El cielo se ha tornado gris de repente y la brisa fría ha tomado fuerza. Es por esto que apresuro mi andar antes de que empiece a llover. De mi boca sale un chillido cuando las gotas comienzan a caer y me dispongo a correr.
Respiro con dificultad al entrar a la institución y sonrío de alivio porque llegué a tiempo.
—Ufff… ¡Eso estuvo cerca!
—Melinda, cariño, ¡qué grata sorpresa! —Susana, la enfermera más dulce del mundo, me saluda con un fuerte abrazo. Sacudo su afro porque me encanta sentir la textura de su cabello en mis palmas y le sonrío—. Nos tienes abandonados aquí, linda.
—Lo siento… —Hago un puchero—. Es que empecé a trabajar en el teatro. Ya no cuento con tanto tiempo como antes.
—Eso me dijo Ashton. Estoy muy feliz por ti. Un día de estos llevaré a mi sobrina, a ella le encanta el ballet.
—Claro que sí, las esperaré con ansias. Por cierto, ¿Ashton está ocupado?
—Sí —responde la bruja, quien ha salido de la nada. Susana hace una mueca disimulada, mientras que yo miro a la intrusa con desafío. Esa mujer que se disfraza de angelito delante de Ashton, me quiere quitar a mi marido.
—Entonces espero a que se desocupe —respondo con malicia.
—Ashton es un hombre ocupado y tú solo lo abrumas con tus visitas. Pobre, tiene que soportarte en la casa y también aquí. ¡Ya déjalo en paz, que hostigas! Eres demasiado intensa, a los hombres no les gusta que las mujeres les anden atrás como perrito faldero.
¡Quiero arrancarle las greñas! ¿Quién se cree esta bruja que es para hablarme así? Arg… ¡No la soporto!
Susana se aclara la garganta con incomodidad y me mira con reclamo. Sé que su mirada me expresa «ponla en su lugar», pero no quiero causarle tensión a Ashton en el trabajo, así que me limito a ignorarla.
Un silencio incómodo se instala entre nosotras. Brenda sonríe airosa, mientras que yo me abrazo a la caja con comida que le traje a mi esposo.
—Melinda tiene todo el derecho de visitar a SU MARIDO todo lo que quiera. Además, a nuestro jefe eso no le molesta, por el contrario, los ojos le brillan cada vez que ve a su esposa. Es que así es el amor…
—Tú eres una alcahueta de esta chiquilla. Es que todavía no entiendo cómo es que un hombre tan centrado como Ashton pudo dejarse engatusar por una mujer tan inmadura y que lo hostiga como esta…
—No lo entiendes y te duele —dice Susana con una sonrisa maliciosa.
—Voy a ver a Ashton —me dirijo a mi morena bella, antes de que empiece a discutir con esta bruja del demonio.
Camino airosa en dirección a la oficina de Ashton y toco la puerta. Al instante, su voz me invita a pasar.
—¡Hola! —saludo, efusiva. Él agranda los ojos por la sorpresa y sonríe.
—Melinda, ¿qué haces aquí? ¿No deberías estar en el trabajo? —Se levanta de su escritorio y se acerca. El simple hecho de tener su cuerpo pegado al mío me causa corrientes eléctricas y me acelera el corazoncito.
—¿Te molesta que haya venido? —Hago un puchero.
—¡Cómo me va a molestar que vengas, mi amor! ¿Qué pasó en el trabajo?
—Nada malo. Es que hoy hubo una reunión. Por eso salí más temprano y aproveché para traerte el almuerzo. —Me sonrojo.
—Gracias. —Ashton me besa. Ay, me siento como mantequilla en un sartén.
Ashton y yo comemos mientras le cuento los acontecimientos de la reunión. Como siempre, él me escucha en silencio.
—Por cierto, espero no estar interrumpiendo tu trabajo… —Me muerdo el labio inferior.
—Para nada. —Ashton me mira raro—. Solo estoy revisando algunas evaluaciones, puesto que hoy no veremos pacientes. Incluso estaba pensando en pasar a buscarte al teatro.
—Ay, ¡qué lindo mi esposito! —Le aprieto los cachetes y Ashton gruñe—. Es irónico que digas eso porque Brenda me dijo que estabas muy ocupado.
—Pues se equivocó.
—Sí, ella siempre se equivoca a su conveniencia.
—Como sea. Me ha gustado mucho tu visita y el almuerzo.
—Lo compré pensando en ti, sé que te gusta la comida del restaurante de la plaza.
Beso a Ashton como si no hubiera un mañana. Después de beber café junto a Susana y la bruja de Brenda, Ashton y yo regresamos al apartamento. No ha parado de llover, lo que hace que la noche se sienta romántica. Ashton ha estado desinhibido hoy con los besos y caricias, tal vez esta sea la noche.
Ya me lo imagino: música, vino, baile… Sí, bailaríamos por toda la sala, como los príncipes con las princesas…
—¿Qué haces? —exclama Ashton, haciéndome saltar del susto. Él me observa con los brazos cruzados.
—¡Me asustaste! —vocifero alterada. De inmediato, nuestro bebé empieza a ladrar y los gatos salen corriendo.
—¿Estabas bailando sin música? ¡Eres tan rara!
Solo soñaba despierta.
—Estaba ensayando unos pasos nuevos.
—Ajá…
—Mejor me voy a dar un baño.
—Sí, deberías…
—¿Qué insinúas? —Frunzo el ceño.
—Nada. Pero ya nos vamos a la cama. ¿Vas a acostarte sin asearte? —Ashton se sirve una copa de vino y da un sorbo.
Ok…
Me está mandando a bañar y sirve vino…
Definitivamente, esta será nuestra noche. Ahogo un chillido para no verme demasiado coqueta y corro en dirección a la habitación. No solo me lavo bien todo el cuerpo, también me afeito donde quiera que tenga mucho vello.
¡Estoy tan emocionada! Ashton y yo tenemos un mes y medio de casados y aún no hemos hecho nadita de nada. Ganas de comérmelo me sobran, pero a Ashton aún le cuesta superar sus traumas, pese a que va a terapia. Incluso, dos semanas después de casarnos, la terapeuta me ha hecho partícipe de su tratamiento. Hemos empezado con la estimulación sensorial y ya deberíamos estar en la etapa de masturbación, pero Ashton se altera cuando intento tocarlo. Ni siquiera me atrevo a pedirle que lo haga conmigo.
Una lágrima se me escapa. Delante de Ashton disimulo mi decepción y tristeza, pero cuando estoy sola dejo salir esta frustración que me quema por medio del llanto. A veces me siento culpable por no ser muy atractiva, por supuesto eso es un pensamiento tonto, pero no puedo evitar sentir que él no me desea.
Salgo del baño muerta del miedo, ¿de verdad Ashton y yo haremos el amor hoy?
—Creí que te habías dormido ahí dentro —dice Ashton mientras se estruja los ojos.
—Con que aquí estás… —Miro la botella de vino que ya se encuentra por la mitad. ¡¿Qué demonios?!—. Ashton… —Me acerco a él y le quito la copa de la mano—. ¿Por qué has tomado tanto? —Mi voz sale temblorosa.
—Solo han sido un par de copas. Ven aquí, empalagosa.
—No me he puesto ropa. —De inmediato me sonrojo. Aún estoy envuelta en la bata de baño.
—Créeme que no la necesitarás —dice con una sonrisa pícara. Mi corazón… ¿Esto es real? ¿No estaré soñando?
Ay, no sé cómo actuar en este momento ni qué decir, así que me limito a obedecerlo con pasos tímidos. Ashton tiene las mejillas rojas y su rostro se encuentra más relajado de lo normal. Ummm… No me gusta nada que haya tomado más de una copa y temo la razón por la que lo hizo.
Ashton no bebe alcohol, sí hemos tomado un poco de vino para acompañar las comidas o para pasar un rato agradable mientras escuchamos música, pero nunca pasamos de media copa. Que haya tomado de esta manera me preocupa.
Desde que llego a él, este me sostiene por la cintura y me atrae a su cuerpo, por lo que termino sentada en su regazo y con las piernas dobladas encima del colchón. Esta posición, tan atrevida e íntima, me pone muy nerviosa. Ashton me empieza a devorar la boca con deseo, con esa pasión que pocas veces me demuestra. No sé si emocionarme y buscar más que este gesto o solo disfrutar de su beso, consciente de que nada más pasará.
Las manos de Ashton me acarician las piernas con delicadeza, lo que me provoca un estremecimiento al instante. Solo espero que esta vez podamos terminar lo que estamos empezando, puesto que esta excitación es demasiado fuerte como para no saciarla.
Él suelta el lazo alrededor de mi cintura y la bata se abre, dejando parte de mi cuerpo expuesto a su mirada fiera.
¡Qué vergüenza!
Me tapo la cara por inercia. La risa de Ashton me despabila y río junto a él.
—Te he visto antes… —susurra sobre mis labios.
—Fue una vez y hace más de un mes. —Fue el día que nos casamos. Intentamos hacer el amor, pero Ashton empezó a tener un ataque de angustia; ese día me asusté mucho.
—Lo siento tanto —la mirada de Ashton denota angustia—. Soy un mal esposo.
—No digas eso, amor. —Le acaricio la mejilla derecha—. Eres el mejor esposito de toooodo el mundo.
Ashton me besa con ansias. Sus manos se deshacen de la bata de baño, quedando yo completamente desnuda ante él. Por mi parte, le quito la camiseta y me muerdo los labios cuando su torso varonil queda a mi merced.
La respiración se me torna errática como respuesta a las caricias nada castas de parte de él, quien me recorre el cuello con los labios y continúa el viaje hasta llegar a mi clavícula. Dejo salir un gemido cuando Ashton me roza el busto derecho con su boca. Sus ojos celestes me miran con curiosidad y, al cabo de unos segundos, Ashton pega su frente a la mía y no hace nada más.
—Descansemos… —susurro con desazón. Sé lo que sigue ahora, así que mejor nos evito el momento incómodo.
—De verdad quiero estar contigo… —Los ojos de Ashton empiezan a lagrimear—. Te deseo, sueño con este momento todos los días, pero… —Suspira—. Cada vez que te toco me siento culpable; es difícil deshacerme de esos pensamientos, de esa sensación de que te hago daño. Sé que es estúpido, pero me siento egoísta al saciar mis deseos con tu cuerpo.
Gotas de dolor me mojan las mejillas, mas Ashton las limpia con manos temblorosas. ¿Qué debo hacer en un momento como este? ¿Cuáles serían las palabras correctas para animarle? No tengo idea…
Abrazo a Ashton quien me aprieta fuerte contra él. Es inevitable no sentir escalofríos cuando la desnudez de nuestros torsos se toca, nuestros latidos se hacen uno y nuestro llanto se fusiona.
—Quiero sanar de una vez y por todas, Melinda. Tú no te mereces esto.
—Lo lograremos, amor. —Le acaricio el cabello—. Sanarás, amorcito.
Esta noche lloro en silencio mientras Ashton duerme abrazado a mi espalda. Trato de ser fuerte por él, pero ahora necesito sacar toda la frustración que llevo dentro.
