¡Mate! – Capítulo 32: La prueba del deseo y los celos

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Gia

Corro en forma de loba junto a Gael, quien también está transformado. La brisa que acaricia mi rostro y pelaje plateado se siente muy bien. El lobo de Gael es de color dorado y su mirada se torna de ese mismo tono cuando se transforma. Por mi parte, al igual que mi pelaje, mis ojos cambian de gris a plateado, como si Gael y yo fuéramos opuestos y semejantes a la vez. Yo con el tono de la luna, él con el tono del sol.

Gael dice que le encanta mi aspecto lobuno y el color de mis ojos en ambas apariencias. A mí también me gusta su lobo, y no me decido si prefiero el color dorado o el amarillo ambarino de sus orbes, ya que ambos son hermosos.

Corremos por el campo como manera de ejercitar a nuestros lobos y de relajarnos. Aquí somos libres y felices porque solo somos dos mates que se aman con locura y que no tienen que ocultar sus sentimientos.

«¿Puedes saltar sobre aquella colina?», pregunta Gael mediante el vínculo. Miro la colina, que más bien se asemeja a una montaña de lo alta que está, y hago un gesto desafiante.

«¿Me estás retando, lobito?», digo mientras sonrío con malicia.

«Si no puedes hacerlo, me comprarás el almuerzo de hoy», me reta.

«¿Y si puedo?»

«Entonces, invito yo».

Miro la colina y respiro profundamente. Luego retrocedo, tomo impulso y, acto seguido, salto lo más alto que puedo...

La brisa se vuelve agresiva contra mi rostro y siento mi corazón latir con fuerza. Pero lo logro. ¡He saltado la gran colina! Gael imita mi salto y cae a mi lado. Luego se acerca y me roza la cabeza contra el cuello. Nos acariciamos y la mezcla de nuestros suaves pelajes se siente tan bien...

«Sabía que lo harías. Eres una loba fuerte», elogia Gael con orgullo, y empieza a lamer mi rostro. Lo amo tanto.

«Es lo que se espera de la hija del alfa», fanfarroneo divertida.

«No es porque seas la hija del alfa, es porque eres Gia, la chica y loba más fuerte que conozco», refuta.

«Gracias», respondo sonrojada.

Después de varias caricias y lamidas, corremos de regreso al río, donde dejamos nuestras ropas antes del paseo.

«Voltéate», comanda Gael como hizo antes de convertirnos en lobos. Me volteo, pero muevo un poco la cabeza para poder espiar. Al convertirse, sus marcados abdominales se muestran exquisitos, llamándome a morderlos y besarlos. Al instante, la boca se me hace aguas.

—Estás mirando. ¡Qué atrevida! —Me descubre.

Me volteo con unas ganas inmensas de reírme.

«Estás bien dotado, Gael; incluso me causaste cosquillitas en cierta parte solo con verte. Me imagino que sabes usar toda esa carne», bromeo.

—¡Deja de ser tan atrevida! —profiere escandalizado, con un leve sonrojo en las mejillas.

Una vez vuelvo a mi forma humana, estallo en carcajadas. Me giro en dirección a Gael quien aún busca su ropa mientras refunfuña. Por mi parte, camino hacia el río.

—¿Qué haces? Estás desnuda. —Gael traga pesado y, por su expresión, sé que lucha por apartar la mirada, pero mi cuerpo es como un imán que lo atrae. Noto que empieza a reaccionar a mi desnudez y, aunque eso está muy mal, dada nuestra circunstancia, me siento halagada y poderosa.

Yo le provoco deseo a Gael.

Gael tira su pantalón de vuelta al suelo y camina en mi dirección. Juego con el agua sin dejar de sonreír, lo tiento con la mirada a venir a mí, a rozar nuestra desnudez.

—Estás jugando con fuego, pequeña princesa. —Gael me acorrala contra una roca y me mira como si me fuera a cazar.

—Me gustaría quemarme en tu fuego, querido mate —lo insto.

—¡Rayos, Gia! Si sigues en ese plan no podré controlarme. Anhelo con todas mis fuerzas unirme a ti. —Gael lame mi cuello. Un jadeo sale de mi boca, como consecuencia, Gael grita una palabra descompuesta.

Él me levanta por los glúteos y hace que envuelva mis piernas alrededor de su cintura, entonces me besa con fiereza; está dejando que su parte animal tome el control y eso me encanta.

Haremos el amor. Por fin voy a reclamar a mi mate y nadie nos va a separar, ni siquiera esa maldición.

Mi loba aúlla cuando los labios de Gael saborean mi pezón derecho, es tanto el placer que aprieto su espalda y le clavo las uñas. Esa reacción lo excita más porque me estruja contra su cuerpo, buscando una posición cómoda para penetrarme.

—Soy virgen, Gael... —susurro, porque me da miedo que él sea brusco conmigo. Gael, por su parte, despierta del extraño trance al escucharme. Entonces me deja caer en el agua y sale del río corriendo.

—¡Qué demonios iba a hacer! —se increpa a sí mismo en un grito mientras se aprieta el cabello mojado—. ¡Por poco te condeno! ¿Por qué no pude controlarme? Esto no debe repetirse —sentencia, y se termina de vestir.

Varias lágrimas pesadas brotan de mis ojos y se mezclan con el agua. Me siento tan tonta e impotente. ¿De verdad no aliviará mis ganas de reclamarlo?

Gael se adelanta y me deja aquí, sola.

¡Imbécil! 

Estoy tan irritada que tengo ganas de golpear a alguien… sí, al estúpido de Gael. ¿Cómo se atreve a dejarme así?

***

Cuando llego a la casa, ya Gael está vestido y desayunando en la cocina. Me siento en el comedor con la ropa aún mojada e ignoro los reclamos de mamá. Como con enojo. Una vez me trago el desayuno, me voy a mi habitación a prepararme. Han de imaginarse lo molesto que está papá por lo tarde que es. Hoy ha estado más insoportable que nunca, porque al parecer recibirá una visita de negocios muy importante.

Como si a mí eso me importa.

Tuve que aguantarme todos sus sermones sobre la responsabilidad y el compromiso.

"Que seas la hija del alfa no te da el derecho de ser impuntual y hacer lo que te plazca", me dijo con su característico porte autoritario, seguido por más sermones:

"Debes mostrar más interés en los asuntos que le convienen a la manada".

"Esta es una visita muy importante y debemos tener todo listo en la oficina".

Y, bla bla bla...

En fin, ¡qué fastidio con papá!

Ya en la oficina, mi mirada busca a Gael, a quien todavía tengo ganas de golpear, pero este ni se entera. Desde que entramos en el vehículo esta mañana hasta ahora, él ha estado inquieto y retraído, sumido en sus pensamientos y ajeno a su alrededor. Todo lo ha hecho de forma mecánica.

Infeliz.

—Oigan, chicos, ¿quién es tan importante que tiene al alfa tan desubicado hoy? —pregunta Celi, entrando por la puerta con una pila de carpetas en los brazos, casi abrazada a su pecho.

—Ni idea. Es todo un misterio —respondo. Ya hasta curiosidad me está causando el dichoso negociante.

—¿Qué hay de ti, Gael? Tú debes saber quién es. —No hay respuesta. Gael está perdido en su mundo de idiotas.

—¡Gael! —le grito, una vez me coloco frente a él. Gael, espantado, suelta una palabrota y da un respingo. Yo, por mi parte, ahogo una carcajada.

—¿Es necesario que grites, loca? —gruñe mientras se frota los ojos.

—¿Y qué hacía para traerte de vuelta? Ya sé, debí tirarte agua a ver si despertabas de tu mundo Tontolandia.

—¡Qué falta de respeto! —se queja él—. Recuerda que soy tu próximo alfa, así que deja de ser insolente, loba loca.

—¡Ja! Tarado

Celi se ríe de nosotros y luego se sienta encima del escritorio de Gael. Él la mira mal, pues odia que haga eso.

—Gael, ¿sabes quién es la visita de hoy? —interroga Celi con ojos brillosos. Sí, a ella le encanta el chisme. Pero yo también quiero saber, así que soy otra chismosa.

Gael se tensa y se queda en silencio por unos segundos que me parecen eternos. ¿Tiene que ser tan dramático? ¡Qué suspenso!

—Solo sé que es el alfa de la manada Rouge —responde cortante y con una mueca.

—¡El alfa Leoncio! —chilla Celi, dejando caer todas las carpetas al suelo.

Y esta loca, ¿qué?

—¿Qué haces? —refunfuña un molesto Gael. Ella empieza a reír con nerviosismo, recoge todas las carpetas y las pone sobre mi escritorio, luego camina alrededor contoneando las caderas.

—¿No han escuchado hablar acerca del alfa Leoncio de la manada Rouge?  —pregunta ella con asombro. Gael hace una mueca y muestra desinterés. Yo niego, porque no tengo ni idea de quién es ese alfa. Entonces, Celi me mira como si hubiese profanado algo.

» Solo diré que es uno de los alfas más codiciado y de gran riqueza. Su mate murió hacen unos años, por lo que muchas mujeres han intentado seducirlo, pero a todas usa solo una noche. Cabe destacar que un solo revolcón es suficiente para enloquecerlas, pues según se dice, él es un amante espectacular.

Vaya...

Gael me mira con el ceño fruncido y deduzco que espera algún comentario de mi parte. Es cuando decido tirar la indirecta que me he guardado toda la mañana, y que estoy loca por restregarle en la cara.

—Si es tan espectacular en la cama, de seguro no deja a sus amantes con las ganas y empezadas. Un hombre así enloquece a cualquiera —espeto, venenosa.

Celi me mira raro por mi comentario fuera de contexto, pero mi atención está en Gael. Mi mate aprieta la mandíbula y los puños, una acción que me deja claro que no está feliz.

—Vamos a almorzar —gruñe Gael, acto seguido, se levanta de su silla con el ceño fruncido y me jala del brazo.

—Oye... —me quejo, pero él me ignora.

Gael me saca a rastras de la oficina y nos dirige hacia la salida, pero antes de poner un pie afuera, un grupo de hombres entra. Solo uno capta mi atención, ya que sobresale del resto. Es un hombre alto, vestido elegantemente, con cabellera dorada. Una sonrisa sensual me hace quedar mirando sus labios, que son muy llamativos. El hombre es atractivo y tiene un aura seductora; es imposible no quedarme viéndolo.

Siento que el agarre de Gael se aprieta en mi brazo y trago con dificultad al encontrarme con sus ojos, que ahora se han tornado más amarillos de lo normal. ¿Esos son celos? ¿Habrá notado que me quedé viendo al desconocido?

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