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Ian
Soy del tipo de personas que prefiere evitarse los problemas y busca la manera de evadir una pelea, sin embargo, tengo ganas de hacer una excepción en este momento.
O sea, ¿quién se cree este tipejo que es para darme órdenes a mí? Peor, ¿en qué época se cree él que estamos para actuar como un cavernícola machista?
¿Que me aleje de su novia? ¿Tan inseguro se siente de su relación que tiene que espantar a todos los hombres que se le acerquen a ella?
Aunque, a juzgar por la última vez que vi a la pelirroja, ella estaba borracha en un bar y dispuesta a acostarse con un extraño. Supongo que el man está condicionado a que le pongan los cuernos y puede que sea por eso que actúa de esa manera tan paranoica y ridícula.
Pero no me importa, el tipo debe tener sentido común. Demonios, estamos en un hospital y yo estoy aquí porque le salvé la vida a su novia; mas, en vez de agradecerme, me ataca de esta manera tan infantil.
En fin, no tengo tiempo para esta pendejada.
—Disculpe, amigo —me defiendo—, pero yo no tengo ninguna intención de acercarme a su novia. Solo hice lo que cualquier persona haría si tuviera la oportunidad: le salvé la vida a su pareja y seguí a la ambulancia en mi moto. Y estoy aquí todavía porque estaba esperando a que vinieran los familiares y así irme a casa sin la preocupación de qué pudo haber pasado con ella. No sé por qué le estoy dando explicaciones, pero, para que esté más tranquilo y le dedique este tiempo a su novia en vez de a mí, le hago saber cómo son las cosas.
» No obstante, me atreveré a darle un consejo: si no se siente seguro con su pareja, esa relación no tiene futuro. Si tiene que estar amenazando hasta a un desconocido que nada tiene que ver con esa mujer, por amor propio y paz mental debería soltar eso.
El tipo suelta una carcajada sarcástica y luego me encara como si quisiera asesinarme con sus propias manos.
—¿Me quieres ver la cara de idiota o qué? Te acostaste con mi novia y la muy descarada me envió la fotografía de su gran hazaña. Por eso te lo advierto. Créeme, no te querrás meter conmigo.
¿Qué diablos?
¿Que yo me acosté con su novia?
De repente las imágenes vienen a mí y se unen como piezas de un rompecabezas.
Los insultos y acusaciones de parte de ella, la manera de hablarme como si fuera otra persona y luego esa fotografía donde yo sostenía su ropa, mas en ningún momento cedió a mis provocaciones.
Miro a este patán y sonrío divertido.
—Ahora que lo mencionas, tienes razón. Me acosté con una pelirroja despechada y lo hicimos tan rico, que todavía me excito cada vez que la recuerdo vibrar entre mis brazos. ¿Sabes qué? Te aconsejo que cuides a la hermosa mujer que tienes, porque, de la misma manera en la que tú te fijas en otras, existimos hombres que nos fijamos en ella.
Soy un maldito, lo sé, pero si la pelirroja loca le quiso hacer creer que durmió conmigo, yo no soy quién para desmentirla, en especial porque es obvio que solo le quería dar un escarmiento.
Lástima que ella está liada con este pendejo que no la valora. Ni modo, tendré que olvidarme de que esa mujer existe y evitarme un problema innecesario.
***
Bratt
—Bratt, ¿qué haces? ¿Por qué tardas tanto? —interpela Lilia, quien se ha devuelto para buscarme.
Miro a este cínico por última vez y le doy la espalda. Ganas no me faltan de golpearle la cara, pero por respeto a los padres de Serena y de que estoy en un hospital me contengo.
¿Cómo puede ser tan descarado?
Es decir, no me importa si Serena se lo cogió o no, pero ¿cómo se atreve él a alardear en mi propia cara que se folló a mi pareja? Ese es el colmo del descaro.
—Bratt, ¿me estás escuchando? —insiste Lilia. Asiento con una sonrisa fingida y le hago creer que le presto atención, pero la verdad es que mi mente está lejos de este lugar.
Me molesta sentirme de esta manera porque se supone que yo ya no tengo sentimientos por Serena, mas este fuego torturador no deja de quemarme por dentro, cada vez que imagino a mi pecosa gimiendo en brazos de otro hombre. Supongo que son celos de amigos, tampoco debo confundir las cosas.
Cuando llegamos a la sala donde tienen a Serena, visualizo a Amanda sentada en unos asientos, platicando con Taís muy animada, entonces siento un alivio que me tranquiliza. Si ellas dos están de lo más relajadas, es porque mi pecosa está bien.
—Bratt, cariño, gracias por agradecerle al joven por nosotros, estábamos tan preocupados por mi bebé que se nos olvidó darle las gracias por salvarle la vida a ella. Lo que ese chico hizo fue un gesto muy lindo y valiente —dice mi suegra con ojitos brillosos. Río en mi interior porque hice todo lo contrario a darle las gracias a ese cínico. De seguro estaba acosando a mi novia y por eso estuvo presente en el accidente.
—Para mí fue un placer. —Sonrío malicioso.
—Ese chico fue un ángel enviado por Dios —espeta Lilia con cara de tonta—. ¿Se imaginan que él no hubiera estado presente en el momento en que Serena cayó al lago?
Puedo percibir que todos nos tensamos. Lilia tiene razón, si ese cínico no hubiese estado allí, el panorama aquí sería diferente. Esa verdad hace que mi enojo mengue y me sienta un poco culpable por haber sido descortés, sin embargo, un tipo que se jacte por cogerse a la mujer mía, no se merece mi respeto.
—¿Ya la puedo ver? —pregunto tenso. Pese a que les expliqué a los padres de Serena lo que en realidad pasó con esa loca de Margot, aún me siento intimidado e incómodo delante de ellos.
—Sí, muchacho, pasa —me dice Saulo mientras sale a través de unas cortinas largas, que separan las camillas para darle privacidad a los pacientes. Mi suegro me palmea los hombros para animarme y yo entro con el corazón acelerado.
Me duele que mi pecosa crea que yo incumplí nuestro trato y le fallé.
—Cariño, es un alivio que estés bien. —Me agacho pegado a la cama y le sostengo la mano, pero ella la aparta de mí como si yo fuera la peste.
—¿De verdad te importa que yo esté bien, Bratt? —profiere con veneno—. A mi entender, a ti solo te importas tú mismo.
—Serena, estás errada en cuanto a lo que sucedió con Margot. Yo no me he visto con esa loca, te lo juro.
Me siento un imbécil. Las palabras se me traban, las manos me tiemblan y no logro pensar lo que digo con claridad. No puedo creer que haya maquinado tantas veces cómo le aclararía este malentendido a Serena y, ahora que estoy frente a ella, no encuentro las palabras adecuadas.
—Es que ya no sé si creerte, Bratt. Siempre sales con una sorpresita y arruinas todo. ¿Cómo vamos a solucionar este problema ahora? Tú y esa mujer están en boca de todos, y es cuestión de tiempo para que yo también lo esté. Lo peor es que aun así nos casaremos y yo quedaré como la gran pendeja.
—No será así, cariño —le aseguro. Me siento pésimo. No quiero que Serena pase por un mal momento por mi culpa y es lo único que he logrado desde que le propuse ese maldito acuerdo.
Este asunto pudo irse a peores y, si eso hubiese sucedido, no me lo hubiera perdonado nunca.
***
Serena
Miro a Bratt escéptica, pero triste a la vez. Quiero creerle, de verdad que sí; mas no me confío en que él no haya caído en los encantos de esa hermosa mujer.
Me siento la gran tonta porque todavía me duelen sus andanzas, porque ya no quiero que él me afecte como lo hace y porque se supone que mi reclamo debe estar dirigido a nuestro negocio, pero en el fondo sé que son puros celos.
«¿Hasta cuándo te tendré en mi corazón, Bratt? Ya no quiero sentir esto, sé que esta obsesión no es sana y estoy cansada de sufrir por ti. Ya no quiero, Bratt».
—Perdóname, Serena —pide mientras me mira con remordimiento. Sus ojos se tornan rojizos y las lágrimas empiezan a salir de ellos—. Si algo peor te hubiera sucedido o, si no hubieses sido sacada a tiempo de allí, yo nunca me lo hubiera perdonado. Pero te juro que yo no salí con esa loca. Solo acompañé a Ranier a tomarse un trago porque estaba muy estresado, sabes que él siempre se queja de su matrimonio porque nunca se pudo enamorar de su esposa.
»Incluso me quedé dormido y por eso decidimos irnos temprano. Luego apareció esa loca y me atacó porque ya no quiero tener nada con ella, debido a que me casaré contigo. Cometí el error de no llamarte al instante y explicarte lo que sucedió para que no malinterpretaras el asunto; quizás si yo hubiese pensado en poquito en ti, esto no te hubiera pasado. Perdóname, pecosa. Yo no sé qué sería de mí si te pierdo.
Bratt me abraza.
Las lágrimas mojan mis mejillas y me aferro a su cuerpo. Lo conozco demasiado como para saber que dice la verdad, por lo que no tiene sentido seguir torturándolo por algo que no fue su culpa. Solo queda arreglar el desastre y continuar con nuestro plan.
De momento, un leve recuerdo me visita, entonces el corazón empieza a latirme muy rápido y el estómago me da un tirón por la anticipación de lo que podría ocurrir, ya que puede que lo vea, es muy probable; pero ¿dónde está él?
—Bratt... —Rompo el contacto y lo encaro—. Alguien me sacó del vehículo y me llevó a la superficie cuando me estaba ahogando. Es posible que esa persona esté aquí. ¿Podrías decirle que venga? Necesito agradecerle por salvarme la vida —digo con la voz rasposa, debido a que tengo la garganta reseca. De manera instintiva y disimulada, me peino el cabello con los dedos porque me imagino lo horrible que me debo ver.
—Lo siento, pero el tipo a quien te cogiste, como la gran irresponsable que eres, ya se fue. Maldito cínico.
Cierto, Bratt debió reconocerlo por la fotografía que le envié.
—¿Por qué lo llamas así? —Frunzo el ceño, no solo porque lo ofende, también porque siento una decepción horrenda debido a que no lo veré. De verdad quiero darle las gracias.
«¿Es solo eso?»
Claro, ¿qué más va a ser?
—Porque, cuando le reclamé el que esté aquí después de haber follado con mi novia, el muy imbécil se burló en mi cara —responde con una mueca de disgusto—. ¿Puedes creerlo? Se vanaglorió de haberte follado.
¡¿Qué?!
Voy a proferir todo tipo de maldiciones en contra del bombón, mas me quedo en silencio por un momento. Nosotros no dormimos juntos, así que el bombón solo me siguió el juego.
La cara de Bratt es un poema cuando estallo en carcajadas. Río con tantas ganas que hasta las lágrimas se me salen.
—¿Te parece gracioso lo que hizo? —gruñe Bratt, como gatito enojado.
—Ay, cariño, solo actuó de esa manera para molestarte. Qué lástima que se fue, de verdad quiero verlo. —En el instante en que las palabras salen de mi boca, no me percato que he dicho aquello con añoranza, es por esto que me quedo alelada; mas, al cabo de unos segundos, el miedo me invade al entender que desee verlo con anhelo.
¿Qué rayos?


