¡Mate! – Capítulo 36: Conflictos y secretos en la manada

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Gia

Llego a la manada completamente desorbitada y sumida en mis pensamientos, que, a decir verdad, son un desastre.

No sé si todo lo que sucede a mi alrededor es real o si me encuentro atrapada en una pesadilla; si se trata lo segundo me gustaría despertar ya.

Camino en dirección a la casa donde ya las luces están encendidas, puesto que el sol se ha ocultado. Al entrar, siento un nudo en el estómago que me provoca náuseas, asimismo, empiezo a respirar con dificultad. Es ella, esa mujer está sentada en el sofá.

Sin decir nada me dirijo a mi habitación con ganas de llorar, maldecir y golpear a alguien, mas bien a Gael. Esto era lo que faltaba para empeorar mi día, cerrar con broche de oro.

—Gia, debemos hablar, cariño. —Me encuentro a Gael en el pasillo. Está descalzo, con el cabello desarreglado y su rostro tiene un semblante decaído y angustiado.

—Gael, maldito infeliz, nosotros no tenemos nada de qué hablar. Mejor ve a revolcarte con tu zorrita, o ¿ya terminaron de hacerlo?

—Yo no me revuelco con nadie, no después de que nos besamos. No soporto que otra mujer que no seas tú me toque. ¿Por qué no me crees? Hemos estado juntos en todo este tiempo, ¿en qué momento iba a estar con Lía?

—¡Eres tan patán! ¿Te atreves a mentirme cuando me la acabo de encontrar en la sala? Está sentada en el sofá como de costumbre, así que no quieras verme la cara de idiota.

—¿Lía está aquí? —Su rostro se ensombrece y puedo ver temor en sus facciones—. Le dije que no volviera, ¿qué demonios hace aquí? —Gael apresura el paso en dirección a la sala, con los puños apretados y el cuerpo tenso.

¿Por qué se ha enojado tanto?

No me quedaré con la curiosidad, por tal razón, corro en dirección a la sala. Cuando llego, Lía está parada con expresión desafiante y Gael le reclama con tanta rabia, que me da temor de que la ataque en cualquier momento. ¿Qué demonios sucede?

—Lía, vete —ordena. Su mandíbula está tensa y sus dientes crujen. Reconozco esta reacción en él, puesto que la ha tenido en momentos críticos. Él tiene miedo de alguna cosa y por eso actúa a la defensiva.

—El alfa me mandó a buscar, así que no me iré —lo enfrenta ella, desafiante.

Gael cambia de expresión y, más que enojado, luce aterrorizado. ¿Qué demonios sucede?

—¿Para qué? —interroga él con la voz leve y temblorosa.

—No lo sé, Gael. Debe sospechar que ya no me coges, ¿creíste que podías engañarlo por mucho tiempo?

—Te pagué mucho dinero para que no dijeras nada, solo sigue con el plan y no cometas ninguna estupidez.

—¿Es por ella? —Lía apunta su dedo en mi dirección—. ¿Por esta obsesiva ya no quieres verme? ¿Por ella engañas al alfa y me has dado casi todo tu dinero? Eres tan patético como mi querida amiga, tal para cual. Pero no te preocupes, ya no me interesas como antes. No le diré al alfa la verdad.

Percibo alivio en el rostro de Gael y sus músculos se destensan.

—¿Cómo es eso de que ya ustedes no se ven? —La voz de papá resuena en la sala, sobresaltándonos a los tres.

¡Demonios!

¿Por qué ninguno de nosotros percibió la presencia del alfa? ¿Gael se había relajado? Ahora está el doble de tenso y yo también.

—Alfa... —susurra Lía, con rostro aterrorizado.

—Entonces me mentiste —se dirige a Gael—. Me dijiste que tú mismo le pagarías porque era tu responsabilidad, pero en realidad dejaste de verla. ¿Creíste que me quedaría de brazos cruzados?

» ¿De verdad pensaste que me comería ese cuento de que tú mismo asumirías los gastos cuando nunca estuviste de acuerdo con el trato? Lo más sospechoso, tú y Gia se han vuelto más unidos y con esas miraditas cómplices.

Bien, estoy muerta. Y por supuesto, muy confundida, pero más me preocupa lo muerta que estoy.

—No tiene nada que ver con Gia, tiene que ver conmigo. Me siento sucio cuando me acuesto con otra mujer. Antes me funcionaba pensar en Gia, pero ya eso no surte efecto. No puedo continuar con esto, me destruye por dentro —explica Gael con voz trémula. Bueno, en realidad todo su cuerpo está temblando.

Y lo que le sigue sucede en cuestión de segundos…

De un momento a otro, papá se lanza contra Gael y le aprieta el cuello con fuerza.

¿Qué?

¡Ah!

—No… ¡Lo va a matar! —grito alto y me apresuró a defender a Gael—. ¡Suéltalo, papá! —Sacudo el hombro del alfa con violencia, pero este lo aprieta con más fuerza. Como consecuencia de su ataque, el rostro de Gael se torna rojo, demasiado diría yo. No, no, no, no...—. ¡Papá, por favor!

La angustia se clava en mi pecho como una daga afilada, y mi corazón salta desesperado y mortificado por Gael. Siento que todo a mi alrededor desaparece, y solo están papá y mi mate, en una escena escalofriante. No lo soporto y actúo por instinto, incitada por mi loba.

Me le lanzo encima la alfa y empiezo a jalarle el cabello con rabia cuando los ojos de Gael se agrandan y su piel empieza a tornarse morada, pero papá aprieta más fuerte, como si mi ataque no lo lastimara.

¡Va a matarlo!

—¡Ayuda! ¡El alfa va a asesinar a Gael! —grito con desesperación, pero nadie sale.

¡¿Por qué?!  

Visualizo que Lía se ha quedado inmóvil del miedo y quiero matarla porque no me ayuda. Nadie lo hace. ¿Dónde está mamá? ¡¿Dónde están todos?!

Gracias a la desesperación y angustia que siento en este momento, empiezo a arañar a papá y a morderlo. La ira brilla en sus ojos y suelta a Gael para atacarme a mí.

La primera cachetada me hace caer el suelo de boca y, como consecuencia, mi labio se corta cuando choco contra el piso. Una patada en el estómago me hace aullar, mas un gruñido me pone los pelos de punta. Es Gael. Lo miro por instinto y noto sus ojos amarillos brillar de la ira, entonces él se le lanza encima a papá con rabia, como si quisiera despedazarlo.

Se metió con su mate, es normal que reaccione de esa manera; sin embargo, esto no puede terminar bien para nadie. Debo detener esta pelea a como dé lugar.

—¡Paren, por favor! —Me incorporo. Ellos me ignoran y siguen peleando como si estuviesen poseídos por el mal. ¿Qué hago?

En ese momento, mamá entra a la casa con bolsas de comida, las cuales deja caer debido a la impresión. Sus ojos se tornan violetas mientras aprieta sus puños.

Oh-oh...

Miro alrededor y entiendo su reacción. Sus jarrones finos, sus flores, cuadros y casi todas sus decoraciones están rotas, pisoteadas y en el piso.

Vaya...

El aullido de ella capta la atención de papá y Gael, quienes se detienen por inercia; ahora son ellos los que están asustados.

—¡Los voy a matar! —gruñe mamá, luego se lanza sobre ellos.

***

Después de que las heridas de Gael y papá se curaran solas, nos reunimos todos en su estudio.  Yo aún estoy confundida e intento digerir toda esta información. Por su parte, Lía ruega por perdón al alfa, mientras que mamá le reclama su insensibilidad y Gael está sumido en un frío silencio. De vez en cuando me mira con pesar, como si no hubiera esperanza para nosotros.

Ahora entiendo por qué quiso mantener nuestra relación en secreto.

—No te haré nada por esta vez, pero debes saber que mentirle al alfa es un delito. Puedes irte, ya no eres útil aquí. —Me siento indignada por el comportamiento de papá y la manera en la que humilla a Lía.

Si bien ella no es una joyita de persona y yo no la soporto, tampoco se merece que la traten como a una mercancía. Me duele que papá sea este tipo despreciable de persona.

Lía agradece con alivio y mira a Gael con tristeza antes de marcharse, lo que me hace suponer que ella todavía tiene sentimientos por él. Cuando Lía deja el estudio, papá pasa su mirada de Gael a mí y hace una mueca. De un movimiento rápido, rompe la camiseta de Gael y revisa su torso, brazos, espalda y hombros.

¿Ah?

Una vez termina de revisarlo a él, viene hacia mí. ¿Qué? ¿Acaso papá se volvió loco? Hace lo mismo conmigo. Por suerte llevo puesto un sostén hoy o esta humillación hubiese sido peor. Él me revisa de la misma manera que hizo con Gael y frunce el ceño.

Gael mira mi sostén y se lame los labios por instinto. ¿En serio? Sé que la situación es seria y traumática, diría yo, pero me da una inmensa gana de reírme ante la reacción de él, pero me controlo, no quiero que el alfa me cachetee de nuevo.

—Por lo menos no la has reclamado. Pero sabes que, si no tienes un desahogo, no podrás controlarte. ¿Acaso pensaste en el bienestar de Gia? Si tanto la amas, deberías mantenerte alejado y seguir mis órdenes.

—No quiero acostarme con otra mujer, así me exilie y nunca más vea a Gia; no me seguiré acostando con Lía.

¿Exilio?

—¿Me pueden explicar que sucede aquí? Estoy cansada de que me traten como a una tonta y tomen decisiones por mí. ¿Por qué tenían ese trato asqueroso con Lía?

—Vete a tu habitación —ordena papá.

¿Qué? ¿De verdad escuché bien?

—¡¡No soy una maldita niña!! —estallo, consumida por la ira. Estoy cansada de esto, de verdad estoy harta—. ¿Por qué no me dicen de una vez y por todas qué sucede? ¡No es justo que me hagan esto! ¡Si tiene que ver conmigo tengo todo el derecho a saber!

—¡¡Vete a tu habitación!! —vocifera papá, al perder la paciencia.

—¡Mateus! —interviene mamá—. Ya deja de meterte en sus vidas. Deja que ellos decidan qué hacer.

—¿Te estás escuchando? —le reclama papá—. ¿Acaso no te importa nuestra hija? ¿Sabes lo que le sucederá si él la reclama? ¡¿Por qué tuve que traerlo aquí?! ¿Por qué tuviste que ser mate de mi hija?

Duele y mucho.

Puedo sentir la impotencia de Gael, su sentimiento de culpa, de rechazo y la inmensa tristeza que lo asfixia. Las lágrimas se acumulan en sus ojos amarillos y él se muerde el labio inferior. ¿Por qué papá es tan cruel con mi mate?

—No se preocupe, alfa. —Gael se pone de pies y lo confronta—. Me iré de su manada hoy mismo.

¿Qué?

No... Eso no lo permitiré.

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