El chico raro de mi cuadra: Capítulo 6

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Mis manos se mueven de forma involuntaria, sudores fríos me recorren la frente y el estómago se me revuelve. Creo que vomitaré en cualquier momento.

Miro a Ashton, quien está junto a Jenny sacando sus instrumentos de disección como si nada. Jenny es otra sangrienta, así que me imagino que su desagrado es porque le tocó hacer equipo con Ashton. Digamos que ella no lo soporta, hasta hemos tenido varios enfrentamientos porque yo lo defiendo de sus habladurías.

Trago pesado y miro a Sandra, quien está tan nerviosa como yo.

—Tú abres la rana y yo hago los apuntes —ofrezco con mi mejor sonrisa manipuladora, pero Sandra niega.

—Te toca abrir a la rana a ti. Yo hice la presentación de PowerPoint para el trabajo de inglés. —Ella contraataca y suspiro, rendida. La profesora nos dice que empecemos y, por consiguiente, mi corazón late agitado. Miro a Ashton, quien está muy concentrado partiendo a la pobre rana en dos, y me lamento de que no me haya tocado hacer equipo con él.

 —Vamos, no es tan difícil. Ya todos empezaron y tú solo estás babeando por el chico raro; tu obsesión asusta.

—¡¿Qué dices?! —grito espantada, ganando todas las miradas y el regaño de la maestra—. Yo no estoy babeando por Ashton y mucho menos estoy obsesionada con él. —Bajo la voz, pero todavía me miran y muchos de ellos murmuran con risas burlonas—. Y si crees que abrir una rana asquerosa en dos es fácil, ¿por qué no lo haces tú?

—Pues porque es tu turno de hacer algo, siempre termino yo haciéndolo todo —se queja, cruza los brazos y yo la miro mal.

Tomo el cuchillito, que ya olvidé como se llama, y lo acerco al cadáver de la señora rana o… ¿será un señor? ¿Tendrá una familia en la laguna esperando por él? ¿Habrá dejado a todas esas ranitas huérfanas y a la señora rana viuda? ¡Pobrecitos!

Limpio una lágrima que se escurre por la mejilla y Sandra me mira como si estuviera loca. Esto es demasiado injusto, ¿cómo se atreven a matar al señor rana solo para que lo abramos y veamos sus tripas? ¿De qué nos servirá esto a nosotros?

Limpio otra lágrima mientras escucho murmullos de risas; otra vez mis compañeros se burlan de mí. Miro a Ashton y me sorprende que me estuviese observando, su expresión es seria y, si no lo conociera, podría decir que se ve preocupado. Acerco el objeto que pincha y lo pego a la piel, creo que lo he hundido mucho. La sangre brota y Sandra me reclama por mi torpeza, pero yo solo puedo ver ese líquido rojo que cubre la pancita de la pobre rana.

 —¿Melinda? —Escucho la voz de mi amiga muy lejos y todo se torna confuso. Voy a caer cuando unos brazos fuertes me sostienen. Percibo un gran alboroto mezclado con risas, asimismo siento que me cargan y que el aire me golpea en la cara. Su respiración cálida me acaricia el cuello y creo que estoy soñando, aunque reconozco esa deliciosa colonia hasta desmayada.

Siento que me ponen sobre un colchón y escucho personas hablar. El olor fuerte del alcohol llena mis sentidos y vuelvo en sí poco a poco.

 —¿Dónde estoy? —pregunto atolondrada y Ashton me mira aliviado.

 —Estás en la enfermería, te desmayaste en la clase —responde sosteniendo un algodón que tiene pegado a mi nariz. La enfermera entra y me hace unas cuantas preguntas, luego me dice que soy una cobarde, se ríe y se va dejándome avergonzada frente al escrutinio de Ashton.

 —Lamento que hayas tenido que venir a traerme…, soy una tonta. —Las lágrimas me cubren el rostro y me sorprendo cuando él me las limpia. Sus ojos azules me examinan con intensidad y no entiendo este punzón en el estómago. Oigo el tuntún de mi corazón que brinca como sapito cuando nuestras frentes se juntan. Creo que me voy a desmayar otra vez.

  —Está bien. —Me acaricia la mejilla. Creo que estoy alucinando. Ashton nunca da muestras de cariño, al contrario, las odia. Recuerdo que cuando éramos niños él se alteraba si me acercaba mucho. Miro sus lindos labios y me pregunto cómo se sentiría besarlos.

 No, no, no, no.

No está bien que piense en esas cosas, Ashton y yo somos amigos y si él algún día se llega a fijar en una chica, no sería en una debilucha como yo. De seguro sería una mujer fuerte y seria, así como él.

—Yo… —Me quedo sin palabras y no entiendo la razón. Tenerlo tan cerca me está enfermando, ¿será el efecto del alcohol? Ashton suspira y se aleja lentamente, mas yo agarro su rostro con mis dos manos y le beso la nariz. Siento como tiembla y me mira aterrorizado.

—¿Ya te sientes bien? —pregunta con voz nerviosa y yo asiento.

—Nunca ningún chico me ha besado… —¡Rayos! ¿Por qué le digo esto?—. Sería bueno practicar, en caso de que yo le guste a algún chico…

—¿De qué rayos hablas? —Ashton me mira como si estuviera loca. 

Rayos…

¡Quiero que me trague la tierra!

—Nada… Creo que estoy delirando, disculpa. No te iba a proponer que nos besáramos para que yo esté preparada cuando conozca a un chico. Ja, ja, ja. No, no te iba a pedir eso…

Se supone que no debí haber dicho esto, así que no me queda de otra que hacerme la desmayada para soportar mi vergüenza. Me tiro en la camilla y escucho la risa ronca de Ashton. Me incorporo y me cruzo de brazos, pero verlo reír me hace sentir un no sé qué que me contagia, pues es muy raro que Ashton ría y, si hablamos de sonreír, eso nunca le he visto hacerlo. Ambos reímos como locos por un largo rato. ¿Les he dicho que quiero mucho a Ashton? Pues lo quiero tanto que a veces me confundo, pero eso es un secreto.

***

Estoy muy feliz porque mañana es domingo y será la presentación de ballet en el teatro que está en el centro. Voy dando saltos y practicando uno que otro paso por toda la cuadra. Toco el timbre y Ron me recibe con una gran sonrisa. Ron es un chico de cabello castaño con ojos azules claros; tiene un lunar grande en la mejilla derecha que siempre me apetece tocar. Él es alto y delgado, y suele vestir casual.

Me alza por la cintura y me besa en las mejillas varias veces. El carraspeo de Ashton capta mi atención, por lo que me remuevo entre los brazos de Ron para que me suelte, pero el muy tarado me aprieta más a él. No entiendo la razón de mi nerviosismo ni el porqué de sentirme incómoda de que Ashton me vea así con él.

 —¡Suéltame ya! —Le pego en los hombros, pero el muy tonto se ríe en mi cara.

 —No, bella mariposa.

 —¡Déjate de juegos y suéltame! —Me remuevo con más fuerza, me frustra que me apriete tanto. No sé por qué Ron a veces se comporta como un idiota, pero puede llegar a ser muy desagradable cuando se lo propone.

 —Te suelto si me das un beso. —Hace el intento de besarme, por lo tanto, giro mi rostro al lado contrario.

—¡No estoy jugando! ¡Suéltame! —Las lágrimas me llenan los ojos y parece que a él le divierte eso. Me aprieta tanto que siento que me falta el aire, se acerca para besarme, pero Ashton lo empuja.

—¡Deja de ser tan infantil y suéltala! —Agrando los ojos al ver lo alterado que está Ashton. Su pecho sube y baja con dificultad y tiene la mandíbula y los puños apretados.

—¿Qué vas a hacer si no la suelto? —Ron me pone a un lado y se para en frente de él de forma provocativa—. ¿Vas a matarme como la asesina de tu madre mató a…? —Ron no termina de hablar porque Ashton lo golpea en el rostro. Se va a armar una pelea. Me pongo en frente a ellos y en ese mismo instante aparece la señora Morris.

Gracias a Dios…

—¿Sucede algo? —Ella mira a los chicos amenazante y Ron niega frotando su mano sobre la cara.

—No, mamá. Todo está perfecto. Es lo que tenemos que fingir desde que recogiste a esta escoria y lo trajiste a casa sin importarte nuestra maldita opinión.

Ron sale de la casa estrellando la puerta y la señora Morris nos mira angustiada.

—¿Estás bien, cariño? —Se dirige a Ashton y él asiente con expresión ida—. No le hagan caso a Ron, él tiene un temperamento fuerte, mas no es un mal chico, él solo es un poco celoso. —Ella sonríe con amargura, yo solo asiento.

—Vine a ver a Lali. —Me dirijo a Ashton, quien suspira incómodo.

—No se llama Lali. —Se encamina por el pasillo y, como siempre, yo lo sigo. La señora Morris grita si queremos algo de comer y yo le respondo que sí. Camino detrás de Ashton hasta su habitación, quien, una vez adentro, se sienta en el piso seguido de mí. Me pongo a su lado y le levanto el mentón para que me mire.

—¿Estás bien? —pregunto, tratando de que mi preocupación no sea muy obvia. Nunca me ha gustado el trato que Ron le da a su primo y sé que todo ese rechazo a él le afecta, aunque se hace el desinteresado.

—¿Tú lo estás? —pregunta sin mirarme mientras acaricia al gatito.

—Sí, gracias por defenderme. Eres como mi ángel guardián o mi apuesto guardaespaldas.  Porque eres tan lindo que pareces un actor de cine, entonces yo sería la chica mimada que su padre rico quiere proteger y te contrata a ti para ser mi guardaespaldas y que me cuides de los que me quieren secuestrar para pedir rescate o vengarse de mi padre; nos enamoramos y nos besamos… —Me tapo la boca al percatarme que estoy hablando de más y quiero desaparecer. ¿Por qué últimamente solo pienso en besar a Ashton? ¿Serán las hormonas adolescentes?

—Hablas demasiado y muy rápido, no entiendo lo que dices —gruñe como siempre. Por mi parte le toco en el hombro como respuesta. Siento como corrientes eléctricas azotan mi cuerpo con ese simple contacto, por lo tanto, quito la mano con prisa. Tomo al gatito y lo lleno de besos para disimular mi vergüenza.

 —No beses al gato —gruñe.

 —Eres un pesado gruñón. ¿Verdad, Lali? Tu papi es un gruñón aburrido.

 —Arg… No se llama Lali. Ya lo revisé, es macho.

 —¿Le viste sus cositas? —Subo y bajo las cejas, mas él niega fastidiado.

 —Como sea…

 —Entonces, se va a llamar Lalo.

 —No.

 —Ummm… ¿Mailon?

 —Arg…

 —Entonces, Barney.

 —No le pondrás Barney a mi gato. Se llama Leonardo.

—¿Ah? Leonardo no es un nombre de gato. —Me cruzo de brazos y hago un puchero.

 —Como sea.

 —¡Ya sé! Se llamará Ed. —Aplaudo porque Ashton se queda en silencio, lo que significa que está de acuerdo. Abrazo al gatito, pero este sisea y me ataca. Río como loca, entonces el gato se va corriendo y se esconde debajo de la cama. Asomo la cabeza y Ed se echa para atrás, ¿está huyendo de mí?

 —Deja al gato en paz. —Ashton me hala por el brazo, pero yo me suelto con tristeza.

 —Ed no me quiere —sollozo por el gran dolor que siento en mi corazón y Ashton suspira con hastío.

 —El gat… Ed te quiere, pero debes ser menos intensa y no asustarlo. Cuando se calme volverá y será tu oportunidad de acariciarlo sin gritar ni abrazarlo fuerte.

 —Está bien, guapo. —Tapo mi boca con nerviosismo, mientras que Ashton me observa como si yo tuviera dos cabezas. 

Lo miro a los ojos y mi boca se abre de más, solo espero no estar babeando. ¿Por qué Ashton se ve tan lindo últimamente? ¿Qué pasaría si le pido que seamos novios y nos demos besitos? Siento el ardor en las mejillas y hago algo que está mal, muy mal. Me acerco a él y toco mis labios con los suyos; sin embargo, no hago nada más. Es que no me puedo mover y la respiración me falla. Espero su reclamo, pero este no llega y seguimos así, con nuestros labios rozando y nuestras respiraciones aceleradas.

—¡Chicos, aquí les traje pastel! —Doy un salto del susto y Ashton oculta la mirada—. ¿Interrumpo algo? —La señora Morris sonríe con picardía, pero yo niego varias veces y agito los brazos llena de nervios.

—No, no, no… Ashton me estaba soplando el ojo porque se me metió una basurita. —Me froto los ojos de forma brusca hasta que Ashton me detiene.

—Te vas a sacar los ojos, loca.

—Perdón… —Ya no sé ni lo que digo, así que me levanto del piso y corro fuera de la habitación.

Ashton

Aún estoy impresionado con el movimiento de Melinda. Esa empalagosa de seguro apostó con sus amigos a que me besaría. ¡Niña tonta! La veo salir asustada y a mi tía encogerse de hombros con confusión.

—Se fue sin comerse el pastel. —Hace un mohín y yo gruño. Tomo las dos porciones y me dirijo a la casa de la empalagosa. ¡Qué fastidio! Toco el timbre y su madre me recibe.

—Vine a traerle este pedazo de pastel a Melinda —informo con vergüenza ante su sugerente escrutinio, acompañado de una amplia sonrisa.

—Melinda está sentada bajo el árbol del patio, ve.

Me dirijo allí y me quedo un rato observando a esa empalagosa. La brisa de la tarde le levanta algunas hembras de su cabello largo, que ella trata de aquietar detrás de sus orejas, pero no tiene éxito. Es inevitable este nerviosismo al acercarme, ¿de verdad esta niña quería besarme?

—Dejaste tu pastel —mascullo con tono molesto—. ¿Para qué aceptaste la comida si la ibas a dejar tirada? ¡Eres tan rara! —Quiero reír ante su cara de espanto al percatarse de mi presencia. Ella toma su porción con manos temblorosas y empieza a comer con una sonrisa de satisfacción. De seguro ya se olvidó de todo el drama que hizo minutos atrás. Así es esta empalagosa.

Entre miradas furtivas me entretengo observando la manera en que disfruta el postre, por alguna extraña razón, verla tan alegre me gusta.

El chico raro de mi cuadra

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