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Gia
Con mi forma de loba, corro en medio de los árboles. Me siento tan libre. La brisa me acaricia el pelaje plateado, asimismo, el olor a tierra mojada por el rocío y el suave contacto con las hojas al pasar es el mejor "buenos días" que necesito.
Me conduzco por medio del paisaje natural sumida en el deleite de una hermosa mañana y mis patas saltan en el acto mientras mi corazón palpita frenético dentro de mí, lleno de vida. Me encanta la libertad que mi forma de loba me regala, lo fuerte que me siento al poder dar grandes saltos sin limitaciones y lo divertido que es hacer todo lo que mi forma humana me impide.
Termino mi corrida matutina frente al río, entonces bebo de este para saciar mi sed.
«No sabía que madrugabas», dice alguien por medio de telepatía, que es la única manera en que podemos comunicarnos cuando estamos transformados en lobos.
Este proceso de hablar por telepatía solo lo podemos hacer en nuestra forma lobuna, a menos que estemos hablando con el alfa, un familiar muy cercano o nuestro compañero de vida. A esto último, llamamos vínculo.
«No sabes nada acerca de mí», respondo con diversión.
«Te invito el desayuno».
«No me podría oponer a eso».
Corro de vuelta a la casa con Loni detrás de mí. Él es un lobo marrón oscuro muy hermoso, no tan grande como Gael o el alfa, pero sí es uno de los guerreros que sobresalen.
Entro a la casa y tomo con los dientes una toalla larga, que se encuentra tendida en el patio. Me la tiro encima y vuelvo a mi forma humana, sosteniendo la tela con rapidez para que Loni no vea mi cuerpo desnudo.
«Te espero en el parque del pueblo dentro de una hora», dice él antes de marcharse. Dado que aún conserva su forma lobuna, puede usar el vínculo conmigo.
Por mi parte, entro a la casa para empezar a alistarme. Después de una ducha corta, me pongo mis vaqueros, unos sneakers y una blusa sin manga ajustada y blanca; me hago una cola baja y tomo mi bolso cuadrado.
—¿Qué quieres desayunar? —pregunta mamá mientras remueve unos huevos en la sartén. Me dirijo a la nevera y me sirvo jugo de naranja en un vaso, luego me siento frente a Gael y papá, quienes beben café en silencio.
—Paso. Voy a desayunar con Loni en el pueblo. Aprovecharé la invitación para comprar algunas cosas que necesito.
Este es un momento en el que un comentario provoca todo un drama en mi familia. Gael y papá me miran al instante, ambos con esa expresión asesina y desconfiada. Por otro lado, mamá se me acerca con la cuchara con la que movía los huevos, apuntando en dirección a mi cara.
—¿Es una cita? —pregunta ella con mirada acusatoria. Desde que mi cerebro procesa sus palabras, reacciono escupiendo el jugo que está en mi boca. ¡Mamá es una exagerada! ¿Cita? ¿En serio?
—¡Oye! —grita Gael mientras se limpia con una servilleta el jugo que le ha caído encima. Yo, por mi parte, estallo en carcajadas al ver su camisa lustre y elegante ser manchada por lo que salió de mi boca—. ¡Y para colmo te ríes!
—¿Ups? —ironizo mientras me encojo de hombros.
—Voy a cambiarme —gruñe él, luego se levanta de su asiento con movimientos tensos. Otra vez la risa me gana.
—¿Te parece muy gracioso? —cuestiona el alfa, cuando Gael deja la cocina—. Gracias a ti Gael y yo llegaremos tarde.
—¿A dónde van? —pegunto, antes de darle un sorbo a mi bebida.
—A la manada Luna Llena. Tenemos un asunto que resolver allí —responde, a la vez en que me evade la mirada. Por alguna razón, su actitud me da mala espina—. Por cierto, tus vacaciones ya terminaron, así que te quiero ver en la oficina.
—Acabo de llegar y ya me quieres poner a trabajar como esclava. —Hago un puchero—. Mañana sin falta estaré puntual en la prisión, digo, el centro curativo de la manada; pero hoy déjame hacer lo que quiera. ¡Este será mi último día de libertad!
Papá niega divertido.
—Gia —me llama mamá con cara de malos amigos—, explícame por qué tienes una cita con el baboso de Loni. No me digas que te has rendido con Gael.
¡Esto es el colmo!
—¡Katrina! —grita papá mientras golpea la mesa—. Deja de meterle estupideces a nuestra hija en la cabeza. Gael y ella son hermanos, ya acaba con tu manía de estar insinuando tonterías.
Y sí, apoyo a papá. Porque mientras yo lucho para poder olvidar a Gael, la joya de mi mamá me pone obstáculos con sus comentarios fuera de lugar.
—¿Estupideces? Estupidez es que ambos se engañen a sí mismos. Sabes que ellos...
—¡Ya basta! —estalla papá colérico—. ¡Vámonos, tú! —Me toma del brazo con rudeza, saliendo de la cocina conmigo a rastras. ¡Y yo qué culpa tengo!
—¡¿No van a desayunar?! —vocifera mamá desde la cocina.
—¡Ya es tarde! —replica papá con el ceño fruncido. Vaya, sí que le molestó lo que sea que haya insinuado mamá.
—¡No es bueno que el niño se salte el desayuno! —insiste ella.
Sí, con niño se refiere a Gael. A veces pienso que mi mamá no es normal.
—¿Ya nos vamos? —inquiere Gael cuando nos encontramos con él en el pasillo. Papá solo gruñe, mientras que yo asiento con la cabeza. Gael me observa divertido y me imagino que es porque, ahora mismo, parezco la marioneta de papá.
Una vez llegamos al garaje, él me suelta y le tira las llaves a Gael. Por lo menos no va a manejar. Es una decisión muy sabia, dado su estado colérico.
—Papá, ¿por qué me traes hasta acá? —Me arreglo la ropa y me peino el cabello con las manos, o eso intento.
—Te dejaremos en el parque —responde mientras se sube en el copiloto. Gael entra a la camioneta y yo hago lo mismo. Cuando Gael arranca, lo percibo observarme desde el espejo.
Nuestras miradas se encuentran y me atrevo a enseñarle la lengua a lo que él niega con una sonrisa divertida. Ninguno se atreve a hablar porque, cuando el alfa está enojado, es mejor andarse por la línea. Una vez llegamos al parque, vislumbro a Loni sentado en una banqueta.
—No hagas nada por lo que te quiera arrancar la cabeza —amenaza papá.
—Solo es un amigo sexi, ¿qué puede salir mal? —bromeo para aligerar el ambiente, pero creo que lo he empeorado, así que salgo rápido de aquel vehículo antes de que papá acabe con mi existencia.
—Buenos días, Loni —lo saluda el alfa, fingiendo una sonrisa. Eso es una amenaza que Loni capta al instante, por lo que toma una distancia exagerada y me saluda con movimientos de manos.
Quiero reír, pero eso sería descortés.
Veo a Loni soltar el aire retenido cuando la camioneta de papá empieza a alejarse. Yo, sin embargo, miro por inercia en dirección al chofer del vehículo, y no me pasa desapercibida la mirada asesina que Gael le atina a mi acompañante.
Una parte de mí se alegra ante la posibilidad de que él esté celoso, pero la otra me recuerda que Gael solo actúa como un hermano protector, debido a que él no siente por mí lo mismo que yo siento por él.



