Todos me miran sorprendidos, como si yo estuviera diciendo algo fuera de lo común.
—¿Te refieres a que quieres crear un producto para hombres? —pregunta uno de los jefes.
—Sí, eso mismo —respondo obvia.
—No lo sé, sería como quitarle la esencia a Um-diosa, que solo se trata de mujeres —replica él.
—No le quitaría su esencia, la fortalecería. —Todos me miran escépticos, haciéndome sentir que estoy diciendo una barbaridad—. Um-diosa se enfoca en nosotras, en nuestras necesidades y deseos. Las mujeres también amamos, por lo tanto, compartimos nuestras vidas con el objeto de nuestro amor, entonces, ¿por qué no crearle un compañero que requiera de nuestros productos?
—No lo sé… —Se rasca la cabeza y mira a todos como buscando apoyo—. Sería crear un producto desde cero, porque no es lo mismo un desodorante de hombre que de mujer, ya que ambos sexos tienen necesidades propias. Tendríamos que sacar una nueva marca, hacer estudios de mercado, etc.
—¡Por favor! Bien sabes que la separación por géneros es más por temas de marketing; sin embargo, quiero usar esencias diferentes a las acostumbradas y nuevos ingredientes. Crearíamos nuevos productos faciales y capilares para ambos sexos. Me gustaría un concepto pasional y emotivo.
—¿Qué hay acerca de los perfumes? —pregunta Rina.
—También. Para ella, olores suaves; para él, olores fuertes, pero que no molesten —respondo—. Quiero propuestas de ingredientes y esencias para dentro de dos semanas; cuando ya tengamos definido qué producto lanzaremos, trabajamos el concepto —concluyo—. Bien, ¡manos a la obra, chicos! —animo. Todos se levantan de sus asientos entre murmullos, mientras que yo enfoco la mirada en Bratt, quien me sonríe cuando se percata de que lo observo.
—¿Vamos a almorzar? —pregunta—. Van a ser las dos de la tarde y no hemos comido nada desde esta mañana —se queja.
—Claro. Lo siento mucho, el tiempo se fue volando y ni siquiera me percaté.
—No te preocupes, eso es porque te apasiona lo que haces y me encanta. —Me aprieta la nariz, esa acción me saca una sonrisa.
Bratt y yo almorzamos juntos y luego vamos a ver los anillos, puesto que en unos días anunciaremos la boda.
Un mes después…
En Diamond todos hablan acerca de la boda del momento, es decir, la mía con Bratt. A veces me siento rara con este asunto, otras, me emociono; sin embargo, saber que no es real le quita la belleza a todo. Este mes ha sido bonito y único porque Bratt y yo nos hemos acercado más, mamá y papá lucen felices y entusiasmados con nuestra unión y todo en la empresa está tomando su lugar. Mas, siempre aflora la culpa para empañar todo, ya que me recuerda que les estoy mintiendo a las personas más importantes de mi vida, mis padres.
***
Dos meses después…
Me miro en el espejo una y otra vez, incrédula de que sea hoy. Me casaré con Bratt; mi mejor amigo será mi esposo.
—Suspira, Serena, no te dejes controlar por los nervios —me anima Lilia mientras me ayuda con el maquillaje.
—Estoy bien, juro que lo estoy. —Inhalo y exhalo rápido y con desesperación, como si me estuviera asfixiando.
—Estás muy nerviosa y te entiendo —dice Taís—. Casarse con el perro no es un asunto sencillo.
—¡No empieces, Taís! —la corrige Lilia con el ceño fruncido y tono fuerte—. La pondrás más nerviosa.
Ellas empiezan a hablar sobre un tema que ignoro debido a que mi atención se centra en el vestido blanco que termina por debajo de las rodillas, con escote en forma de corazón. Me toco el cabello con cuidado para no dañarme el moño de lado que me han hecho y que está adornado con flores pequeñitas, de donde caen varios flecos ondulados. En cuanto al maquillaje, este es sencillo, con tono blanco perla, plateado y labial rosa.
—¿Lista? —pregunta papá cuando salgo de la habitación, al tiempo en que extiende su codo para que me enganche de su brazo.
Por mi parte, doy un suspiro y asiento con la cabeza, hecho esto, enredo mi brazo en el de él y camino junto a este; mis amigas y mamá, quien se limpia las lágrimas con un pañuelo para evitar que se le dañe el maquillaje, vienen detrás de nosotros, entonces nos subimos en la limusina que nos mandó el abuelo y que lleva el logo de los Nixon plasmado.
La boda se celebrará en uno de los jardines de la mansión, puesto que Bratt y yo decidimos hacer una ceremonia sencilla con amigos muy cercanos y la familia, por supuesto eso no le gustó al abuelo ni a mamá, pero gracias al poco tiempo con el que contábamos para preparar una boda, estos desistieron de hacer una gran celebración.
Al llegar, me toca esperar en una habitación la señal para salir al enorme y bien decorado jardín. Lilia y Taís son quienes me entretienen y les agradezco, porque de lo único que tengo deseo ahora mismo es de salir corriendo de aquí.
—¡Ya Bratt está en su lugar! —grita mamá, al entrar de forma repentina a la habitación—. Esto parece ser un sueño. ¡De verdad se van a casar!
Siento un jalón en el pecho al escucharla. Bratt está esperándome, él de verdad se casará conmigo. Esto me emociona tanto que me asusta, ya que no quiero ilusionarme con un matrimonio que no es real.
—Serena, llegó la hora. —La frase de parte de Lilia se siente como una sentencia y provoca un desajuste en mi sistema nervioso. Me seco el sudor que emana de mis manos en el vestido y me levanto de la silla, tomo el ramo de rosas blancas y respiro.
—Vamos, entonces —respondo con firmeza, mas, gracias a los nervios, la voz me sale temblorosa.
En la puerta me encuentro con papá, quien me sostiene de la mano, la besa y me sonríe. Esa es su manera de tranquilizarme y lo logra. Durante todo el trayecto hasta el jardín sus palabras me reconfortan y hasta me hacen reír, logrando con esto que me relaje un poco.
Observo las mesas cubiertas con manteles blancos y detalles dorados, decoradas con un hermoso centro dorado y rosas blancas. Hay flores en guindalezas, luces que darán vida a la fiesta al anochecer, un gran bufete y mozos parados en lugares estratégicos.
Más adelante, se encuentra una vereda con sillas en filas en cada lado y una mesa al frente con varios asientos decorados. La música de boda resuena en todo el lugar y las personas sentadas en cada lado ponen su atención en mí, que me encuentro al principio de la vereda junto a mi padre.
Me sonroja la manera tan linda de todos mirarme, como si yo fuera lo más hermoso que estuvieran viendo; pero lo que me emociona al punto de las lágrimas, es ver a Bratt al final del camino con esa hermosa sonrisa que me derrite el corazón. Con pasos torpes y lentos llego a él, entonces papá suelta mi mano, no sin antes abrazar a Bratt y a mí, para luego darnos su bendición.
Si tan solo esto fuera real…
—Hola, pecosa —susurra sonriente, como si el hecho de que vamos a casarnos no le afectara.
De verdad creí que me encontraría con un Bratt nervioso, desubicado y con expresión seria y preocupada; no obstante, él se ve en paz, feliz y risueño.
En fin…
—¿Listo para ponerte la soga al cuello? —bromeo divertida. —Listo —responde él, directo y seguro.


