Matrimonio por negocio: Capítulo 27

Esta es la parte 29 de 43 de la historia Matrimonio por negocio

Bratt
Camino con nerviosismo hacia la universidad que se encuentra en otra ciudad, decidido, aunque muerto del miedo. Mis manos tiemblan de manera involuntaria como si todo un terremoto estuviera ocurriendo dentro de mi cuerpo y, sí; me parece que es eso lo que está tomando el control de mí en este momento.
A los temblores se le suman el exceso de sudor, las palpitaciones fuertes de mi corazón y la resequedad en la garganta. Esto es tan difícil; nunca antes me había encontrado en esta encrucijada y es la primera vez que abriré mi corazón.
El mareo y las ganas de ir al baño aumentan a medida en que me acerco al punto de encuentro. Tengo varios años sin verla en persona, desde aquella vez que lloramos abrazados porque seríamos separados, así que me imagino que mis síntomas somáticos y anímicos, se deben también a la emoción de tenerla frente a mí y palparla, y no tener que conformarme tan solo con escuchar su voz o leer sus letras.
En el pasado me encerré en mi cobardía y en el miedo que aquellos sentimientos inapropiados, según mi yo de antes, me provocaron; mas ahora estoy dispuesto a correr el riesgo y, si todo se tiene que ir a la mierda, ¡qué se vaya!, pero por lo menos lo habré intentado.
Miro a mi alrededor mientras trato de controlar mi respiración sofocada, para dar con aquel rostro con el que suelo soñar. ¡Allí está!
Sonrío al visualizarla debajo de un gran árbol, siendo parte de un escenario digno de un cuadro, donde ella sería la protagonista y la belleza que resalta en este. Me causa gracia la manera en la que esta insiste por mantener las hebras de cabello rojizo detrás de su oreja. Mi corazón da un brinco cuando noto que ella se lame los labios, que son rojos por naturaleza y que degusté por todo un verano, y su sonrisa al saludar a algún compañero que pasa por allí; asimismo, me enternece los sonrojada que lucen sus mejillas y la forma en que ese sonrojo combina a la perfección con sus hermosas pecas.
Sí, ella es la criatura más hermosa y tierna que he conocido y la causante de mis desvelos, de que todo el cuerpo se me estremezca con tan solo verla a la distancia y quien se ha robado mi corazón y, junto a este, mi cordura.
—¡¡Bratt!! —vocifera cuando me ve y corre en mi dirección.
¡Diablos!
Por más que quiero moverme no lo hago, tampoco me sale el habla.
Pronto, ella llega a mí y me observa de arriba a abajo con fascinación; acción y expresión que me motivan a hacer esto porque me da más confianza de mí mismo.
—Pecosa… —balbuceo casi inaudible. Ella me mira a la expectativa con esos ojazos de color miel que brillan maravillados, como si yo fuera la gran cosa. ¿De verdad ella siente lo mismo que yo?
—No puedo creer que estés aquí. Te ves… —Se lame los labios y se sonroja. Carajo, ¿acaso puede ser más linda?—. Te ves grande… —Suelta una risita que yo acompaño para disimular estos malditos nervios que me limitan.
—Tú también te ves más grande. —Paseo la mirada por todo su cuerpo y no sé por qué rayos me detengo en sus lindos senos, que están cubiertos con una remera blanca, a la que ella ha combinado con un suéter rosa sin botones.
Me imagino recorriendo esa piel blanca y sonrosada con mi boca, degustar sus pechos perfectos y deleitarme con sus gemidos melodiosos. Nunca antes había deseado tanto a una mujer ni tampoco asociado el sexo con los sentimientos, hasta este momento.
—Sí… —Oculta la mirada con vergüenza en sus facciones, al reparar en mi escrutinio atrevido y para nada disimulado. ¿Por qué tengo que ser tan idiota?
—Te he extrañado tanto, cariño. Ya la vida no es tan divertida como cuando estábamos juntos todo el tiempo.
Ella ríe divertida y supongo que es porque ha recordado alguna de nuestras andanzas. Serena y yo siempre hemos tenido esa complicidad que nos hace inseparables, pese a la distancia.
—Yo también te he extrañado mucho, Bratt —responde con timidez. Por un momento nos quedamos en silencio mientras conectamos nuestras miradas. Ahora mismo nada más que ella existe para mí y el ruido a nuestro alrededor ha perdido intensidad.
—Serena, mi amor. —La voz de un chico rompe nuestra burbuja y me saca de este hermoso trance.
Arrugo el rostro ante lo que podrían significar esas palabras, sumándole el mal sabor de boca cuando este la sostiene por la cintura y, para peor de males, la besa en la boca.
Siento que el suelo se torna inestable, al igual que mis piernas temblorosas y mis emociones. Y, aunque me hace daño verlos tan pegados, no puedo apartar la mirada de ellos.
Duele como el demonio.
—¿Él es tu amigo? —pregunta el intruso con una sonrisa fingida al detallarme sin ningún disimulo. Supongo que mi atractivo le ha causado inseguridad porque su agarre en la cintura de ella se intensifica.
—Sí —responde ella con emoción en el tono de voz—. Bratt; él es Nino, mi novio. —Esa era la frase que faltaba para confirmar lo obvio, también la que rompe mi corazón e ilusiones, y me hace quedar como un pendejo.
—Oye… —Siento que alguien me remueve con brusquedad, entonces salgo de mi letargo. Miro a mi alrededor y caigo en cuenta que todavía estoy en el bar y que parece que dormité por unos minutos—. ¿Acaso te emborrachaste con un solo trago? —pregunta Ranier y sorbe su Whisky.
—No, solo estoy cansado. —Bostezo.
—Me parece raro que no hayas ligado aún, ¿no me digas que te tomarás lo del matricidio en serio? Ya te veo aburrido de la vida y quejándote de tu esposa, sumándole lo cansado que se tornará el sexo al hacerlo con la misma mujer y en una sola posición; justo como yo.
Niego divertido y busco mi vaso para darme un trago, pero reparo en que este está vacío.
—Ya te dije que este matricidio, como tú lo llamas, es solo un acuerdo de negocios para que el viejo mañoso no me quite mi parte del hospital —gruño fastidiado. No sé por qué estoy de mal humor, pero ni modo.
—Si quieres nos vamos, te ves cansado —propone comprensivo—. Estabas hasta roncando mientras yo hablaba con la nada.
Asiento sin añadir más. No me había dado cuenta que me había dormido así. Ni siquiera recuerdo lo que soñé; me suele pasar eso de no soñar o, en caso de que lo haga, no recuerdo ni una mierda; sin embargo, sí es común que me despierte de mal humor y con desánimo, justo como ahora.
Salimos del bar mientras Ranier parlotea acerca de por qué le compra joyas a su mujer todos los meses y hasta le lleva diferentes animalitos como mascota; resulta que ella quiere tener un hijo, pero él no, y esa es la manera de este frenarla.
Miro el celular debido a que empieza a timbrar, pero rechazo la llamada al instante y se une a las treinta otras perdidas de parte de la loca de Margot, quien no ha dejado de acosarme desde que se enteró que voy a casarme.
Con una mueca de disgusto por tener que lidiar con esa lunática, camino en dirección al estacionamiento donde me despido de mi amigo y casi socio, mas cuando voy a abrir la puerta de mi carro, la voz fastidiosa y enojada de mi ex revolcón resuena en este lugar de manera insoportable.
—¡A ti te quería encontrar! —vocifera mientras sostiene una botella grande de licor y me apunta con su dedo acusador.
¡Demonios!

Matrimonio por negocio

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