¡Mate! – Capítulo 45: El sabor de mi mate

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Gia

Vainilla y madera...

Mis sentidos se llenan con ese delicioso aroma. Mi boca sabe a él, mi cuerpo se siente seguro con su calor y mi corazón late por la cercanía de mi mate. Todo aquí es exquisito, tranquilo y se siente a hogar.

Abro los ojos y lo primero que veo es su rostro. Sus pestañas resaltan más cuando están cerrados, su respiración es tranquila y su carita se ve tierna cuando duerme. Mi Gael es tan lindo. Mi hombre, mi lobo, mi mate...

—Hola... —susurra con mirada soñolienta, entonces me sonrojo porque me ha atrapado observándolo.

—Buenos días, esposo. —Le beso la nariz; él sonríe como respuesta.

—Debes estar hambrienta. —Me acaricia la mejilla con el dorso de su mano—. Prepararé el desayuno.

Siento como si un fuego me quemara el pecho. Estar así con Gael parece ser un sueño, una fantasía de la cual no quiero ser sacada.

Se ve tan feliz como lo estoy yo. Ya no hay estrés ni tristeza, no está esa tensión dolorosa ni el peso de los secretos. Solo somos él, yo y nuestro amor.

«Te amo tanto, mi bella loba».

«Yo te amo más».

«Eso no es posible. Definitivamente, yo te amo más».

Lo miro mal y me levanto de la cama; mientras lo hago, siento su mirada intensa quemarme.

—Eres tan hermosa, tan sensual... —murmura Gael con voz ronca.

Lo miro maliciosa y con picardía, luego me dirijo al baño entonando la cadera.

Después de asearme, salgo a buscar algunas naranjas al jardín mientras Gael se baña. Aún cae llovizna y la mañana está fresca y hermosa. Con paraguas en manos, arranco las más grandes y maduras.

Por un momento, me quedo contemplando todo a mi alrededor; este territorio es amplio y hermoso, al parecer la tierra es muy fértil aquí, pues se dan muchos frutos y plantas ornamentales.

Me sonrojo. Este es nuestro hogar, aquí formaremos una familia y nuestros cachorros correrán y jugarán en todo este lugar. Ya me los imagino trepando los árboles y tomando sus frutos; recogiendo flores para jugar o regalármelas. Seremos muy felices todos aquí.

Seco las lágrimas que empiezan a emanar de mis ojos; esa felicidad será posible si rompemos la maldición, de lo contrario, nunca formaremos una familia y este hermoso lugar quedará en el abandono.

Suspiro para no descomponerme. No quiero que esa realidad empañe este hermoso momento ni mis esperanzas.

Entro a la casa y me dirijo a la cocina; allí coloco las naranjas.

—¿Todo bien? —Gael aparece de repente y me abraza por detrás.

—Sí... —balbuceo. Él olfatea mi cuello y deja varios besos sonoros allí, lo que provoca que los pelos se me pongan de punta.

—Te ayudo —ofrezco cuando él empieza a preparar el desayuno.

Después de desayunar, Gael y yo nos sentamos en el piso de la sala y empezamos a conversar acerca de los últimos sucesos. Le cuento que Kali y su familia están en la manada y que vi a una figura beber la sangre de Bill.

—Esta vez le quedó una marca en la muñeca porque la bruja no tuvo tiempo para ocultarlo. Según me dijo Gin, ellas hacen un hechizo para que no quede rastro.

—Me pregunto por qué Bill está inconsciente.

—Según dijo Kali, la bruja se está alimentando de su esencia para poder mantener sus habilidades.

Gael se queda pensativo por un rato.

—¿Será de ese tipo de brujas que lo son por herencia, pero que sus genes de brujas son débiles? Como una loba no pura con más inclinación a ser bruja, pero que nunca desarrolló sus poderes —razona de repente.

Me tenso.

—Según tengo entendido, no quedan ese tipo de brujas, ya que los híbridos fueron asesinados antes de poner la protección.

—¿Qué tal que hayan quedado algunos vivos?

Ambos nos miramos desconcertados.

—¿Insinúas que podría ser Natura? Digo, sospeché de ella al principio, pero después de verla llorar cambié de opinión.

Gael me mira con expresión confundida.

—¿Qué tiene que ver que ella estuviera llorando? ¿Acaso las brujas no lloran? —ironiza.

—No es solo eso... No sé, estoy confundida.

—¿Qué pasó con Natura?

Le cuento todo a Gael.

—Ummm... Muy extraño todo. Algo no me cuadra. ¿Por qué te engañaría para que vinieras a verme? ¿En qué le beneficia a ella? ¿Tendrá algún interés en encontrar mi paradero? Puede ser eso.

Me quedo pensativa por un rato. Puede ser que Gael tenga razón, que ella haya fingido que quiere regresar para que yo viniera hasta aquí, pero ¿por qué?

—¡Siento que me voy a volver loca! —exclamo con frustración.

—Lo resolveremos. Aunque no sé si podamos regresar a la manada porque ambos estamos marcados, por lo que el alfa nos mataría. En especial a mí.

—No es tu culpa, yo te marqué primero.

—Da igual, me hará pedazos.

—No vayamos a la manada, entonces. Busquemos la manera de contactar a Kali e investiguemos por nuestra cuenta.

—Sí, eso haremos. No estoy listo para enfrentar el drama familiar.

Empiezo a reír como loca. Me imagino el caos en la casa si nos aparecemos por allá.

—Mañana mismo empezamos. Descansaremos hoy —añade Gael mientras me acaricia la mejilla.

—Está bien —le contesto.

Nos pasamos el día planeando todo lo que haremos; también hablamos sobre la decoración de la casa y los muebles que compararemos. Después de cenar, nos sentamos en el patio a disfrutar de la noche. Dejó de llover en la tarde, por lo que podemos apreciar unas cuantas estrellas.

—Lo lograremos, Gia. Acabaremos con este caos y seremos felices, te lo prometo. —Gael me besa el cabello. Estoy acurrucada de él, quien me tiene abrazada a su cuerpo caliente. Se siente tan bien estar así con Gael.

Busco sus labios y lo beso.

—¿Nos vamos a dormir? —pregunta Gael.

Todo mi cuerpo reacciona a esa simple pregunta. ¿Dormiremos o haremos el amor? ¿Podemos hacerlo esta noche también o debemos esperar? Estoy muy nerviosa, el simple hecho de imaginarme en sus brazos me estremece por completo.

Gael sonríe malicioso, lo que me da a entender que escuchó mis pensamientos. ¡Qué vergüenza!

—Somos esposos, no debes sentir vergüenza por esas cosas que son naturales en una pareja.

—Todavía no me acostumbro, es raro. —Me tapo la cara. ¿De verdad soy tan infantil?

Gael estalla en carcajadas y luego me llena de besos.

—Eres tan linda. Vamos a dormir, mi amor.

Me sostengo de él para levantarme, pero Gael me carga y entra conmigo encima. Entre risas, me sostengo de su cuello y disfruto de su rico aroma. Ay, Gael, me vuelves loca.

Nos acostamos y nos arropamos. Nos colocamos de lado para quedar de frente y nos miramos a los ojos como tontos enamorados.

—Te amo, y se siente tan bien poder decirlo. Me siento libre al poder expresar que tú eres mi mate —dice Gael con ojos cristalizados.

—Gael, si no encontramos la solución a la maldición, debes saber que esta felicidad, aunque sea corta, es mejor que mil años sin ti. Prefiero morir a tu lado que tener toda una vida sin tu amor.

«Gael, no te sientas culpable por mi decisión, mejor disfrutemos el tiempo que nos toque vivir esta linda experiencia. Cariño, vivamos nuestro amor sin remordimientos».

Gael me besa.

Sus labios saborean los míos con delicadeza, con una dulzura que me derrite el corazón. Su beso es lento, pero lleno de emociones, delicioso como es todo lo que emana de él. Mi mate es la delicia encarnada y yo me he vuelto adicta a su sabor.

De a poco, sus manos me acarician la piel y se deshacen de mis ropas, mientras que sus labios siguen saboreando los míos; se ha creado una conexión tan fuerte entre nosotros que siento que nuestras almas se han fusionado y que somos dos corazones latiendo en conjunto y formando un solo ser.

Gael degusta mis pechos con hambre, como si fuera el mejor manjar que haya probado en su vida. Tengo la leve sospecha de que les encantan, pese a que no son la gran cosa. Aprieto las sábanas cuando sus dedos resbalan en mi humedad mientras él succiona mis pechos.

—Ah... —gimo, perdida en este intenso placer.

Gael gruñe al escucharme y, cuando siente que necesito más, mueve sus dedos dentro de mí con fuerza y más profundidad. Empiezo a gritar cuando se hunden de una forma tan exquisita y tan desconcertante, que me dan ganas de orinar. Temo hacerlo en sus manos y trato de apartarme, pero Gael me lo impide. Sigue embistiéndome con sus dedos mientras muerde mi pezón.

Me muero...

—¡Me voy a orinar! —grito cuando ya no puedo contener el placer. Tiemblo como nunca antes lo había hecho, y siento cómo mojo todo. ¿Me oriné?

Gael mira su mano empapada con fascinación, como si hubiera triunfado en algo, no sé. ¿Se alegra de que le hice pipí?

—No es orina —corrige divertido.

¿Es posible estar más avergonzada de lo que me encuentro?

—Sí lo es, eso es mucho líquido.

—Es eyaculación femenina. Sucedió porque te estimulé en una zona sensible. ¿Lo disfrutaste?

Me tapo la cara con la almohada, lo que provoca que Gael estalle en carcajadas.

—Ya deja de actuar así. Quiero que nos tengamos confianza, mi amor. —Me quita la tela del rostro y me besa.

Me dejo llevar, así que lamo sus labios y empezamos un jugueteo de lenguas. Gael me sostiene por la cintura y me coloca encima de él.

—Esta noche me montarás, mi bella loba. —Sonríe malicioso.

Estoy muy nerviosa porque temo no hacerlo bien. ¡Ah! ¿Qué pasó con la Gia atrevida que se le insinuaba a Gael? Ahora que puedo hacer lo que quiera con él, ¿me pondré tímida? ¿Qué me pasa? ¿Por qué actúo como tonta?

—Eres tan tierna, pero ardiente a la vez. Me encantas, Gia; toda tú eres mi vicio.

Ay...

Eso me enciende, por lo que decido ser osada. Tomo su virilidad y de a poquito me hundo en él; noto cómo Gael reacciona y su respiración se acelera. Empiezo a mover las caderas y de inmediato el placer comienza a torturarme de una forma deliciosa.

Gael gruñe y se mueve con frenesí, mientras me aprieta los glúteos. Por mi parte, doy saltitos sobre él, dejándome llevar por el gusto que esta posición me provoca.

Entre jadeos, palabras subidas de tono y movimientos sensuales, estallo en un intenso orgasmo que me hace aullar. Minutos después, Gael también llega al clímax.

—¡Eso fue genial! —exclama él, con una sonrisa cargada de satisfacción—. Tú sí sabes cómo moverte, mi bella loba.

Gael me abraza. Si sigo sonrojándome así, mis mejillas estallarán.

Me aferro a su piel húmeda y me sumerjo en la rica sensación que sus manos me provocan al acariciarme el cabello.

«Gia, gracias por regalarme más tiempo y por confiar en mí», dice él por medio del vínculo, antes de quedarse dormido.

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