Gia
Estoy confundida, pasmada y desorbitada. ¿Ayudarla a conseguir el tesoro? Observo al hada, que según ella se llama Flora, con incredulidad y escepticismo.
—¿A qué te refieres con el tal tesoro? —inquiero, después de un largo rato de mutismo. Flora va a hablar, pero se detiene cuando se escuchan pasos en nuestra dirección. De un momento a otro, ella no se encuentra frente a mí. ¡Ha desaparecido! ¿Cómo rayo pudo hacer eso?
—¿Estás bien? —peguntan mis amigos al unísono y con cara de espanto.
—Sí, lo estoy. —Todavía me encuentro en estado de estupor.
—¿Por qué desapareciste así de repente? —interpela Jill.
—Porque necesitaba respirar aire fresco y silencio. Ustedes dos se han vuelto insoportables —miento con descaro, pero es que no quiero alarmarlos sin antes saber de qué se trata la visita de esa hada, si es que de verdad lo es.
—El único que se ha vuelto insoportable es este idiota. ¡Me asfixia! No se quiere apartar de mí y me cela hasta con mi hermano. ¿Puedes creerlo? ¡Mi hermano!
—¿Ustedes ya se hicieron novios? —pregunto con indignación. No puedo creer que dieran ese paso tan importante y no me hayan dicho.
No tienes moral para indignarte.
Mi caso es diferente, Gael me pidió que no le dijéramos a nadie porque nuestra relación es problemática.
—¿Novia de este posesivo? ¡Jamás!
Río ante la cara de tonto que pone Jill, pero más por la queja de mi amiga. ¡Si todos los licántropos somos posesivos!
—Eres una exagerada. Solo dije que no era adecuado que estuvieras en ropa interior frente a tu hermano. No te reclamé nada, lo único que hice fue darte un consejo de amigos. —Jill se cruza de brazos.
—Te dije que fue un accidente. No es que ande modelando mi cuerpo asqueroso y grasoso con orgullo.
Este es un momento en el que Jill y yo queremos estrangularla. ¿Por qué dice esas cosas feas acerca de ella misma?
—Tu cuerpo es hermoso, deja de hablar así —la increpa Jill.
—Chicos, volvamos al río para que charlemos más calmados acerca de este asunto —propongo mientras empiezo mi andar. Ellos me siguen y los tres nos sentamos en la orilla, para tener la conversación que debimos haber tenido desde hace mucho tiempo.
—Bien, ustedes son mates, ¿cierto?
—¡Sí! / ¡No! —Jill asiente, al mismo tiempo en que May lo niega. ¿De qué me perdí?
—Ya deja de negarlo, May. Somos mates, te guste o no.
Vaya, vaya…
—No tengo un mate ni nunca lo tendré. —Ella se cruza de brazos.
Bien, esto será un dolor de cabeza, pero debo ayudar a mis amigos. Es obvio que sus discusiones se deben a la tensión sexual que hay entre ellos.
—Jill, ¿cómo sabes que eres mate de May?
—Porque siempre he tenido esa necesidad de tenerla cerca y de protegerla. Además de que su olor me lo confirma siempre. Cuando me transformé en lobo por primera vez, sentí escalofríos al verla, pero nunca entendí. Muchas veces mi lobo gritaba mate; no obstante, me reía de mí mismo. Es decir, se trataba de May, mi mejor amiga, así que era raro.
—Eres un idiota, Jill. ¿Cómo han podido vivir todos estos años sin reclamarse ni marcarse?
Ambos se encogen de hombros con indiferencia. ¡Qué raros son!
—Y tú, May, ¿por qué dices que Jill no es tu compañero destinado?
—Porque yo no quiero tener un mate. Si alguien va a ser mi pareja será porque así lo ha decidido, no por un vínculo tonto.
—Eres muy rara. Hablas como si fueras un hada y no una de nosotros. —La miro con extrañeza. Ella, en cambio, se limita a hacer una mueca indiferente.
—Eres una egoísta —ataca Jill.
—Y tú un enfermo sexual y celoso. Mira que hacer esas propuestas indecentes. ¿Cómo te atreviste?
—Solo era un beso…
—¡Y meter mano! ¿Quién te crees que eres? No te dejaré tocarme, nunca.
Ummm…
No voy a negar que esto es muy divertido para mi vena chismosa, pero algo aquí no me cuadra y los ojos cristalizados de mi amiga me lo confirman.
—Jill, sé paciente con May. Si de verdad es tu mate y la amas, dale tiempo, ¿sí?
—Le he dado bastante tiempo ya. Si no me quiere que me rechace y me parta el corazón de una buena vez. Pero negar que es mi mate es peor, dado que estoy en medio de esta incertidumbre y no sé qué esperar, es muy frustrante.
Vaya que lo entiendo. Pero creo saber qué es lo que le sucede a esta tonta y es algo que debo hablarlo con ella, en privado.
***
Con mis pensamientos inundados por la parejita modelo llego a la casa. Después de darme un baño y, ponerme un labial con sabor a frutillas para que Gael me lo quite a besos, me dirijo a la sala. Sé que todos están allí reunidos, puesto que desde aquí los escucho parlotear.
Al llegar allí, visualizo a mamá sentada junto a papá y recostada del hombro del alfa, mientras que él le acaricia el cabello. Se ven tan lindos. Luego están los jefes guerreros, Natura, quien se encuentra sentada en un sillón observando a todos en silencio y…
«¡Destroza a esa perra!», grita mi loba con alteración.
Calma…
Mi corazón late muy fuerte, tanto que temo hacer todo un espectáculo delante de todos. Debo calmarme o arruinaré lo poco que he logrado con Gael.
Pero…
¿Por qué Gael está sentado junto a Lía?
Ella empieza a acariciarle el cabello, mas este se remueve incómodo porque sabe que estoy aquí, aunque no ha mirado en mi dirección.
Infeliz de mierda.
Trato de controlar a mi loba, quien lo único que quiere es romperle la mano a Lía. Inhalo y exhalo varias veces antes de sentarme en un sillón que queda frente a Gael y su intrusa. Puedo percibir lo tenso que está, entonces él me mira con preocupación, como si temiera que yo hiciera un escándalo o algo por el estilo.
—Ustedes dos son una pareja extraña —digo de repente; de inmediato, toda la atención de la sala cae sobre mí—. Se aparean todo el tiempo; sin embargo, nunca formalizan su relación. ¿Cuándo formarán una familia como las parejas normales? Tantos años de sexo sin compromiso es una locura.
—¡Gia! —La voz del alfa resuena en toda la sala, mas eso no me inmuta. Estoy cabreada y decepcionada, dado que me siento la mujer más estúpida de Luna creciente en este momento—. Deja de ser atrevida. ¿A ti que te importa lo que hagan Gael y Lía? Ya basta de ser imprudente y metiche.
—Tienes razón, no me importa lo que ellos hagan. Disculpen, pareja perfecta, se me fue la lengua un poco. Qué me va a importar a mí que ustedes se pasen la vida teniendo sexo cada cual en su casa. ¡Aparéense todo lo que quieran!
Gael, quien entiende mi mensaje, hace un intento de pararse y de decir algo, pero mira al alfa y se detiene. Trato de no llorar, de mantenerme a flote y no sucumbir ante los celos y la tristeza que me dominan, mas no puedo.
Verlos pegados como si fueran la pareja perfecta y a ella acariciarlo con atrevimiento, hace que me imagine que tal vez ya tuvieron sexo o lo seguirán teniendo en la noche; esa posibilidad me quema y mucho.
¿Por qué Gael me hace esto? ¿Para qué me propuso que seamos novios si seguiría cogiéndose a Lía?
¡Soy una imbécil!
Visualizo a mamá mirarme con tristeza, como si ya no soportara mi sufrimiento. Solo ella ha sido empática cuando me dan los arranques de celos, solo ella entiende que no soporto que otra mujer toque a mi mate. No quiero que esa desgraciada haga con él lo que me corresponde a mí.
—Creo que yo sobro… —mascullo con frustración.
—Y yo creo que debes madurar y dejar tu maldita obsesión. Solo te humillas a ti misma y me avergüenzas —escupe el alfa con ira. Observo a todos los presentes mirarme como si yo fuera una loca, entonces el bochorno se apodera de mí. Soy la vergüenza del alfa y el objeto de diversión de la casa.
—Disculpa por no ser la hija que esperabas. Tal vez sea momento de tomar mi propio camino, eso incluye irme de este maldito lugar para siempre.
—¡Deja tu insolencia! Siempre tan rebelde y desobediente. Te he mimado demasiado, pero ya no dejaré que hagas lo que se te venga en gana —me contesta con ira.
—Soy una mujer adulta, papá. No tengo que hacer lo que me ordenes.
—¿Adulta? Te comportas como una adolescente hormonal. Ya deja tu maldita obsesión con mi heredero, puesto que él no es ni nunca será tu pareja. Es más, pronto te unirás a un alfa de otra manada.
¿Qué?
—Te equivocas, papá. No vas a controlar mi vida a tu antojo. Dices que yo soy la obsesiva, pero tú no tienes dignidad para ello. Te has obsesionado con que yo me una a una persona que no es mi mate. ¿Quién te crees que eres para tomar esa decisión? ¡Es mi vida amorosa! Escogeré a quien me dé mi regalada gana.
Lo escucho pelear detrás de mí, mas lo ignoro.
Corro fuera de la sala y me dirijo a mi habitación. Una vez me siento segura, dejo salir el llanto que tenía atrapado en el pecho. ¡Duele tanto! ¿Por qué papá no me quiere al lado de Gael? ¿Qué tiene de malo que él sea mi pareja?
Recuerdos del pasado me golpean de repente. La primera vez que hablé con Gael, ambos percibimos nuestros olores, pero papá de una vez intervino. Y siempre fue así.
“Que si pasaba mucho tiempo con Gael”, “Que si debíamos tratarnos como hermanos”. Y “bla bla bla”.
¿Será por eso que Gael no quiere que papá lo sepa?
Pero… ¿Por qué sigue con Lía si somos novios? ¿Acaso pretende estar con ambas?
Con grandes gemidos y llena de confusión, pronto me quedo dormida.

