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Serena
Me siento eufórica, feliz, poderosa y muy cachonda; pero al mismo tiempo, estoy débil y por momentos siento que me duermo.
—¿A dónde me llevas, bombón...? —balbuceo en su cuello. Olfateo su rico perfume y le lamo la oreja, luego estallo en carcajadas.
—Deja de calentarme, pelirroja. —Lo escucho reclamar.
Siento que me duermo y que floto en la oscuridad, pero el frío en mi cuerpo desnudo me despierta.
—¿Qué haces? —pregunto atolondrada, al verme en ropa interior.
—Te quito esa ropa sucia y hedionda. —Se da la vuelta y busca algo que ni idea.
Empiezo a dormirme, pero sus manos en mi cabeza me traen en sí. Me está poniendo alguna ropa que se siente suave y fresca en mi piel.
—No quiero que me vistas, quiero coger... —Me quito la prenda que me puso y que, si mi percepción no me falla, creo que es una remera; cuando me veo libre de esta me le lanzo encima y le lamo el cuello con desesperación.
—¿Qué diablos haces? —me recrimina, pero yo lo ignoro.
—Bésame, perro, así como besas a tus zorras. —Busco sus labios, mas este mueve el rostro y me aleja, empujándome los hombros con las manos.
—¿Qué zorras? ¿De qué hablas? —pregunta como si de verdad no supiera a qué me refiero. Aparte de cerdo, actor.
—¿Por qué conmigo no y con ellas sí? Dime, puto. Solo eres un cerdo, un perro cochino e infiel. ¿Por qué me haces esto, gigoló del demonio?
—¿Ah? ¿Qué dices? Esa borrachera te tiene desvariando. ¿Por qué no te duermes, bruja loca?
—¡Hazme el amor, maldito infeliz! —Me siento tan frustrada que lo golpeo con los puños. Me temo que he aplicado mucha fuerza en mis ataques porque las manos me duelen y también me sofoco. Aun así, para él es fácil someterme.
Me remuevo debajo de él, pero este mantiene la postura que, es en encima de mí, mas parece que teme apachurrarme porque su manera de neutralizarme es una rara posición donde utiliza las piernas para separar las mías y de esa manera yo no poder patalear, asimismo, me agarra las muñecas con sus manos fuertes y varoniles.
No sé si es el alcohol que me ha puesto tan cachonda y sensible o es el hecho de que tengo más de un año sin tener sexo, pero siento un cosquilleo placentero en mi entrepierna al ser rozada por él.
—¿Por qué hoy luces más guapo, puto? —susurro sobre su rostro, que se encuentra muy cerca del mío.
—No lo sé, quizás es porque aquella vez no me detallaste como ahora. —No entiendo de qué habla; yo siempre lo detallo.
—Tus ojos no son azules... —balbuceo, soñolienta.
—¿Creíste que mis ojos eran azules? Supongo que no los reparaste debido a la poca luz de aquella noche.
¿Por qué Bratt dice cosas que no entiendo?
—No sé de qué hablas, pero quiero que sepas que me gustas mucho. —Lo beso.
Despierto espantada y nerviosa porque ese sueño fue demasiado real y, ahora que estoy consciente, ese tipo no era Bratt. ¿Por qué rayos soñé con Bratt en el cuerpo de otro? ¿Acaso estoy loca? Ni modo, solo se trata de un sueño; es normal que no tenga sentido, pero qué real se sintió.
Me incorporo en la cama y, aunque tengo jaqueca y aún me siento soñolienta, me encuentro más descansada, así que la siesta me sentó bien. De repente recuerdo que les debo una explicación a mis padres, ya que cuando llegué les dije que les contaba todo después de dormir; sin embargo, no tengo ni la más mínima idea de qué inventarles.
Ni loca les diré la verdad porque haría quedar mal a Bratt y obvio tratarán de convencerme de no casarme con él, sumándole los regaños, el interrogatorio y todo lo demás que vendrá después, como consecuencia de saber que amanecí en casa de un desconocido.
Por tal razón, debo inventarme lo que sea que no los alarme; sin embargo, decirles que dormí con Bratt o con una de mis amigas queda descartado, dado que estos se comunicaron con ellos para saber si había aparecido.
¡Demonios!
—¡Serena!
¡Mierda!
Esa es Taís y a ella es difícil mentirle.
—¿Estás despierta?
¿Lilia? Vaya...
Si ella vino es porque de verdad está preocupada, dado que cuenta con poco tiempo libre porque tiene una familia que cuidar, además de su trabajo.
Ellas empiezan a tocar con insistencia, así que no me queda otra opción que abrirles.
—Gracias por despertarme. —Es mi saludo, que incluye una mueca de disgusto y todo.
—Has dormido lo suficiente; tenemos dos horas aquí y ya nos cansamos de esperar —dice Taís mientras entra y se ubica encima de la cama. Lilia me abraza y luego me mira con el ceño fruncido.
—Esa borrachera te dio duro, debes beber líquidos para que te hidrates —me sermonea.
—Lo haré, lo haré. —Hago ademanes con las manos y cierro la puerta. Lilia ya se encuentra sentada al lado de Taís y ambas me miran a la expectativa. Creo que de alguna manera percibieron que hay un chisme.
—¿Qué esperas para empezar a hablar? —profiere Taís con impaciencia.
—No tengo nada que decir. Solo salí a beber, me emborraché y dormí en un motel. Listo. —Camino en dirección a mi sofá, que me encanta porque es suave y esponjoso, pero antes de llegar a este, me detengo al escuchar a Taís.
—Serena, en primer lugar, queremos saber la razón de pegarte tremenda borrachera y sin habernos invitado; en segundo, te ordenamos los detalles, pero puedes omitir la parte de los vómitos porque no nos interesa, y tercero, exigimos saber dónde estuviste anoche y qué tan ocupada estabas que no atendiste el teléfono.
Ok...
—¿Por qué supones que estuve ocupada? —Entorno los ojos.
—Serena, conociéndote, tú no ibas a ser capaz de irte a un motel por tu cuenta —replica Lilia—. Dejamos de darte alcohol en las salidas porque, aparte de que vomitas a medio mundo, te vuelves muy vulnerable. Por eso pienso que fuiste muy irresponsable al irte a beber anoche sin siquiera decirnos y no llamarnos cuando te empezaste a sentir mal.
Me quedo sin palabras y camino en medio de la habitación; puede que logre engañar a mis padres que se creen todo lo que les digo y que piensan que soy una santa, pero a mis amigas no. Así que mejor les cuento la verdad y me evito sus interrogatorios incómodos, torturas y especulaciones.
—Bueno… —empiezo a hablar—. Descubrí a Bratt cogiendo con otra mujer y, antes de que comiencen a maldecirlo, deben saber que él y yo no somos pareja de verdad, puesto que nuestro matrimonio se trata de un negocio entre nosotros que nadie debe saber. Pero, aunque Bratt y yo no nos amamos, me hirió el orgullo que este me dejara como a una cornuda, así que me fui a un bar para acostarme con un hombre guapo, mas todos los que estaban allí eran feos y desabridos, así que decanté por beber, para que el alcohol me ayudara a ver a uno de ellos bonito.
»Luego vomité a un hombre a quien le pedí sexo, perdí el conocimiento y este me llevó a su departamento. Fue allí donde pasé la noche. Cuando desperté, pedí un taxi, fui por el auto de papá y aquí estoy siendo interrogada por ustedes y sin saber qué mentira inventarme para explicarles a mamá y a papá por qué me emborraché anoche, dónde amanecí y la razón de no haberles contestado las llamadas.
Todo lo que dije fue rápido, razón por la que termino sofocada. Mis amigas, en cambio, me observan pasmadas. Al parecer están muy impresionadas porque no han movido ni un músculo y la habitación se ha sumido en un silencio sepulcral.


