Matrimonio por negocio: Capítulo 32

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Serena
Dado que los golpes que recibí en el accidente fueron superficiales, me dieron de alta al día siguiente. Por supuesto, mis padres se volvieron sobreprotectores y me trataban como si yo estuviera lisiada; pero ya he retomado mis responsabilidades en la empresa y mi libertad en casa, porque sí, parecía una prisionera allí con los cuidados exagerados de mis amores.
—Me alegra que el asunto de Margot se haya aclarado —comento mientras me como una fresa. Bratt me invitó a su cabaña para que pasemos la noche planeando la cena que tendremos mañana en la mansión Nisson, donde nuestra familia confirmará nuestra alianza y pondremos la fecha de la boda.
—El abuelo la presionó para que desmintiera los rumores que ella misma alimentaba —responde él, y toma una de mis fresas y se la echa a la boca—. ¡Ah! Está agria... —se queja y hace una mueca. Por mi parte, estallo en una sonora carcajada.
—Están perfectas —refuto y me acurruco en su pecho, luego enfoco mi atención en las estrellas. Como de costumbre, nos encontramos en la hamaca arropados con una frisada grande y disfrutando de la belleza de la noche. Esta vez me dio deseos de comer fresas, así que fuimos al súper para comprar la frutilla y otros menesteres.
—¡Ah! Por eso no suelo comer esta fruta, la mayoría de veces está agria. —Hace una mueca y no puedo evitar sonreír ante su niñería.
Extrañaba tanto estar así con él, bajo esta tranquilidad y fuera de los conflictos y confusiones. Cada día que pasa siento que mis sentimientos por Bratt toman un tono diferente a lo que creí y eso ha hecho que nuestro acuerdo sea más llevadero y objetivo.
—Te quiero mucho, pecosa —salta él de forma repentina.
—Yo también te quiero, perro —respondo maliciosa.
—¿Hasta cuándo me dirás así, pecosa? —Me pellizca la nariz.
—No lo sé, cariño. Quizás hasta que me convenzas de que ya no lo eres. Aunque, ¿sabes qué? —le pregunto y él me presta atención a la expectativa—. Creo que ese sería un bonito apodo, ya que te va muy bien: "perro".
Río con ganas, mas él hace muecas de sorna mientras repite lo que digo e imita mi voz, acto seguido, me ataca con cosquillas. Mi risa anormal estalla entre ruegos de que pare, mas esta es combustible para él seguir haciéndome cosquillas.
 
***
 
Ian
¡Hasta que por fin terminó esta mierda por hoy!
Me voy rápido al camerino para quitarme este espantoso maquillaje y esta ropa ridícula. Me doy un baño para relajarme y salgo fresquecito del set. La nostalgia me aborda al mirar el estacionamiento y no ver a mi bebé parqueada, entonces hago una cuenta mental de cuánto tiempo me falta para regresar a Diamond y suspiro al caer en cuenta que no llevo ni un mes aquí, aunque siento que tengo años.
Ni modo.
Saco mi teléfono para llamar a Laly y retomo mi andar; hoy me iré en bus y así me entretengo con el panorama y quizás encuentre esa inspiración que he perdido, gracias a los múltiples rechazos que he recibido desde que me gradué.
—¿Aló? —responde Laly desde la otra línea. Su voz se escucha rasposa y soñolienta, así que es probable que ella haya estado dormida hasta esta hora. Miro el reloj y me percato de que es casi medio día, entonces me preocupo un poco porque ella es una madrugadora empedernida.
—¿Todo bien? —pregunto con tono preocupado.
—Sí, mi amor. —Bosteza—. ¿Qué hora es, mi cielo? —Se escucha atolondrada.
—Casi medio día. Creí que a esta hora estarías metida en la cocina como de costumbre. Ummm..., extraño tu deliciosa pasta y arroz con camarones.
"¿Ese es Ian?”, se escucha lejos, pero reconozco esa voz sabrosona.
—Sí, Yesi, es mi niño —le responde Laly y luego empieza a susurrar. Me dan ganas de reír porque ella piensa que no la estoy oyendo y puedo apostar que ha puesto la mano en el teléfono dizque para que yo no la escuche—. Debe estar preocupado porque me he despertado tan tarde. No te atrevas a decirle que me fui de rumba con la Leslie y que llegué de madrugada.
"Cómo crees, mami Laly. Yo calladita como tumba, pue. Y dígame, ¿es cierto que bailaron hombres encuerados en la fiesta?
¿Qué rayos?
Frunzo el ceño y suspiro para no perder la compostura. Ah, pues, Laly se ha vuelto una sinvergüenza después de vieja.
—Yesenia, Laly; las estoy escuchando a ambas —digo serio. El silencio en la línea me confirma que estas se han quedado pasmadas y asustadas, hecho que me provoca risa, mas la reprimo.
Al cabo de unos segundos de silencio, Laly estalla en carcajadas.
—¡Ay, mijo! —exclama y vuelve a reír—. No me vayas a regañar, solo salí a divertirme un rato.
—Viendo a hombres desnudos —digo serio y con el tono tenso—. ¿En qué antro de mala muerte estabas? Debes cuidarte y no estar en lugares extraños.
—¡Ian, yo no fui a esa fiesta! —Al parecer Yesenia le ha quitado el teléfono a Laly de las manos, para darme explicaciones que yo no le he pedido.
—Hola, Yesenia. No te preocupes, eres libre de ir a donde desees, pero Laly tiene que cuidarse y no estar bebiendo mucho alcohol, que estoy seguro que lo hizo, porque ella toma varios medicamentos —le aclaro de manera diplomática, que me importa un carajo si ella fue a la dichosa fiesta o no.
—Entiendo... —dice con tono decepcionado, como si esperara más de mí—. Ian, ¿cuándo vendrás a hacernos la visita?
—Debo ir pronto porque Laly necesita hacerse su chequeo anual. Desde que termine con un contrato que tengo, voy a visitarla. —Espero que hablar en singular y, con el enfoque en Laly, la haga entender que ella no está incluida.
No es que yo sea un insensible, bueno, tal vez lo soy un poco; pero es que Yesenia es muy ingenua, insistente y enamoradiza. Cualquier palabra o acción que diga o haga, ella la puede tomar de la manera equivocada y sufrir en silencio, al descubrir que las cosas no resultaron como esta esperaba. Ya me pasó una vez con ella y no quiero que eso se repita, porque sé que esta aguarda la esperanza de que yo algún día le corresponda y me temo que eso no pasará.
Yesenia es una buena chica y, a pesar de su ingenuidad, ella es inteligente y estudiosa. Sin embargo, no me gusta y no creo que eso cambie. Ella es demasiado complaciente e ingenua para mi gusto. A todo dice que sí, nunca me lleva la contraria y se esfuerza demasiado para ser aceptada por mí. Eso me aburre y hasta cierto punto me fastidia.
A mí me gusta ver un poco de malicia en la mujer, que me lleve la contraria de vez en cuando, que exprese lo que realmente piensa o siente sin miedo a que yo la rechace y que no se trague mis mierdas solo para que yo no me moleste. Qué sé yo, me gusta que la persona con la que estoy se sienta libre conmigo y se muestre tal cual, aunque discutamos de vez en cuando.
Además, ella lo entrega todo de una sin dejar lugar a la expectativa. Por lo regular a mí me gustan los retos y, mientras más difícil me resulta, más me intereso. Así que yo no soy el hombre para ella ni ella la mujer para mí. Sé que Yesenia es una gran persona y se merece a un hombre que la ame y valore tal cual es ella; yo no soy ese hombre, así que supongo que Yesenia es demasiado buena para mí, literal.
—Entiendo, te pongo a tu mamá —dice decepcionada. Me alegra que lo esté porque de esa manera termina de entender que no tiene esperanzas conmigo.
Continúo hablando con Laly hasta que llego a la estación del autobús. Cuando me subo, escucho mi nombre, entonces miro en dirección de quien me está llamando. Sonrío cuando vislumbro a Jazmín, la maquillista que contrató la empresa donde estoy modelando.
Ella deja de mover las manos cuando me le siento al lado y puedo notar un leve sonrojo que me hace sonreír con coquetería.
—No sabía que un modelo como tú tomaba el autobús —comenta con una sonrisa maliciosa.
—Para que veas que no todo lo que brilla es oro —le devuelvo con mi gesto seductor que ella capta.
Jazmín es una chica simpática que ha logrado sacarme buenas conversaciones en el set. Ella se muestra un poco sarcástica y hasta insensible a veces, pero hay algo en su forma de ser que me gusta, aparte de que se ve bien.  Me encantan las pelirrojas y, aunque Jazmín se tintó el cabello, el rojo le queda bien, así que estoy a un pelo de responderle a las indirectas que me ha tirado.
—Es la primera vez en tantos días que terminan una sesión tan temprano —dice de repente y sé que lo hace para buscar conversación.
—Sí, es que solo eran unas cuantas fotografías para completar —contesto sin mucho interés—. A propósito, tengo la curiosidad, ¿esta es tu primera vez trabajando para un proyecto como este?
Ella me mira sonriente y asiente.
—Es la primera vez que me pagan por mi arte y que puedo dedicarme a lo que me gusta. Antes hacía todo tipo de trabajos para sobrevivir, pero todo lo que quería era maquillar, esa es mi pasión. Toqué varias puertas, hice demostraciones públicas y en línea, participé en concursos y regalé mi trabajo por un tiempo, eso me abrió las puertas que otros me cerraron, y aquí estoy.
Escucharla me confronta de alguna manera. ¿Debería hacer eso yo? ¿Debería regalar mi trabajo por un tiempo, seguir participando en concursos y hacer publicaciones para darme a conocer? Todo eso suena bien, pero he recibido tanto rechazo que temo.
—Me alegro de que estés trabajando en lo que te gusta. Ahora que conozco lo luchadora que eres te admiro más. —Esto lo digo con coquetería, pero también con sinceridad. Admiro lo que ha logrado por su propio mérito.
—Gracias —responde sonrojada—. Oye, voy a cocinar para el almuerzo y no quiero comer sola, ¿por qué no me acompañas?
Sonrío ante el significado de eso y se me estremece todo el cuerpo por la anticipación. Por fin tendré sexo.
Por supuesto acepto y nos vamos a su apartamento. Después de que comemos y conversamos un rato, sale a flote la verdadera intención de esta invitación. Dejo que sea ella quien tome la iniciativa, así que no hago nada, aunque ya se siente la tensión sexual en el ambiente con insinuaciones sutiles, roces y risas coquetas.
Ella ríe de un mal chiste que hago y me palmea el hombro, entonces giro el rostro para que quede a su alcance. Todo sale de acuerdo a mis cálculos, así que ella me besa. El beso empieza con timidez y lentitud, pero al cabo de unos minutos, sale el fuego que nos ha llevado a esto y el beso se torna pasional y sin vergüenza.
Con respiraciones agitadas y ansias, nos encaminamos a su habitación y, no bien estamos adentro, que ya estoy medio desnudo. Ella me acaricia el torso y se muerde el labio inferior sugestiva, como si me dijera con los gestos lo mucho que le gusta lo que está viendo.
Es mi turno para refrescar la vista, así que le quito la blusa. Un lindo sostén negro cubre sus pechos pequeños y se me hace agua la boca porque ya quiero saborearlos. Por tal razón, los libero con ansias y empiezo a jugar con ellos. Cuando sacio mi curiosidad y ganas de estos, le quito el pantalón y ella me ayuda con el mío.
La cargo por la cintura y la pongo encima de la cama, entonces terminamos de desnudarnos y nos seguimos acariciando de forma atrevida. Esta mujer me gusta un poco, pero no lo suficiente para compartir ciertas cosas, así que decanto por estimularla con los dedos y besarle el cuello, ombligo y senos. Cuando me aseguro de que tiene su primer orgasmo, es mi turno para saciar esta hambre de sexo que me ha tenido malhumorado, asimismo, desestresarme un poco.
Después de usar uno de los preservativos que, siempre llevo en los bolsillos y que cambio cada cierto tiempo, la embisto duro y con ganas mientras le succiono y muerdo los pezones, cosa que a ella la hace gemir con fuerza. Doy estocadas gustoso, disfrutando de la exquisitez que las frotaciones y el movimiento de cadera me brindan, al entrar y salir con euforia.
Mierda, cómo extrañaba este placer.
Pronto entro en un trance donde siento que pierdo las fuerzas y mi cuerpo es embargado por un cosquilleo electrizante, así que grita ansioso por descargar todo, entonces lo hago; estallo con un gruñido que inunda la habitación y se une a los gemidos de mi amante.
El alivio me hace temblar, entonces caigo en la cama sofocado, sudoroso y satisfecho.
Ella me abraza y, aunque me molesta su cercanía ahora y todo lo que quiero es pasar los efectos del orgasmo tranquilo, dejo que lo haga para no hacerla sentir mal. Ahora que me siento satisfecho, me da pesar haberme acostado con esta mujer y un vacío raro me inunda el pecho. Entonces, la imagen de una pelirroja de nacimiento, con pecas en la mejilla, ojos de color miel y labios rojos, se cuela en mis pensamientos y me hace sentir culpable.
No puede ser...
¡Con un demonio! ¡A mí no me puede estar pasando esta mierda!

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