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Sería una hipócrita si dijera que no me duele, porque sí, sus palabras son como dagas que se me clavan en el corazón y me hieren con crueldad. No solo es por el hecho de que Bratt me está diciendo que no siente nada más que un cariño de amistad hacia mi persona, sino también porque él estuvo interesado en mí, de la misma manera que estuve o aún estoy yo de él.
¡Me siento tan frustrada!
Pudimos ser una pareja, crecer juntos y hasta planear una futura familia; pero nuestra cobardía arruinó todo lo que pudimos ser. Y esa verdad es muy triste para mí.
Observo a mi amigo, quien tiene la mirada clavada en el cielo y me pregunto cómo sería una relación de pareja entre nosotros, entonces recuerdo que Bratt es un mujeriego compulsivo y hago una mueca. Ese es un detalle que no debo pasar por alto, debido a que yo no pienso como Lilia. No le veo el sentido de él acostarse hasta con su sombra y perder su dignidad con ese comportamiento, por más despechado que se encuentre.
—Bueno, Bratt, yo solo tenía curiosidad; yo... —Me muerdo el labio inferior y juego con las manos, al no saber qué decirle. ¿Por qué tuve que aludir que tenía sentimientos por él?
—Me imagino, pero ya sabes cómo me siento al respecto. Yo no creo en el amor, Serena. Eso es solo una emoción pasajera que se desgasta con el tiempo y al final uno de los dos o, en su defecto, ambos terminan sufriendo.
—¿Por eso no tomas a ninguna mujer en serio? ¿Temes a que te hagan daño? —interpelo con tono brusco y el ceño fruncido.
—No diría que temo a que me hagan daño porque podría ser yo quien dañe. Solo quiero evitarme el mal momento, no tener que llenar las expectativas de nadie, contar con la libertad de hacer lo que desee sin darle explicaciones a una pareja ni tener que esforzarme para agradarle a ninguna mujer. Se trata de eso, de tener libertad.
—Entiendo tu punto, aunque no lo comparto.
—Lo sé. —Sonríe con ternura—. Por eso no quiero follarte, pese a que he tenido la oportunidad y eres una mujer muy hermosa. Tú te mereces a alguien que quiera más que una noche de desahogo contigo y yo soy incapaz de dar más que eso. No sé si algún día me canse de vivir solo y decida "sentar cabeza" como dice el abuelo, pero mientras no sienta hacerlo no lo haré.
Ojalá yo fuera como él. Me gustaría ser decidida en mis emociones y no dejarme controlar por ellas, de esa manera me sacaría a Bratt de la cabeza de una vez y por todas.
—De verdad espero que así suceda y que encuentres a una mujer por la que valga la pena dejar ese estilo de vida. —Finjo una sonrisa. Me quema decir esa frase porque no me puedo imaginar que otra sea más valiosa que yo en la vida de Bratt, como para este hacer con ella lo que no hizo conmigo.
—Una vez creí encontrarla, pero me di cuenta de la manera dura que no era así. Me sentí destruido porque de verdad llegué a creer que ella sentía lo mismo por mí, sin embargo, me equivoqué. Tampoco podía culparla dado que ella tenía el derecho a no corresponderme; nadie está obligado a querernos y las relaciones románticas no deberían forzarse —confiesa con melancolía.
Abro la boca sorprendida, puesto que Bratt nunca me contó ese chisme.
—¡Qué mal amigo eres! —le doy un puñetazo en el hombro y él se queja del dolor—. ¿Por qué nunca me contaste eso?
—Estabas en la universidad en una ciudad diferente...
—¡¿Y?! Te hubiera animado y acompañado en ese momento tan triste. ¿Quién fue la afortunada? —lo interrumpo.
—Eso no importa ya, ha pasado muchos años desde entonces. —Suspira—. No sé ni por qué te lo dije, ahora no me dejarás tranquilo con el tema.
—No te molestaré con eso, Bratt. ¿Acaso me estás diciendo insensible? —Entrecierro los ojos y exagero mis gestos para que quite esa cara de velorio.
—Eso espero, pecosa.
—Entonces, ¿en qué quedamos con el negocio, Bratt? —cambio el tema y lo miro asustada. De verdad necesito ese dinero, ya que es mi única esperanza para salvar la empresa de mi familia. Pero, por otro lado, no quiero ser la burla de la sociedad y ser llamada una cornuda, tampoco quiero que Bratt llegue a casa oloroso a sexo y con labial en la camisa, ya que sé que eso me destrozaría.
—Necesito hacerlo o lo pierdo todo; tú también. —Él suspira—. Hagamos esto: desde el día de hoy estaremos en celibato, lo que significa que ninguno de los dos tendremos sexo porque no nos involucraremos con otra persona hasta que nos divorciemos. Digo, podemos aguantar unos meses, tampoco se va a acabar el mundo por eso... —dice con titubeo y traga pesado.
—Por mí no hay problemas, tengo más de un año sin tener acción, así que puedo con esto.
—Entonces tenemos un trato, Serena. —Me extiende la mano, que está temblando, y yo la aprieto con fuerza para transmitirle seguridad. Sé que para él va a ser muy difícil cumplir con este acuerdo, pero de verdad espero que lo haga porque ya estoy metida de cabeza en esto y es mi única opción para salvar mi patrimonio.
—Tenemos un trato, Bratt —reafirmo mientras finjo una sonrisa que él me corresponde.
***
—Bien, me parece perfecto que dejen todo claro y que ese perro no te haga quedar mal —espeta Taís.
Les he contado a mis amigas todo lo que ha sucedido con Bratt; primero, porque no se comieron el cuento de que este me estaba soplando el ojo y, segundo, porque necesito aliadas. Así que sí, tuve que confesarles acerca de mis sentimientos por Bratt y de que estos afloraron, aun después de que creí que ya no los tenía.
—Eso espero yo también o tendré que castrarlo. —Me tomo un sorbo de vino. Hemos decidido tener una noche de chicas para chismosear todas mis aventuras con Bratt, aunque fue difícil conseguirlo porque tuvimos que convencer a Lilia para que se tomara un día libre del trabajo, los hijos y el esposo, ya que ella necesita desestresarse y salir de la rutina; mas hacer que esta aceptara fue un trabajo arduo, pero valió la pena.
—¿Te imaginas a Bratt sin pene? Creo que se quitaría la vida —bromea Taís y todas estallamos en carcajadas, al concordar con eso.
—Oigan, cambiando un poco el tema. —Hago ademanes con las manos que expresan que les tengo un chisme—. Bratt me dijo que estuvo enamorado de alguien cuando iba a la universidad, pero que esa persona no le correspondió.
—¡Vaya! Ese recibió una cucharada de su propia medicina, se lo merece por puto —exclama Taís. La miro divertida. A veces creo que ella proyecta a su ex en Bratt, quien la engañó hasta con su prima y, desde ese evento tan doloroso para ella, odia a los hombres mujeriegos.
—¿Te dijo quién era esa chica? —pregunta Lilia. Me quedo mirándola con curiosidad, debido a que luce nerviosa de forma repentina.
—No. Me dijo que ya no vale la pena hablar de eso o algo así. El caso es que sospecho que él teme sufrir por amor...
—¡Serena, no! —Taís me apunta con advertencia—. No te atrevas a excusarlo ni a buscar razones a su comportamiento porque luego te llega la idea de que, si este se vuelve a enamorar, va a cambiar; entonces te me ilusionas y sales herida.
Me quedo en silencio mientras sopeso sus palabras. No voy a negar que esa idea me pasó por la cabeza, pero el ver a Bratt tan seguro de sus sentimientos, me hizo entender que este nunca se fijaría en mí de esa manera. Por lo tanto, creo que es momento de superar el pasado y reiniciar mis emociones. ¿Cómo haré eso? No tengo ni la más mínima idea.

