El chico raro de mi cuadra: Capítulo 10

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Ashton

Me acerco espantado y asustado, asimismo, el corazón me late agitado. Toco su pecho ensangrentado y me miro las manos temblorosas.

—¡Lo mataste! —La voz de mi madre molesta mis oídos. Tengo tanto miedo. Me miro las manos y están rojas, pintadas de aquel líquido que mancha la camisa azul cielo de mi padre.

—¡Nooo! —Me incorporo de golpe, torturado por aquella pesadilla. Mi pecho sube y baja mientras mi cuerpo tiembla; pienso en Melinda y lloro. No podemos estar juntos, ella no se merece a un monstruo como yo.

***

Melinda 

Camino junto a Sandra mientras miro alrededor de este misterioso vecindario que, por alguna extraña razón, se me hace conocido. Nos toca hacer una tarea grupal por lo que hemos quedado en vernos en casa de Karen.

—Siento que he estado aquí antes. —Pongo un dedo sobre la boca, tratando de rememorar este lugar, y es ahí cuando la veo. Está abandonada, plantas altas cubren el jardín y las puertas de hierro lucen oxidadas. Un escalofrío recorre mi espina dorsal y un vago recuerdo me visita como un relámpago. Camino como un zombi hacia allá y me olvido de mi amiga, que está tecleando un mensaje a Karen, debido a que no encontramos su casa.

El jardín está cerrado con verjas, pero hay un pequeño camino que dirige a una diminuta puerta de hierro. Está lleno de musgo y moho, y el abandono es notorio, entonces lo recuerdo…

—¡Gracias! —Sonrío cuando mi mami me pasa el helado. Estamos en otro vecindario porque vamos a visitar a una señora de la iglesia. Saboreo mi dulce tratando de no ensuciarme, puesto que mi mami me ha dicho que ya soy grandecita y debo dejar de dañar mi ropa. Hace una semana cumplí cinco años e hicimos una linda fiesta de la princesa Aurora.

¡Estoy tan aburrida! Mi mami habla cosas que no entiendo con esa señora viejita y duran mucho, ya me quiero ir a casa.

Oh…

¡Qué linda mariposa! Miro a mi mami, quien está muy entretenida, así que aprovecho. Camino despacito para que no me escuche y persigo a la mariposa. ¡Es tan bonita!

—¡Espera! —Corro tras ella y río por lo divertido que es. Se posa sobre una rosa de un hermoso jardín y me acerco en silencio para poder atraparla, pero ella vuela y se va lejos. Me siento en el piso haciendo un puchero de decepción y… ¡guau!, es una puerta que debe llevar al país de las maravillas. Como está medio abierta me es fácil entrar, no es el país de las maravillas; sin embargo, este patio es hermoso y tiene muchos árboles.

Corro por todo el lugar y juego con las hojas que vuelan con el viento.

—¿Quién eres y qué haces aquí? —Salto del susto y miro en dirección a la voz. Descubro a un niño dentro de la casa, observándome a través de una puerta de hierro.

—Hola, soy Melinda. ¿Cuál es tu nombre?

—Soy Ashton. —Me mira con curiosidad. Por mi parte, corro hacia él y pego la cara en la barrera de hierro que nos separa.

—¿Jugamos? Ven conmigo. Mi mami está en la casa de una señora viejita y yo estoy muy aburrida, pues ella no tiene niños.

—No puedo. No me dejan salir al patio. —Se encoge de hombros.

—¿Y no te puedes escapar?

—No. Está fuerte y no se abre.

—¿Y por qué no te dejan salir?

—No sé. Al monstruo no le gusta. A veces mi mamá me deja salir, es cuando el monstruo se va.

—¿Vives con un monstruo? —Abro los ojos sorprendida, asimismo me da un poco de miedo. Él afirma con la cabeza y me mira con tristeza—. ¿Y no te come?

—No. Él me da cariño, aunque no me gusta. A mi mami tampoco, pero ella no puede decir nada porque él le pega duro y ella saca sangre.

—Eso es muy feo. Le voy a decir a Superman para que te ayude. Yo vi una película donde él le pegó duro a los malos y ellos dejaron de hacer maldad.

—Sí, yo también la vi. Pero eres una niña tonta, Superman no existe.

—¡No soy tonta! Superman sí existe, ya no me gustas.

Me cruzo de brazos y él suspira.

—Perdón. Eres pequeña, por eso crees esas cosas.

—Tú también eres pequeño.

—Ya soy un hombre, pronto cumpliré siete.

—Eres muy grande. Yo ya cumplí cinco, me falta mucho para cumplir los siete. Oye… Como no puedes salir te voy a regalar un caramelo de los que me dio la viejita. —Meto las manos en los bolsillos de mi faldita rosa y le doy uno de mis dulces. Él sonríe y eso me hace feliz, es que me siento feo porque él no puede salir a jugar.

—¡Ashton!

Nos miramos cuando escuchamos a un hombre gritar su nombre. Debe ser el monstruo porque él está aterrado, además acaba de esconder el dulce que le di.

—¡Debes irte! —Hace gestos con las manos, en cambio yo me quedo paralizada del miedo. No quiero que el monstruo me saque sangre. La voz se acerca y yo corro sin dejar de mirar a mi nuevo amigo, quien ondea su mano con una sonrisa; sin embargo, sus ojos se ven muy tristes.

Seco una lágrima que se me escapa y me recrimino por ser tan tonta. Olvidé ese encuentro y el nombre de Ashton. Nunca me imaginé que el freak era él. ¿Por qué lo olvidé?

—¡Melinda! —Sandra me saca de mis pensamientos, entonces me seco las mejillas con rapidez—. ¿Qué rayos haces? —Mira hacia la casa abandonada y frunce el entrecejo—. Es una casa grande y lujosa, lástima que la hayan abandonado.

—Sí, es una lástima —balbuceo ida, con la nostalgia de aquel recuerdo golpeando mi pecho.


***

—Te la has pasado distraída la tarde entera. —Karen se queja y yo resoplo.

—No sé por qué te sorprendes, ese es su diario vivir. Solo espero que aprendas tu parte, Melinda. Te fue muy mal en el examen de historia y tienes que compensar eso. A veces me siento vieja por tu culpa, hasta parezco tu mamá —me reprocha Sandra, mas yo estallo en carcajadas.

Por fin terminamos de estudiar y Karen nos acompaña hasta la heladería. Pasamos por la misteriosa casa y no puedo evitar mirarla por un largo rato. Me pica la lengua por preguntarle a Karen, pese a que me asusta un poco y sé que eso no tiene sentido, pero es lo que siento.

—Deja de observar esa casa abandonada, me asusta cómo la miras. —Sandra me sacude y yo detengo el paso.

—Karen… ¿Siempre has vivido en este vecindario? —pregunto sin dejar de observar la casa. Ella me mira y sonríe.

—No. Nos mudamos cuando entré en la secundaria.

—Entonces no sabes sobre las personas que vivían en esa casa.

—No. —Se encoge de hombros—. Pero he escuchado algunas versiones. Dicen que allí vivían unos locos que maltrataban a su hijo, un día el papá llegó y mató a su esposa y al niño, y luego se mató él.

Sandra y yo nos miramos espantadas.

—Pero existe otra versión… —Nos mira con cara de loca y se relame los labios—. Dicen que vivía una mujer, que estaba medio «tutú» con su hijo. El papá del niño los visitaba y se quedaba unos días con ellos. Todo era tranquilidad hasta que él llegaba, entonces se escuchaban gritos y golpes, luego los vecinos llamaban a la policía. No sé cómo se libraba de ellos, pero nunca se lo llevaron preso. Los vecinos estaban cansados del escándalo y se estaban juntando para hacer que los sacaran del vecindario. Según tengo entendido, el papá golpeaba a ambos y se iba por muchos días.

—¡Eso es horrible! —Me tapo la boca por la impresión. Es lo que más se parece a lo que recordé. Debo ver a Ashton y abrazarlo; me duele que haya pasado por tanto.

—¿Y qué sucedió con esa familia? ¿Por qué la casa está abandonada? —Sandra pregunta llena de curiosidad—. Dijiste que la primera versión fue que se mató junto a su familia, pero no dijiste la segunda versión. Si vas a contar algo, cuéntalo completo.

Karen y yo estallamos de la risa mientras Sandra hace una mueca.

—Pues escuché que el niño mató al papá, la mamá fue puesta en prisión porque se echó la culpa, razón por la que la abuela se llevó al niño a Inglaterra.

—¿El niño mató al papá? —cuestiono con incredulidad—. ¿Cómo un niño va a matar a un hombre?

—Pues es lo que dicen, qué sé yo. —Se encoge de hombros.

Debo investigar sobre el pasado de Ashton y por qué se comporta de esa manera. Necesito ayudarlo, lo amo demasiado y me duele saber que es infeliz.

***

Ya es de noche y mi mamá no me dejará salir de la casa, pero tengo tantas ganas de ver a Ashton que no sé si pueda esperar hasta mañana. Muevo el contenido de mi plato y mi mamá me espanta cuando toca mi mano.

—¿Ya son novios? —pregunta con una sonrisa que sé es fingida, puedo ver la preocupación en su mirada.

—¿Ah? —Me hago la tonta, pero ella entrecierra los ojos. Mi papá carraspea y me mira amenazante.

—Ese muchacho, el hijo de los Morris, es estudioso y tiene una buena reputación; sin embargo, no me gusta. Mira que humillar a su propio primo delante de todos, una persona con buenos principios no hace eso. —Abro la boca al escuchar a mi padre. ¿Él piensa que Ron es mi novio? ¡Qué asco!

—¡Qué cosas dices! —Mamá ríe sin gracia y yo me hundo en la silla. Ella debe saber que ando enamorada de Ashton, siempre descubre lo que me sucede, ella parece maga—. Me refiero al sobrino de los Morris, es obvio que algo sucede entre él y Melinda.

Trago pesado al ver la tensión en mi padre.

—Tu broma no me gusta, ellos siempre han estado muy unidos, pero veo esa relación como una hermandad; no digas tonterías, mujer.

—¿Eso crees? Nunca te enteras de nada, eres tan distraído como tu hija. Es obvio que esos dos ya andan en algo. Solo te pido, muchachita, que no cometas una estupidez. Se pueden dar sus besitos y salir, nada más.

Quiero que me trague la tierra en este momento. ¡Qué vergüenza!

—¿A ustedes no les molesta que me haga novia de Ashton? —pregunto con el corazón agitado y no me ayuda el que ellos se miren con esa expresión que me causa escalofríos.

—Pues… —Mi papá se rasca la barbilla y resopla—. No es que me alegre, pero si me opongo te vas a enamorar más de él y hasta podrías cometer una imprudencia. Te dejaré salir con el muchacho si sigues las reglas, de todas formas, solo te queda un año en este lugar, será un buen recuerdo para ti y tu primera experiencia amorosa.

¿Qué?

—¿A qué te refieres, papá? —Eso sí me asusta.

—Nada que no vayas a saber a su tiempo. —Mi mamá le da un codazo mientras yo los miro desconcertada. ¿A qué rayos se refiere?

Doy vueltas en la cama sin poder conciliar el sueño, de repente las palabras de papá me golpean. ¿Por qué dijo eso? Me quedo pensando y entonces se me prende el bombillo.

—¡Qué tonta! Se refiere a la universidad. —Suspiro con alivio. De seguro Ashton y yo iremos a la misma universidad, es obvio que estaremos juntos si nos amamos. Siento mariposas en el estómago y ahogo un grito en la almohada. Ashton y yo…

Me remuevo en la cama y otro recuerdo acaba con mi felicidad: la foto de Ashton y Paola besándose. Él nunca lo negó. Pero… su beso fue tan inexperto que creo que fue el primero. De seguro esa bruja se besó con otro. Que el chico tenga chaqueta negra y una cabellera parecida a la de Ashton, no significa que sea él. Ni siquiera se le nota bien la cara, pudo ser cualquiera.

Mejor me duermo, luego lo aclaro con Ashton.

Ashton

Salgo de la ducha y me pongo un pantalón holgado, es lo único que vestiré esta noche, dado que el aire acondicionado no está funcionando y no soporto este calor. Seco mi cabello con la toalla, miro a Ed y no puedo evitar sonreír. Ese gato duerme tan raro que parece que hace acrobacias con los ojos cerrados. Un sonido extraño llama mi atención. Me acerco a la ventana cuando escucho el segundo ruido, la abro y no puedo creer lo que mis ojos ven.

—¿Qué demonios haces aquí? —Melinda se me tira encima como gata en celo y me calla con un intenso beso que no puedo rechazar, ella me gusta demasiado, aunque está loca.

—Hola… —Nos separamos y nos miramos como tontos. No me canso de ver esos ojazos marrones que siempre están muy abiertos.

—Explícate… ¿Cómo rayos subiste hasta mi ventana?

—Escalé el árbol; estoy en buen estado físico. —Sonríe como si nada y se sienta en la cama.

—¿Sabes que es casi medianoche? ¿Caminaste toda una cuadra sola a esta hora? ¡Tú estás loca!

 —Es que no te he visto en todo el día. No fuiste al colegio hoy y me pasé la tarde haciendo tareas. Tuve que esperar hasta esta hora para poder escapar, puesto que mis papás no me iban a dar permiso. A ellos no les gusta que salga después de la cena, pero si tú me invitas a salir ellos me dejarán, solo así.

Resoplo ante su indirecta. Ni siquiera sé lo que somos y no estoy seguro de empezar una relación con esta empalagosa, eso sería muy raro, nunca he tenido novia. Además, esta loquita y yo de novios, eso sería más raro aún.

Me siento a su lado y acaricio su mejilla. Ella me observa con la boca abierta y no entiendo su sonrojo ni esa forma rara de mirarme; entonces caigo en la cuenta, tengo el torso desnudo. Busco una camiseta sin mangas y me la pongo; me acerco dubitativo porque por alguna extraña razón me siento acosado.

—Acércate más —dice sugestiva y yo trago pesado.

—Te llevaré a tu casa.

—No. Me quedaré aquí contigo, de todas formas mañana es sábado.

—¿Te estás escuchando? No puedes dormir aquí, además tengo trabajo mañana temprano y lo sabes.

—No importa. Me iré a casa pronto, debo regresar a mi habitación antes de que mis padres noten mi ausencia.

—Nos vamos ahora, Melinda. No te imaginas el problema que me puede traer que te encuentren en mi habitación, tú eres menor de edad y yo mayor.

—Pero no vamos a hacer «eso». —Tapa su sonrisita de atrevida con una mano y veo como su cara se torna roja. Rayos, el simple hecho de imaginarlo acelera mi corazón. ¿Qué es esta extraña sensación?

—¡Vámonos! —Ya ni mi más fuerte gruñido tiene efecto en esta niña fastidiosa. Hace un puchero todo tierno que me hace maldecir—. ¡Rayos, empalagosa! Si alguien se entera de esto estaré en problemas.

—Nadie tiene que enterarse. —Baja la voz como si no hablara alto todo este tiempo. Yo estoy loco, hasta eso me gusta de ella.

—Bien. Pero yo dormiré en el piso.

—¡Claro que no! —niega berrinchuda. Me limito a entrecerrar los ojos.

—¿Viniste a seducirme? ¿Es uno de esos «verdad y retos» a los que juegas con tus amigos?

—No, ¿cómo crees? Hace mucho dejé de jugar a eso, ellos se aprovechaban de mi inocencia.

—Querrás decir de tu ingenuidad.

—No me digas cosas feas, soy tu novia.

—¿Mi qué?

Abre su boca con incredulidad, se para de la cama y se dirige a la ventana.

—Espera, solo bromeo. —La halo del brazo y la envuelvo con los míos.


Melinda

Estoy recostada del pecho de Ashton y siento una cosquillita rara en todo mi cuerpo. Su abdomen es tan firme y su cuerpo tan ancho que me da vergüenza ser tan raquítica. Ashton acaricia mi cabello y yo su brazo, él está mirando hacia el techo, mientras que yo tengo mi rostro hundido en su clavícula.

—Ashton… —Tengo miedo de preguntar y arruinar este momento.

—Duérmete.

Ummm… —Estoy temblando, por lo tanto, decido cambiar el tema—. Quiero que me beses… —¿Por qué dije eso? Voy a retractarme, pero él se voltea y me besa. Ummm… Me encanta que lo haga, es tan delicioso.

Aprieto su cabello mientras él me acerca por la cintura. Un corrientazo me exalta cuando siento sus firmes manos sobre mi piel. Creo que me estoy enfermando porque me siento rara. No sé si es fiebre, pero mi cuerpo está caliente y tengo varios escalofríos. Una cosquillita hace palpitar mi cosita, mi respiración se hace irregular y mi corazón late muy rápido. ¿Me voy a morir? Me aparto de Ashton porque siento que me ahogo y su mirada me asusta.

—Ashton… —Él me acaricia los labios con su dedo y me muerde la nariz. Yo me río como loca, mas él me vuelve a besar, creo que lo hace para que me calle.

Sus manos me acarician el abdomen y el estómago me empieza a doler junto con la pelvis, no sabía que besar enfermara. Ashton se sube encima de mí y nos besamos con más intensidad, su respiración es entrecortada y escucho varios gruñidos cuando suelta mis labios y ataca mi cuello.

—Mejor nos dormimos… —Se me aparta de encima y esboza un largo suspiro. La decepción llena mi cuerpo por lo que me abrazo a él para que no lo note. ¿Acaso quería hacer «eso» con Ashton? Debo estar loca, Ashton no hace esas cosas, ¿o sí?

El silencio llena la habitación. Levanto mi cabeza para mirarlo, pues lo he decidido.

—Ashton…

Ummm…

—Cuando me defendiste de los matones… ¿Me reconociste?  Yo no te reconocí, pero hoy recordé nuestro primer encuentro…

—No sé de qué hablas.

—Sabes de qué hablo. No sé por qué lo olvidé, tal vez es porque era muy pequeña…

—Duérmete ya, mañana debo levantarme temprano.

—Está bien… —Lo aprieto con fuerza y me duermo con el calor que emana su cuerpo.

Ashton

Me apeo de encima de Melinda porque, si no, haré algo de lo que me voy a arrepentir después. Trato de recuperar la compostura y que ella no note lo duro que me he puesto, no quiero que se asuste y piense que soy un pervertido. Aunque me resulta extraño que me haya excitado, creo que es la primera vez que me pasa algo así. En realidad, no sé si logre pasar de una excitación, no entiendo por qué le temo a todo lo que tiene que ver con la sexualidad.

Ella empieza a hablar del pasado y yo trato de no derrumbarme. ¿Podré ser normal algún día? ¿Y si yo le hago daño? ¿Y si soy como ese hombre? Lágrimas mojan mis mejillas pero por suerte la empalagosa ya se durmió. Mi pasado es incierto y tengo vagos recuerdos de mi niñez, son fugaces, hay algunos eventos y personas que no se presentan con claridad en mi mente. Recuerdo que cuando mis tíos me adoptaron tuve una crisis nerviosa, creí ver a una persona que me dañó o lo asocié con aquel monstruo que destruyó mi vida. Cierro los ojos y trato de conciliar el sueño…

—Niño malo, ¿por qué no respondes si te estoy llamando?

—Perdón…

—¿Qué escondes ahí?

—Nada.

—No me mientas, sabes cómo te va cuando te portas mal…

Sus manos me tocan el cabello con rudeza y quiero llorar. Me abraza e inhala mi olor, entonces sus dedos se mueven por todo mi cuerpo. No quiero que me toque así, no me gusta. Trago pesado para no dejar salir el llanto, pues si lo hago me pega porque no soy una niña, solo ellas lloran.

—Amor, ¿qué haces? —Mi madre sabe lo que hace, pero es su forma de protegerse—. Ashton, cariño, ve a tu habitación.

Me voy corriendo, cierro la puerta con el seguro y me siento en el piso recostado en esta. Escucho gritos y golpes. Cierro los ojos con violencia y trato de no llorar, no debo hacerlo. Saco el dulce que la princesa me dio y oculté del monstruo. Lo libero de su envoltura y lo meto en la boca. Es de fresa, sabe delicioso. Cierro los ojos mientras lo saboreo, debe tener poderes porque ya no escucho los gritos, solo la veo a ella jugando en el patio, con su faldita rosada y sus trenzas marrones; sonriente y hermosa. Ojalá que algún día pueda escapar y encontrarla, me gustaría jugar con ella y ver su sonrisa una vez más.

***

—Oye… ¿Nos veremos esta tarde? —Melinda me mira con ojos de cachorro, al instante resoplo.

—No. Debo estudiar y ponerme al día.

—¿Estudiamos juntos?

—No, de verdad necesito estudiar y estoy seguro que haremos de todo menos eso, así que no.

—Te prometo que estudiaremos…

—Sí, claro…

—Entonces invítame a salir, mañana. No sé qué clase de novios somos si no tenemos citas.

—No te he pedido que seas mi novia.

—Pero nos besamos mucho.

—Como sea…

—Ningún «como sea», siempre dices eso para evadirme. ¡Qué mal novio eres!

—Entra o tus padres se darán cuenta que no amaneciste en tu habitación.

—Entonces, invítame a salir. —Esta niña es tan terca. Suspiro varias veces y miro mi reloj, debo irme a trabajar.

—Está bien, te llevaré a salir, mañana. —Ella salta y empieza a gritar, la beso para callarla. Me encanta el sonrojo en sus mejillas—. Adiós, Rosita rosadita. —Pellizco su nariz. Ella tira besos al aire, resoplo ante lo cursi que es y escondo mi sonrisa. La miro entrar por la ventana y no puedo evitar reírme, esta niña es muy rara. Enciendo el auto para dirigirme a mi trabajo.

***

Melinda

¡Estoy tan feliz! Hoy Ashton me llevará a salir, por lo que siento maripositas revolotear en mi abdomen. Me pongo un vestido rosado intenso que me llega hasta las rodillas y que tiene mangas cortas. Me suelto el cabello y le hago ondas. Mi cabellera es tan larga que me llega por encima de las caderas, sé que debo cortarla, pero me da cosita. Me unto labial rosado y un brillo intenso que me resalta los labios. Por último, meto los pies en unos botines marrones y tomo mi pequeña mochila en forma de conejito.

Ashton está «charlando» con mis padres, me da risa esa extraña conversación donde ellos hablan y él asiente. Lo tomo de la mano y me lo llevo a rastras. Una vez en su vehículo, pongo música en la radio mientras él enciende el carro. ¡Sí! Nuestra primera cita como novios.

Halo a Ashton de un lado a otro llena de emoción, estamos en una feria y estoy toda loca sin saber dónde jugar primero. Ya montamos los caballitos —tuve que obligar a Ashton porque él dice que eso es para niños—, ya nos subimos dos veces en la estrellita, jugamos con las escopetas y, al final, Ashton me compró un oso gigante porque lloré cuando gastamos todos los tickets y ninguno de los dos le dio al blanco; ahora estoy mirando el martillo y la montaña rusa, no me decido a cuál subirme.

Ashton está cansado, pero yo aún tengo energía de sobra; creo que nos hemos subido en casi todos los juegos. Nos sentamos a comer perros calientes acompañados de una espumante soda en una banqueta, que me da una vista perfecta del colorido y alegre panorama. ¡Estoy tan feliz! Me recuesto sobre el hombro de Ashton cuando terminamos de comer y él sonríe.

—Ashton… —balbuceo dubitativa porque temo hacer esta pregunta—. ¿Tú te besaste con Paola?

Él suspira y sonríe divertido. 

—¿Crees que eso haya sido posible? Solo tú has tenido tal valentía. —Estalla en carcajadas. Por mi parte, suspiro de alivio. Es tonto, pero me gusta que todo haya sido una mentira de esa bruja—. Te contaré la razón que tuvo ella para ella mentir. —Suspira—. Hace un tiempo esa niña empezó a visitar la ferretería, sabes que su tío es el dueño, y me buscaba conversación, pero tú me conoces. Además, esa chiquilla creída no me agrada.

»Un día ella me quitó el celular para llamar al suyo y quedarse con mi número, pero rebuscando encontró… —Ashton se sonroja y me evade la mirada—. Ella vio una foto tuya…

¿Qué?

Esto sí me sorprende. Siento las mejillas calientes y una gran sonrisa se me dibuja en los labios.

—Eso quiere decir que siempre te he gustado, picarón. —Le pico la mejilla.

—No me cambies el tema. El asunto es que lo hizo por venganza, envidia o no sé qué. Pero ese no era yo. ¿Contenta, empalagosa?

—Sí. —Lo abrazo. Ashton siempre me ha querido.

—Vamos a la siguiente atracción. —Me hala del brazo y caminamos en dirección a un lago. Salto de la emoción cuando veo botes en forma de cisne, luego lo beso en la mejilla por lo romántico que es. Nos subimos a uno de los botes tambaleándonos, Ashton me sostiene con delicadeza para que no me caiga y, una vez estamos sentados, él me pasa una goma de mascar con sabor a menta y se come otra.

—Gracias. —Mastico el chicle, gustosa, está muy delicioso. Minutos después, Ashton me mira con una sonrisita y yo le sonrío con todos mis dientes.

—¿Terminaste con la goma de mascar?

Asiento y él extiende su mano abierta.

—¿Qué?

—Dame la goma. —La escupo en su mano y él la echa en una bolsita. No entiendo por qué se deshace de mi chicle… Oh… Ahora lo entiendo. Correspondo su beso sintiéndome la chica más afortunada del universo. Estamos en un lago bajo la luna, besándonos. Es casi irreal que el chico que me gusta sea mi novio.

***


Han pasado tres meses desde que nos hicimos novios y aunque casi todos nuestros compañeros de la escuela ven nuestra relación mal, yo soy muy feliz. Por lo menos mis padres y los señores Morris no se oponen y podemos vernos con libertad. Karen y Jenny dejaron de hablarme, y Ron me acosa a propósito para molestar a Ashton. A Sandra no le gustó mucho cuando supo, pero ya lo ha aceptado. Por su parte, Ashton es menos raro ahora y se ha vuelto amigo de Sandra y, cuando mis hermanos vinieron, ellos tres se reunieron para hacer cosas de chicos.

Soy muy feliz, nada podría empañar esta felicidad.

***

Voytarareando a visitar a Ashton, pero algo muy feo capta mi atención. ¡La policía se lo está llevando esposado!

Corro con desesperación temerosa de no llegar antes de que se lo lleven; vislumbro a la señora Morris llorando y a su esposo sentado en una ambulancia como si estuviera sedado, se encuentra rodeado por paramédicos.

—¡Ashton! —Me acerco a él, pero este me evade la mirada. El policía lo entra en la patrulla y siento que me va a dar un ataque de pánico cuando se lo llevan. Miro a la señora Morris quien entra a la casa sin decir nada. ¿Qué rayos está sucediendo? 

***

La brisa gélida sopla en mi rostro levantando molestosas hebras que atrapo con mis dedos y llevo detrás de mis orejas. Música fúnebre inunda todo el camino a través del parque lleno de tumbas.

Nos dirigimos al entierro de Ron; no puedo creer que esté muerto y que Ashton esté siendo acusado de su muerte. Veo a Jenny y me da pesar, ella siempre estuvo interesada en él. Por otro lado, la señora Morris ha estado rara desde el incidente y el papá de Ron se la pasa sedado. Me siento muy triste cuando veo a Kim, ella luce perdida y nerviosa. 

El ataúd es cubierto por la tierra y la señora Morris grita desconsolada. Limpio las lágrimas que me caen de los ojos, entonces mis hermanos me abrazan. Solo espero que se pueda probar la inocencia de Ashton, sé que él no es un asesino como todos proclaman. Esto debe ser una pesadilla.¿Cómo pasó algo tan horrible?

El chico raro de mi cuadra

El chico raro de mi cuadra: Capítulo 9 El chico raro de mi cuadra: Capítulo 11
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