo que desconozco?
Me quedo pensativa, meditando sobre mis opciones, cuando los golpes en la puerta interrumpen el hilo de mis pensamientos.
—Gia, abre, por favor. —Ignoro los ruegos desesperados de Gael y me aferro a la almohada mientras aprieto los ojos. No quiero escucharlo, al menos no hoy. Necesito que se vaya y me dé espacio para analizar todo este lío.
Gael sigue insistiendo, pero yo lo continúo ignorando. Pasan unos minutos y el silencio vuelve a tomar el control, aunque sé que está allí. Puedo olfatear su olor y sentir su presencia.
Pronto, mis párpados se sienten pesados y mi cuerpo está tan agotado que mi cerebro decide descansar…
***
Los rayos del sol son muy molestos, así que me muevo de un lado a otro con irritación y opto por taparme la cara con la almohada. Aun así, me resulta incómodo seguir durmiendo, por lo que termino despertando por completo y me dirijo al baño como un cuerpo sin alma. Me meto en la ducha con todo y ropa, y dejo que el agua fría sea mi despertador.
Me siento como la mierda, me duele la cabeza y los ojos, y las horribles náuseas no ayudan.
Debo hablar con Gael.
¿Pero para qué? Él no quiere que yo sepa toda la información y su secretismo me pone ansiosa. Conozco a Gael y sé que estaría dispuesto a sacrificar su bienestar por mí… ¿Y si se trata de eso?
Por alguna extraña razón, empiezo a llorar. Estoy tan confundida. Hay una alarma en lo más profundo de mi ser que me grita que algo anda mal.
Esbozo un suspiro y salgo del baño; ya que estoy despierta, el olor a Gael es muy fuerte aquí, así que busco con la mirada, pero no lo encuentro
¿No estará allá afuera?
Aprieto la toalla contra mi cuerpo y abro la puerta.
¡No puede ser!
—¿Gael? —Me agacho en su dirección y le doy suaves sacudidas. Él está recostado contra la pared, al lado de la puerta. Ese idiota se quedó dormido aquí—. Gael...
—¿Gia? Debes escucharme.
¡Idiota!
—¿Cómo te atreviste a dormirte aquí? Entra, tarado. —Lo ayudo a levantarse.
Una vez está de pie, se me lanza encima para envolverme en un abrazo. Me carga y me besa el rostro con desesperación; hecho esto, entra conmigo a la recámara. Después de cerrar la puerta, me pone en la cama con tanta delicadeza como si temiera que yo fuera tan frágil que pudiera romperme.
—Gia, yo te amo. Yo...
—No quiero hablar del tema ahora.
—Pero debes saber que le mentí al alfa, no a ti. No quiero que sospeche sobre nosotros, yo...
—¡Gael, basta! —lo interrumpo. No quiero escucharlo, no ahora—. Si no quieres que él descubra lo nuestro, ¿por qué demonios te dormiste al lado de mi puerta? Eso nos pudo haber traído problemas.
—Lo sé, pero no quería apartarme de ti. Necesito que me creas, Gia.
Las lágrimas me mojan el rostro. Estoy cansada de esta situación.
—Trata de dormir. —Le doy la espalda y busco ropa, luego me dirijo al baño para vestirme y salir de aquí.
***
Hoy no iré a la oficina; he decidido ir a casa de Kali para ver a los cachorros. Me llevo uno de los vehículos de papá, que espero no chocar, puesto que Kali vive en un campo en los límites de la manada.
El alfa no me ha regalado un auto porque soy un asco conduciendo. Con mi velocidad alta y tratando de controlar el guía sin tener mucho éxito, disfruto del paisaje que se muestra ante mí mientras conduzco.
Tengo tantas emociones encontradas, esas sensaciones desconocidas que me asfixian, y todo este enredo en mi cabeza con el asunto de Gael y los extraños eventos que he vivido, que, por cierto, no he vuelto a tener.
Me he pasado todos estos días en compañía de Gael, incluso dormimos juntos, ya sea en su recámara o en la mía. Necesito contarle todo a Kali. Él sabe muchas cosas y tiene habilidades especiales, además de su conocimiento innato de beta.
Estoy convencida de que Kali puede ayudarme. Eso me hace analizar la razón que debe tener Gael para no buscar su ayuda.
Me toma una hora llegar, debido a que no respeto el límite de velocidad y, una vez me veo frente a la entrada de la casa de mi amigo, me tiro del auto y corro hacia allí.
Bill, Seriné… allá voy, pequeños.
Lástima que este viaje haya sido espontáneo; no les traje nada.
Cuando estoy frente a la casa, una vibra negativa me envuelve, lo que provoca que mi corazón lata acelerado y la preocupación me cause ansiedad. ¿Por qué se siente diferente aquí?
—Kali —llamo a mi amigo mientras toco la puerta. Unos dos minutos de insistencia y la puerta se abre, mas me quedo perpleja ante el reflejo decaído y agotado de Kali. Está más delgado, pálido y con unas ojeras horribles—. Demonios, Kali, ¿qué te pasa?
Entro a la casa y le agarro el mentón para inspeccionarlo; él está muy desaliñado y cansado.
—Buenos días, Gia —ironiza con una sonrisa amarga.
—Kali, ¿estás trabajando de más? ¿Necesitan ayuda con los cachorros? ¿Por qué no emplean a un ayudante? —disparo todas las preguntas de forma rápida, lo que deja a Kali sin palabras por unos segundos.
—Deja de asumir que me estoy sobrecargando y mejor ven a desayunar con nosotros. Sé que no lo has hecho.
Tan protector como siempre.
Al llegar a la cocina, una cansada Gin le sirve puré a Seriné y luego le pasa el tetero a Kali, quien carga al bebé y le da de comer.
—¿Dónde está Bill? —pregunto mientras busco con la mirada a mi pequeño travieso. Los rostros tensos de la pareja me provocan una sensación amarga.
Tengo un mal presentimiento.
Gin deja caer la cuchara que estaba usando para servir el desayuno y se queda un rato en silencio, pero al cabo de unos segundos viene hacia mí y me abraza. Entonces, llora desconsolada en mi hombro.
¿Qué sucede?
—Nuestro cachorro se está muriendo, Gia. Hemos hecho de todo y no sabemos cómo ayudarlo.
¿Qué? Esto no puede estar pasando. ¿Por qué no nos informaron de esto? ¿Por qué hasta ahora me vengo a enterar?

