Matrimonio por negocio: Capítulo 35

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Serena
Sus labios sobre los míos se sienten suaves, pero cosquilleantes; cálidos, pero abrumadores; me hacen sentir que estoy en casa, pero al mismo tiempo me desconciertan. Es similar a una bruma contradictoria que me atrapa y no me permite decidir qué sensación tener, por lo tanto, se mezclan todas.
Mientras el huracán de confusión estalla en mí, los movimientos de Bratt pasan de lentos a pasionales, como si él hubiese necesitado esto desde hace mucho tiempo. Entretanto, los recuerdos del pasado se muestran en mi mente como si no hubieran transcurrido trece años, desde la ocasión en que nos besamos por primera vez.
—Bratt... —balbuceo ida. Me temo que el efecto del alcohol es el causante de que me sienta extasiada, en vez del contacto en sí, porque, si soy sincera, este beso no se siente como lo recordaba.
—Pecosa, debemos ir a dormir —dice, después de que rompemos la unión de nuestros labios.
—Debo avisarles a mis padres que me quedaré contigo esta noche. —Noto que la voz me sale temblorosa. ¿Por qué ahora me asusta quedarme a dormir con Bratt?
Bratt se las ingenia para ayudarme a bajar, dado que estoy atolondrada y, una vez entramos a su habitación por la ventana, este me carga y me deposita en la cama.
—Tú descansa que yo les digo —sugiere. Busca una remera y un pantalón de él, que de seguro me quedará ancho, y me lo pasa; hecho esto, se me acerca, me levanta el mentón con dos de sus dedos y me besa la nariz.
—Bratt, acerca de lo que hice en el techo, yo...
—Sssshhh... —Soy interrumpida por su siseo y por el dedo índice que pone sobre mis labios—. No te mortifiques por eso, mejor descansa —dice con una sonrisa tierna.
No sé si es el efecto del alcohol, pero noto a Bratt raro y demasiado relajado. ¿Cómo puede estar tranquilo después de lo que hice?
¡Soy una tonta! ¿Por qué lo besé?
Bratt me acaricia la mejilla, enreda los dedos en un mechón de mi cabello y me da un beso corto en los labios.
¿Ah?
—Descansa, pecosa. —Esta vez me besa en la frente.
Bratt sale de la habitación para ir a decirle a mis padres que me quedaré con él, no sé si regresará de una vez, tampoco si él espera algo de mí. Temo a que haya confundido mi proceder y crea que me quiero acostar con él, porque si soy sincera, no deseo hacer eso ahora.
Me quito el vestido, el sostén y los zapatos, y me pongo la ropa que me prestó Bratt, que por cierto me queda grande. Decido ir al baño para lavarme la cara, puesto que no me acostaré con todo este químico sobre mi piel. Libre de maquillaje, siento el rostro relajado y fresco, así que sonrío satisfecha.
Me miro en el espejo y noto que estoy pálida, asimismo, que mis facciones lucen nerviosas. Me quedo un rato alelada mientras estudio cada detalle de mi cara.
—¿De verdad estoy borracha o solo tomé esa excusa para besarlo? —Suspiro. Me relamo los labios y me recojo el cabello en un moño improvisado, dado que no tengo una liga para atarlo.
Con pasos torpes regreso a la cama y me acurruco debajo de la sábana de Bratt. Sonrío al olfatearla porque huele delicioso…
—¿Te dormiste? —Escucho su voz, entonces me incorporo para mirarlo.
—Todavía. —Sonrío.
—Me daré un baño y vuelvo. —Me guiña un ojo, toma una ropa de pijama y se dirige al aseo.
¿Por qué me ha dicho que se dará un baño y volverá? ¿Acaso cree que haremos otra cosa que no sea dormir?
De momento me siento mareada.
¿Y si Bratt confundió lo del beso?
Ay, no...
«¿Quién te entiende? Es lo que querías», me recrimina mi yo interior, mas decanto en ignorarme a mí misma.
Los pasos de Bratt me sacan de mi ensoñación, entonces los nervios aumentan a medida en que él se acerca. Trago pesado cuando el colchón se hunde a mi lado y un escalofrío extraño me recorre por completo, en el momento en que él me jala por la cintura y me cubre con sus brazos desde atrás. Como respuesta, cierro los ojos y me dejo llevar por lo que el calor de su cuerpo me provoca y me es extraño que se siente tan normal, tan... ¿filial?
—¿Todo bien, pecosa? —pregunta, como si presintiera que algo me preocupa—. Creí que cuando saliera del baño estarías rendida.
Me acomodo para quedar a su lado y de esa manera poder encararlo, luego lo miro a los ojos y le acaricio el cabello.
—Me siento mal por lo que hice, no quiero armar una confusión entre nosotros ni arruinar nuestro... —No termino de hablar porque la boca de Bratt me calla.
¿Qué demonios?
Quiero romper el contacto, sin embargo, él se me sube encima y me agarra por las muñecas.
—Bratt esto está mal, no debemos —advierto con miedo mientras forcejeo.
—Pero es lo que quieres, Serena. Siempre me has deseado, ¿acaso lo olvidaste? —replica. Él me besa el cuello, al tiempo que me acaricia los muslos; por mi parte, me mantengo rígida.
—Ya no, Bratt. No quiero sufrir más. —Las lágrimas emanan de mis ojos y esbozo un suspiro doloroso.
—Puede ser, pelirroja loca, que quién te guste ahora sea yo.
¿Ah?
Lo miro por instinto y ahí está él. De inmediato, mi corazón palpita muy rápido y mi respirar se torna tan fuerte, que es lo único que se escucha en la habitación.
Me encuentro con su mirada exótica, que me escudriña con esa diversión que me pone a la defensiva y me hierve la sangre. ¿Qué hace este idiota aquí?
—Vine porque me llamaste —responde rápido.
—¿Qué? ¿Ahora lees la mente? —pregunto irónica.
—La realidad es que yo estoy en tu mente, pero tú no quieres aceptarlo.
Despierto de golpe y miro a mi alrededor sofocada, mas no hay nadie más que yo en la cama; en la mía, por cierto.
¿Qué carajos pasa?
La puerta se abre y Bratt entra con una taza en la mano, entonces se sienta frente a mí.
—¿Sucedió alguna cosa? —pregunto confundida—. ¿No se supone que dormiría contigo?
Bratt me mira raro y me acaricia la mejilla.
—Dijiste que no querías, ¿lo recuerdas?
—No recuerdo eso, Bratt.
—No lo dudo, fue cuando te bebiste la tercera copa. Después de eso me invitaste a tu casa y me vine con ustedes; no te imaginas lo difícil que fue bajar contigo del techo. Luego de que te caíste varias veces, vomitaste, así que te tuve que echar agua en la cara. Te puse mi ropa y caíste rendida en mi cama, razón por la que te tuve que cargar hasta que llegamos —habla rápido, como si se sintiera incómodo contándome acerca de mi ebriedad o teme que se mencione alguna otra cosa. De momento, la imagen de Bratt y el bombón asesino encima de mí me visita.
Entonces todo fue solo un sueño, o más bien, una pesadilla.
Espera...
Aquí falta un evento.
—Antes de eso, ¿qué sucedió, Bratt? —pregunto con voz temblorosa.
—Nada especial, hablábamos de Jael y la bruja de su madre.
—¿Seguro que solo fue eso? —insisto. Necesito saber si nos dimos ese beso o si también lo soñé.
—La borracha aquí eres tú, no yo. Ya te veré mañana con dolor de cabeza. —Siento que ha evadido el tema.
Conozco a Bratt y sé que está nervioso. Algo oculta porque también me está evadiendo la mirada.
Él me pasa la taza con cuidado a que no me queme y me tomo el té que, de seguro preparó Rosita, y cuando termino de sorber, lo miro con firmeza y le pregunto:
—¿Yo te besé antes de la tercera copa?

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