El chico raro de mi cuadra: Capítulo 8

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Se supone que hoy debería ser un día lindo, puesto que es el cumpleaños de Ashton; yo hasta le compré una linda chaqueta negra como a él le gusta e hice un álbum de fotos de los dos. El escozor en los ojos provoca que frote mi mano sobre este, hipeo por el llanto y me recuesto en la cama.

Ashton debe estar enojado, siempre es así cuando llega su cumpleaños. Recuerdo que él suele alejarse más de lo regular, no obstante, yo lo persigo para subirle el ánimo. Una vez, en su cumpleaños número trece, la señora Morris le preparó una fiesta. El resultado sorprendió a todos debido a que, cuando él vio todo decorado y la casa llena de personas, empezó a romper y tirar las cosas a su paso; deben imaginarse lo asustados que estaban todos los presentes y, por supuesto, eso provocó más inventos en la cuadra. Yo no me asusté, al contrario, sentí mucho dolor y quise llorar junto a él, pues en mi pecho pude percibir que algo lo atormentaba.  Y así sucede en todos sus cumpleaños.

Me siento de golpe en la cama cuando la actitud de Ashton cobra sentido. Es obvio que él estaba de mal humor y triste. Me levanto con prisa y busco el regalo.

Sé que soy masoquista a veces, pero hay algo en mi pecho que no me permite alejarme de él; nadie entiende a Ashton y todos creen que es peligroso y raro. Sin embargo, yo he visto más allá de su apariencia desinteresada y ruda, él está asustado y triste. No me importa si Ashton es novio de Paola, eso no quita que sea mi amigo, aunque él me guste.

—Hola, Melinda. —La señora Morris me saluda y yo le sonrío como respuesta. Entro a la casa, sonrojada, y cuando la encaro me encuentro con su mirada triste y pesarosa—. Ashton está en su habitación, pero… —Mira las manos con nerviosismo—. Sabes cómo se pone en este día… 

—Lo sé —la interrumpo—. ¿Puedo pasar? —pregunto decidida porque no quiero escuchar nada negativo referente a él. 

Ella asiente no muy segura, mas no le doy tregua, de inmediato me pierdo en el pasillo. Mi corazón late con tanta fuerza que siento que se va a salir del pecho, asimismo la respiración se me entrecorta y las manos me tiemblan. Tengo muchas ganas de verlo, pero al mismo tiempo estoy molesta. ¿Será verdad que es novio de esa bruja? ¿Por qué la escogió a ella si se burlaba de él cuando éramos más jóvenes? 

Toco la puerta y un escalofrío me recorre cuando Ashton abre. Nuestras miradas se conectan y me percato de sus ojos enrojecidos e hinchados.

—¿Qué haces aquí? —Su voz suena rasposa, es obvio que estaba llorando.

—¿Puedo pasar?

—Ummm…

—Por favor…

—Como sea…

Se hace a un lado y yo entro con timidez. No sé qué rayos estoy haciendo, se supone que estoy enojada con él y que juré no volver a buscarlo. Pero ¿por qué siento que me necesita?

—Te traje esto… —Extiendo la caja decorada de negro y azul con miedo; él, por su parte, la toma haciendo una mueca y la pone sobre la mesa, acto seguido, se sienta en el piso y recuesta la cabeza en la cama. Yo lo imito y, al instante, Ed se acuesta a mi lado; le paso las manos sobre su peludo cuerpo y la sensación es muy relajante. Mi piel se eriza al sentir su ronroneo; su calor me relaja la palma y siento un cosquilleo cuando sus pelos se frotan contra mi piel.

—¿Cómo te sientes? —me reprendo por preguntarle eso. Ashton se limita a mirar a la nada.

—¿Para qué viniste? —Frunzo el ceño al escucharlo, respiro varias veces para no insultarlo y le toco el hombro. Me sorprende que no me haya quitado la mano como suele hacerlo, es por esto que me aprovecho de la situación y me acerco un poco más. Su colonia me recibe y cierro los ojos ante el delicioso olor—. Deja de olerme, eres tan rara.  

Abro los ojos avergonzada al sentirme descubierta. Las mejillas me arden.

Él me mira con tristeza, en cambio yo siento que me desmayaré en cualquier momento al tenerlo tan cerca.

—Q-Quiero pasarme la tarde contigo hoy, como no te toca trabajar…

—Ummm… Creí que estabas enojada.

—Lo estoy.

—¿Por qué viniste, entonces? No tiene sentido y no está bien que estés aquí. Si te soy sincero… no está bien que pretendas ser mi amiga, yo soy… peligroso.

Aparta la mirada mientras yo abro la boca de la impresión. Ashton nunca me había hablado con tanto sentimiento y, a este punto, no sé si emocionarme o llorar.

—No eres peligroso, en realidad me siento segura a tu lado. Tú siempre me has protegido y ayudado, me sacas de apuros cuando lo necesito… Yo te quiero mucho, Ashton.

Las lágrimas me recorren las mejillas y él me mira con los ojos cristalizados. Es la primera vez que me muestra sus verdaderas emociones, es la primera vez que no tiene una capa protectora ante mí. Tomo sus manos y me percato de cómo se estremece ante el contacto, tiembla un poco y me mira con lágrimas en los ojos. Me acerco tanto que nuestras respiraciones se mezclan, miro sus labios, solo quiero probarlos. Yo nunca me he besado con nadie, creo que en el fondo he guardado ese primer beso para Ashton, pero él es tan raro que no le gustan esas cosas.

Nuestros labios se rozan, por lo que ya no lo soporto más, los pruebo con torpeza y temblores. Mi corazón late a mil y siento que me dará un paro respiratorio, pero ignoro todo eso y me aferro a su boca; sé que es un beso inexperto y puede que Ashton la esté pasando muy mal, solo espero que no se enoje mucho.

Aprieto sus labios con los míos y un extraño cosquilleo me recorre desde la cabeza hasta los pies, corrientes golpean mi cuerpo y escalofríos me estremecen. Sus labios suaves y carnosos me provocan morderlos y lo hago. Él abre su boca, sin embargo, no hace nada más; sé que está estático por la impresión.

Acaricio su barbilla e intensifico lo que debería ser un beso, pero puesto que soy la única haciendo movimientos, es más como una intrusión. Continúo, aunque no me corresponde, sigo saboreando esos labios, aprendiendo a cómo besar. Después de un rato pierdo la esperanza de que el beso sea recíproco, por lo que me aparto de él avergonzada, creo que un poco humillada. Por más que moví la boca contra la de él, no hizo nada. No me correspondió, razón suficiente para sentirme tonta. Me levanto con nerviosismo, soy consciente de que lo he arruinado.

Retrocedo el paso mientras las lágrimas me mojan el rostro, Ashton se levanta del piso como si despertara de un sueño y me mira lleno de confusión y con el ceño fruncido. Él avanza, mas yo reculo; estoy temblando del miedo y no sé cómo terminará esto, así que hago lo que mejor sé: huyo.

Abro la puerta y salgo de la habitación como si fuera una loca. Corro. Sí, estoy corriendo por mi vida. Siento que me persiguen y ahogo un grito al descubrir a Ashton venir tras mí.

¡Ay, no! 

Salgo de la casa de los Morris a gran velocidad, no puedo dejar que me atrape. Abro la puerta de la casa y me apresuro a mi habitación. Cierro con el seguro y me recuesto de la puerta, espantada.

—Melinda, cariño. —Mi madre toca la puerta. Me tapo la boca para amortiguar el grito que brota de mí por el susto—. Amor, Ashton te vino a visitar. 

¿Qué hago?

Abro para decirle a mi mamá que no estoy de humor para verlo, sin embargo, me llevo una sorpresa que amenaza a mi cordura. Salto del miedo cuando me encuentro con el rostro de Ashton medio molesto. ¿Dónde está mi mamá? ¿Cómo se atreve a irse? Voy a cerrar la puerta, pero Ashton me lo impide y se abre paso. ¡Estoy tan asustada!

—S-Sal de mi habitación —tartamudeo por los nervios mientras él cierra al terminar de entrar. Muerdo mi labio inferior y junto mis manos. 

—Hazlo de nuevo.

Bien, ya me volví loca. Miro a Ashton incrédula, ¿acaso dijo que lo besara de nuevo? Ay, Dios, creo que me va a dar de todo.

—¿Por qué me pides eso?

—Por favor…

Este chico es tan raro. Se me acerca con lentitud, creo que parezco de gelatina a causa de los nervios y, antes de poder reaccionar, me levanta el mentón y acorta la distancia de nuestros rostros. De verdad, siento que quiero vomitar o hacer pipí.

—Ashton… —Sus labios me silencian.

¡Ay, no! Esto no puede ser real…

Yo creo que estoy soñando, delirando o alucinando, pero esto no puede ser verdad. Sus movimientos inexpertos me causan ternura, razón por la que intento corresponderle, pero soy tan mala como él. Sus labios chupan los míos y todo mi cuerpo reacciona, es tan delicioso que podría quedarme así para siempre. No sabía que besar fuera tan lindo y rico.

Ashton sostiene mi nuca y nuestro beso se vuelve más intenso; nuestras salivas mezcladas, su respiración sobre mi rostro, sus labios ricos provocando un cosquilleo agradable en los míos y su sabor mentolado me transportan a las nubes. El sonido de nuestras bocas me hace sentir cosquillitas en la piel y la intensidad con la que él me saborea es gloriosa. Mi corazón está abierto como un libro ante él; lo beso desde lo más profundo de mi ser, dándole a entender cuánto lo amo, porque sí, amo a Ashton Morris más de lo que puedo amar a otra persona. Con él he compartido mis momentos más íntimos y vergonzosos; Ashton me ha enseñado muchas cosas y ha sido mi amigo desde que me salvó de los matones.

Lo amo. Más allá del romance o la atracción física. Es un amor puro y sin egoísmo. Un amor que se ha construido de años de amistad, de conocernos más allá de las palabras y las fachadas. Te amo, Ashton Morris, aunque tal vez tú no sientas lo mismo que yo. Es probable que nadie crea que esto pueda ser amor porque aún soy una niña y no tengo experiencia.

Su lengua lame mi labio inferior y me sonrojo; no sé qué más hacer con su boca, además, los labios me han empezado a doler; es entonces cuando la lengua de Ashton acaricia la mía y cositas raras me exaltan; no conozco esas sensaciones, pero son agradables y me ponen muy caliente. Imito esos movimientos y nuestras lenguas juguetean, entonces Ashton gruñe y me abraza. Ahora sí estoy sorprendida, es la primera vez que Ashton abraza a una persona, yo nunca lo había visto hacerlo. Me aprieta fuerte como si temiera que desapareciera de su lado, como si no creyera que fuera real. ¿Es normal percibir lo que la otra persona siente? Porque puedo experimentar su temor, su miedo al abandono, su miedo a hacerme daño.

Ashton inhala mi perfume y oculta su rostro en mi cuello, unas lágrimas calientes me mojan la piel y la presión de su llanto me provoca abrazarlo. Lo aprieto fuerte para que sepa que estoy con él, que lo acepto y entiendo que sufre y que fue difícil; que lo puede superar, que la felicidad le puede tocar a él y que merece ser amado. No sé cuánto tiempo estamos así, creo que no le había prestado atención al calambre en mis piernas por la estática posición y por el peso de Ashton hasta este momento. Como si adivinara mi incomodidad, él se aparta, me toma el mentón con sus dos manos y me mira como si nada de esto fuera real.

Acaricio su mejilla y le sonrío, él me da un beso corto y suave en los labios y ese gesto derrite mi corazón y me quema la piel. 

Es tan agradable.

 Beso la comisura de sus labios y él junta nuestras frentes. 

Su respiración me quema la nariz.

Miro hacia arriba, buscando su mirada azul, y él me pellizca en la mejilla. Me río por lo infantil del gesto y sucede algo que me hace creer que estoy soñando y tengo miedo de despertar: sus labios se han extendido convirtiéndose en la sonrisa más hermosa que he visto en mi vida. ¡Ashton está sonriendo! Miro sus ojos llena de impresión y la paz que reflejan me tranquiliza, creo que Ashton dejó caer un gran peso con el que había cargado todos estos años.

—Gracias, empalagosa… —Me acaricia las mejillas con los pulgares. Estoy confundida, pues no sé qué me agradece, pero lo apapacho con fuerza, provocando que su risa cosquillee mi cuello.  

***

Ashton

Estoy recostado sobre las piernas de Melinda, quien está sentada en el piso frío. Me he quitado la chaqueta, por lo tanto, mis brazos están descubiertos debido a que llevo una camiseta de tela fina y mangas cortas. Sus dedos delgados rozan la piel de ellos y un estremecimiento me recorre todo el cuerpo; mi piel se llena de un hormigueo que empieza desde donde me rozan sus dedos, hasta la coronilla de mi cabeza y la punta de los dedos de mis pies descalzos. Sí, me he quitado los zapatos.

Ella tararea una canción suave que inunda mis oídos; cierro los ojos ante la sensación. Escucho el aire que sale desde su pecho y suena como un susurro junto a una voz melodiosa y fina:  «Hum, hum, hum… Sssshhh … Hum, hum, hum… Sssshhh…».

Los vellos se me erizan y mi corazón late más pausado. Sus dedos paran y el cosquilleo de mi piel se va esfumando poco a poco; un punzón en el pecho me advierte de una nueva caricia, las yemas de sus dedos rozan mis mejillas y la sensación es más intensa y el cosquilleo más profundo. Siento como mi cuerpo se relaja y me pierdo en una dimensión donde solo existen las sensaciones. El tarareo que susurra, el olor a fresas que ella emana, la calidez de su cuerpo, como su pecho sube y baja cuando respira y me imagino el aire caliente salir de su nariz, más el susurro de su aliento cuando las notas dejan su garganta y su boca se abre; todo eso provoca escalofríos en mi cuerpo y un sentimiento cálido en el pecho. Imagino la humedad de su boca y el sonidito de sus labios al emanar el tarareo que suena como brisa suave y delicada. Un silbido dulce y melodioso…

Hermoso…

Sus dedos se mueven rítmicos sobre todo mi rostro; cosquillas y un hormigueo sobre esa piel me hace sonreír; es delicioso el roce, combinado con la canción sin letras, la temperatura cálida, el olor a fresas y el susurro de su respiración. Poco a poco cierro los ojos y las lágrimas se me escurren por el mentón, un sentimiento de estoy en casa inunda mi ser; siento refugio para mi alma perdida y confundida, el dolor me abandona el pecho y la soledad deja de ser mi compañera. Soy transportado a otra dimensión donde no hay odio ni rechazo. El dolor físico no existe, el vacío de la pérdida desaparece, la culpa y la rabia se esfuman… Solo estamos ella y yo… y nuestro amor.

El chico raro de mi cuadra

El chico raro de mi cuadra: Capítulo 7 El chico raro de mi cuadra: Capítulo 9
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