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Serena
¡Estúpido Bratt!
Me dan ganas de estrangularlo con mis propias manos, luego besarlo hasta que no le quede aliento y violarlo. ¡Sí, quiero violarlo!
Me estoy volviendo loca.
Esto se está saliendo de control y ya estoy actuando como una desquiciada necesitada. ¿Por qué estoy enojada con exactitud? No le encuentro el sentido a mi ira e irritabilidad, pero así me siento y me es difícil actuar con prudencia. En fin, lo mejor que puedo hacer es no ver a Bratt en todo el día.
Es por esto que salgo de la habitación sin ganas de hacer las paces con él, no vaya a ser que a este se le ocurra que pasemos el día juntos y yo no tener un buen argumento para negarme.
Con respiraciones profundas y pasos rápidos, camino por el pasillo que me llevará hasta la cocina, ya que tengo ganas de un café antes de salir.
—¡Buenos días, bella Serena! No sé si deba llamarte cuñada, dado que Bratt y yo no somos hermanos —saluda Jael, quien ha salido de una de las tantas habitaciones que hay en este piso.
—Buenos días, Jael —le devuelvo el saludo por cortesía—. Con llamarme Serena es suficiente.
—Serena es un lindo nombre y te hace justicia, puesto que eres una mujer sensual y hermosa —dice con flirteo mientras acorta la distancia entre nosotros.
¿Qué le dio a este?
—Gracias... —mascullo entre dientes, al tiempo que enculo para recuperar el espacio que él invade.
—Solo digo la verdad, preciosa. No sé cómo es que una mujer tan bella e interesante como tú se viene a fijar en un parásito inservible como Bratt, y que, lo único que te puede ofrecer es su carita de galán. Sin embargo, yo soy capaz de darte hasta la luna.
Vaya, vaya.
Su comportamiento raro provoca que me pregunte, ¿desde cuándo yo le intereso a Jael?
—¿Qué quieres? —Me voy a lo directo porque no estoy de humor para las boberías de este tipo.
—Que recapacites y dejes al inútil de Bratt. —Vuelve a acercarse. Retrocedo de nuevo, pero, al no quedar espacio, choco contra la pared.
Esto no me puede estar pasando a mí.
—¿Tan poca personalidad tienes que necesitas desprestigiar a Bratt para sentirte superior? ¿Acaso no te da vergüenza estar coqueteando con la esposa de tu primo? —cuestiono indignada.
—No, porque te estoy haciendo un favor. —Se acerca de una manera que me provoca náuseas. Trato de alejarlo, pero él se impone, entonces intenta besarme.
Le voy a dar su merecido, mas este es empujado por Bratt y cae de bruces al piso.
—¡Maldito infeliz! —vocifera Bratt airado mientras lo golpea con ganas.
¡Ay, no!
—¡Bratt, ya basta! —Intento detenerlo, sin embargo, este está como poseído.
Gracias a mis gritos y las maldiciones de parte de ellos, los empleados vienen hasta dónde estamos y los separan.
—¡No te atrevas a volver a propasarte con mi mujer, buen cabrón! —amenaza mi amigo. Corro en su dirección aterrorizada y le reviso el rostro, pero él no tiene ni un rasguño—. ¿Estás bien? —pregunta preocupado mientras me revisa.
Tan lindo.
—Lo estoy, no te preocupes por mí. —Lo abrazo.
Ay, Bratt, cómo te quiero.
—¿Segura? Solo necesito que estés bien, cariño. —Me besa la frente—. En cuanto a ti... —Le apunta a Jael con el dedo—. Más te vale que te comportes porque la próxima vez no habrá quien te salve.
—¡Ah! ¡Mi niño! —El grito insoportable de la bruja de Linda se escucha en el pasillo de forma tortuosa—. ¿Qué te pasó, mi amor? —Le revisa los golpes—. ¿Quién te hizo esto? —pregunta con voz temblorosa, como si fuera el fin del mundo.
—Yo —responde Bratt con el pecho alzado—. Yo se lo hice por acosador, y corrió con suerte porque la próxima vez le arranco el alma. Es que este es el colmo, aparte de pendejo y fastidioso, es un maldito acosador.
—¡Ten mucho cuidado de cómo le hablas a mi hijo, infeliz! —Ella lo enfrenta mientras le apunta con su dedo índice. Está tan alterada que la piel se le ha vuelto roja y los ojos parecieran que se van a salir de sus cuencas, por abrirlos tanto—. ¿Acosador mi niño? ¿No será que "tu esposa" es una regalada cualquiera que se puso a provocarlo?
—¿Disculpe, vieja loca? ¡Ja! Pero ni en las fantasías de su hijo me atrevería yo a caer tan bajo. Tampoco me ofenda que no tengo tan mal gusto —ataco con todo mi veneno. Para mí es satisfactorio verle la cara de ofendida, puesto que aún tengo la espinita de la noche en que se atrevió a molestar a mis padres.
Bratt estalla en carcajadas y me jala por la cintura, entonces me da tremendo beso.
¿Ah?
¡Es un maldito tramposo! No puedo creer que esté aprovechando la situación para que se me vaya el enojo; si cree que me va a comprar con un beso...
Vaya...
Su lengua acaricia la mía y siento que me derrito cuando jugueteamos un poco con estas. Necesito que vayamos a la habitación.
¿Qué? ¡No!
—¿Qué diablos haces? —le susurro en el oído.
—Molesto a Jael. —Se ríe. Me es inevitable reír también.
Bratt y yo nos conducimos a la cocina mientras Linda se queda vociferando todos los insultos y amenazas que se le ocurren.
***
Después de ir a hacer varias compras, paso por Um-diosa a recoger unos documentos que necesito, para ir adelantando trabajo en estos días que no vendré a la empresa. Es que la ansiedad no me dejará tranquila si no siento que estoy haciendo algo productivo. Además, este descanso post matrimonial es solo parte del show, así que tampoco debo tomármelo en serio.
—¿Qué haces aquí? —cuestiona Nadia, mi bella y metiche secretaria—. ¡Es tu luna de miel! ¡Vete de aquí, Serena! —Digamos que nos tenemos confianza porque nos conocemos desde antes de yo irme de la ciudad, aunque nunca fuimos grandes amigas—. Deberías estar con tu marido, mujer.
—Solo vine por unos documentos y ya, tampoco es el fin del mundo. —Entorno los ojos.
—¿Para qué, Serena? —Se cruza de brazos y me juzga con la mirada.
—Solo quiero revisar unas cositas y ya, no es que vaya a pasarme la luna de miel trabajando. —Corro en dirección a mi oficina para que no me siga fastidiando, mas no me doy cuenta de que viene alguien en mi dirección, así que choco contra un cuerpo duro y grande.
—¡Mierda! —vocifera molesto. Levanto la mirada para pedirle disculpas, pero me quedo petrificada cuando me percato de quién se trata—. Tú... —Me apunta con el dedo y entrecierra los ojos.
El bombón asesino... ¿Qué carajo hace en mi empresa?
—¿Por qué estás aquí? —Arrugo el rostro y me cruzo de brazos también.
—Él es el modelo principal de la nueva línea para hombres —responde Dania por él—. ¿Acaso se conocen?
¿Qué?
Me quedo inerte en mi lugar ante esa información. No sabía que el motociclista asesino fuera modelo. Espera... ¡¿Va a trabajar para nosotros?!



