Serena
Siento que me voy a morir.
Me duele el estómago, tengo ganas de hacer el número dos, siento vértigos, escalofríos y temblores; asimismo, tengo la garganta reseca.
El labial en tono rosa tiembla en mi mano y sé que es debido a los nervios. Me miro en el espejo cuando me doy el toque final y una sonrisa nerviosa, que más bien parece una mueca de terror, me hace querer golpearme. ¿Con tan poco carisma me presentaré en la cena más importante de mi vida?
«No es real, así que no te estreses», me aconseja mi yo interior.
Y sí, no es real, pero no deja de ser terrorífico o quizás, eso es lo difícil del asunto, tener que fingir que somos una pareja que se ama cuando no es así.
Después de hacer muecas frente al espejo con la intención de relajarme un poco, me levanto de la silla y doy vueltas, orgullosa de la imagen que se refleja.
Para esta cena mi mamá bella me regaló un vestido azul marino, porque ella dice que ese color me queda perfecto y tiene mucha razón. Este tono se me ve hermoso. El vestido forma una equis desde mis pechos hasta los hombros, así que no tiene mangas. Es apretado hasta donde empieza el abdomen y suelto en una hermosa falda, desde la mitad de este hasta por encima de las rodillas.
Me he hecho ondas en el cabello y maquillado los ojos con sombreado negro, para que haga contraste con el rosa pálido de mis labios. Es un maquillaje distinto al que suelo hacerme, pero me gusta el resultado.
Tomo mi bolso sin cuerdas y plateado, que he combinado con unos zapatos del mismo color y con tacones de aguja, entonces salgo de la habitación.
—Pero ¡qué hermosa estás! —exclama mamá con emoción, y se abanica los ojos con las manos para que las lágrimas no le dañen el maquillaje. Ella usa un tono natural en estos y un labial de color cereza que le resalta los labios.
—¡Tú también estás hermosa! —elogio mientras le doy una vuelta en la que ella colabora con alardeos. Mamá lleva un vestido con escote de corazón y que le llega por debajo de las rodillas, de color verde aceituna.
Mamá es hermosa y luce muy joven. Todos concuerdan con que saqué su belleza, ya que mi padre no es tan galán que digamos.
—¡Qué bellezas! —vocifera papá al vernos—. Por eso soy la envidia en esta ciudad, puesto que en mi casa viven las dos mujeres más hermosas del mundo.
—Ayyy… —suspiramos las dos al unísono y nos damos un abrazo grupal que nos descompone un poco.
—Mi princesa bella, hoy darás un paso importante en tu vida. No sabes lo feliz que me hace que hayas encontrado el amor y, ¡quién mejor que Bratt! Él te conoce y te ama, aparte de que es un hombre visionario y trabajador; sé que estarás bien con él —dice papá ufano.
Ay, no…
Me siento horrible. Las lágrimas salen sin que yo pueda detenerlas, debido a que odio engañar a mis padres de esta manera. Ellos no se merecen que les mienta y es lo único que he hecho desde que regresé.
—No llores, mi amor. —Mi mamá me abraza, luego pasa los dedos por mis ondas y seca mis lágrimas—. Saulo, no la hagas llorar que va a dañar su maquillaje. —Ella lo regaña.
—Deja que me exprese, mujer —refuta con el ceño fruncido—. Además, gastas mucho dinero en esos maquillajes a prueba de agua, si la niña no tiene que use esos, que mucho que me han costado.
No puedo con ellos.
Rio con ganas y eso de alguna forma drena el nerviosismo que me tortura, aparte del sentimiento de culpa por mentirles a mis padres.
Papá ha alquilado una limusina que nos lleva a la mansión de los Nisson. Ellos se la pasan parloteando y riendo en todo el viaje; yo en cambio, estoy tensa, nerviosa y muy callada. Tengo ganas de tomarme un trago, pero ignoro la champaña que me tienta, debido a que soy mala bebedora y no quiero arruinar esta cena.
Rio dentro de mí ante lo caótico que sería eso.
Por fin llegamos y mis padres son los primeros en salir. Por mi parte, me apeo del vehículo y me encamino con pasos rústicos y postura rígida. Ya estamos dentro de la mansión, puesto que esta empieza en la acera de una calle cerrada con portones gigantes, como si protegieran a un imperio, y desde ahí queda un largo camino rodeado de árboles, similar a una carretera en un área rural, hasta llegar a la entrada de una edificación lujosa que parece un palacio.
El chofer es dirigido por un guardia de la mansión hacia el estacionamiento, mientras que a nosotros nos escoltan hasta dentro, empleados bien vestidos. Somos recibidos en una antesala por el mayordomo y algunas criadas que nos atienden, luego nos conducen hasta la sala principal donde se encuentran el abuelo, Jael, el primo de Bratt; Linda la madre de este, quien es yerna del abuelo; y por supuesto, mi amigo y novio falso.
Después de un caluroso recibimiento por parte del abuelo, un saludo superficial por parte de Linda y Jael, asimismo, un abrazo fuerte entre mis padres y Bratt, llega el momento de fingir que tenemos una relación. Es por esto que Bratt se me acerca con una actuación perfecta donde su mirada brilla con amor y orgullo. Yo, en cambio, me encuentro tan nerviosa que temo olvidarme de cómo respirar, así que eso es de lo único que me ocupo en este momento.
—Hola, mi amor. —Bratt me pega a su cuerpo y me besa la frente. Al instante, su colonia costosa inunda mis fosas nasales y me dejo embriagar por ese delicioso olor, al mismo tiempo que siento que mi ser se funde en el calor que emana de su cuerpo—. Lo estás haciendo perfecto, pecosa —me susurra en el oído, lo que provoca que los vellos se me ericen cuando su aliento choca con mi piel.
—¿Ah? —balbuceo, ida.
¿Qué es lo que estoy haciendo bien? Creo que me perdí de algo.
—¡Se ven tan enamorados! —espeta mamá conmocionada. Sus ojos brillan debido a las lágrimas acumuladas, asimismo, ella sonríe emotiva, como si estuviera viendo una gran cosa.
—Pecosa, ¿te he dicho que te quiero? —Bratt sigue metido en su papel. Me sostiene la mano con delicadeza mientras roza nuestras narices varias veces.
Tengo el presentimiento de que se está aprovechando de la situación.
—U-Un millón de veces… —tartamudeo de una manera horripilante. Tanto el abuelo, como mis padres, empiezan a suspirar y a reír mientras espetan lo linda que me veo nerviosa.
¡Carajo!
—Vaya… —musita Jael de repente—. Tanto tiempo estando juntos como uña y mugre que terminarán casándose. Me da curiosidad ese cambio repentino que tuvo Bratt; dime, Serena, ¿qué le hiciste para que cambiara su perspectiva hacia el matrimonio?
La manera casi burlesca en que dice todo, de alguna manera me molesta porque presiento que tiene mala intención.
—Es el efecto del verdadero amor, primito; pero qué va a saber un pendejo como tú acerca del amor. —Bratt responde por mí. Y obvio, aprovecha la oportunidad para atacar a su primo.
—Pendeja es Serena que se casará con el hombre más mujeriego de Diamond y para colmo sin futuro. ¿Crees que siendo un doctorcito le darás a Serena lo que se merece? —contraataca Jael.
—¿Sabes qué es lo mejor de no llevar una vida de apariencias, primito? —Bratt sonríe malicioso al hacer la pregunta que él mismo se responderá—. Que no necesito tener una fortuna aceptada por esta sociedad para ser feliz y vivir como me dé mi maldita gana. A diferencia de ti, que te la pasas lamiéndole el trasero al abuelo, haciendo lo que no te gusta y viviendo a voluntad de otros solo para querer demostrar que eres mejor que yo, pero eso ni en tus sueños más húmedos será posible.
Bueno, por lo menos no soy yo quien está arruinando la cena antes de que empiece.
—Dino, ¿estás escuchando al rufián de tu nieto? —se queja linda y noto la cara de hastío que pone el abuelo. Si mis sospechas son certeras, el abuelo no soporta a su yerna y se la aguanta porque no tiene otra opción, ya que le prometió a su hijo que así lo haría.
—Bratt, Jael; dejen de comportarse como unos mocosos del demonio. Hoy es un día especial y no pienso calarme a ninguno de ustedes —ordena el abuelo.
—Tienes razón, abuelo, hoy es tu…, ¡qué estoy diciendo!; hoy es nuestro día, el de Serena y el mío; así que ningún pendejo envidioso y resentido porque recibió el ser feo de los Nisson, a diferencia de mí que heredé la belleza de mi mami, aparte de que tampoco lo tengo chiquito como los de esta familia, va a arruinar mi celebración.
—¡Maldito infeliz! —espeta Jael mientras confronta a Bratt.
—Dino, dile a tu nieto…
—¡¡Maldición!! —explota el abuelo—. ¡Me van a provocar un infarto, banda de inmaduros y fastidiosos! ¡Malditos mocosos del demonio! ¿Es que nunca se llevaran bien? ¡Son primos no enemigos! ¡Y, tú! —Le apunta a Linda—. ¡No me jodas! ¿Bratt no está frente a ti? Me vas a causar una hernia en las bolas con tu “dile a tu nieto, dile a tu nieto”.
Todos nos quedamos tensos y en pleno mutismo ante el estallido del abuelo. Pero bueno, esta no sería una cena familiar sin este tipo de eventos, supongo. Ya que así son los Nisson. El abuelo nos pide disculpas a mis padres y a mí, también les advierte a sus nietos que se comporten como adultos y dejen su rivalidad.
Lo irónico de su pedido es que, desde que estos eran unos niños, fue él quien alimentó esa rivalidad y, ahora que le estalla en la cara, reclama y exige que estos se lleven bien de la noche a la mañana.


