Matrimonio por negocio: Capítulo 34

Esta es la parte 36 de 43 de la historia Matrimonio por negocio

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Serena
Bien, esta es una cena muy particular, ya que nadie habla. Así es, después del estallido del abuelo, solo mis padres han tratado de buscar conversaciones en tono tímido, pero como que nada fluye aquí, la tensión es horrenda.
—¿Habrá algún cambio en nuestra familia como consecuencia de esta unión? —pregunta Linda de repente. Se ha roto el incómodo silencio, sin embargo, la cuestión de ella provoca más tensión de la que ya había. Como consecuencia de su imprudencia, todos nosotros la miramos sorprendidos.
—Si a "consecuencia" te refieres a que tu hijo perderá su cargo y, con ello tú el poder que ser una arrimada te ha concedido, pues no, todo seguirá como antes, Linda —responde Bratt con sorna.
—Disculpa, pero tengo más derecho que tú en esta familia. Solo eres un impertinente y bueno para nada. Si alguien aquí es un arrimado, ese eres tú.
Vaya...
La risa de Bratt resuena en el comedor con sorna y eso provoca la ira de la pelinegra.
—¡No seas ridícula, Linda! —espeta Bratt—. Llevo la sangre Nisson, tú no. Pero no te preocupes, a mí no me interesa heredar nada y esa es la razón por la que estoy invirtiendo para crear mi propio patrimonio; por lo tanto, no tienes que preocuparte por tu parte en la fortuna Nisson, ya que les quedará entera a ti y al pendejo de tu hijo —dice soberbio y con expresión rencorosa.
Algo en mi interior se remueve y tengo unas ganas inmensas de sostenerle la mano a mi amigo. Soy consciente de que él es grosero con su familia, pero yo lo conozco más que todas las personas aquí, y fui testigo de su dolor e impotencia cuando tuvo que soportar la humillación de parte de ellos, desde el momento que decidió estudiar medicina y en otras ocasiones en nuestra niñez. Creo que esa es la razón para que Linda y Jael no me agraden, aunque nunca hemos tenido ningún conflicto o enfrentamiento.
—¡Siempre tan iluso! —se burla Jael—. ¿Crees que porque eres doctor y trabajas en un hospital de mala muerte eres mejor que nosotros? Qué ignorante. Si no dependes de la fortuna familiar serás un muerto de hambre y Serena te quedará muy grande. Entonces, ¿por qué no mejor te buscas a una pobretona y vives en la miseria junto a ella? A menos que quieras tomar ventaja de la fortuna de tu “novia”.
—Yo no soy tu madre, que se metió con el tío para asegurar una vida de lujos sin tener que trabajar. A propósito, de cuándo acá te importa si me caso con Serena o no... ¡Oh, cierto! Tú siempre te interesas en todo lo que me pertenece a mí...
—¡Ya basta! —vocifera el abuelo mientras tira el tenedor contra la mesa con rudeza—. ¿Podemos terminar la cena en paz? El único dueño de la fortuna Nisson aquí soy yo, por ende, soy quién decide qué hacer con mi puto dinero. No me he muerto aún y ya se están peleando por la herencia. ¡Banda de cuervos! —Hace una mueca.
Me muerdo los labios para no reír y miro a Bratt por inercia, quien también lucha contra la risa. Él se percata de mi abstinencia, como respuesta, me mira con complicidad y me guiña un ojo.
—Nosotros no esperamos nada de los Nisson con este matrimonio —interviene mi padre—. Como ya Dino sabe, yo nunca casaría a mi turrón por negocio, así que por esa parte pueden estar tranquilos.
—Con todo el respeto que usted se merece, yo no estaría tan seguro de eso, señor Bell.
En el mismo instante en que Jael abre la boca para dirigirse a mi padre, mi mirada recelosa cae sobre él.
—¿Dices que mi papá es un mentiroso? —le devuelvo directa y sin máscara.
—Bella Serena, jamás haría tal cosa porque respeto mucho a tu padre; sin embargo, este matrimonio repentino me parece sospechoso, en especial porque he escuchado rumores —dice con una sonrisa maliciosa—. Algo así como que ya Um-diosa no puede sostenerse sola y es cuestión de tiempo para que sea destrozada por los buitres. Tan así, que nuestros inversionistas están en la mira, en caso de que puedan comprar a precio de rebaja.
Siento que la bilis me sube a la garganta, no solo porque sus palabras salen llenas de veneno, también por la expresión que ponen mis padres al escucharlo.
—Um-diosa es la micro empresa de los Bell, ¿cierto? —espeta Linda con sorna.
¿Qué? ¿Acaso dijo “microempresa”?
—Sí, algo parecido a una paletera, pero en el área de cosméticos —ironiza Jael.
—Entiendo. Entonces Bratt se casará con su amiga por lástima, porque en realidad ella no pertenece a nuestro estatus social —se burla la vieja esta.
¡Bruja!
—Maldita Linda —masculla Bratt con mirada de odio—. Lávate la boca cuando hables de Serena; vieja loca y fea. Es irónico que una trepadora como tú hable de estatus, ¿crees que no sé de dónde saliste, zorra?
Ay, no...
Esta cena es un desastre.
—Dino, yo no tengo por qué soportar las ofensas de tu nieto...
—¡Carajo, mujer! Tú empezaste a emanar veneno y, ahora que te respondieron, te quejas. Que no se te olvide que Bratt es mi nieto y, si no fuera porque este no quiso tomar las riendas de la corporación, sería él quien se estuviera preparando para tomar mi lugar; así que ya deja de hablar sandeces. Y tú... —Apunta en dirección a Jael—. Respeta a mis invitados. Les guste o no, ellos ya son parte de esta familia y tendrán el beneficio que a mí me salga desde lo más profundo de la verga. ¿Me entendieron?
Estos asienten en silencio y así se mantienen el resto de la cena, mas, la mirada de esa mujer encima de nosotros se percibe escalofriante.
 
***
 
—¿Te sientes mejor? —me pregunta Bratt. Hacen unos veinte minutos que nos subimos aquí arriba para escapar de la caótica cena. Ahora mis padres y el abuelo están conversando en la sala mientras nosotros observamos las estrellas en el techo de la mansión. En cuanto al par de víboras, no tengo ni la santa idea de a dónde se metieron.
—Sí —asiento; extiendo mi copa en su dirección para que me sirva más champaña.
—No quiero que termines vomitando a todos —dice mientras mira mi copa con duda.
—Solo un trago más y ya —imploro con un suspiro—. Necesito quitarme esta rabia que tengo por dentro. —Bratt me echa un poco—. No entiendo por qué se metieron con nosotros si nunca hemos tenido conflictos con ellos. ¿Qué les pasa? —Sorbo mi copa.
—Yo les paso —contesta—. Ellos de seguro creen que si te unes a la familia me representarás a mí en la corporación y, bueno, sabes lo inseguro que es Jael y lo mezquina de la madre. Pero no te preocupes, no permitiré que te fastidien.
—Ni yo tampoco les daré el gusto. Esta vez me agarraron desprevenida, mas en la próxima los pongo en su lugar. —Me recuesto de su hombro. Parece que el alcohol me está haciendo efecto porque me siento mareada.
—Serena, cuando nos casemos tendremos que vivir aquí, está en la cláusula del contrato —me informa con temor.
Ay, no...
—No quiero vivir aquí, Bratt. ¿Te imaginas tener que soportar a esos dos todos los días?
—No me lo imagino, lo vivo. —Se frota la cara y me acaricia el cabello al que tiene acceso, ya que me ha rodeado con su brazo derecho para acomodarme más a su hombro—. ¿Por qué crees que me la paso más en la cabaña o en el apartamento?
—Pues tendrás que llevarme contigo cuando lo hagas —digo berrinchuda y le olfateo el cuello. Creo que no estoy muy consciente de mis acciones porque estoy empezando a actuar raro. ¿Será el alcohol? Apenas me bebí dos copas.
—Eres libre de hacerlo cada vez que desees; es más, si quieres te doy las llaves desde ya. Recuerda que serás mi esposa, pecosa; además, eres mi persona favorita en todo el mundo. —Me besa la coronilla de la cabeza—. ¿Ya tienes sueño? Vamos a bajar, te ves cansada. No sé si te irás a casa de tus padres o te quedarás conmigo esta noche; lo último sería genial porque no quiero dormir solito.
—Me quedo contigo... —balbuceo. Dejo salir un bostezo y vuelvo a olfatearlo. Es que ese perfume es demasiado rico. Por un momento me siento aturdida y liviana, como si flotara en el aire, entonces mis deseos más profundos empiezan a inundarme la mente y un extraño escalofrío me recorre todo el cuerpo—. Bratt... —musito, arrastrando la palabra.
—¿Sí? —inquiere. Gira el rostro para encararme y, sentir su aliento cálido chocar en el mío, me hace entrar en un extraño éxtasis; entonces mi cuerpo obedece a mi corazón porque la conciencia se ha ido a dormir, como resultado a no tener barreras en este momento, hago algo que siento que estará mal luego: con la mirada conectada a la celeste de él, le agarro el rostro con mis dos manos y lo beso.

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