¡Mate! – Capítulo 6: Travesura con sabor a chocolate

Esta es la parte 8 de 62 de la historia ¡Mate!

Gia
Después de un delicioso baño, me visto en tiempo récord para esquivar los reclamos del alfa. Decanto por unos pantalones de mezclilla oscuros, mis botines negros y una camiseta sin mangas que acentúa un poco mi escote; asimismo, me pongo encima una camisa gruesa de rayas negras, blancas y rojas, pero no me la abrocho. Me dejo el pelo suelto y solo uso brillo labial, ya que no estoy de humor para hacerme un maquillaje elaborado.
Salgo de la habitación y me dirijo al patio, cuyos alrededores se encuentran decorados con guindalezas de papeles coloridos y luces. En el centro, una fogata se yergue majestuosa. La música animada le da vida a la fiesta, que está abarrotada por muchos miembros de la manada.
—¡Aquí está mi princesa! —vocifera papá mientras viene a mi encuentro. Él tiene un delantal puesto y sostiene una espátula en su mano derecha. Eso significa que está asando carne.
¡Amo los asados de papá!
—El alfa se ve todo un hombre de su casa, así vestido de cocinero —digo mientras aprieto su mejilla.
—No estoy vestido de cocinero —refunfuña, quitando mi mano de su cara. Me gusta tanto molestarlo.
—¿Kali y compañía vendrán? —le pregunto a Gael, quien se aparece de repente. Mi atención se dirige a la manzana glaseada con chocolate que él se está comiendo, puesto que es uno de mis postres favoritos pertenecientes a esta manada—. Aunque supongo que no. Debo ir a conocer al nuevo bebé.
—Así es, por obvias razones no podrán venir —contesta él sin dejar de mirarme. Por mi parte, mantengo la atención en la manzana. Es que de repente me apetece mucho ese postre.
—¿Quieres? —pregunta Gael divertido, al notar que estoy babeando por su comida—. Ven, vamos a buscar a los chicos —dice mientras me sostiene del brazo y me lleva a rastras, quién sabe a dónde.
—Oye… —Me libero de él con la intención de hacerme la interesante.
—Vamos con los chicos… —Deja de hablar cuando nota que me he quedado embelesada otra vez, mirando la dichosa manzana. ¡Qué rayos me pasa!
—Te va a llegar el periodo. Por eso estás más hambrienta y sensible de lo regular. Eso facilita el vínculo entre nosotros.
¿Qué?
Odio a Gael con todas mis fuerzas. Se me olvidaba que él siempre sabía cuándo me iba a llegar el periodo y, para colmar mi molestia, se le suma el asunto del vínculo especial.
—Bien, chico listo, entonces debes entender que mis hormonas de loba y humana están revueltas, así que será mejor que me des un poco de esa manzana.
Gael estalla en carcajadas y me mira divertido. De repente, me jala del brazo y me adentra con él al conglomerado de árboles que nos rodea, acto seguido, me da un pequeño empujón que causa que termine pegada a un tronco.
—¡Qué demonios, Gael! —increpo iracunda.
—Es que quiero compartir mi manzana contigo y se vería raro si… —Se rasca la cabeza, nervioso—. Ya sabes, los chicos podrían empezar a…
—Entiendo. No quieres que empiecen a especular y eso —termino por él y le arrebato el postre de la mano. Gael agarra el palito que sobresale de la parte superior, mientras que yo sostengo el que sale de la parte inferior.
Muerdo la manzana con ansias y me rindo a su sabor dulce y su textura crujiente. Creo que he gemido a causa del deleite que la mezcla de la fruta con el chocolate me brinda.
Me olvido de que Gael también está comiendo, por lo que devoro el postre con ganas, dejando salir algunos jadeos en el acto. El chocolate cubre mi boca y parte de mi rostro, pero no le presto atención, ya me encargaré de eso cuando termine aquí.
De repente, no hay más postre qué devorar, más que el palito que se encuentra sucio de chocolate. Dejando mi elegancia de dama adulta en un rincón, empiezo a lamer el delgado objeto.
De momento pasa algo que me hace estremecer todo el cuerpo y que acelera los latidos de mi corazón, es que la lengua de Gael choca con la mía, pues al parecer, él tuvo la misma idea que yo.
Ignorando ese detalle, seguimos dando lamidas mientras fingimos inocencia. Me parece ilógico que Gael de verdad no se haya dado cuenta de que nuestras lenguas se están rozando una con otra, pero tampoco me voy a poner a cuestionarlo por ello. Sé que estoy siendo tonta y masoquista, un poco desvergonzada quizás; no obstante, quiero dejar de pensar sobre qué es correcto o no y disfrutar esta oportunidad que sé que no volveré a tener.
Lamemos con ganas y menos desinhibidos que al principio, conscientes de que ya el palito no tiene chocolate. No sé cómo o en qué momento sucede, pero el palito ya no está, solo somos Gael y yo jugueteando con nuestras lenguas.
¡Ay!
¿Se puede contar esto como un beso?
Gael me acorrala con más fuerza contra el árbol y me aprieta con su cuerpo sin un atisbo de decencia. Enseguida empiezo a temblar y mi respiración se torna caótica. Gael lame el chocolate que está embarrado desde la comisura de mis labios hasta mis mejillas.
Siento que me dará un infarto en cualquier momento, al tenerlo tan cerca y pasando su lengua por parte de mi rostro.
Qué rico…
No, no debe gustarme. Debo detenerlo antes de que vayamos más lejos y cometamos un error irreparable.
—Gael… —balbuceo, extasiada. No sé si me cayó chocolate en el cuello, pero él está lamiendo allí también, besando y mordiendo toda el área, provocando contracciones en mi estómago y pelvis, y que pequeños gemidos se escapen de mis labios—. Gael, por favor…
Ay no, no me puedo controlar más.
«Reclámalo», demanda mi loba con desesperación. Por mi parte, he olvidado hasta mi nombre y solo tengo un objetivo claro: devorar sus labios. Sostengo su rostro y me acerco a él para acabar con estas ganas que me consumen…
—¡Gael! ¿Dónde estás?
Demonios.
¿Es esa quien creo que es?
Siento como si me echaran un balde de agua fría de repente. Gael suspira con frustración, pero no me suelta; por el contrario, me aprieta con más fuerza y se estruja contra mí a propósito, para que yo sienta su excitación.
Vaya, vaya…
—Gael, te busca tu novia —digo con la voz en un hilo y los ojos cristalizados.
—Ella no es mi novia… —masculla entre dientes. Él no cede, no está dispuesto a soltarme—. Si te dejo ir ahora será para siempre. No quiero alejarte otra vez…
Él también tiene los ojos cristalizados.
¿Qué rayo le pasa a Gael? ¿Por qué actúa de esta forma tan extraña?
—Gael, debemos regresar con los demás. Van a empezar a preguntar por nosotros.
—Te he enseñado muchas cosas, pero no… —Me mira dubitativo—. Nunca te enseñé a amar…
—Gael, ya basta. Regresemos, por favor.
—¿Me odias?
¿Ah?
—Gael, por favor…
—Sé que no supe manejar la situación entre nosotros. Fui un imbécil sin tacto y…
—¡Ya basta! —Golpeo su pecho con ira—. ¡Deja tu lástima! Te amé por mucho tiempo, pero ya lo superé. Olvidemos el pasado y llevemos la fiesta en paz; lo único que te pido es que no vuelvas a mencionarlo y que le pares a tu desborde de compasión.
Gael me suelta sin decir nada, en su lugar, se queda inmerso en sus pensamientos. Por mi parte, respiro varias veces para recuperar la compostura y me arreglo la ropa y el cabello.
No espero por él, me dirijo en dirección a los chicos y empiezo a saludarlos a todos. Por un breve momento miro detrás de mí, donde vislumbro a Gael salir del conglomerado de árboles y ser interceptado por mi examiga, quien se le lanza encima y empieza a devorarle la boca.
Mi corazón se estruja del dolor mientras las lágrimas quieren nublarme la vista. Pese a ello, mi parte masoquista no deja de observarlos. Siento un leve estremecimiento cuando Gael me mira directo a los ojos y, en vez de evadirlo, le retengo la mirada. No sé si es mi imaginación, pero veo en ellos la desesperación y el dolor reflejados.
Esto es una locura. Si a Gael le duele estar lejos de mí, ¿qué le impide romper la barrera que nos separa?

¡Mate!

¡Mate! – Capítulo 5: Demasiado cerca ¡Mate! – Capítulo 7: Ellos están juntos
Compartir

2 comentarios en “¡Mate! – Capítulo 6: Travesura con sabor a chocolate”

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *