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Gia
Tras aquel caótico encuentro, regresamos a casa debajo de un cielo nublado y un viento frío que auguraba lluvia.
—¿Estás bien? —Gael me pasa una taza con café. Asiento con la cabeza.
—¿Tú lo estás? —Le devuelvo la pregunta. Gael se sienta a mi lado y me acaricia el cabello.
—Junto a ti siempre lo estoy, pero... —Bebe de su taza y mira al techo—. Lamento mucho lo que pasó hoy.
—No fue tu culpa, Gael.
—Debí controlarme —suspira—. He empeorado nuestro problema con el alfa. Lo siento tanto, pequeña; te prometo que buscaré la manera de arreglar este asunto, para que puedas volver a la manada y estar con tu familia.
—Gael, quien erró fue papá, no tú. No quiero hablar sobre eso ahora. —Lo abrazo—. Debiste sufrir tanto cuando supiste acerca de los planes de papá.
—Fue doloroso. Me sentí traicionado y poca cosa. Es que no me esperaba que el alfa me restregara en la cara lo inservible que era para ti, al llevarme a la manada de ese alfa. Por lo menos debió advertirme a qué íbamos, pero prefirió que yo me enterara de golpe y hasta disimulara mi dolor.
—Mi amor...
—Quise resignarme si eso significaba que estarías mejor, pero no pude. Por eso me aferré a buscar una solución.
—Gael, te amo tanto.
—También te amo, Gia.
Nos besamos. Esta noche hacemos el amor de forma lenta y disfrutamos de nuestros cuerpos como si fuera la última vez.
***
Despierto alterada, debido a las pesadillas que tuve y que ya no recuerdo. Busco a Gael, pero él no está a mi lado.
—¿Gael? —Me estrujo los ojos y me dirijo al baño. Después de orinar, voy a la cocina.
Gael no está aquí tampoco. El sabor amargo que me quedó como secuela de las pesadillas se incrementa; asimismo, la angustia empieza a tomar control de mi cordura.
—Gael, ¿dónde estás? —Lo busco en toda la casa, pero no obtengo una respuesta de su parte. Esto es muy raro, Gael no saldría a esta hora sin siquiera dejarme una nota.
Salgo de la casa con la esperanza de que él esté en el patio, disfrutando de la noche, o que se haya ido a dar un paseo en su forma lobuna. Miro al cielo y me abrazo a mí misma al percatarme de que hay relámpagos y viento frío, mas no llueve.
—¡Gia! —La voz alterada de Kali me espanta.
—¿Kali? ¿Qué haces aquí a esta hora?
—¡Bill no está! —Se aprieta el cabello con desesperación.
—¿A qué te refieres con que no está? —La voz me sale temblorosa.
—¡No está! Cuando Gin fue a verlo a la habitación, como tiene por costumbre, él simplemente no estaba allí y la ventana se encontraba abierta.
No...
—¿Lo buscaron en toda la casa?
—Lo hemos buscado en todas partes, incluso en la manada aún lo buscan. Pero yo sé que él no está allí. Gia, la bruja se lo llevó, estoy seguro.
¿Qué? No puede ser…
Siento que todo mi alrededor se vuelve inestable y mi cuerpo se tambalea, mientras que los ataques de la frisa fría se tornan más violentos, así que me abrazo a mí misma.
—Kali, Gael tampoco está... —No termino de hablar porque los recuerdos de las pesadillas anteriores llegan a mí todos juntos de forma tortuosa. Entonces entro en un trance extraño y ya no me encuentro junto a Kali, tampoco en el patio de mi casa.
Veo a una mujer de cabellera blanca y larga, ojos de color violeta y labios rojos, que ríe de una manera escalofriante. Ella está vestida de negro y besa a Gael...
No entiendo...
¡Bill!
Lo veo a él correr en el campo. El cielo está gris y la grama es acariciada por el viento. Él huye desesperado; lo llamo, pero no me oye. De repente, se detiene y ya no está solo. Su ropa blanca es manchada de sangre y él cae al suelo.
Trato de acercarme, pero no puedo, una fuerza exterior me lo impide. Allí está ella, la mujer que besaba a Gael. De sus labios rojos sale la sangre de Bill. Ella ríe y desaparece. Corro en dirección al cachorro y su rostro pálido me hace temer lo peor.
—Falta poco, pronto moriré —balbucea Bill con dificultad.
—No, cariño, no morirás. Estoy aquí, vine a salvarte.
—No estás aquí... Solo puedes verme...
De repente estamos en otro lugar. El cielo está oscuro y muchos árboles nos rodean. La luna llena luce roja y una antorcha amarrada a un tronco disipa la oscuridad del bosque.
Frente a mí, pero a una distancia considerable, se encuentra Bill. Él yace sobre una pila de pajas y parece que está dormido, o eso espero. La mujer de cabellera blanca está preparando algo y, de repente, toma la apariencia de Natura, pero al instante regresa a su imagen regular.
Ella se acerca a Gael, quien está amarrado con raíces negras, y se le sienta en el regazo. Luego lo besa. De un momento a otro, Natura es quien está sentada encima de Gael y suspira frustrada.
—Necesito toda su sangre para poder continuar —dice ella mientras se dirige hacia donde está Bill.
No, no lo permitiré. Corro en su dirección, pero cuando intento cargarlo, mis manos se hunden en su carne como si este fuese solo una ilusión.
—Ya te lo dije... —Él abre los ojos y me mira con tristeza y desesperanza—. No estás aquí, solo puedes verme. Ya moriré...
—¡No! —grito con desesperación mientras intento tomarlo, pero no tengo éxito. Entonces lo entiendo. Estoy dentro de mis pesadillas—. Bill, cariño, dime dónde estás. ¿Qué lugar es este?
—No lo sé... Solo escuché que aquí está la fuente donde empieza la protección...
—¡Gia! —Vuelvo en mí alterada, como si despertara de un sueño horrible—. ¿Estás bien? —Kali me sacude por los hombros y me mira con preocupación.
—¿Qué pasó? —Miro a mi alrededor, desorbitada.
—De momento dejaste de hablar y te quedaste en shock —responde.
—Kali, ¿dónde se encuentra la fuente de la protección?
Él me mira con extrañeza.
—¿Por qué me preguntas eso?
—Solo responde. —Me aprieto el cabello, pues estoy muy nerviosa y frustrada.
—Está en el centro del bosque.
—Kali, Bill está allí. Y, si no nos damos prisa, pronto morirá. Tengo la sospecha de que Gael también.
—No entiendo nada...
—Yo tampoco entiendo... —Las lágrimas me mojan el rostro—. Solo vayamos, ¿sí?
Kali asiente, no muy convencido. Nos quitamos la ropa y nos convertimos en lobos para llegar más rápido. Después de varias horas corriendo, llegamos a la línea del bosque, donde hay neblina y árboles coloridos.
«¿Qué hacemos ahora?», pregunta Kali por medio del vínculo.
Suelto la ropa que traigo en la boca y me cambio a mi forma humana. Kali me imita y ambos nos vestimos.
—Buscar de forma sigilosa. Están en medio del bosque; será fácil encontrarlos porque hay una antorcha encendida —le respondo.
—¿Cómo sabes eso? —pregunta, desorientado.
Miro al cielo y sonrío al percatarme de que la luna luce roja.
—Lo soñé. Me pasó lo mismo con Gael; vi el camino en sueños y supe que estaba muriendo. Lo mismo sucede con Bill. Esa bruja beberá toda su sangre para poder controlar a Gael por completo.
—Vaya, tus sueños te informan bien —ironiza Kali.
—Digamos que tengo un don. —Sonrío airosa.
Ambos caminamos en medio del bosque tratando de ser sigilosos, lo que se nos da muy bien debido a nuestra naturaleza salvaje. Después de caminar por un largo rato, visualizamos una luz anaranjada a distancia.
—Estamos cerca. Necesitamos un plan —informo emocionada.
—Vamos a acercarnos más para poder idearlo con más certeza.
Asiento, y así hacemos. Mi corazón se conmueve al ver a Bill tirado en el suelo, sobre una pila de pajas. Mi bebé no debería estar allí, solo, moribundo. Me rompe el corazón verlo tan frágil mientras siento una ansiedad que me incita a actuar por impulso, pero que controlo.
A distancia, visualizo a Gael atrapado por raíces negras. Y eso me aprieta el corazón de forma asfixiante.
Justo como en mis sueños.
Los ojos de Kali brillan mientras analiza el escenario y, después de mirar el panorama por unos minutos, estos vuelven a la normalidad.
—Gael está hechizado por la misma maldición que tiene. Fue atraído por la bruja a este lugar; ella quiere controlarlo para que él atraiga el zarcillo y así poder robarlo.
—¿Para qué Natura querría ese pendiente? —De inmediato recuerdo la conversación que tuvimos y yo misma me respondo—: Cierto, ella está siendo manipulada por la bruja que maldijo a Gael.
—Exacto. Puesto que Natura no tiene el suficiente poder para controlar del todo a Gael, necesita la sangre de Bill. Debemos darnos prisa o ella matará a mi hijo. Tú entretenla en lo que yo libero a Gael.
Es así como nos dividimos. Kali toma la derecha, que lo dirigirá a Gael, y yo la izquierda, que es donde está Bill.
—Es hora de que me des tu preciada sangre, pequeño —la escucho decir.
Ella se acerca a Bill y el corazón se me acelera; asimismo, siento la ira arder dentro de mí. Me muevo con rapidez para captar su atención. Entonces, la cara de Natura muestra desconcierto al saber que tiene compañía.




