¡Mate! – Capítulo 20: Juego atrevido

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Gia
Natura no llega en todo el tiempo en el que Kali y su familia se encuentran en la casa. Es la primera vez que sale y, según me contó mamá, Natura le había dicho que tenía que hacer una compra importante, entonces salió corriendo minutos antes de que llegara Kali, Gin y los cachorros. Tal vez solo fue casualidad, pero algo me dice que ella evitó verlos.
Doy vueltas en la cama tratando de atar cabos, pero aún me quedan unos que otros sueltos. Algunos eventos extraños ocurrieron antes de ella aparecer, por lo que no podría alegárselos. ¿Y si la estoy juzgando mal? De todas formas, sabemos que las joyas que lleva puesta pueden ser la causa de su transportación.
¡Me voy a volver loca!
Salto de la cama y me dirijo a la cocina, ya me dio hambre de tanto analizar este asunto.
—¿Qué haces aquí? —interpelo de mal gusto. Lo menos que necesito ahora mismo es ver a Gael.
—¿Qué? ¿Acaso está prohibido estar en la cocina? —ironiza con diversión.
—No, pero es un fastidio encontrarte en todos lados.
—Perdón por vivir en la misma casa que tú.
Lo ignoro. Hecho pastel de chocolate en un tazón y me siento delante de él. Lamo la cuchara con todo mi gusto y de forma lenta, captando la entera atención de Gael. ¡Lobos! Son todos unos carnales.
—Ese pastel se ve delicioso... —masculla él mientras se come mi postre con la mirada. Quiero reírme ante su cara de idiota.
Saco la lengua y jugueteo con la cucharita pasando la punta por toda el área, lamiendo el objeto sin nada de pudor y dándole un tono morboso. Gael se ha quedado con los ojos clavados en mis movimientos y lo descubro lamerse los labios por instinto.
Qué divertido.
—Oye, Gael... —lo llamo de forma provocativa y él me observa con una intensidad que me pone nerviosa. Puedo percibir deseo, peligro, fuego...
Decido dejar de jugar con la cuchara porque el ambiente se ha tornado tenso y raro, y ahora mismo necesito aclarar una duda con Gael, así que estar jugando con fuego no es una buena idea, dado que ya hemos tenido nuestros roces.
—Unjú... —masculla él mientras me mira de una manera que pareciera que tiene ganas de lanzarse encima de mí y comerme.
—¿Por qué Kali y tú se comportaron extraños cuando dijiste que ella era una loba débil? No sé, me da la impresión de que ustedes compartieron algo importante con la mirada.
A Gael le cambia el semblante, por lo que sus ojos ya no lucen fieros. Él suelta un suspiro y mira a la nada porque evita el contacto visual conmigo.
—Es una leve sospecha que tengo y que Kali notó. Es probable que el alfa no esté tan interesado en devolverla a su manada como hace creer. Una vez Kali y yo escuchamos que necesito una loba débil como compañera para que aplaque mi espíritu. No me preguntes acerca de ese asunto porque ni Kali ni yo lo entendemos.
» Sin embargo, yo sí estoy interesado en que ella regrese a su hogar, por lo tanto, si me he acercado a ella no es porque quiero cogérmela como tú has mencionado en tus estallidos de celos, es porque necesito investigar algunas lagunas en su versión y saber si esa transportación causó alguna brecha en nuestro domo protector.
» Incluso, el alfa habló con la reina de las hadas sobre el asunto y ellos están investigando de forma disimulada. Puede que Natura sea una simple loba inocente, pero eso no significa que haya otro ente manipulándola o que la hayan utilizado para acceder aquí. 
Tiene sentido...
Espera, ¿Gael sospecha que el alfa lo quiere emparejar con Natura? Eso no tiene ningún sentido. En fin, no es mi problema.
—No sé de dónde sacas que he tenido estallidos de celos contigo y con Natura. Pero bájate de esa nube, no estoy celosa ni lo estaré. Estoy con Loni ahora.
Gael hace una mueca.
—De todas las cosas importantes que te dije, solo le prestaste atención a eso. Eres un caso perdido, pequeña princesa.
—No me llames así, imbécil.
—Eres mi pequeña princesa. —Ahora es él quien se divierte a mi costa. ¡Lo odio!
—No soy nada tuyo.
—Eres mi hermanita. —Me fastidia mucho que me diga así, que recalque una relación filial que no existe.
Este maldito es un imbécil, pero no demostraré debilidad ante él, no. Es por esto que me levanto de la silla y me le siento en la pierna. Su cara es un poema ahora mismo y se ha quedado pasmado ante mi atrevimiento.
—Hermano mayor, eres todo en depravado incestuoso. Mira que pasarme la lengua por el cuello y besarme en la boca con pasión no es cosa de hermanos. ¿Qué dirían nuestros padres acerca de tu comportamiento, hermanito?
¡Ay, esto es muy divertido!
Me muerdo los labios para no reírmele en la cara; Gael, por su parte, está pálido y me mira con incredulidad. Infeliz, siempre usa esa frase para frenarme y sentirse inalcanzable, pero que le estalle su hipocresía en la cara me llena de satisfacción. Creo que lo pensará dos veces antes de volverme a llamar "hermanita".
—Voy a dormir, con permiso. —Se remueve en la silla con incomodidad, su voz se ha tornado fría y más ronca de lo normal, y sus manos están temblando.
—No quiero, estoy cómoda aquí. Gael, tengo otra pregunta que hacerte. ¿Por qué tú y Lía solo cogen? ¿Cuántos años tienen copulando? ¿Tres? ¿Cuatro?
» ¿Cómo es que no se cansan de solo aparearse? Ustedes no salen, no conversan ni hacen nada que los asemeje a una pareja, aparte de tú embestirla muy duro. Y, ¿por qué nunca lo hacen dentro de tu habitación? Eres poco delicado con ella, deberías tratarla con más respeto, después de todo es tu "novia".
—No es tu asunto.
—Y... Me has besado y tocado… —continúo espetando veneno—. Le fuiste infiel conmigo, ¿eso me convierte en una zorra? Pensarás que hablo mucho acerca de ese asunto y, sí, es que nunca nadie me había besado así, de verdad me gustó.
» Sin embargo, ahora estoy con Loni. ¿Cómo lo hará él? ¿Cuándo crees que sea el momento adecuado para que nos apareemos? En cuanto a lo que me ibas a hacer, me imagino que yo debo hacérselo a Loni. ¿Sabe bien hacerlo? ¿A ti te gusta hacérselo a Lía?
La cara de Gael se torna roja como un tomate y sus manos me aprietan la cintura.  Desde esta posición —sentada encima de él con las piernas pegadas a su cintura— puedo sentir su respiración entrecortada.
—Ese tipo no te hará nada ni tú a él. Te entregarás al esposo que el alfa buscará para ti.
¿Qué?
—El alfa no tiene que buscarme ningún esposo. Bastante adulta soy para escoger a mi pareja.
—Se nota lo adulta que eres para escoger bien. Porque Loni es toda una joyita.
—Por lo menos no es un patán que embiste a una y besa a la otra. No es un cobarde que niega sus sentimientos y los disfraza con amor filial.
» ¿Sabes, Gael? Hubiera preferido que en realidad no sintieras nada por mí, eso es entendible dado que no estás obligado. Lo que no puedo asimilar es que niegues una verdad muy obvia y sin una razón lógica, solo porque sí. Eres un imbécil.
—¿Qué te hace pensar que yo tengo sentimientos por ti? Eres una obsesiva sin dignidad, que no acepta de una vez y por todas que no me interesas.
Sus palabras me hieren y mucho, mas yo también lo estoy hiriendo. Al parecer, es lo único que sabemos hacer, herirnos uno al otro, descargar nuestras frustraciones hasta destrozarnos. Nunca voy a entender a Gael, el porqué de su negación y rechazo.
—La manera en que me has besado, el vínculo que formas conmigo, cómo siempre presientes lo que me sucede, tus celos...
—Sigue soñando. ¿Celos? Yo no tengo celos.
—Unjú... Buenas noches, Gael. —Me le apeo de encima. Antes de marcharme le doy un beso corto en los labios y corro fuera de la cocina entre risas. Sí, estoy actuando como una loca.
 
***
 
Narrador omnisciente
Tres niños corretean por el campo de la manada mientras sus padres suben unos paquetes en el vehículo. Uno de ellos corre en dirección de los árboles que los rodean para esconderse de sus hermanos y hacerles una broma.
—Hola... —Una voz dulce capta su atención y aquel niño se dirige a ella. Con una sonrisa amable, la extraña le acaricia el cabello y le susurra palabras tiernas que lo hacen suspirar.
—¡Bill! —La voz masculina retumba en todo el lugar y espanta al niño.
—¿Te volveré a ver? —inquiere el pequeño con tristeza, ya que no quiere apartarse de su nueva amiga, quien es una tía hermosa y de voz de ensueño.
—Por supuesto que sí, pero debe ser un secreto entre nosotros. Cuando escuches el suspiro sabrás que te espero en este mismo lugar.
—¡Bill! —Su padre lo sorprende, sacándolo de su ensoñación—. ¿Qué haces aquí solo? ¿No les advertí que jugaran cerca de la casa y donde lo veamos? ¡Vámonos! —El hombre carga al pequeño y lo revisa, mira por todos lados con recelo y luego regresa con los demás.
El pequeño es llevado encima del regazo de su padre, pero su mirada inocente está puesta en el conglomerado de árboles, allí le sonríe una tía de gran hermosura y de voz encantadora.


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