¡Mate! – Capítulo 56: La caída del alfa Mateus

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Gia

La tensión se siente pesada en el ambiente. El silencio es roto por el zumbido de la brisa, que levanta polvo del camino terroso y agita las hojas de los árboles que cubren los tímidos brotes de grama.

Mi cabeza es un caos en este momento y tengo sentimientos encontrados. Por una parte, me duele el rechazo del alfa; pero, por la otra, la ira y la sed de venganza me recorren por completo.

Miro a los lobos que me rodean y me pongo alerta, mientras que, al mismo tiempo, trato de controlar a mi loba, quien lucha por salir. No me puedo dar ese lujo ahora porque sería desperdiciar la energía que me dio Flora, y debo guardarla para luchar contra la gran bruja.

—Kali… —mascullo desafiante y decepcionada, pero este sonríe con complicidad, entonces los lobos que me rodean saltan en dirección a mi padre y lo atacan.

Me quedo estupefacta ante lo que mis ojos ven. Todos ellos, incluyendo los lobos que estaban con él, a excepción de los jefes, se lanzan en contra del alfa.

—El alfa Mateus nos ha ofendido a todos. No permitiremos que él humille a nuestra luna ni que traiga la desgracia a nuestra manada —dice Kali, antes de convertirse en lobo.

Aprovecho el desastre para liberar a las hadas, así que corro en dirección a ellas.

—¿A dónde crees que vas, lunática? Tú no arruinarás nuestros planes —me intercepta uno de los jefes de papá.

De una vez me le lanzo encima para deshacerme de él, puesto que no cuento con mucho tiempo, dado que la luna roja ha empezado a salir y el sol se está poniendo. Supongo que el anochecer precoz se debe a los rituales de las brujas.

Empiezo a darle puñetazos certeros, tan rápidos, que él no logra esquivar. Olfateo su frustración y cómo su ego es destrozado, porque una chiquilla obsesiva le está ganando a un jefe tan importante como él.

—Zorra… —masculla impotente.

Él da un salto para girar en el aire y así poder patearme, pero intuyo sus movimientos. Salto en su dirección antes de que pueda terminar su giro y lo pateo fuerte en la espalda baja, entonces este cae de bruces contra el terroso suelo, rompiéndose la nariz y parte de sus dientes en el acto.

Percibo las miradas de sorpresa sobre mí, debido a lo fuerte que fue el impacto de esa caída, pero al cabo de unos segundos, cada cual retoma la pelea.

Noto que el alfa se deshace con facilidad de los ataques que le atinan sus propios guerreros, quienes son abalanzados por los aires. En cuanto a Kali, se ha enfocado en los jefes de la manada, dado que son lobos muy poderosos.

Voy a liberar a las hadas, pero el mismo jefe con quien peleaba se me pone en frente convertido en lobo, entonces entorno los ojos porque es demasiado insistente.

—Quítate de mi camino… —le ordeno, mas este se mantiene en su lugar con mirada amenazante.

«Ríndete, perra. No permitiré que arruines por lo que tanto hemos luchado».

—Y yo no permitiré que ustedes se salgan con la suya.

Él se me lanza encima, mas yo espero a que venga a mí y salto cuando su sombra me cubre; entonces me abrazo al cuello peludo de él, giro con este atrapado y lo suelto con fuerza.

Mi contrincante cae contra un árbol y deja salir un aullido de dolor. No le doy chance a que se recupere, así que corro con una velocidad que nunca había utilizado y lo golpeo en el estómago y en el hocico.

Sigo golpeando con todas mis fuerzas, ignorando mi desventaja al no estar convertida en lobo y este sí. Cuando me canso de perder el tiempo, me le subo en el lomo y desde ahí le rompo el cuello; como resultado, este cae al suelo sin aliento, entonces regresa a su forma humana, pero sin vida.

Más lobos me interceptan en el momento en que decido liberar a las hadas, pero a todos voy derribando hasta que llego a ellas.

—Las dejaré libres —les informo, para que sepan que estoy de su lado.

Aprieto las cadenas de hierro puro con mis puños, hasta que estas se rompen dentro de mis manos, entonces las lanzo lejos de las hadas, para que se recuperen del efecto que el hierro hace en ellas.

—Llamaremos refuerzos —me dice una de ellas. Un silbido agradable al oído sale de sus labios, entonces se escuchan notas armoniosas en todo el lugar. Ellas toman un brillo que las hace lucir más hermosas de lo que ya son, luego abren los ojos y dejan de silbar.

—Ya dimos aviso a la reina de las hadas, ellas irán directo al territorio de las brujas para ganar tiempo —me informa la otra.

—Muchas gracias —agradezco conmovida—. Intentaré traspasar el orificio que se ha abierto.

—Ve tranquila; nosotras te cubriremos y luego te alcanzaremos.

Asiento con la cabeza y corro en dirección a la protección. Ignoro la batalla que se lleva a cabo detrás de mí, porque lo único que debo hacer en este momento es ir por Gael, antes de que sea tarde.

«¡Deténganla!», exclama el alfa por medio del vínculo.

No me giro ante su orden ni me preocupo por lo que sucede a mi espalda, en su lugar, me enfoco en mi meta y en salvar a mi mate, mi macho.

Aullidos, alaridos, gritos y ruidos rústicos se escuchan detrás de mí, dado que el alfa y sus jefes son muy fuertes, por lo que le están dando buena lucha a los guerreros. Voy a traspasar el gran orificio cuando un aullido capta mi atención y me pone la piel de gallina.

De inmediato, siento que varios escalofríos me recorren el cuerpo y que el pecho se me encoge hasta tornarse asfixiante.

Es imposible seguir, así que me detengo.

Un alarido, que denota mucho dolor, inunda todo este territorio y estoy segura de que su sonido llegó a las manadas cercanas, incluyendo la nuestra.

Papá…

No quiero girarme, temo tanto encontrarme con esta verdad. Pese a que él se convirtió en un ser déspota y malvado, es mi padre y tengo muchos recuerdos hermosos con él.

Alfa…

La batalla se detiene y todos los lobos empiezan a aullar en lamento, entonces puedo sentir el dolor de toda una manada y de mi madre también…

Padre…

Esta vez sí me volteo y corro en dirección a él.

—¡¡Papá!! —grito, desesperada, al encontrar a su lobo tirado en el suelo, aullando del dolor mientras el aliento lo deja.

—Gia… Perdón… Pero no me dejas opción. Te juro que te amo, que me preocupo por ti y por Katrina… —Es lo último que dice.

¿Qué? ¿Ahora se arrepiente o solo suelta una frase cliché? ¿Me ama? ¿Se preocupa por nosotras?

Las lágrimas mojan mis mejillas y el aire se vuelve pesado en mis pulmones. Quizás no miente, pero su amor por la codicia es más fuerte. Su egoísmo por poco nos destruye. Su hambre de poder y control pesa más para él que su propia familia.

Su forma humana regresa y sus párpados se cierran para siempre, entonces un dolor agonizante nos hace sufrir a todos.

—¡¡Nooo!! ¡¡Papá!! —lloro colérica sobre su regazo. Es inevitable que las imágenes de mi niñez con él afloren, hiriéndome más de lo que ya estoy—. ¿En qué momento cambiaste, papá? ¿Cuándo dejaste de ser mi padre para convertirte en mi enemigo? ¿Por qué, papá? Si hubieras aceptado mi destino, nada de esto estuviera sucediendo y tú aún estarías vivo. Papá…

Lloro, como nunca lo había hecho. Mi padre está muerto, ya él no volverá a abrir sus ojos.

No sé cuánto tiempo transcurre, pero recuerdo a Gael y el peligro que corremos todos si él o yo llegamos a morir. Mi energía ha menguado, debido al dolor por la muerte de papá y porque toda la carga de la manada se ha traspasado a mí, debido a que yo soy su hija y su única heredera.

—Debemos seguir —dice Kali con voz suave mientras me acaricia el hombro. No me había percatado de que estaba detrás de mí.

—Papá está muerto, Kali… —sollozo—. ¿Quién se atrevió a matar al alfa?

—Yo —responde una de las hadas, quien tiene un puñal en sus manos—. Desde tiempos antiguos se creyó que la plata podía matar a un licántropo; sin embargo, se descubrió que la exposición a esta no es dañina.

» Sin embargo, si se mezcla con matalobos y se logra enterrar en el corazón será mortal, en especial si es un arma creada por el poder de un hada. Mi poder es crear armas mortales, dado que soy quien les da vida a las hierbas matalobos. También puedo controlar la plata.

—La ambición ya se había adueñado del alfa Mateus, así que debía morir o nos destruiría a todos —añade la otra hada—. Ahora tú tomarás su lugar, pero no solo gobernarás a la manada Luna Creciente, también serás responsable de los alfas de otros territorios, quienes deberán reportarte su gobierno.

» Es por esto por lo que debes apresurarte y salvar a tu mate. Nosotras, mientras tanto, le daremos muerte a los cómplices del alfa Mateus y buscaremos el zarcillo dorado. El alfa debe tenerlo oculto con él, pero protegido por algún encanto.

Asiento con la cabeza porque no soy capaz de articular palabras. Debo aceptar el ajusticiamiento al alfa o sería irme en contra del gobierno de las hadas. Kali, quien solo se ha puesto un pantalón, me toma de la mano para reconfortarme, entonces ambos caminamos en dirección al orificio seguidos por los lobos guerreros. A medida en que avanzamos, escucho los alaridos de dolor de parte de los jefes de la manada, quienes son ajusticiados uno por uno en mano de las hadas.

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