¡Mate! – Capítulo 55: El día que dejé de ser tu hija

Gia
Con el corazón hecho trizas y la decepción amargándome el paladar, me limpio las lágrimas que he derramado y respiro hondo, como si esa acción bastara para aliviar el dolor que me consume.
Por un momento, la idea de rendirme y morir cruza por mi mente, pero entonces recuerdo a Gael, y ese pensamiento se convierte en el combustible que necesito para seguir luchando y aferrarme a la vida, aunque duela y queme.
Me tomo mi tiempo para procesar lo que acabo de escuchar, pasando del dolor y la decepción al resentimiento… y luego a la ira. Una arrasadora.
La brisa me levanta algunas hebras del cabello y contrasta con mi piel caliente, entonces decido despabilarme y acabar con esta pesadilla de una vez y por todas.
Decidida, analizo el panorama para atacar cuando ellos quiten la protección.
De repente, un resplandor nos cubre, entonces percibo el olor de Kali, Pete y parte de los guerreros de la manada, pero estos están a una distancia considerable para ser notados por el alfa, mas no pasará mucho tiempo para que él perciba su aroma.
Entretanto, los lobos que están con el alfa se agachan para protegerse la vista. La confusión y el pánico, causados por un sonido tortuoso y el resplandor que se ha intensificado, provoca que los guerreros corran en círculos al buscar la manera de huir de esta tortura, incluyendo el alfa.
Por mi parte, miro el orificio que se forma en medio de aquella molesta luz, puesto que a mí no me afecta tanto como a ellos, entonces decido ir en su dirección.
Salgo de mi escondite y corro hacia el gran resplandor; sin embargo, una fuerza magnética me detiene y, por más que lucho, no logro avanzar. Me voy a convertir en loba para poder luchar, pero soy levantada por encima de la superficie y lanzada contra un árbol.
Ignoro el dolor que el impacto le deja a mi espalda y vuelvo a abalanzarme en dirección de la luz, pero otra vez corro con la misma suerte, solo que ahora soy lanzada con más fuerza y a una distancia más lejana.
Giro en el aire para no terminar como la primera vez y caigo sobre mis rodillas, entonces percibo a Kali y a los demás detrás de mí.
¿Tan rápido llegaron?
«Han transcurrido varias horas, desde que intentaste traspasar el agujero de la protección hasta este momento; es solo que no lo sentiste porque el tiempo es alterado por el resplandor», me explica mi loba.
Vaya, creo que hay mucho conocimiento oculto dentro de mí que ignoro.
—¡Tenemos compañía! —vocifera el alfa, al percibir nuestra presencia.
Sus guerreros tratan de encontrarnos, pero parece que sus sentidos y reflejos han sido afectados por el resplandor.
El caos se adueña del lugar, mas el alfa se enfoca en que las hadas terminen su misión y, al cabo de unos minutos, el resplandor desaparece junto al ruido molesto, entonces los lobos recuperan la compostura.
—Alfa Mateus, ¿qué está haciendo?
—Eso debo preguntar yo, Kali; ¿qué diablos haces aquí si te dejé a cargo de la manada? —gruñe el alfa con voz de mando. Percibo a Kali y a los guerreros que vienen con él tensarse, por lo que de momento temo que ellos apoyen al alfa.
—¿Por qué tiene a esas pobres hadas aprisionadas? ¿Cómo consiguió la piedra si esta estaba a cargo de Gael?
¿Qué?
Miro a Kali en completo asombro. ¿Por qué Gael tenía la piedra de las hadas?
—Gael mismo me la dio para que transportara a Natura, pero esa traidora resultó ser una bruja —responde el alfa a la defensiva.
—No le creo —refuta Kali con el ceño fruncido y los labios tensos—. Gael iba a utilizar la piedra para recordar su origen, eso le aconsejó el hada. Luego me la encargaría a mí y a Gia, para que nosotros encontremos la manada de Natura. No lo entiendo, me pareció raro que Gael no me hubiera informado acerca de esta cuando fue exiliado y luego yo estaba concentrado en salvar a mi hijo.
—¿Por qué nunca me dijeron nada? —confronto a Kali.
—Gael lo haría en su momento, de todas formas, lo de la piedra no era relevante porque no le funcionó. Además, él quería asegurarse de que Natura era quien en realidad decía, por eso te dejó la carta para que estuvieras atenta.
Miro a mi padre por inercia, quien nos devuelve la mirada en alerta, como si esperara un ataque de nuestra parte.
—No creo que Gael te haya dado esa piedra, papá —escupo con ira.
—Yo tampoco lo creo, pero Gael no mencionó que la haya perdido, es lo que me confunde —concuerda Kali.
«Control mental», me recuerda mi loba.
Cierto…
—El alfa tiene razón —digo con ironía—, Gael le dio la piedra. —Kali me mira confundido—. Pero no por voluntad propia, ¿cierto, padre? ¿Qué más hiciste esa noche que me dejaste inconsciente porque querías evitar que yo me uniera a mi mate? Lo exiliaste, pero antes le quitaste la piedra y lo convenciste de que me deje. ¿Me equivoco, alfa Mateus?
Mi progenitor frunce el ceño y me mira con desafío.
—¿Y eso qué? Me molestó que la reina de las hadas no haya confiado en mí y sí en Gael, un huérfano maldito que está destinado a morir. Te uniste a él y eso no impidió que el veneno se detuviera.
» ¡Oh, cierto! Fuiste tan imbécil de marcarlo. Beber su sangre te condenó. Siempre fuiste una tonta, por eso solo esperaba deshacerme de ti y reemplazar a Katrina por una luna que me pudiera dar un hijo heredero.
¿Qué?
Sus palabras son como un filo agudo que se clava en mi corazón con crueldad. No soporto escucharlo, no puedo asimilar que él, mi papá, haya dicho esas cosas.
No. Este no puede ser mi padre. ¿Cómo es que fue tan amoroso y protector si nos odiaba? Es que no lo entiendo.
—Eres un ser repugnante —espeto con la quijada apretada, pues la tensión me dificulta hablar—. Mamá te ama tanto que ha soportado tu machismo, al negarme el derecho de ser tu sucesora. ¿Y así le piensas pagar?
—Ella debe estar agradecida de que yo la haya desposado —contesta él con una frialdad que me hela los huesos—. ¿Qué le esperaba a una simple omega sin un mate? Nunca lo supiste, pero por tus venas corre sangre de omega, así que solo puedes aspirar a hacer la esposa de alguien, no una líder.
» Yo iba a tener un hijo poderoso, puesto que mi mate tenía sangre pura de alfa; pero ni siquiera lo vi nacer, todo por culpa de esas malditas brujas que me los arrebataron. Tu madre fue un buen entretenimiento y, de verdad, puse de mi parte para amarla y ser un buen esposo, pero me dio una hija y luego no pudo tener más cachorros. Eso fue un golpe bajo para mí.
Cómo me gustaría que esto fuera una pesadilla. Necesito despertar y que todo este asunto no sea real.
De repente recuerdo la última conversación con mi madre. Ella me contó que el alfa le dijo palabras hirientes.
Ahora entiendo…
Mamá…
—Supongo que ya escogiste a su reemplazo —escupo con odio. Es lo único que puedo sentir por él.
—Sí, y se lo informé. Ahora que sabes la verdad, ¿qué harás, Gia? Yo soy el alfa, así que todos estos lobos me deben respeto y sumisión. Por más especial y fuerte que te creas, tu perro faldero y tú están en desventaja. Sí, yo tengo el zarcillo dorado. También aprisioné a estas hadas, que fueron enviadas por la reina para ayudarme a «encontrar a Gael».
» Pero ¿qué harás al respecto? Si eres inteligente, desiste de rebelarte a mi voluntad, regresa a casa con tu madre, quien de ahora en adelante solo será una concubina; y acepta la propuesta de unión con el alfa Leoncio, que aún está vigente. Evítame esa guerra sin sentido. Morirás, pero lo harás con honra y en los brazos de un buen esposo.
¿Acaso el alfa se volvió loco?
Es que no se puede ser más cínico y cruel.
—Lo siento, pero aquí el único que debe desistir eres tú —lo desafío.
Él suelta una carcajada, que denota burla, y mira a los guerreros que vinieron con Kali.
—¡Aprésenla! —ordena, pero ninguno se mueve de su lugar—. ¡¿No me están escuchando?! —vocifera colérico—. ¡Les dije que la apresen!
Los guerreros se convierten en lobos ante la orden del alfa, entonces reculo en alerta cuando estos caminan en mi dirección con mirada amenazante.

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