Narrador omnisciente
La chica de cabellera rojiza avanza entre los árboles, como si buscara alguna respuesta allí.
—Esto será muy difícil. Esos malditos lobos sellaron muy bien la protección.
Ella camina en medio del bosque y prepara sus artilugios de magia. Sonríe al sentir una energía poderosa y paranormal, lo que le indica que está en la parte principal de la barrera invisible.
De inmediato, la alegría y la esperanza la embargan, por lo que corre más adentro, buscando aquello que irradia aquel poder. Un brillo inusual capta su atención, se queda un largo rato alelada ante la belleza de las luces en tono dorado y plateado, hasta que decide salir de su trance de fascinación, para investigar de dónde proviene aquel brillo.
Con pasos apresurados y ansiosos, se acerca al resplandor, pero se detiene de golpe al notar a una mujer inmóvil frente a ella. Su cabellera blanca y lacia se extiende como un río de plata sobre el suelo, y su piel, tan delicada como la porcelana, parece no pertenecer a este mundo.
Estudia a la desconocida de forma minuciosa y se percata de que el brillo proviene de un anillo en su mano derecha, como también del dije de la gargantilla que lleva en su cuello.
Con una ramita que recoge del suelo, empieza a puyar a la extraña. El brillo se detiene y unos quejidos la ponen alerta.
Ella agranda los ojos cuando la mirada exótica de la desconocida empieza a escudriñarla con curiosidad.
«Tiene los ojos de color violeta», piensa sin dejar de mirar esos orbes claros y tan peculiares.
—Ayuda… —balbucea la mujer con dificultad. Es cuando ella se percata de que se encuentra herida—. Ayúdame, por favor —suplica antes de perder el conocimiento.
***
Gia
Saludo a los chicos emotiva, puesto que a ellos también los he extrañado bastante.
—Pero ¡qué hermosa estás! —Jill, un guerrero de la manada y parte de mi círculo de amigos, me levanta por la cintura y empieza a darme vueltas.
—¡Ya bájame, Jill! —Golpeo sus hombros entre risas. Él me pone de regreso a la superficie y me da un beso sonoro en la mejilla—. ¡Eres un exagerado! Solo me fui por un año, estoy igual que antes.
—Ese año te sentó muy bien porque estás más hermosa de lo que te recuerdo —replica él sin dejar de comerme con los ojos. Todos empiezan a silbar y a soltar risitas alusivas. Tarados.
Hay algo que no se siente bien aquí, es como esa sensación que te indica peligro, algo así como un aura negativa. Por un momento busco a mi alrededor y me encuentro con la mirada asesina de Gael.
Interesante…
Noto cómo aprieta la mandíbula y observa a Jill con ganas de destrozarlo.
Olvidaba que no solo mis padres son sobreprotectores conmigo.
—Tú siempre te ves guapo, así que está de más que te lo diga —pronuncio con flirteo para seguirle el juego, aunque no es mentira. Jill es un chico atractivo y carismático, es como la alegría del grupo y a quien todos amamos. Sí le gusta flirtear con todas, mas nunca pasa de ahí. Otra vez los demás empiezan a silbar y a hacer comentarios sugerentes.
—Vamos a comer, tengo hambre —pide May a Jill. Él le da un beso sonoro en la mejilla que la hace sonrojar.
May y Jill siempre han sido unidos, así como lo éramos Gael y yo. Ella es una rubia hermosa de ojos azules como el cielo. Su piel, a diferencia de la mayoría de nosotros, es muy blanca. Eso, aunque a muchos les parece exótico y llamativo, para ella es una causa de inseguridad al sentirse fuera de lugar.
May posee una hermosa cabellera ondulada, que le llega hasta las caderas prominentes; sí, su cuerpo es curvilíneo, otra razón por la que vive acomplejada.
Ser voluptuosa ha sido la razón de sentirse inferior toda la vida, en especial porque muchas chicas de la manada se burlan de su complexión física. Jill y yo le decimos que lo hacen por envidia y, es cierto, May es hermosa y su cuerpo curvilíneo no pasa desapercibido por los hombres de la manada.
—Típico de ti, solo piensas en comer —se burla Lía.
En todo el rato que tiene ahí pegada a Gael no había hablado, pero claro, tenía que sacar a relucir su veneno, la muy perra.
Vislumbro a May avergonzarse y hundir su rostro en el pecho de Jill como buscando protección. No sé, pero esos dos se ven tan lindos juntos, que no puedo evitar el inventarme toda una historia de amor en mi cabeza, con ellos dos de protagonistas.
¿De la misma manera en que haces con Gael?
Miro al susodicho por inercia y me arrepiento al instante. He tratado de disimular todo este rato lo mucho que me molesta verlo junto a la traidora de Lía, pero la verdad es que me duele y me quema por dentro.
Dejo de observarlos cuando ella lo besa en la comisura de los labios, ya que estoy segura de que lo ha hecho porque supo que los estaba mirando.
—Gia, escuché que el alfa ha estado hablando sobre ti a otros alfas de diferentes manadas. Al parecer, te quiere casar fuera de Luna creciente —comenta Lía con una sonrisa maliciosa.
—Ese no es tu asunto —respondo sin disimular lo mal que me cae.
—No tienes que ser tan descortés, después de todo, somos amigas.
Cínica, desgraciada.
—No soy amiga de cualquier perra que no duda en traicionar y hacer daño, solo para llenar sus propias carencias.
—Gia, compórtate —me reprende Gael. ¿Y este imbécil qué se cree?
—Gia, debes superarlo. Que Gael me haya elegido a mí no tiene por qué afectar nuestra amistad. Debes aceptar nuestro amor —dice, la muy descarada.
Quiero matarla. ¿Su amor? Se supone que a ella le interesaba Kali y luego me dijo que se había enamorado de Jill. Ella sabía lo que yo sentía por Gael y no le importó meterse con él, para luego restregármelo en la cara.
—¿Qué te hace pensar que a mí me interesa un tipo tan desabrido como Gael? Como tú misma dijiste, mi mate está en otra manada.
—¿Tu mate? —cuestiona Loni con los ojos agrandados.
Él es otro guerrero de la manada. Su cabello es largo y lacio como el de Jill, la diferencia entre ellos dos, es que la cabellera de Jill es de color chocolate y la de Loni negra.
—Así es, pero ese es un secreto que no les diré. —Lo sé, soy una vil mentirosa.
—Suelta la sopa, no seas mala amiga —suplica May.
—Será una sorpresa. —Sonrío con malicia para mortificarla.
Estoy segura de que luego le tendré que decir la verdad, puesto que no me dejará tranquila hasta que le cuente el chisme sobre mi supuesto mate.
Hablando estupideces, riendo y bebiendo cerveza de hierba nos pasamos la noche, hasta que el alfa nos llama a comer. Ahora todos bailan alrededor de la fogata, por lo que decido alejarme porque me duele ver a Gael divertirse con otra mujer que no soy yo.
Ellos están juntos, debo superarlo.
Camino lejos de la dichosa fiesta, dejando que el aire fresco me relaje y que las lágrimas sean mi desahogo. Sabía que sería difícil volver a enfrentar a Gael, en especial porque, aunque él lo niegue, su relación con Lía va en serio. Si así no fuera, no estuvieran saliendo por tantos años.
Esbozo un suspiro y limpio mis lágrimas. ¿Será que algún día dejaré de amar a Gael?
Salgo de mis meditaciones cuando algo capta mi atención. Un resplandor estalla en el cielo, pero aquello sucede a tal distancia, que pasa desapercibido por los demás.
¿Qué habrá sido eso? Observo el firmamento y al instante siento un escalofrío, debido a que percibo una sombra moverse por los aires a gran velocidad, que, al cabo de unos segundos, salta en dirección al cielo y se convierte en una luz dorada, cuyo brillo se desvanece de a poco.
Vaya, creo que no debí beberme esas tres cervezas.




Que bonita historia!
Muchas gracias.