Ashton
Dos años antes de la graduación:
Escucho gritos y salto de la cama; camino por el oscuro pasillo, abro la puerta y me espanto. Las lágrimas me ruedan por las mejillas al ser consciente de que mi madre se está haciendo daño.
Despierto exaltado y con sudores fríos. Estos dos años han sido difíciles; no obstante, he recuperado casi todos esos recuerdos que suprimí de a poco. Me abrazo a mí mismo y miro la fotografía que posa sobre la mesa. Tomo el portarretrato en mis manos y acaricio el rostro reflejado. La amo tanto que duele, pero ella no se merece a alguien como yo, tal vez algún día podamos estar juntos, tal vez.
***
—Hola, Ashton. —Natalie me saluda frotando mi hombro derecho, razón por la que respiro agitado por la incomodidad. Aunque he trabajado con mi terapeuta el recibir y dar afecto, no es algo que haya superado del todo y a veces me frustra que en dos años tenga tan poco avance.
Suspiro porque otra vez me acuerdo de Melinda, con ella pude tener esas expresiones de cariño; me tomó muchos años dejarle traspasar mis barreras y, según mi terapeuta, estuve tan expuesto a sus afectos que se convirtió en algo natural entre nosotros, aun así, me frustra solo haberlo logrado con ella.
—¡Tierra llamando a Ashton! —Natalie sacude las manos frente a mi rostro y yo sonrío. Ella es una chica hermosa que conocí en la universidad. Ambos estudiamos lo mismo y nos hemos hecho amigos. Natalie pone un mechón de su rubio cabello detrás de la oreja y me mira con timidez.
—Disculpa, a veces me distraigo.
—Está bien… —Me enternece su sonrojo, Natalie es una chica dulce—. Te invito a un helado.
Acepto su invitación, pues si quiero superar mis traumas, debo actuar como una persona normal y hacer esas cosas que no me atrevo. Nos sentamos en una banqueta que está en el parque cerca de la heladería, yo con mi helado de ron y ella con su helado de chocolate. Suspiro al recordar el sabor favorito de Melinda, debo olvidarla si quiero llevar una vida como los demás. La psicóloga me dijo que me aferré a ella porque fue la única que me trató bien cuando estaba viviendo un infierno.
—Ashton… —Natalie rompe el silencio y me mira con timidez, otra vez ese hermoso sonrojo—. Me gustas.
Me quedo petrificado ante sus palabras, pero no me da tiempo a asimilarlo porque se acerca y… me besa.
***
1 año después…
Estoy en un bar, mas me siento incómodo, este no es mi lugar. Me levanto dispuesto a irme, pero Natalie me detiene.
—No seas aguafiestas… —Me acaricia el cuello con su aliento y yo tiemblo. Esto de estar saliendo con ella es una mala idea; somos muy diferentes, a ella le gustan las fiestas y el alcohol, a mí la tranquilidad.
—No me siento cómodo aquí, prefiero ir a casa.
—¡Qué aburrido! —Hace un puchero y yo ruedo los ojos—. Bebe un trago… No es alcohol, no te preocupes.
Me tomo la bebida para que me deje en paz y ella sonríe victoriosa.
Me he sentado porque mi cuerpo arde, todo da vueltas y no puedo sostener mi peso. Me froto los ojos al ver borroso; de a poco, pierdo el control de mis movimientos…
Siento que floto, pero la brusquedad de los agarres en mi piel me hace entender que varias personas me llevan y me dejan caer en lo que parece ser un colchón, es cómodo y tengo ganas de dormir.
—¿Qué haces? —balbuceo con miedo al sentir mi torso desnudo.
—Relájate… Solo te doy cariño, te va a gustar… —Mi cabeza va a explotar, escucho dos voces. Por segundos es una mujer, pero luego la voz se transforma en una masculina, una que me hace temblar. Siento humedad en mi torso, es como si me lamieran; asco, impotencia y dolor me aprietan el pecho y quiero huir, pero no me puedo mover.
—¡Mamá! —grito con temor, sin embargo, ella no viene a mi auxilio. ¿Por qué no me cree cuando le digo que hay un monstruo en mi cuarto?—. No me toques… No me gusta…
Risas estallan en mi oído y pierdo el conocimiento.
Camino por el pasillo y la veo llorando frente a la puerta de su habitación, me quedo quieto y en silencio, observándola, ella siempre está triste y no sé cómo ayudarla. Amo a mi mamá, creo que es la mujer más hermosa del mundo, a ella debo mis ojos azules y mi cabello negro, pues papá es rubio. Ella es lo único que tengo y deseo poder hacer algo para salvarla.
—Ven, acércate. —Extiende su brazo hacia mí, mas yo dudo. A veces me asusta cómo cambia de humor y se golpea a sí misma. He visto como el monstruo la maltrata cuando nos visita, entonces, cuando él se va, ella se pone muy triste y se golpea contra la pared o coge un látigo y se hace daño. Me acerco con recelo y ella me cubre con sus brazos, llora con libertad mientras me pide perdón por ser tan débil.
—Quiero ser una mejor mamá y poder protegerte, pero no puedo, simplemente no sé hacerlo. Te prometo que no dejaré que él te golpee; si te hace daño, lo mato.
Me asusto con sus palabras; no obstante, la idea de que el monstruo muera me gusta, si él no existiera, yo sería feliz.
—¡No te duermas, Ashton! —Natalie me grita al oído mientras se mueve sobre mí. No entiendo lo que sucede—. No se pone erecto por más que me muevo sobre ti. Creo que la dosis fue muy fuerte.
Me aterro con sus palabras. ¿Qué está haciendo? Trato de liberarme de ella, pero me siento muy débil, otra vez escucho diferentes voces y me rindo a los recuerdos.
—Estoy bien, Jack. Son solo crisis y mi hermano viene a vigilarme, sabes que nunca le haría daño a nuestro hijo.
Escucho detrás de la puerta, sé que está mal, pero mamá estaba llorando y me asusté.
—No estás bien, cariño. Temo que un día te salgas de control y maltrates al niño. Creo que dejaré el trabajo para pasar más tiempo con ustedes, buscaré un empleo que me permita estar en la casa.
—¡No! Es decir… No es necesario… Estamos bien y Peter nos visita.
—Pero tienes moretones, eso significa que te has estado golpeando…
—Natalie… Deja de tocarme… —balbuceo mientras trato de liberarme, pero mi cuerpo no responde.
—Un año, Ashton. ¡Un maldito año! No soy una mocosa para estar yendo al cine o a la feria, no, Ashton; soy una mujer y quiero sexo.
—No… puedo…
—¿Quién te hizo eso, Ashton? —Mi papá descubrió los moretones. Tengo mucho miedo, no quiero que el monstruo mate a papá.
—Si te digo que fue el monstruo, te mata, él me dijo que era un secreto entre nosotros…
No logro descifrar la expresión de papá, pero esa fue la última vez que hablamos. Al otro día se fue a su trabajo, dijo que sería la última vez que me dejaba, el monstruo nos visitó, pero papá se apareció de repente y esa fue la última vez que lo vi.
***
Seis meses después…
—Por lo menos ya no estoy depresivo —trato de convencer a mi terapeuta de que estoy bien.
—Tu experiencia con tu exnovia retrasó tu mejoría; ibas bien, pero ese evento te hizo decaer.
—Ya lo superé, de todas formas, no pasó nada.
—El asunto no es que no haya pasado lo que ella quería, lo que me interesa es cómo tomaste su abuso.
—¡Ya estoy mejor! —Golpeo la mesa con furia. Después de que Natalie me drogara para que me acostara con ella, he estado deprimido y paranoico, me he aislado y todo lo que había avanzado se fue a la mierda. Me duele porque pronto Melinda se va a graduar y no podré verla brillar.
Seis meses después…
Viajo de Inglaterra a París para ver a Melinda. Me duele el estómago y la respiración me falla. Aprieto el regalo al mismo tiempo en que guardo el papel rosa, que no me he atrevido a utilizar, dentro de mi chaqueta, pues no sé si quiero dejarla ir. Suspiro. Me escurro entre la multitud y me siento alejado, así debo estar, a distancia de ella. Miro a mi alrededor, embrujado por el lujo exagerado y la familiaridad del lugar, este momento me trae recuerdos y la nostalgia llena mi pecho. Mi corazón da un brinco cuando mencionan su nombre, pero cuando la veo salir, me relajo. Ella siempre surte ese efecto en mí, no importa que tan difícil fuere mi situación, ella era mi calmante, y eso no ha cambiado.
Lamo los labios al ver en la hermosa mujer en la que se ha convertido, ella despierta deseos que nadie ha logrado despertar, es como si yo fuese hecho solo para esa empalagosa. ¿Es eso sano?
Parece un cisne majestuoso, una hermosa ave que vuela con libertad. Ella es una gran bailarina, me siento tan orgulloso de mi Rosita rosadita. ¡Mis emociones son un remolino ahora mismo! Al sentir un leve cosquilleo en mi mejilla, limpio la lágrima que se escapa de mi ojo y trato de mantener la compostura.
Aplaudo emocionado cuando la música termina y me voy antes de que todos se levanten y se dispersen. Primero dejo el regalo y la carta en una mesa donde aparecen los nombres de los estudiantes que se están graduando. Busco el nombre de mi empalagosa y suspiro antes de dejarle mi despedida. Lucho contra el deseo de ir a despedirme en persona y besar esos lindos labios que sonrieron durante toda la presentación, de sostener en mis brazos su cuerpo cálido y delgado. ¡Si supiera cuanto me gusta cada centímetro de su piel!
Reprimo mis deseos de ser egoísta e ir por el amor de vida, ella tal vez tenga novio, han pasado cuatro años y es probable que me haya olvidado. Miro la universidad una vez más, allí adentro está la única mujer que he amado; y, aunque las manos me tiemblen por la impotencia y el pecho me duela, renunciar a ella es lo mejor.
Un año después…
Melinda
—¡Melinda! —El chirrido de Sandra se escucha en todo el aeropuerto. Ambas corremos gritando emocionadas y nos abrazamos como si no hubiese un mañana hasta que papá carraspea. Me tiro encima de él y lo lleno de besos, hago lo mismo con mamá y mis fastidiosos hermanos, que, por cierto, uno de ellos está casado y tiene un hermoso bebé; mientras que el otro está embobado con su nueva novia.
Almorzamos en un restaurante y luego regresamos a casa. Se siente raro estar aquí después de cinco años.
—Entonces regresas para quedarte. —Sandra comenta mientras me ayuda a organizar mis cosas.
—Sí. Ya me cansé de hacer presentaciones en Francia, es muy agotador. Además, he logrado que me contraten en el teatro donde me presentaré e impartiré clases. La señora Lassarre me recomendó.
—Sí, escuché que se retiró y solo da clases privadas. No la culpo, su marido es tan ardiente que la tiene metida en la casa haciendo cochinadas.
—¡Ah! ¡Qué irrespetuosa! —Le tiro una almohada y ella explota de la risa—. Por cierto, ¿cuándo me presentarás a tu novio, mala amiga?
—Pronto, él me visitará el fin de semana para conocer a mis padres, esa será la oportunidad perfecta.
Abrazo a Sandra, que es más que una amiga para mí, es mi hermana y confidente. Ella estudió artes plásticas y vive en otra ciudad, suele venir a visitar a sus padres y se pasa varias semanas en este pueblo. Por otro lado, Karen trabaja como periodista y se fue a vivir a otro país; mientras que Jenny se casó y está embarazada, ella vive en otro vecindario.
***
Camino por la cuadra rememorando mi niñez y adolescencia. Ha cambiado un poco por aquí, pero no tanto. Ya no hay muchos niños jugando por las calles, puesto que la tecnología se ha robado el espíritu aventurero y explorador de los pequeños del vecindario.
Un escalofrío me recorre al ver la casa donde vivían los Morris. Escuché que la vendieron años atrás. Limpio una lágrima que se me escapa, pues los recuerdos inundan mi mente. Supe que Ashton se radicó en Inglaterra y Kim todavía vive en esta ciudad. Mis padres evitan el tema y no conozco a nadie que me pueda dar información sobre él, además de Kim, pero sería tonto buscarlo. Él hizo su vida y yo la mía.
Camino sin rumbo y una idea martillea en mi cabeza, no es que me interese saber sobre Ashton porque tenga sentimientos hacia él; digo, a pesar de nuestra historia romántica fallida, fuimos amigos, por lo menos debo saber que está bien. Camino en dirección a la casa abandonada, ¡quién sabe! Tal vez la haya vendido y los nuevos dueños puedan darme alguna información sobre él.
Mi corazón palpita con agitación al pisar aquel vecindario. Camino con una mezcla de ansia y temor. Diviso la casa y un escalofrío me recorre al verla tan bonita y arreglada. Es obvio que Ashton la vendió.
Siento que me va a dar un ataque al corazón cuando me dirijo a la entrada, es extraño, pero la puerta está abierta. Unos niños salen corriendo y se paran en seco al verme.
—¿Quién eres? —La pequeña se me acerca y me escudriña con curiosidad.
—Hola, mi nombre es Melinda.
—¿Eres una tía nueva? —El niño inquiere y yo me encojo de hombros al no entender su pregunta.
—¡Ustedes dos! —Una morena robusta y vestida de enfermera, con la ropa llena de muñequitos, espeta apuntándoles con el dedo—. Adentro, ahora.
Los niños corren y se adentran a la casa. Justo cuando ellos desaparecen de nuestro campo de visión, la morena me observa frunciendo el entrecejo y luego cambia la expresión a una más relajada, entonces me sonríe.
—¿Cómo te podemos ayudar? —me pregunta con amabilidad, pero yo no sé qué responder.
—Pues… ¿Qué es este lugar? —inquiero, porque es obvio que esto es una institución o tal vez un consultorio.
Ella agranda su sonrisa y me invita a pasar. Veo con más detalle las decoraciones que alcancé a ver desde la entrada. Hay cuadros con niños y frases motivacionales.
—Esto es una fundación que da soporte psicológico a familias de bajos recursos. Tratamos todo tipo de casos de abusos e impartimos cursos instructivos, además buscamos apoyo económico y de salud con las grandes instituciones.
—¡Vaya! Eso es increíble… —Dejo de hablar y empiezo a temblar. Esto no me lo esperaba… ¿Ashton? Él detiene el paso y rompe la conversación que llevaba a cabo con una mujer, cuando se percata de mi presencia. Ambos nos miramos por algunos segundos sin emitir palabra.
Lo observo de arriba a abajo y cierro la boca para no babear. ¡Ashton está tan atractivo! Se ve más fuerte e imponente, ya no es el chico raro que recuerdo, es todo un hombre. ¡Y vaya hombre! Su cabello luce desordenado como siempre y lleva una bata blanca sobre la ropa, ¿acaso es doctor?
—¿Melinda? —rompe el silencio y su expresión es de desconcierto, creo que la mía también. Todos nos miran con intriga y una chica de cabello negro y largo rodea el hombro de él como marcando su territorio. No puedo dejar de mirar el brazo que se aferra a Ashton y mi disgusto es muy obvio. No entiendo cómo es que después de cinco años todos esos sentimientos que creí superados surgen en cuestión de segundos.
Ashton rompe el contacto con la mujer y me abraza. Todavía trato de asimilar esto, razón por la que me quedo estática entre sus brazos. Se siente tan bien. Su calor se mezcla con el mío y reacciono saliendo de mi trance. Correspondo a su abrazo y no puedo evitar llorar, creo que él hace lo mismo. Ignoro la cara de sorpresa y confusión de todos los curiosos y me separo un poco para juntar nuestras frentes. Él limpia mis lágrimas y yo las de él, ambos sonreímos y nuestros labios se unen.
—¡Ashton! —La chica grita con reclamo, por lo que él rompe nuestro beso—. No sabía que tenías novia —comenta disgustada y se cruza de brazos. Ashton resopla y me toma de la mano, me lleva al patio ignorando a los demás.
Me suelto molesta. ¿Cómo se atreve a besarme si está liado con esa mujer? Camino con rapidez destilando rabia. ¡Me muero de los celos! Casi grito al sentir su mano agarrar mi muñeca y halarme con fuerza, choco contra su firme pecho y él invade mi boca. Trato de resistirme, pero él me aprieta y sigue besándome. Quiero golpearlo por cínico y atrevido; sin embargo, él me agarra por las muñecas. Sus labios se mueven con deseo y hambre, entonces me rindo.
Rodeo su cuello acariciando el cabello al que tengo acceso y él me toma por la nuca con una mano, mientras aprieta contra él mi espalda baja con la que le queda libre.
Nos olvidamos de nuestro alrededor y solo somos conscientes de nosotros y el disfrute de este delicioso beso. Las ansias, el anhelo, el deseo, la pasión…, todas esas sensaciones estallan y nuestras respiraciones se agitan, nuestros corazones palpitan a la vez y un abrazo cálido nos hace entender que nos necesitamos. Estoy en casa ahora y se siente tan bien.
Nos miramos a los ojos y las lágrimas son inevitables, hemos pasado por tanto. Tomamos caminos diferentes y crecimos; sin embargo, nuestros sentimientos están intactos, como si estos cinco años no hubiesen transcurrido.
—L-Lo siento… —Ashton se disculpa apenado—. Soy un atrevido, yo ni siquiera sé si tienes novio…
Me muerdo los labios para no reírme. Ashton no deja de ser tierno y lindo.
—Mi novio me dejó y luego se despidió de mí con una carta… —No termino de hablar porque Ashton me vuelve a besar. Entonces recuerdo la razón de mi enojo; lo aparto y frunzo el ceño.
—¿Qué sucede? —Me mira confundido y me dan ganas de cachetearlo, pero opto por cruzarme de brazos y hacer un puchero berrinchudo.
—¿Qué tienes con esa mujer? —Entrecierro los ojos y su sonrisa ladina me hierve la sangre.
—Pues… —Me mira divertido y yo no soporto tanto cinismo. Me volteo para irme, pero él me atrae a su cuerpo y me abraza—. Ella es terapeuta familiar y de pareja. Me ayuda en la fundación, nada más.
Agrando los ojos y lo miró sorprendida.
—¿Eres el fundador? —Asiente y resopla como si mi pregunta fuese tonta. Lo miro mal porque tampoco soy adivina.
—¿No es eso obvio? —Entrecierra los ojos. Yo lo pellizco en respuesta. Después de una queja de dolor, continúa—: Estudié psicología infantil. No sabía qué hacer con esta casa, la opción lógica era venderla, pero decidí dejar mis miedos atrás y hacer algo productivo con ella. Solo tenemos cuatro meses operando, por lo que casi nadie nos conoce; sin embargo, hacemos lo que podemos con entusiasmo. Hemos tocado puertas y recibido el apoyo de algunas instituciones.
—¿Qué hacen exactamente?
—Ayudamos a niños abusados físico, emocional, sexual y psicológicamente. Trabajamos con familias disfuncionales o que estén atravesando por problemas o condiciones precarias.
—¿Cuánto tiempo llevas en esta ciudad?
—Unos ocho meses —me responde con ternura. Ashton ha cambiado mucho; se comunica mejor que antes y tiene más paciencia al responder—. ¿Cuánto llevas aquí? Creí que te quedarías en París… Yo le pregunté a Kim y eso fue lo que me dijo; todas las noches paseo por el vecindario y no puedo evitar observar la casa de tus padres por un largo rato. Te he extrañado tanto, empalagosa.
—Yo también… —Lo abrazo—. Oye… ¿Por qué no me invitas a comer? Tengo mucha hambre.
—Está bien. —Me toma de las manos y entramos a la casa. Me presenta a todos los integrantes de la fundación y a algunos pacientes, la chica de cabello negro me mira mal todo el tiempo que duramos en la fundación, pero yo la ignoro.
***
Caminamos por la calle agarrados de las manos, hablando tonterías y riendo; en realidad yo hablo y él me escucha, no dejo de ser parlanchina y él es del tipo que sabe escuchar.
—Entonces somos novios, ¿cierto? —digo con una gran sonrisa en la cara.
—Ummm… No te lo he pedido…
—Pero nos besamos…
—Como sea…
—¡Tonto! Somos novios, si no me lo pides tú entonces lo hago yo: ¿Quieres ser mi novio?
—Ummm... No.
—¡¿Qué?!
—Quiero ser más que eso. ¿Por qué no comemos en mi apartamento y así conoces tu nuevo hogar?
—¿Me estás proponiendo matrimonio?
—Ummm… Apenas me pides que seas tu novio.
—¿Te estás burlando de mí?
—Como sea…
Tiempo azucarado después…
—Ashton…
—Eres una gritona.
—Es que duele…
—No es cierto… Deja de ser tan ñoña y disfruta el momento.
—No soporto más, Ashton… —Me falta el aire y el corazón me late acelerado.
—Está bien… —Extiende su mano. Yo me sostengo de él y me levanto del piso—. Eres una exagerada, esas pesas son pequeñas…
Lo interrumpo con un beso para que se calle, él suele hacer lo mismo, así que es justo que le devuelva con la misma moneda. Ashton se sienta sobre el piso y yo sobre él. Nos besamos con pasión, segundos después, él rompe el contacto.
—Melinda, yo te amo tanto, preciosa.
—¡Qué lindo! Yo también te amo muuuuucho.
Ordenamos comida, puesto que ambos somos pésimos en la cocina; después de comer nos acostamos sobre el piso de madera. Estamos en un cuarto que escogimos para ejercitarnos y yo practicar ballet. Desde aquel día que nos casamos, he sido la mujer más feliz del mundo. No tuvimos una boda, puesto que después de comer en el apartamento de Ashton, el día de nuestro encuentro, decidimos casarnos. Y lo hicimos. Fue divertido ver los rostros aterrados de mis padres cuando regresé esa tarde con Ashton a recoger mis cosas. Mi papá sacó un rifle que ni sabía que tenía, y bueno, fue todo un drama ese día.
Esa noche no hicimos nada, en realidad, nos pasamos más de un mes solo con besos y caricias hasta que Ashton fue dejando sus miedos y, casi a los dos meses, consumamos nuestro matrimonio. Ha sido difícil convivir porque Ashton a veces se deprime, tiene algunas pesadillas y cambia de humor de repente. Pero ya me conocen, soy tan azucarada que el mal momento no dura mucho, Ashton dice que soy como una medicina para él.
Tenemos varios gatitos y un perrito, ellos son nuestros bebés. No sé si algún día estaremos preparados para tener hijos, pero creo que tal vez seremos buenos padres si llegara a pasar.
La vida tiene sus altas y sus bajas, pero siempre es reconfortante llegar a casa y sentir la calidez del hogar. Ashton y yo somos diferentes, sin embargo, hemos aprendido a acoplar nuestras diferencias y puedo decir que nos complementamos. Hemos aprendido también a dar y recibir amor sin egoísmo y de forma sincera.
—¿Hacemos el amor? —Ashton me invita de lo más natural y yo no puedo evitar sonrojarme, creo que eso nunca cambiará. Salto sobre él y las chispas emanan de nuestra habitación. Nuestros bebés salen corriendo, creo que se asustaron con nuestros chillidos.
***
La brisa acaricia su rostro y aquel niño con ojos azules sonríe al ver a la princesa con trenzas castañas y su faldita color rosa. Abre la puerta y ríe eufórico al verse en libertad.
—¿Jugamos? —Ella le sonríe y él asiente feliz. La niña lo toma de la mano y ambos corren por el inmenso patio, que parece no tener final.
