¡Mate! – Capítulo 37: La maldición de amarte

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Gia

Estoy desorbitada, dolida y me siento traicionada por todos aquí. ¿Cómo es que ellos sabían que Gael era mi mate y siempre me tildaron de loca obsesiva y mentirosa? ¿Por qué me hicieron tanto daño?

—Gael, cariño, no digas tonterías. —Mamá lo abraza por detrás—. Eres parte de nuestra familia, yo te amo como a un hijo. —Ella estalla en llantos. Gael acaricia las manos que se unen frente a su cintura para detenerlo, y deja salir esas lágrimas que sé que ha contenido por todo este rato.

Siento un punzón en el pecho que me dificulta respirar con fluidez, y mi cuerpo es sacudido por varios temblores, mientras mi rostro es mojado por gotas de dolor y decepción.

No puedo con esto.

—Todos ustedes son unos falsos e hipócritas. Yo... no quiero saber nada de ninguno. —Corro fuera del estudio de papá de forma impulsiva, incitada por la indignación y la impotencia.

Escucho a Gael llamarme con angustia, mas eso es combustible para querer huir de aquí, lejos de todos ellos.

¿Por qué no me permitieron decidir qué era lo mejor para mí? Si hay una maldición o no es asunto de Gael y mío, solo a nosotros nos compete. Pero él prefirió hacerme a un lado y negarme. He sufrido todos estos años porque él es un egoísta cobarde.

—¡Gia, detente! —Su voz suena como trueno. Su lobo está tomando el control, lo puedo percibir.

—¡Déjame en paz! —grito. Dejo de correr y camino en dirección a él con los puños apretados y dispuesta a enfrentarlo. Es cuando caigo en cuenta lo mucho que hemos corrido y lo lejos que estamos de la casa.

—Gia, sé cómo te sientes en este momento, pero ya te había explicado la razón de negar nuestro vínculo.

—Sí, pero no me esperaba que las personas importantes en mi vida estuvieran enteradas. ¿Sabes lo humillante que era cuando todos me trataban como una mentirosa obsesiva? Me mintieron de una manera fría y déspota. ¿Por qué no puedo saber la verdad completa? ¿Por qué demonios preferiste revolcarte con otra antes de decirme lo que sucede? ¿Necesitabas desahogar tus necesidades? ¡Sorpresa! ¡Yo también! Y no por eso me acosté con otro hombre. Como mi mate debes saber el daño que tu infidelidad me causaba.

Gael empieza a llorar desconsolado.

Infeliz.

—No es solo necesidades fisiológicas, Gia. Es más que eso, es algo que no puedo controlar... Es parte de la maldición —me explica entre llantos. Su voz se atropella y sale temblorosa, y sus ojos expresan sufrimiento, culpa y frustración.

—No te molestes en explicar algo que no entenderé —respondo, frívola, pero es que me siento muy agotada—. Si no me dirás la verdad completa, entonces no me expliques esto. No vale la pena.

—Solo quiero protegerte.

—¿De qué, Gael?

—De tus decisiones. De lo que harás si sabes la verdad.

Su explicación me deja desconcertada y… me asusta. Si yo tomara una decisión que afectara mi bienestar sería porque...

Miro a Gael con lágrimas en los ojos y empiezo a temblar de puro terror.

—¿Tú estarás bien? Es decir, la maldición es solo no poder estar con tu mate, ¿cierto? —indago, y no puedo evitar sonar desesperada. Pero es que así me siento, con una angustia que me aprieta el estomago y me causa una sensación gélida en el corazón. Es como un mal presentimiento…

Gael mira al suelo con tristeza y eso es suficiente para entender que algo más fuerte sucede. Trato de acercarme para que él me responda, pero Gael corre en dirección a la casa.

¿Está huyendo?

No, él no puede hacerme esto. Me apresuro a seguirlo y hasta me convierto en loba para alcanzarlo, pero él hace lo mismo. Una vez en el patio, Gael vuelve a cambiar a su forma humana y entra a la casa con rapidez, yo lo imito y lo sigo. Ignoro las miradas de los demás al ver mi desnudez; no me importa, necesito hablar con Gael.

—¡Gael, abre! —suplico mientras toco la puerta de forma brusca, pero él no responde—. ¡Gael! ¡Tiraré la puerta si no me abres!

—¡Ya basta! —Papá me jala por el brazo y me lleva a rastras hasta que estamos frente a mi habitación—. ¡Vístete! ¡Ya deja de dar espectáculos! —me reclama mientras evita mirar mi cuerpo desnudo.

—¡Déjame en paz! No eres nadie para regañarme, ni siquiera te considero mi padre. Un padre no traiciona a su hija como tú lo has hecho conmigo —escupo con rencor, con toda la rabia contenida que me ahoga.

—¡Solo quiero protegerte! —espeta—. Eres mi hija y busco lo mejor para ti. Yo nunca haría nada que te perjudicara, por el contrario, solo quiero tu bienestar. Eres mi bebé y te amo.

¿Me ama? ¿Mi bienestar?

Me gustaría creerlo, pero algo dentro de mí me hace sentir que miente, que sus palabras son tan vanas como él.

Y duele…

El enojo me consume. Siento mis ojos arder y la vista se me nubla.

No, su explicación me suena muy falsa después de todo lo que hizo.

Estallo en su contra como si no fuera mi padre, sacando todo lo que me acongoja:

—Si me amaras, no me hubieras privado de la libertad de elegir. Si me amaras, hubieses aceptado a Gael y no le hubieras pagado a una zorra para que él se la coja en mis narices.

» Tú una vez tuviste una mate, así que debes saber lo doloroso que es estar lejos del amor de tu vida, en especial, saber que se coge a otra que no eres tú. Pero como tú perdiste la tuya, eres un amargado que no soporta que otras personas tengan lo que tú ya no tendrás jamás. ¡Porque ella se murió!

Entiendo que la manera en que grité lo último salió con la intención de herirlo, de echarle en cara todo lo que perdió. Quería que le doliera, y funcionó, pues su reacción salvaje lo ha dejado en evidencia.

Papá me da una cachetada que hace que me gire debido al impacto. Sus manos tiemblan y sus ojos se han tornado rojos. El alfa está hecho furia y su lobo quiere salir para destrozarme. Al fin y al cabo, le metí el dedo en la herida.

Pero no me importa, si quiere que me mate. De todas formas, solo soy la hija de la mujer con la que se tuvo que conformar.

Papá aprieta sus puños y sus músculos se tensan, está luchando consigo mismo. Por mi parte, aprovecho el momento para entrar a mi habitación y encerrarme. Después de unos minutos, percibo que papá se retira.

Me tiro en la cama y dejo que las lágrimas mojen la almohada. Luego de pasarme un largo rato llorando mi dolor, me quedo dormida.

***

—Gia... —Escucho un susurro. Percibo las caricias suaves en mi piel y siento como todo mi cuerpo se calienta—. Ve por él... Reclámalo...

La voz es suave y atractiva, tan envolvente. Siento escalofríos y una sensación de bienestar que me hace sonreír.

Me levanto de la cama y camino fuera de la habitación, con la oscuridad y el silencio de compañeros, sintiendo que nada a mi alrededor existe, solo somos mi corazón enamorado y yo.

Sé que estoy desnuda porque no me puse ropa y así mismo me quedé dormida, y ese hecho me excita más de los que ya estaba.

 Mi corazón late muy rápido y mi cuerpo tiembla por la anticipación, estoy ansiosa por llegar y entregarme a mi mate. Ya quiero marcarlo…

Doy pequeños toques en la puerta con impaciencia, necesito verlo, ya. Mi boca saliva de más y mis pezones se endurecen, al mismo tiempo en que mi pelvis se contrae. Un desnudo Gael me recibe con expresión atolondrada, al parecer, él también se durmió sin ropa.

Ambos nos miramos extasiados y llenos de deseo, uno que no podemos contener más, por tal razón, me le lanzo encima. Gael se adueña de mis labios con hambre, su respiración está agitada y sus manos tiemblan.

Yo estoy igual.

Caemos en la cama mientras nos comemos a besos, nuestros gemidos se tornan escandalosos cuando nos acariciamos; el placer es tan fuerte, que no nos molestamos en ser prudentes o silenciosos. No nos importa que nos escuchen, solo queremos saciar nuestro apetito.

—Sí... —gimo cuando sus labios apresan mi pezón derecho y sus dedos aprietan el izquierdo. Estoy tan sensible que siento que estallaré con esa simple caricia—. Te quiero adentro, ya... —balbuceo mientras las babas se me salen de la boca. Esto es alucinante.

—¡¡Qué hacen!! —La voz gruesa e intimidante del alfa se escucha en la habitación, pero Gael y yo estamos demasiado sumidos en el placer de las caricias y deseosos del apareamiento, como para prestarle atención—. ¡Suelta a mi hija!

Gruño cuando Gael es separado de mí con violencia. Le salto encima a papá porque ha lastimado a mi mate, pero este me pega en la cabeza y todo se torna oscuro.

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