La noticia sobre la nueva plaga se riega como pólvora en las comunidades y manadas cercanas a Rayo dorado, lo que provoca el terror en los habitantes aledaños a los territorios aliados a Tron.
Ningún insecticida es capaz de destruirla ni el fuego, como tampoco los agricultores están dispuestos a lidiar con el peligro de ser devorados por dichos insectos, por tal razón, muchos de ellos abandonan su trabajo y solo unos pocos buscan la manera de contrarrestar a los intrusos y evitar que estos se expandan a otras regiones.
Ese evento provoca el éxodo de muchas personas, que empiezan a invadir otras manadas más lejanas o a buscar territorios vírgenes donde situarse.
—¡Con un demonio! —estalla Tron desde su oficina—. ¿Qué maldita plaga es esa? No solo se come los cultivos, también a las personas y a los animales. Solo es cuestión de tiempo para que nos invada a nosotros, puesto que se ha expandido por casi todas las tierras que rodean nuestros límites.
—Debemos encontrar la manera de deshacernos de esa plaga, Alfa, o destruirá todo lo que nos ha tardado décadas construir. Ya nuestra economía está siendo afectada por la destrucción de los cultivos de las manadas aliadas, si esto continúa terminaremos en la ruina —le advierte su beta.
Tron se aprieta el cabello con impotencia mientras camina en círculo por toda la oficina, luego suspira hondo y decide visitar a Riú. Quizás los zollebs puedan ayudarlo con ese inconveniente.
***
Legna prepara la comida favorita de Dylan mientras él se encuentra en su estudio trabajando en un nuevo proyecto. Tras Dylan haber estallado en su contra y ella haberlo visto de lejos luchar con su padre, ninguno de los dos volvió a tocar el tema y en esos días han estado distantes y apenas se dirigen la palabra.
Es por esto que Legna le está haciendo su comida favorita y espera poder hablar con él sin pelearse.
Un largo suspiro deja sus labios cuando ella observa la bandeja organizada con diferentes platillos, frutas y flores.
—Espero que a ese imbécil se le acabe la estupidez y deje de hacerme la guerra del frío. —Ella se muerde el labio inferior y vuelve a suspirar. Con pasos cautelosos, Legna se dirige al estudio de Dylan y se para frente a la puerta.
—Estoy ocupado. —Escucha antes de siquiera tocar. Ella reúne toda la paciencia que le queda para no insultarlo y se vuelve a morder el labio inferior para contenerse de pelearle.
—Lo sé, cariño. —Suaviza la voz y finge una sonrisa que él no puede ver del otro lado de la puerta—. Solo te traje el almuerzo, ¿puedo entrar? —El mutismo se torna asfixiante debido a que se prolonga porque Dylan no responde—. Dyl… —masculla cuando se desespera, pero usa un tono suave para disimular su impaciencia.
—No tengo ham… —Dylan es interrumpido por el sonido que hace la puerta al abrirse. Él se queda viendo los ojos de Legna, que lucen el mismo color de la madera que ha cedido ante su poder; al instante, sus irises recuperan su tono natural.
«Presumida», piensa él y hace una mueca.
—Mira, hice pasta y postre. —Ella ignora su cara de pocos amigos y pone la bandeja en una pequeña mesa localizada frente a un sofá, luego se dirige hacia el escritorio donde él está sentado y empieza a masajearle los hombros—. Ven a comer, ¿sí?
Dylan suelta un suspiro de rendición y le agarra las manos para que ella no lo siga tocando, acción que pone triste a Legna; acto seguido, se levanta de su escritorio y se sienta en el sofá.
«No fue así como imaginé esto», piensa ella decepcionada mientras observa a su mate comer con desánimo. Ni siquiera su almuerzo favorito le quita esa expresión de indiferencia de la cara.
—Es como si hubiese viajado al pasado —piensa ella en voz alta, captando la atención de Dylan.
—¿De qué hablas? —inquiere él.
—Nada, es solo que… te extraño… —Legna siente que ya no puede seguir lidiando con la presión en su pecho, por lo que estalla en llanto—. Siento mucho todo lo que te pasó, de verdad… Yo no sé en qué parte de tu historia soy la culpable, pero ya no soporto esta tensión entre nosotros. ¿Qué fue lo que hice? No lo entiendo.
Dylan deja de comer porque la comida le resulta pesada. El nudo que se le forma en el pecho empieza a sofocarlo, razón por la que no puede articular palabras, aunque desea responderle. Si no fuera por el lazo, Legna hubiera malinterpretado su silencio, pero ella puede sentir su dolor y la rabia que experimenta Dylan en su propio ser.
Con pasos sigilosos, Legna se acerca al sofá y toma asiento al lado de su esposo, es cuando descubre lágrimas en las mejillas de él.
—Vamos, búrlate de mí —escupe con rudeza.
Las lágrimas de la pelirroja se tornan abundantes gracias al dolor que las palabras de su mate le provocan.
—Eres tan injusto… —Ella se abraza a sí misma como mecanismo de defensa—. ¿Por qué siempre piensas lo peor de mí? Yo jamás me burlaría de algo como eso.
—Pensarás que soy un lobo débil… —La sensación cálida de la mano de su mate en la suya lo calla. Dylan suspira y mira a Legna con arrepentimiento, luego le agarra la mano que le brinda calor y le da un beso en el dorso—. Siento haber pagado contigo mi frustración. Me odio por haber permitido que esa cosa me usara a su antojo, pero más me odio por haber sido el causante de tus lágrimas. Sí fui un maldito infiel, después de todo. El simple hecho de imaginarme lo que sufriste me llena de ira.
Legna usa su mano libre para deshacerse de las lágrimas molestosas que se empeñan en salir.
—No fuiste infiel, solo caímos en una trampa que busca justo esto, separarnos. No permitamos que esa bruja logre su cometido. Ahora más que nunca debemos estar unidos… —Legna deja de hablar y sus ojos se tornan tan negros de repente que Dylan se asusta.
—¿Estás bien? —Él le agarra el rostro con las dos manos y busca algún indicio de sobriedad en esa mirada espeluznante que ella muestra.
—Muerte… —susurra Legna con la voz entrecortada—. La naturaleza sufre… Algo está pasando, Dylan, puedo percibir el grito de auxilio de este territorio. Debo buscar a mamá.
Legna se levanta de su asiento y sale del estudio en un santiamén, entonces Dylan la sigue hasta que se encuentran fuera de la casa. Cuando él cae en cuenta de que ella usará su habilidad para desplazarse por el bosque, se convierte en lobo al instante y corre detrás de ella.
No entiende qué sucede, pero adivina que es un asunto grave.
«Dylan», la voz de su padre resuena en su cabeza y él se gira para encararlo. Como lo supuso, un lobo negro de mirada carmesí se encuentra detrás de él.
«¿Qué sucede, papá?», inquiere, al deducir que algún evento importante ha de estar ocurriendo.
«No avancen, es peligroso. Nuestros territorios pueden ser invadidos por una plaga carnívora en cualquier momento», responde Tron mientras sigue a Dylan, quien ha retomado su andar para no perder de vista a Legna.
«¡Qué?», Dylan observa al cielo y la desesperación lo hace sentir impotente porque no sabe cómo detener a su compañera. «¡Legna, regresa!», le grita desesperado, pero ella no responde. «¡Con un demonio, loba terca, te he dicho que te detengas! ¡Es peligroso que continúes!»
Legna obedece su pedido y baja a la superficie donde se sorprende de ver a su suegro junto a Dylan.
—¿Qué hacen? —les reclama a ambos—. Necesito saber qué sucede en este territorio. Es un asunto que solo los zollebs entendemos.
«Yo sé lo que sucede», le explica Tron. «Vine por ustedes porque es peligroso que estén acá. Tengo pensado ir a ver a Alexa para que contactemos a Liah, pero tenía que asegurarme de que ustedes estuvieran a salvo».
Legna mira al lobo de Tron confundida y suelta un suspiro que logra calmarla, es cuando sus ojos toman su color natural.
—Vamos, entonces —dice ella antes de volver a saltar en dirección al cielo y movilizarse a una velocidad que supera a la de los licántropos. Tron y Dylan toman el sendero que los llevará a Fuerza de bronce, y en pocas horas se encuentran en las fronteras de dicha manada.
Mientras tanto, Ryan, quien está en sus clases de tecnología, siente un escalofrío extraño que le recorre todo el cuerpo. De imprevisto, él se levanta de su asiento y sale sin pedirle permiso a su maestro, entonces corre en dirección a la zona rural de Fuerza de bronce.
«¿Qué diablos me sucede?», se pregunta a sí mismo. Los latidos de su corazón aumentan y su piel empieza a secretar sudor frío.
Él usa su habilidad zolleb para transportarse más rápido a donde sea que su instinto le indica, pues no tiene claro cuál es su destino. Por un momento siente emoción al creer que se convertirá en lobo al fin, pero esa idea se esfuma cuando siente el llamado de auxilio de la tierra donde nació.
Tras varias horas de movilizarse por medio de los árboles, haber saltado colinas y reconocer algunas de las montañas que le dan a entender que ya no está en su manada, Ryan decide detenerse para ubicarse, es cuando descubre que el sol está por ponerse.
«Debo continuar», se anima y retoma su viaje.
Pese a la velocidad con la que logra desplazarse, le toma unas tres horas más llegar a donde sea que su instinto zolleb lo dirige. Un desierto lo recibe y en su pecho siente la necesidad de detenerse. La luz de la luna es débil, pero eso no es problema para un zolleb o licántropo, puesto que pueden ver sin inconvenientes en la oscuridad.
—Eres tú… —dice él cuando descubre a su amiga rata allí—. ¿Qué haces en este sitio?
—Huyo —responde alterada—. Nuestra manada fue atacada por unos insectos que se comen todo a su paso, incluyendo las personas. Se comieron a mi madre y a su esposo. Muy pocos escapamos y no sé dónde está mi hermanastro; temo que él también esté muerto. —La niña empieza a llorar desconsolada.
Ryan la mira con lástima y la agarra de la mano, acción que causa que ella deje de llorar y lo mire sorprendida.
—¿No te da asco tocarme? Yo soy…
—Una amiga que ha sido de gran ayuda —termina por ella—. Ven conmigo, te pondré a salvo.
—No puedo… —Ella se suelta de su agarre—. Necesito encontrar a Tiro.
Ryan arruga el rostro.
—Supongo que se trata de tu hermanastro. Es peligroso, mejor te pongo a salvo y después lo buscamos, ¿sí?
—No lo entiendes, Tiro es lo único que me queda. Necesito encontrarlo y asegurarme de que está con vida. —Ella corre desesperada por todo el desierto. Ryan maldice antes de seguirla. La chica llega al final del territorio arenoso donde empieza un páramo. Ryan usa su habilidad para alcanzarla y le sorprende lo rápido que ella corre, al punto de que se le escabulle con facilidad.
Él se abalanza sobre ella, atrapándola contra el suelo cuando ambos caen.
—Te estás poniendo en riesgo, volvamos —comanda él, al tiempo que le aprisiona las muñecas con sus manos.
—No regresaré al peligro, lo prometo —dice rendida—. Avanzaré en dirección a la próxima manada y lo buscaré, es probable que esté allí. Hay más manadas de lobos ratas al norte.
Por alguna razón, la insistencia de su nueva amiga lo molesta. ¿Qué tan importante es ese chico para que ella se arriesgue de esa manera?
—Bien, pero te acompañaré hasta que me percate de que estés a salvo.
La niña asiente sonrojada porque es la primera vez que alguien se preocupa así por ella. Ryan se levanta del suelo y le extiende la mano para que ella lo imite; otra vez la niña se sonroja debido a las atenciones caballerosas a las que no está acostumbrada.
Ryan se pregunta por qué le tiene que importar si esa chiquilla llega a salvo a destino o no, entonces recuerda el favor que les hizo y sonríe obvio. Solo se trata de agradecimiento, ¿no?
En todo el trayecto, la niña trata de no tener contacto con ninguna planta, pese a que pronto entrarán al bosque que conecta aquel territorio con la manada más cercana a las tierras del desierto y será inevitable estar rodeados de árboles y plantas.
Ryan se detiene de imprevisto y mira a su alrededor.
—¿Todo bien? —inquiere la chica asustada.
—Hay algo extraño acá, puedo escucharlo…
De repente, un zumbido resuena en la entrada del bosque y es cuando Ryan nota la deforestación en la zona que lleva al este del mismo.
—¡Rayos! —exclama. Al instante, se escucha un sonido más fuerte de zumbidos, como si miles de abejas se dirigieran hacia ellos.
—¡No puede ser! —grita la chica—. ¡Son los insectos carnívoros!
—¡¿Qué?! —Los ojos de Ryan brillan en un tono blanco, que trae como resultado que una energía transparente salga de las palmas de sus manos y floten sobre estas.
Ryan usa esa energía para atacar a los insectos; muchos de ellos son aplastados, pero al ser tantos, Ryan no da abasto y estos los rodean listos para comer su carne.
Los ojos de la niña se cierran por inercia, a la espera de una muerte lenta y dolorosa; sin embargo, ella los vuelve a abrir porque no siente nada sobre sí y es cuando nota que un campo de energía la cubre junto a Ryan.
Él la carga y salta por encima del bosque, pero los insectos los persiguen.
—¿Pueden volar a esta altura? ¿Qué clase de bichos diabólicos son estos? —profiere impresionado. La niña observa asustada cómo los animalitos usan sus dientes afilados para romper la protección, pero terminan explotando debido a la energía de Ryan.
—¿Cómo has hecho esto? —inquiere impresionada. Ryan sonríe airoso y mira a los miles de insectos que los han rodeado.
—Puedo hacer más que eso —alardea. Los ojos del chico cambian su tono a uno azul brillante y de la mano derecha, que es la que tiene libre porque usa el brazo izquierdo para rodear la cintura de la niña, sale una llama de fuego del mismo color que lucen sus ojos.
La chica se queda impresionada, puesto que es la primera vez que ve fuego azul. Ryan, en cambio, le guiña un ojo y procede a usar su mano para quemar a los insectos; no conforme con esto, él sopla fuego que lo ayudan a deshacerse de sus atacantes. Cuando los bichos son devorados hasta las cenizas, una energía oscura se expande en el cielo para luego desaparecer.
—Ya veo —balbucea Ryan casi inaudible, gracias al descubrimiento que acaba de hacer—. Esos insectos son el resultado del poder oscuro de alguna brujería…
—¿Crees que se trate de la misma bruja que se coló en la fiesta?
—Es probable. Vámonos ante de que me debilite. He usado bastante energía y todavía no domino mis poderes al cien por ciento. Tocará desplazarnos por encima del bosque porque no quiero encontrarme con más sorpresas —dicho esto, Ryan flota con la chica pegada a su cuerpo en dirección a Fuerza de bronce. Necesita llegar cuanto antes para advertir a todos de lo que está sucediendo en los territorios cercanos a Rayo dorado.

