Legna y Alexa flotan por encima de unos territorios infestados por la plaga. Puesto que los insectos son muy escurridizos, en especial en la noche, las dos pelirrojas han encendido llamas que flamean junto a ellas en el aire, de esa manera les es más fácil combatirlos.
—Cubre el sur, que yo cubriré la parte norte —comanda Alexa a su hija, quien le responde con un asentimiento.
A una distancia prudente, Tron, Riu, Dylan, Arel y sus hijos, todos convertidos en lobos, ayudan a los habitantes a evacuar la zona, al conjunto de sus guerreros y las naves de Tron.
Mientras tanto, Ryan llega a Fuerza de bronce y deja a la niña en su casa con Alexandra y los sirvientes. Antes de irse, él le agarra la mano y la mira con dulzura.
—Prométeme que te quedarás aquí junto a mi hermanita. Volveré pronto y te ayudaré a encontrar a tu hermanastro. Alexandra es tu responsabilidad ahora, ¿me lo prometes? —Pone esa mirada encantadora que los zollebs suelen usar para obtener lo que desean, por lo que la niña solo asiente en acuerdo, pese a que no quiere quedarse allí.
Se siente tan fuera de lugar en una casa lujosa, enorme y bonita. De forma instintiva, ella mira su ropa desgastada, sus botas rotas y polvorosas y sus pequeños guantes sucios y viejos.
Ryan les ordena a los sirvientes que la atiendan y le den de comer, asimismo, que le preparen una habitación por si él se tarda. A los guerreros que custodian la casa les pide que no la dejen salir ni a ella ni a su hermana de la mansión.
«¿Dónde estás?», escucha a su madre por medio del vínculo.
«Voy de camino», responde él. Al instante, salta por encima del suelo y empieza a moverse a gran velocidad.
Cuando llega, se encuentra con un escenario caótico. Él se acerca a Alexa, quien levanta gran cantidad de los insectos con el viento que sale de su boca, mientras que Legna los quema con el fuego rojo que produce.
—¡Necesito que pongas un domo de energía que impida que los insectos escapen! —le comanda Alexa.
Ryan obedece. Él vuela alrededor de los límites de los territorios hasta donde terminan los bosques y hay unas montañas rocosas, luego otro desierto donde la plaga aún no ha llegado, entonces los ojos le brillan y de él empieza a emanar energía blanca, que se levanta alrededor de los límites a medida que él se moviliza con los brazos extendidos hacia arriba.
Cuando Ryan termina, él entra al domo con expresión cansada y sofocado, pero hace un esfuerzo por ayudar a su madre y hermana.
Legna retoma el área que la había sido asignada por Alexa y escupe ráfagas de fuego que quema todo a su alrededor. De igual manera hace Alexa, aunque en menor proporción porque ella no suele entrenar sus poderes.
Ryan suspira mientras mira a su hermana arrasar con la vida natural que los rodea, quien también conecta mirada con él y asiente. Ambos están tristes por tener que destruir la naturaleza, pues saben que sanarla les será difícil y les tomará mucho tiempo.
Esa realidad golpea el corazón de Tron cuando, a la distancia, observa cómo las manadas por las que tanto luchó y ayudó en su economía, ahora no tienen un hogar; al mismo tiempo, toda su inversión se ha ido a la borda, y con ella, su estabilidad financiera.
Tras horas de luchar contra los insectos, un gran humo negro cubre el terreno dentro del domo hasta que se desvanece por completo, después de que los tres híbridos soplaron aire.
El domo desaparece y ellos tres regresan a la superficie cansados y con rastros de cenizas en sus rostros, manos y ropa.
—¡Mierda! Siento todo el cuerpo adolorido —profiere Ryan.
Legna lo mira divertida y forma una sonrisa maliciosa.
—Debes entrenar, tontín. Si te abrumas por algo tan sencillo como esto, no me quiero imaginar cuando te toque una batalla y tengas que usar todos los elementos y habilidades. Si quieres te voy entrenando en lo que llega el abuelo de misión.
—Tienes razón. ¿Cuándo empezamos?
—Pues, cuanto antes mejor. Me temo que necesitaremos de nuestros poderes porque este es solo el inicio. ¿Sí notaron que esos bichos son productos de brujería? Al parecer, esa bruja es más poderosa de lo que pensaba.
—Debemos regresar, niños. Hay mucho por hacer —los interrumpe Alexa.
Ellos se dirigen a Fuerza de bronce al amanecer, puesto que ayudan a los demás a llevar a los sobrevivientes a un lugar seguro.
***
En la casa de Riú, a la hora del almuerzo, todos ellos se reúnen para reportar los resultados del incidente. Clara llega junto a Clarice, ambas preocupadas por Arel y los chicos; pero la rubia se detiene al encontrarse de frente con Dylan, quien le sonríe con naturalidad.
—H-Hola —dice ella casi en un susurro y se odia porque el corazón le late demasiado rápido. Tenía tanto tiempo sin verlo que ya se estaba acostumbrando a su ausencia; pero tenerlo tan cerca ha aflorado todos esos sentimientos que ha guardado dentro de su corazón, por lo que la tristeza le empaña el semblante.
—Dyl… —balbucea Legna cuando nota la mirada extraña entre ellos dos. Dylan se gira a ella de inmediato; no obstante, dado que todavía hay mucha tensión entre ellos, él finge indiferencia.
—Hola, Legna. —Clara despabila y le sonríe—. Es un placer verlos.
Legna asiente sin disimular su disgusto y mira a Dylan con resignación.
—Hola, Clara. Disculpa mi descortesía, pero tengo que hablar algo con mi hermano. Te dejo conversando con Dylan, ya que estoy segura de que él estará más que encantado de estar contigo. Pueden irse al jardín para que tengan más privacidad.
Dylan maldice por lo bajo, mientras que Clara se pone más roja que un tomate. Legna le da una última mirada a su mate y se aleja de ellos.
—¿Todo bien entre ustedes? —pregunta Clara para disipar el momento incómodo, pero se da cuenta tarde de que no supo escoger el tema de conversación.
—Sí, todo está perfecto —responde él con una sonrisa fingida, mas su tono suena sarcástico—. Si me disculpas, iré a preguntarle algo a… —Dylan mira alrededor y se encuentra a Legna molestando a Ryan, quien no le quita la mirada de encima a la rubia—… Ryan… Yo también tengo que hablar con él.
Dylan se acerca a los chicos y mira a Legna con una sonrisa juguetona.
—¿Podemos hablar, lobita celosa?
—¿Ahora quieres hablar? ¡Jódete!
—¿Qué se traen ustedes dos ahora? Arreglen sus asuntos porque tenemos problemas serios a los cuales enfrentarnos —los regaña Ryan.
—No tenemos nada que arreglar… —Legna deja de hablar cuando Dylan la agarra por el brazo y camina con ella a rastras en dirección al patio. Una vez afuera, Dylan la atrae a su cuerpo y la besa de forma apasionada y brusca.
Legna no hace nada para detener el beso agresivo, sino todo lo contrario, ella le corresponde con la misma intensidad y rabia. De un momento a otro, Dylan le acaricia los glúteos y la levanta; ella le sigue el juego enredando las piernas alrededor de su cintura, todo esto sin dejar de besarse con desesperación.
—¿Esa es tu manera de hablar? —dice ella en un jadeo, tras romper el contacto para poder respirar.
—¿Funciona o no? —Él levanta una ceja.
—Eres la definición de lo que no se debe hacer con una pareja.
—Y tú eres la definición de lo que siempre he querido. Te amo, mi lobita traviesa. Perdóname por haber sido un imbécil —responde él con tono arrepentido.
—Yo también te amo, tonto. —Ella le acaricia el rostro con las yemas de los dedos, luego le lleva un mechón del cabello negro hacia atrás de la oreja—. No debes preocuparte por el rechazo o nuestra separación, ya que nunca me apartaría de ti. Estás en problemas, lobito, porque no te dejaré escapar de mí tan fácil. Eres mío.
—¿Me lo prometes? —Él sonríe malicioso.
—Te lo prometo. —Ella lo besa. Esta vez, el beso es lento y delicado, como la caricia de una pluma, donde ambos se permiten disfrutar sin prisa ni reproches el sabor del otro. Dylan se gira y la pega contra la pared, acto seguido, empieza a besarle el cuello y a acariciarle los muslos desnudos, gracias a que el vestido se le ha subido y dejado las piernas descubiertas.
—Oigan, la casa tiene habitaciones suficientes para que eviten este tipo de espectáculos —los interrumpe André—. ¿Tan urgidos están que no pueden subir a las habitaciones?
Legna ríe en la boca de Dylan, quien la baja despacio y con un bufido que le hace cosquillas en la nariz a ella.
—¡Qué inoportuno eres! —exclama Legna divertida.
—¿Inoportuno? ¿De verdad iban a aparearse en el maldito patio? Si quieren subimos a la habitación y nos divertimos un rato los tres, ya me antojaron.
—¡Deja de decir estupideces, cabrón! —profiere Dylan molesto.
—¿Qué? ¿Tienes miedo de que le guste más conmigo? —André mueve las cejas provocativo y suelta una risita burlona.
—Ya quisieras, imbécil —gruñe Dylan, a punto de perder los estribos—. Vamos —se dirige a Legna mientras le rodea la cintura con su brazo de forma posesiva.
—La invitación queda abierta. Piénsenlo, nos divertiremos mucho. —André ríe cuando Dylan le enseña el dedo corazón.
Todos se reúnen en el gran comedor donde el almuerzo es servido. Los sirvientes desfilan con manjares exquisitos y bebidas caras, para el deleite de las tres familias que conversan acerca de las consecuencias que enfrentarán tras aquel evento.
—¿Creen que haya más lugares afectados con la plaga? —inquiere Clarice, quien luce pálida por la preocupación.
—Es posible. Incluso sería bueno revisar las tierras de mi manada. Solo espero que esta pesadilla termine pronto —contesta Tron cansado. De a leguas se le nota el agotamiento, tanto físico como mental.
—Hablaré con papá para ver si podemos convocar a otros zollebs que nos ayuden —añade Alexa mientras corta un pedazo de carne con los cubiertos. En ese momento, Ryan recuerda a su amiga, a quien no ve en la mesa junto a ellos.
—¿Dónde está mi invitada? —cuestiona a los sirvientes que se encuentran colocados de forma estratégica, en caso de que alguno necesite ser asistido.
Todos miran al chico desorbitados, en especial sus padres.
—¿Tienes a una invitada en la casa? —lo interroga Riú—. ¿De quién se trata? ¿Por qué hasta ahora nos enteramos?
—Porque todo sucedió muy rápido, pero Alexandra sabía. —Ryan mira a su hermanita con reclamo—. ¿Dónde está ella?
—¿Quién? ¿La chica rara que trajiste anoche? Ella se quedó encerrada en la habitación de invitados y no ha querido salir de ahí. Esa niña tiene muy mal aspecto. ¿De dónde sacas a tus amigos?
—No hables así de ella, mocosa —la regaña Ryan y le apunta con el dedo de manera acusativa.
—¿Qué amiga? —inquiere Legna intrigada.
—La próxima novia de este mequetrefe. Es a lo único que puede aspirar —se burla Alexandra.
—¡Eres un demonio, mocosa! Esa niña es solo mi amiga. ¡No sería novio de una niñita! ¡Eso es enfermizo!
—¡No, pues, muy adulto que eres tú! ¡También eres un mocoso! —Ella le saca la lengua.
—¡Aquí la única mocosa eres tú! —Ryan se exalta.
—¡Cállense ya! —estalla Riú, y al instante, el silencio llena el comedor.
—¿Por qué? —Legna rompe el silencio—. Si esta conversación está muy interesante. —Ella mira a Ryan con una sonrisa juguetona—. Dime, tontito, ¿quién es tu misteriosa amiga? ¿Desde cuándo eres tan amistoso?
Ryan se pone rojo del coraje.
—No me gustan las niñas, si es que lo que quieren afirmar. Yo soy un hombre, por lo tanto, me fijo en una mujer, no en una chiquilla. —Ryan mira a Clara cuando lo dice. Esa acción no pasa desapercibida por los hermanos de ella, quienes empiezan a reír.
—¡No me digas que te gusta mi hermana! —espeta André—. Pero Clarita no quiere amanecer orinada por un mocoso. —Él estalla en carcajadas.
—Eso no fue gracioso, André —lo regaña Clara, muerta de la vergüenza.
—¡Para mí sí lo es! ¿Se imaginan? Mi hermanita tendría que terminar de criarlo.
Esta vez todos ríen, menos Ryan y Clara.
—¡Qué fastidiosos son! —se queja Ryan—. Solo a ustedes se les ocurre estar haciendo chistes tontos en una situación como esta. En vez de estar hablando pendejadas, deberíamos hacer un plan para contrarrestar a esa bruja.
La tensión llena el lugar.
—Es bueno relajar la mente para poder actuar con la cabeza fría, chiquillo —replica Arel.
—Sí, pero no a mi costa. —Ryan hace una mueca y se levanta de su asiento—. Con su permiso, iré a ver por qué mi invitada no bajó a almorzar. —Sin añadir más e ignorando las burlas de Legna, André y Alexandra; Ryan sube las escaleras que lo dirigen al piso de los cuartos de los invitados.
Él es guiado por una sirvienta que le indica dónde ubicaron a la niña. Cuando Ryan abre la puerta, encuentra la habitación vacía y una de las ventanas abiertas.
—¡Rayos! —espeta impotente y corre en dirección a la ventana, de donde salta. Él sigue el rastro de la chica mientras ruega en sus adentros que ella no haya salido de la manada—. Me prometiste que me esperarías, amiguita, ¿por qué no lo hiciste? ¿Acaso no eres consciente del peligro al que te estás exponiendo? —dice para sí y aumenta la velocidad.
Entretanto, en la manada Luna de hierro, Azucena ha tomado el control del liderazgo y convocado a los enemigos de Tron por medio de cartas.
—Con que esas tenemos… —responde ella cuando le llega el último informe de los espías que había enviado a los territorios cercanos a Rayo dorado y Fuerza de bronce—. Eso lo explica todo… —dice ella mientras toma su té—. Híbridos… Podemos usar esto a nuestro favor. Mi intención era arruinar a Tron, pero los resultados han sido mejor de lo que esperaba. —Ella ríe.
Titán la mira confundido.
—¿Por qué?
—Porque ahora podremos culparlos a ellos. ¿Te imaginas? “Los híbridos son una amenaza a nuestro territorio. Ellos usan brujería para infestar a nuestras tierras con plagas, para luego destruirlas. Ellos son sanguinarios y malvados, por lo que disfrutan de usar su poder para destruir todo a su paso” —responde ella mientras extiende las manos, como si presentara una función, y se ríe.
—¿Los culparás a ellos? —Titán sonríe malicioso y muy interesado en el plan.
—Por supuesto. Lo mejor de todo es que tenemos testigos. —Ella suspira—. Ahora entiendo por qué esa mocosa pudo neutralizar mi poder. Maldita, me encargaré de ti con mis propias manos. ¿Qué harás cuando me aparee con tu amado mate en tus narices? Yo controlaré a ese cachorro y lo haré mío, luego disfrutaré ver cómo él mismo mata a Tron.
—¿Cómo harás eso si ella lo está protegiendo de ti?
—Querido, tengo un as bajo la manga. Ya mi aliada encontró la piedra roja. Eso significa que pronto tendré acceso a la semilla Adamá, cuyo poder, combinado con el mío, me hará la persona más poderosa del mundo.
» Ni siquiera el rey de los zollebs podrá derrotarme, en especial porque planeo usar a su nueva conquista para evitarlo. ¿Crees que él la atacaría a ella? ¡Por supuesto que no! El amor es tan fácil de manipular…
Ella ríe como desquiciada mientras Titán trata de entender lo que ella ha dicho. —No entendí ni una mierda —masculla él, pero sus palabras le provocan más risa a la loca.

