¡Mate! – Capítulo 40: La marca maldita

Gael

«Te maldigo con el dolor de nunca poder estar con tu mate. Si ustedes llegan a reclamarse o marcarse, compartirás tu maldición con ella, y ambos morirán. Ya que no puedo matarte, mi hechizo lo hará lentamente, y morirás envenenado por mi despecho.

Maldito, sentirás el dolor de la soledad, y, de la misma forma en la que he sufrido el rechazo de tu padre, tu mate sufrirá el tuyo. Mas solo yo podré liberarte, y volveré por ti, para que juntos nos adueñemos de todo este territorio y seamos compañeros».

Despierto agitado, y sudores fríos me recorren el cuerpo. Me incorporo, con la angustia torturándome el pecho y el amargor de la desesperanza haciéndome sentir miserable. Dos semanas lejos de Gia, y no he logrado nada. Estoy desesperado. ¿Moriré aquí solo? ¿Acaso esa maldita bruja logrará su objetivo? Si tan solo encontrara el arcillo dorado…

Gia…

Me temo que no podré regresar por ti. La maldición me está consumiendo, y me muero más rápido que antes.

Me levanto con dificultad, puesto que mi cuerpo está muy débil. Estar lejos de Gia ha empeorado todo, y la tristeza de su ausencia me consume junto a esta maldición.

Gia, si supieras que, cada cierto tiempo, iba a esa manada a donde te fuiste por todo un año y te admiraba desde la distancia; que velaba porque estuvieras bien en aquel remoto lugar, y olfatear tu olor me daba fuerzas para no rendirme… ¿Qué haré ahora que estás lejos de mí?

En la cocina, preparo el café como le gusta a ella; de alguna forma, eso me hace sentir cerca de mi pequeña princesa. Ojeo la madera fina que decora este lugar. Lo construí para ella y nuestros cachorros, con la esperanza de poder romper con la maldición; no obstante, he sido un inútil que no ha encontrado una solución. Los cachorros no existirán, como tampoco lo hará nuestra vida juntos en este lugar.

***

Gia

El aire fresco se siente bien sobre mi piel y, pese a que no hay mucho sol, el escenario tranquilo es agradable a la vista.

Camino por encima de la grama, que se percibe suave en la planta de mis pies. Es extraño; por lo regular no se siente así. A lo lejos, el reflejo de una persona capta mi atención, y es cuando me acerco que lo reconozco.

—¡Bill! —grito con entusiasmo al verlo correr por el amplio claro.

Él se detiene, mas no se gira en mi dirección, acción que me hace fruncir el ceño. Cuando llego hasta él, inhalo y exhalo varias veces. ¿Me esforcé tanto para alcanzarlo?

Él continúa de espaldas y no responde. Toco su hombro e insisto, pero sigue sin hablar.

—Cariño, ¿qué haces aquí solo? ¿Dónde están los demás?

—Ellos no pueden llegar aquí. Estoy atrapado.

—¿Atrapado? ¿De qué hablas? —Me encuentro desorbitada; no entiendo nada.

—La tía hermosa no me deja regresar con mi familia.

Despierto con el corazón latiéndome frenético y la respiración agitada. Siento una angustia que me asfixia, y las lágrimas corren por mis mejillas a cántaros.

Bill…

Salto de la cama. Corro por todo el pasillo hasta llegar a la habitación donde descansa mi pequeño. No sé descifrar esta sensación de ahogo, de desesperación, de temor…

De un solo empujón abro la puerta de forma brusca, entonces siento que se me va el aliento por unos segundos.

—¡¡¡Qué demonios!!! —grito, escandalizada, mientras me lanzo sobre la figura en forma de sombra que succiona la muñeca de mi niño.

Esa cosa, al saberse descubierta, salta por la ventana, rompiendo el cristal en el acto. Me convierto en loba y la persigo, pero no hay rastro de lo que sea que le hacía daño a Bill en el patio. Es como si hubiera desaparecido.

—¡¿Qué sucede?! —grita papá desde la habitación de Bill.

Ignoro lo que sea que dice y continúo mi búsqueda. No dejaré que esa bruja se salga con la suya. Debo atrapar a lo que sea que le esté haciendo daño a mi niño.

***

Estoy enojada, y la impotencia me tiene inquieta. ¿Cómo pudo esa cosa desaparecer sin dejar huella? No lo entiendo.

Veo de reojo a Gin, y se me parte el corazón. Ella solloza contra el pecho de Kali, mientras él trata de calmarla. Debe ser muy doloroso ver el sufrimiento de su cachorro y no poder hacer nada.

—¡Debe haber una solución! —gruñe papá.

—Bill es muy pequeño e inocente para luchar contra el hechizo. En este caso sería matar a esa maldita bruja, pero ella es muy escurridiza —responde Kali, desesperanzado.

No. No acepto que Bill muera por culpa de esa desgraciada. Juro que la encontraré y la despedazaré con mis propias manos.

Salgo al patio porque la negatividad en la habitación de mi niño es asfixiante. Necesito una pista. ¿Tendrá que ver Natura con todo esto? ¿Por eso debo estar atenta a ella? Si Gael supiera algo, me lo habría dicho claramente. Tal vez sus sospechas no tienen nada que ver con esto. Pero si no es ella, ¿quién demonios es la bruja?

—Gia. —Casi salto en mi lugar del susto.

Cuando mi rostro sigue la voz que conozco muy bien, mis ojos se entrecierran, mis labios se aprietan —al igual que mis puños— y la sangre empieza a hervirme de ira. Si ya estaba hecha furia, ahora parecía un volcán en erupción.

—¿Loni? ¿Qué quieres? —Lo miro con fastidio. Este patán desapareció después de querer forzarme a tener sexo con él, y ahora se aparece como si nada.

—Solo vine a disculparme por mi comportamiento de idiota contigo. Sé que dejé pasar mucho tiempo, pero estaba avergonzado por mi arranque —responde con tono sufrido, pero yo no estoy para sus tonterías.

—¿Solo a eso viniste? —Enarco una ceja; no le creo nada.

—A eso… y a enmendar mi error.

—¿A enmendar tu error…? —Rayos, no estoy de humor para esta estupidez.

—Gia… ese día me sentí frustrado porque realmente me gustas, y sabía que me rechazaste por culpa de él. Lo amas, ¿cierto? —insiste en explicar lo inexplicable.

Resoplo con hastío.

—Yo… —continúa—. Me fui de la manada por un tiempo para pensar las cosas.

» Vagué como si fuera un lobo salvaje, y eso me sirvió para entender tu asunto con Gael. En mi aislamiento me encontré con una persona que vagaba por el lugar. Nos hicimos amigos, y él me dio una información importante.

—Me alegra que hayas recapacitado y hecho un amigo, pero, si me disculpas, tengo asuntos pendientes que resolver —lo interrumpo con tono cortante.

—¿No me escuchaste? Tengo información importante sobre Gael… y sobre la razón por la que siempre negó ser tu mate.

Me cruzo de brazos, dudando. Lo observo con escepticismo. Él, por su parte, se rasca la cabeza, como si intentara mostrarse dramático.

—Mi padre me contó una historia antes de morir en la batalla. Dijo que existía una manada poderosa, bendecida. Pero una bruja se obsesionó con el alfa… y destruyó a la manada entera.

» Se cree que la riqueza y el poder de ellos provenía de un par de pendientes: uno dorado y uno plateado, que representaban la unión. El hijo del alfa llevaba uno puesto, mientras que el otro fue escondido por su padre, hasta que el futuro heredero encontrara a su mate. ¿Sabes quién es el hijo de ese alfa? Gael.

¿Qué?

Me quedo helada. Las palabras no me salen. Una corriente fría me recorre la piel y el corazón me late con una euforia que comienza a sofocarme.

 Nunca conocí el origen de Gael, puesto que papá siempre se negó a hablar del asunto. Y mi pobre compañero nunca recordó más que su nombre.

—Gia, el pendiente pertenece a Gael —siguió Loni, sin darme un respiro para analizar lo que me acaba de contar—. Por eso la bruja no pudo matarlo. En su lugar, lo maldijo. Cuando todo sucedió, dos manadas fueron al rescate, pero llegaron tarde.

» Esas dos manadas fueron Luna de Fuego… y esta, Luna Creciente. Pero fue nuestro alfa quien se llevó a Gael. Se dice que ocultó el pendiente para quedarse con el poder. El alfa de Luna de Fuego atribuye todos los logros de esta manada a eso.

—¡Eso es ridículo! —exploto, indignada—. No somos tan poderosos, y todo lo que hemos logrado ha sido a base de esfuerzo y trabajo duro.

—¿De ser una de las manadas más débiles —porque tu padre vivía amargado por la muerte de su mate— pasamos a ser una de las más poderosas, de la noche a la mañana? Es muy sospechoso, Gia. ¿Sabes qué es lo peor? Que Gael podría usar el otro pendiente para romper la maldición… pero el alfa se lo ocultó para su propio beneficio.

—¡Lárgate! —grito, temblando de ira e incredulidad. ¿Cómo se atreve este imbécil a venir a calumniar al alfa en su propia casa? ¿Acaso perdió la razón?

—Debes creerme, Gia —insiste con suplica, pero yo no puedo aceptar sus palabras.

—Aprovecha que estoy siendo misericordiosa y no llamo al alfa para que te dé el castigo que mereces. ¡Vete, Loni! ¡Y no te atrevas a regresar!

Es mi respuesta, pues estoy tan alterada que solo quiero dejar de verlo y escucharlo. Mi papá tendrá muchos defectos, pero el no es un monstruo malvado capaz de hacernos ese mal a Gael y a mí.

—Digo la verdad. Piensa un poco… él siempre tuvo dominio sobre Gael, ¿no es así…?

—¡Cállate! —grito, furiosa. Mis palabras resuenan tanto que algunos jefes salen al patio. Loni, al ver el peligro, da un ágil salto hacia los árboles y desaparece entre la maleza.

—¿Sucede algo? —pregunta Jerril, acercándose.

—No… solo me siento frustrada porque no sé quién es la bruja. Disculpen el alboroto —miento.

Sé que debería contarles todo. Advertir a papá. Pero hay algo en las palabras de Loni que me carcome por dentro. Algo que no puedo ignorar.

Por eso… no diré nada hasta descubrir la verdad.

Y creo saber exactamente dónde buscar respuestas.

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