Ian
Todo es una mierda.
O quizás yo lo sea. Es que no lo entiendo, fui el mejor de la clase, al punto de que la mayoría de mis compañeros me buscaban para que les explicara lo que no entendían, aparte de que mi composición ganó el primer lugar en un concurso, asimismo, me gradué con honores y hasta tuve que dar un estúpido discurso ante toda esa gente. Y todo ¿para qué? ¡Para nada! Lo único que he logrado es que minimicen mi trabajo.
Ahora me gano la vida con una carrera que no me agrada del todo, pero que me deja un buen dinero para poder darme todos mis gustos.
—¡Vamos, Ian! ¡Dámelo todo, papi! —La voz del fotógrafo se escucha en todo el set.
Obedezco a su pedido y saco pecho, entonces uso mis dotes de actuación para darle mi mejor sonrisa y que él pueda obtener la fotografía perfecta que hará feliz al cliente y, si el cliente es feliz, pues todos lo somos.
—¡Magnifico! La cámara te adora, lindo. Sigue así y le causarás un orgasmo visual a todo el que vea tu maldita sonrisa moja bragas.
Evito reír ante las locuras que salen de la boca de este hombre y continúo con mis poses.
Entre maquillaje, vestuario y dos sesiones más para diferentes clientes, mi día de trabajo termina en la madrugada. Exhausto y con un humor de mierda, decido ir al bar de costumbre para desestresarme con un trago. Cuando parqueo la motocicleta, la imagen de la pelirroja loca viene a mis pensamientos.
Sonrío al recordar lo histérica que se puso porque la culpé a ella de distraída, cuando en realidad el distraído fui yo. Nunca había conocido a una dama tan hermosa y elegante como ella y eso me impresionó al punto de perder el control de la moto. Mi provocación no surtió el efecto deseado que consistía en que ella me siguiera hasta el bar. Me sorprendió bastante que de verdad se haya ido, puesto que estoy acostumbrado al acoso de las mujeres y, en su defecto, a rechazarlas cuando me parecen chuecas.
Pero esta chica se veía diferente, aunque un poco arrogante y de seguro se trataba de esas niñas ricas que creen que el mundo debe arrodillarse a sus pies, pero con ella hubiera tenido una noche muy interesante, pese a que no me atrevería a llevarla a un motel.
Miro por todas partes como si fuera un idiota y me doy una cachetada mental ante mi raro proceder. En el bar, algunas féminas me invitan tragos, me dejan su número de contacto y me dedican miradas furtivas y sonrisas coquetas y, como todas ellas significan sexo fácil, pierdo el interés al instante.
En la tercera ronda de jugo con un poquito de alcohol, porque no me gusta emborracharme y menos si ando en la moto, recuerdo que al otro día me espera una sesión de fotografías, así que me marcho deprisa.
***
—Este tono le queda a su piel —me informa la maquilladora y no sé si es por buscarme conversación o si de verdad ella cree que a mí me importa esa mierda. Pero, dado que mi mamá me enseñó que debo ser cortés y amable siempre, finjo que me interesa lo que me está diciendo.
—Lily, dame un momento a solas con Ian —pide Georgina, quien entra al camerino como si fuera la reina del lugar.
—Sí, señorita Grimaldi —responde la maquilladora. En cuestión de segundos, nos encontramos solos aquí, lo que me hace sentir que el camerino se vuelve más pequeño de la cuenta y podría decir que asfixiante.
—Paulo me está esperando para la sesión y ni siquiera estoy maquillado, así que espero que seas breve —le advierto con indiferencia.
Ella se me acerca de manera coqueta, como siempre, y se planta delante de mí. Lleva un vestido negro descotado hasta el ombligo, que no deja mucho a la imaginación, con brillos que resaltan su presencia.
Georgina es una modelo de pasarela, pero también modela para grandes marcas. Ella es una de las modelos mejor pagada de Diamond e hija de un famoso inversionista. Su gran estatura y extrema delgadez le ha servido para estar en las mejores pasarelas y ser muy buscada por los diseñadores de moda.
Asimismo, su cara expresiva y hermosa, para qué negarlo si lo es, es el rostro de los productos de belleza más famosos y caros, no solo de Diamond, de varias regiones también, porque ella es una modelo internacional.
Aparte de ser tan exitosa en el mundo del modelaje, es la hija de uno de los hombres más ricos e influyentes. Por lo tanto, los deseos de Georgina son ordenes donde quiera que se encuentre y todos le aplauden hasta sus más grandes estupideces, menos yo.
—¿Por qué no te vienes al yate conmigo después de tu sesión? Mi papi me envió un Vodka Spirit que quiero compartir contigo. Estoy segura de que no has tomado una bebida tan cara y fuerte como esa. Un solo trago es suficiente para emborracharte.
—Paso —respondo cortante y con expresión neutral.
—¿Hasta cuándo te harás el interesante conmigo? —pone un mechón de su cabellera dorada detrás de su oreja, luego se retoca el maquillaje.
—No me estoy haciendo el interesante. Si eso era todo lo que querías decirme puedes retirarte. En cualquier momento entra Paulo colérico y no estoy de humor para soportarlo.
Ella hace un puchero berrinchudo y me mira con desafío.
—Algún día estarás en mi cama, Ian. Todavía no ha nacido el hombre que no caiga bajo mis encantos y tú no serás la excepción —amenaza, demasiado segura de sí.
Georgina tiene razón, ningún hombre se resiste a su dizque encantos y, según sé, nadie nunca la ha rechazado a excepción de mí. ¿Por qué la rechazo? Pues es simple, ella no me interesa y punto.
Después de un día de trabajo duro, me dirijo al bar. Estoy muy tranquilo tomándome una piña colada, cuando siento que me palmean el hombro derecho.
—Oye, tú, ¿te quieres acostar conmigo?
Escucho detrás de mí. Me volteo para encarar a la mujer borracha, porque así suena su voz y porque no creo que nadie en sus cinco sentidos sea capaz de hacer una propuesta como esa de forma tan directa, pero me quedo petrificado al reconocer esa cabellera rojiza que parece el fuego mismo.
—Espera… —balbucea, frunce el ceño y me acerca el rostro como si tratara de reconocerme—. Tú eres el loco de la moto que casi me asesina.
La miro divertido, pero esa diversión dura poco, debido a que esta, después de hacer cara de asco, me vomita encima.



