Matrimonio por negocio: Capítulo 17

Serena
¡Más idiota imposible!
¿Cómo es que carezco de tacto para dar tremenda noticia?
—¡¿Qué diablos?! —espeta Taís con tono alterado—. Serena, con eso no se juega.
—¿Fue Bratt quien te dijo que nos asustaras así? —pregunta mamá atolondrada aún.
—No es una broma, me casaré con Bratt. Por cierto, Taís, ¿qué haces aquí tan temprano?
Ellas me miran con recelo, supongo que es por la forma tan desinteresada en la que trato el tema.
—No es una maldita broma… —razona Taís mientras estudia cada uno de mis movimientos.
—¿Estás segura? Yo creo que sí lo es —replica mamá con voz temblorosa.
—No lo es, Amanda —responde sin dejar de mirarme. Por mi parte, me quito los zapatos y me tumbo en el sofá—. Si lo fuera estuviera tratando de convencernos de que no lo es, sin embargo, ella está muy tranquila, demasiado diría yo —deduce. Vaya, me asusta lo mucho que Taís me conoce.
—Serena… —masculla mamá mientras me observa con una cara rara a la que no le encuentro descripción, solo sé que ha virado los ojos y hace una mueca muy peculiar.
—Necesito café, quizás un trago. No me he casado aún y ya quiero asesinar al novio —digo de lo más natural. Me levanto del sillón y camino en dirección a la cocina; Taís y mamá me siguen hasta allí.
—Serena, ayer me dijiste que solo veías a Bratt como a un amigo y hoy te apareces con un anillo de diamantes. ¿Podrías explicarnos cómo sucedió esto?
—Sencillo… —mascullo, al tiempo en que me echo café en una taza. Rosita me pasa una rosquilla y yo le tiro un beso de agradecimiento. Esa mujer siempre sabe lo que yo quiero, por eso la amo—. Como ya saben, Bratt y yo fuimos a cenar anoche, luego él me dijo que es tiempo de sentar cabeza y formar una familia, que es lo que anhela hacer ahora.
—¡Qué tiene eso que ver contigo! —espeta Taís. Creo que ha empezado a alterarse.
—Bueno, Bratt me dijo que está enamorado de mí, que siempre lo estuvo. Según él, salía con todas esas mujeres para llenar el vacío que yo le había dejado en su corazón.
—¿Te das cuenta que estás repitiendo la misma estupidez con la que salió Lilia? —me cuestiona Taís, al tiempo en que entrecierra los ojos.
—¡Qué casualidad! —Estoy consciente de que he sobreactuado mi “sorpresa”—. A propósito de Lilia, ¿no se quedó a dormir anoche? —cambio el tema.
—No. Sabes que ella tiene limitaciones por los niños. Se fue anoche temprano —responde mamá. Me siento incomoda con su escrutinio raro y temo que se dé cuenta de que todo es una farsa. Sé que ni ella ni papá me apoyarían, debido a ellos no están de acuerdo con los matrimonios por conveniencia como se acostumbra en esta ciudad. He sabido que papá ha rechazado buenas ofertas de negocios solo porque incluían una alianza nupcial.
—Bueno, estoy cansada, Bratt no me dejó dormir anoche… —Siento la mirada de Taís traspasarme al escucharme y me pongo nerviosa.
—¿Por qué te vas a casar con ese perro de dos patas, Serena? —me cuestiona Taís con expresión sombría. Respiro hondo y la encaro, tratando de que mis gestos luzcan convincentes.
—Porque lo amo. Yo he vivido todos estos años ocultando mis sentimientos por él y engañándome a mí misma. Creí que Bratt no me correspondía y por eso sufrí a escondidas, porque otras mujeres ocupaban mi lugar. En el momento en que Bratt me confesó sus sentimientos, todas mis barreras se cayeron, por tal razón, no pude seguir reprimiendo mi amor por él; yo amo a Bratt Nisson y me casaré con él.
—¡Qué hermoso! —espeta mi mamá conmovida. Sus ojitos de color miel brillan emocionados mientras ella sonríe y suspira.
Me siento pésimo por mentirle, pero no tengo otra opción.
—Serena, tú no eres una mujer que toma decisiones a la ligera. Estamos hablando de Bratt, el tipo que se acuesta con medio mundo. Entiendes que serás una cornuda, ¿cierto? —insiste Taís.
—Ya te dije por qué lo hacía. Bratt va a cambiar por mí. —No puedo creer que yo esté diciendo tremenda estupidez.
La risa de Taís me descoloca. ¡Carajo! Qué difícil de convencer me salió esta niña. No la culpo, yo también reaccionaría como ella si mi amiga me saliera con esta locura.
—Serena, ni tú te lo crees. —Vuelve a reír.
Decido ignorarla y me dirijo a mi habitación, una vez me siento segura en esta, me tiro en la cama y empiezo a patalear.
¿Qué es lo que estoy haciendo? Anoche todo parecía fácil, pero ahora que tengo que enfrentar a las personas importantes de mi vida, este asunto se torna incómodo y muy difícil.
 
***
 
No he hablado con Bratt desde ayer, que fue cuando me dejó en la casa y me dijo que él se encargaría de lo demás. Papá se enteró de la noticia por las fotografías donde Bratt me ponía el anillo, que circularon ayer por las noticias de chisme y farándula.
Todavía él se encuentra escéptico con mi explicación y por eso me estoy preparando para ir a hablar con Bratt; necesito que me diga cuál será el paso siguiente y que cuadremos la conversación con mis padres y el anuncio oficial.
Ya el sol se está empezando a ocultar, así que supongo que Bratt está terminando con sus pacientes, a menos que hoy le toque guardia en el hospital.
Desde que llego, pregunto si Bratt aún está en el hospital y me dicen que acaba de terminar con su último paciente, así que me dirijo hacia donde queda su consultorio. Capta mi atención que su secretaria no está en su lugar y un malestar extraño me embarga.
«No seas irracional, Serena, puede que esté en el baño u otro lugar», me reprende la conciencia.
Camino de un lado a otro con nerviosismo y empiezo a sudar frío. Miro la puerta una y otra vez, con gana de traspasarla y salir de esta incertidumbre de una vez y por todas, pero mi parte racional me lo impide.
Trato de relajarme y decido respirar profundo para calmarme, pero al cabo de unos minutos la ansiedad es insoportable, por tal razón, decido acabar con esta tortura y aprieto la manija de la puerta. Para mi sorpresa esta se encuentra asegurada, así que, pese a que aplico más fuerza e insisto en abrir la maldita puerta, esta no cede.
La desesperación y angustia se adueñan de mí, entonces empiezo a tocar como desquiciada.
—¿Serena? —Un sorprendido Bratt se muestra frente a mí cuando abre la puerta y me observa como si yo estuviera loca—. ¿Qué demonios estás haciendo? —profiere.
Lo ignoro por completo y entro al consultorio. Busco con la mirada a la bruja esa, pero no veo a nadie más que a Bratt, entonces suspiro de alivio y lo siguiente que siento es vergüenza. ¿Qué acabo de hacer?
—¡Achú! —Enfoco la atención en el estornudo procedente del rincón donde está la camilla y que es tapado por la cortina verde.
Bajo la atenta mirada de Bratt, ruedo la tela y me quedo estática con esta en la mano, al descubrir a su secretaria allí sin camisa.
—Solo le hacía un chequeo… —musita Bratt con voz apagada. Hago una mueca irónica y suelto la cortina, entonces me acerco a él y lo miro directo a los ojos.
—Yo me follaré a un tipo que esté más bueno que tú y te mandaré fotografías como recordatorio, maldito infeliz —dicho esto, camino deprisa lejos de ese maldito consultorio, lejos de él.

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