61. ZHL: La furia de la piedra roja

🔒 Desbloqueando capítulo…

Haz clic en el botón para desbloquear

La lucha entre los guerreros de Riú y los invasores se lleva a cabo en un territorio algo alejado de la manada Fuerza de Bronce, pero que conduce hacia allí de forma directa.

Gracias a que fueron informados a tiempo, y gracias también a la habilidad de Alexa y los zollebs que la acompañan, han logrado interceptarlos con éxito e impedir que ataquen a la manada.

El fuego de los zollebs arrasa con gran parte de los guerreros enemigos. Los alaridos y gritos se mezclan con los golpes, los estruendos y el impacto de las espadas al chocar.

Alexa cierra los ojos y, con las manos extendidas hacia el frente, aprieta los puños con fuerza mientras tensa su cuerpo. Un grito de batalla sale de su boca y se sincroniza con el rugido de la tierra, que se levanta debajo de los pies de sus enemigos y se los traga.

Mientras tanto, en las manadas de todas las regiones se envían pruebas de que no fueron los zollebs quienes provocaron la plaga, sino que todo fue una trampa de la usurpadora. Las pruebas adjuntan evidencias de los beneficios que la habilidad zolleb ha traído a su continente, así como de cómo sus poderes pueden contribuir a su riqueza y salud.

Por otro lado, Tron y sus hombres, junto a Vera y dos zollebs más, impiden que los enemigos invadan Rayo Dorado en una batalla recia. Allí, no solo varias manadas se han aliado para atacarlos, incluyendo a los guerreros de Luna de Hierro que Azucena envió, sino también una multitud de lobos ratas.

Estos últimos atacan con impulsividad y descuido, firmes en traspasar los límites de la manada y provocar un desastre allí. Sin embargo, los zollebs los congelan en el acto, los lanzan con su poder del viento o los queman con llamaradas de fuego, obstaculizando así que aquellos que logran escurrirse de los guerreros accedan.

La multitud es tal que Tron llega a abrumarse, pero en ese instante sus aliados se unen a él, incluyendo al gamma de gammas del reinado de Kal. Este, en específico, pelea al frente junto a Tron.

La línea entre los bandos enemigos está trazada por las espadas que chocan, la sangre, los alaridos y los cuerpos sin vida que van cayendo.

Muchos prefieren pelear en su forma lobuna, por lo que, a cada instante, se ve a un lobo saltar contra un guerrero y devorarlo. Asimismo, lobos se abalanzan contra otros lobos, acertando al cuello para dar una muerte rápida.

Porque sí, la velocidad y los buenos reflejos son cruciales para mantenerse con vida y avanzar contra el enemigo.

La adrenalina, esa sensación de libertad y poder, recorre a Tron. Tenía muchos años sin saborear el amargor de la batalla: un sabor adictivo, pese a lo destructivo y desagradable.

A veces se siente culpable por disfrutar tanto una guerra debido a las personas que pierden su vida, en su mayoría inocentes; los heridos, las cicatrices permanentes que quedan en los lobos que no son capaces de curarlas, y las secuelas psicológicas y emocionales tras vivir el infierno en carne propia.

Y qué decir de los seres queridos que esperan a los guerreros que nunca llegarán: el dolor, la incertidumbre y el miedo de despedirse de ellos por última vez cuando salen a la batalla.

Sí, todo eso está jodidamente mal, pero no puede ser un hipócrita. Él, más que un alfa, es un guerrero; como tal, siente que un fuego se aviva en su interior cuando lidera a sus hombres contra sus contrincantes.

Tras horas de arduo trabajo atacando y defendiéndose a sí mismos y a sus compañeros, los hombres de Tron y sus aliados empiezan a ganar la batalla.

Como golpe final, Vera y los otros dos zollebs, quienes flotan por encima de la multitud enemiga tras haber acabado con todos los lobos ratas que se escabullían hasta la frontera de Rayo Dorado, lanzan fuego y rayos contra ellos.

La mortandad es brutal. Cientos de guerreros son consumidos por el fuego, y otros tantos quemados por la electricidad que uno de los zollebs provoca desde el cielo.

Con casi todos muertos, lo único que les queda es rendirse y anunciar la retirada. Y así lo hacen.

Los guerreros de Tron y sus aliados empiezan a celebrar con gritos de júbilo y aullidos. El sabor de la victoria se siente dulce, pero lo más reconfortante es que pudieron proteger a su manada y, con ello, a su gente.

No obstante, aquella alegría es interrumpida cuando el cielo cambia de color, tornándose oscuro de forma repentina. Ese evento extraño pone a todos en alerta y desconcierto, cargando el ambiente con temor e incertidumbre.

—¡¿Qué rayos sucede?! —grita Tron a la nada, confundido.

La tensión se siente asfixiante. Las multitudes de guerreros se quedan atónitas en su lugar, pues no saben qué hacer o decir.

—¡Alfa Tron! —grita Vera desde el cielo, captando la entera atención del aludido—. ¡Pida a sus hombres que regresen a la manada!

—¡¿Qué?! —vocifera desde abajo—. ¡Se va a armar tremendo caos si los alarmamos! ¡Ni siquiera sabemos lo que está ocurriendo!

—¡Escúcheme! —comanda ella, al borde del desespero—. ¡Tienen que irse, ya! ¡Todos ustedes, retírense a su manada y busquen un refugio allí!

—¡¿Qué sucede?! —interpela Tron, entre angustiado y confundido.

—¡Si es quien creo, irá por usted y su manada! ¡Yo, junto a mis compañeros zollebs, trataremos de impedirlo mientras avisamos a Liah!

—¡Lucharemos con esa bruja! —refuta Tron mientras levanta su espada al aire, como señal de que está dispuesto a pelear.

—¡No lo entiende, Alfa Tron! ¡Esta lucha no es como las que está acostumbrado! ¡Deben irse! ¡¡Ya!!

—¡No me iré! ¡Esa bruja y yo tenemos una cuenta pendiente! —insiste.

—¡¿Arriesgará a sus hombres y a los aliados que lo están apoyando?! ¡¿Le parece justo eso?! —lo confronta.

Tron duda, pero finalmente se rinde mientras exhala un largo suspiro.

Vera sonríe satisfecha y les avisa a sus compañeros zollebs sobre lo que podría estar ocurriendo.

Tron da instrucciones a sus hombres para el regreso, dividiendo a los guerreros por pelotones. Cada grupo es comandado por un gamma de las manadas que lo están apoyando.

Ellos se regresan por orden, siendo Tron el último en avanzar junto a los guerreros más experimentados. Así que todavía está en su posición, a la espera de su turno.

De un momento a otro, una luz roja cubre parte del cielo oscuro y se queda en el centro. Ráfagas de viento le siguen, acompañadas por relámpagos y pequeños temblores de tierra que alarman a los guerreros.

Vera y los otros zollebs flotan en dirección al centro del caos, donde un remolino se está formando, como si anunciara un evento especial.

Entretanto, Tron, los demás alfas y los gammas guían a sus hombres en dirección a la manada, pero debido al caos la tarea se torna difícil.

El gamma Garthor lo acompaña de cerca, en vez de ir adelante junto a los demás. Esa entrega y sacrificio conmueve a Tron, pues no esperaba tanta lealtad de un aliado con el que ha compartido poco.

Un estruendo remueve todo el lugar, y la brisa se torna más violenta. Los árboles empiezan a ser levantados, y de repente un rayo cae sobre una montaña, lo que provoca un incendio allí.

No solo ese sitio es víctima de aquel inusual desastre natural. En otras zonas empieza a llover a cántaros, hay huracanes, terremotos, y en la zona costera el mar comienza a arropar territorios de forma sorpresiva.

"Caos" queda corto para describir el evento.

El pánico se desata en algunas manadas cuando se escucha un sonido de alarma y comienzan las evacuaciones de emergencia. Todo transcurre en cuestión de horas. Por más que Vera y sus acompañantes tratan de controlar aquel clima, les resulta imposible, como si su lucha fuera nada ante el poder que lo controla.

← Capítulo AnteriorCapítulo Siguiente →
Compartir

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

📖 El hijo del alfa y la híbrida

💬 ¿Necesitas ayuda? Contáctanos