24. ZHL: Mía, pero no marcada

Una bebida fría le parece una buena idea para lidiar con el terrible calor que está haciendo en esos días. Alexa, aunque ha desarrollado más su naturaleza licántropa y aminorado su parte zolleb, cuenta con la sensibilidad propia de dicha especie, por lo que percibe que el cambio climático que está ocurriendo no es un evento natural.

Tampoco hay que ser un zolleb para percibir que algo anda mal con el clima.

—¿Tendrá que ver con la misión de papá o estoy siendo paranoica? Digo, ha hecho frío como si estuviéramos en invierno, pero también ha hecho un calor infernal… Apenas estamos entrando al otoño…

—¡Alexa! —El llamado autoritario de Riú la saca de sus meditaciones.

Ella deja el vaso sobre la repisa de la cocina y corre a su encuentro. Ya en la sala, vislumbra a un Riú enojado, con la respiración alterada y los ojos rojos e intimidantes.

—¿Qué te sucede, amoyeca? —inquiere ella preocupada.

—¿Por casualidad Legna vino a casa mientras estuve de viaje? —cuestiona, tenso.

Alexa se sorprende por la extraña pregunta y se asusta, puesto que teme que algo malo le haya pasado a su hija.

—Creo que no —responde pensativa.

—¿Crees? —Él se cruza de brazos y enarca una ceja.

—No he estado mucho en casa en estos días porque estoy trabajando en mi nueva línea de ropa. Te lo dije antes de que te fueras, así que no sé por qué te sorprendes.

—¿Y eso ha evitado que no estés al pendiente de tu hija? —gruñe incómodo.

—¿Estar al pendiente? Ya Legna es una adulta, Riú. ¿Qué rayos está sucediendo? Llegas a casa antes del tiempo que tenías pautado, alterado y preguntando por la niña. Me estás asustando…

—¡Rayos! Esa chiquilla hace y deshace a su antojo, ¡pero me va a oír! —Él sale de la casa hecho furia.

—¡Riú, espera! —Alexa corre detrás de él.

Los dos se dirigen a la cabaña. El alfa se conduce con pasos rústicos e intimidantes, mientras que su luna luce confundida y preocupada.

***

La melodía que sale de los labios rojizos llena el ambiente de una paz maravillosa. Pequeñas vibraciones se sienten en el agua del río que se encuentra detrás de ella, como también en las hojas de los árboles que adornan todo el territorio.

El malestar de la naturaleza se calma, a medida en que ella canta una canción con letras desconocidas.

—Este clima está enfermando a nuestro ecosistema —murmulla Legna, tras haberse tomado un descanso—. Necesito ver a mi abuelo y contarle que el mal se está extendiendo a este continente también.

De repente recuerda su reclamo con Dylan y el miedo se apropia de ella, ya que está consciente de que su abuelo se enteraría si la llegase a ver.

—¡Rayos! El rey me va a matar… —Ella suspira y mira a su alrededor angustiada—. Mejor espero a solucionar mi situación con Dylan, de todas formas, el abuelo se está encargando del problema climático en el territorio humano, así que es cuestión de tiempo para que se resuelva todo aquí también. Sí, mejor me espero… —Se muerde el labio inferior.

Legna decide regresar a la cabaña y darse un baño de hojas, con la intención de ocultar el olor de Dylan que se ha quedado impregnado en su piel, para ir a visitar a su familia antes de que a ellos se les ocurra ir a verla.

Cuando está cerca, el terror se apropia de ella al percibir el aroma de sus padres.

—No puede ser…

—¡Legna! —exclama Riú mientras se apresura en su dirección—. ¡A ti te quería ver, mocosa! —profiere, desde que llega a ella.

El miedo deja inerte a la pelirroja frente a un muy molesto Riú, que lo primero que hace es olfatearla.

Él gruñe, al descubrir un perfume que no pertenece a su hija.

—¿Estás bien, cariño? —irrumpe Alexa mientras observa la actitud extraña de su compañero—. ¿Qué sucede…? —Como si fuera impulsada por su instinto materno, ella también olfatea en el aire y agranda los ojos cuando descubre el olor ajeno. Pronto entiende la situación, debido a que repara en la expresión nerviosa de su hija y en sus mejillas teñidas de rojo.

—¿Dónde está la marca, Legna? —La seriedad en el tono de su padre la hace sentir avergonzada.

Creyó que a él le molestaría que ella intimara con Dylan, no que lo hiciera sin compromiso. ¿Cómo explicarle que no puede formalizar la relación con su mate?

—N-No nos hemos marcado…

—¡Y te acostaste con él! —la interrumpe.

—¿Por qué asumes que me acosté con el imbécil de Dylan? —Sus propias palabras se sienten tontas cuando salen sin previo aviso. Como respuesta, Riú ríe irónico, pero sin un atisbo de diversión en su carcajada.

—¿Me vas a querer ver la cara de idiota ahora? ¿Dónde está ese mal nacido? ¡Hijo de Tron tenía que ser! ¿No me digas que él no quiere asumir su responsabilidad? ¡Yo lo acabaré con mis propias manos!

Él se aleja de ambas mujeres con pasos urgidos y de un salto se convierte en lobo, acto seguido, corre en medio de los árboles con el objetivo de llegar a la carretera que conecta a Fuerza de bronce con Rayo dorado.

—¡Papá, no es lo que crees! —Ella da saltos hábiles para alcanzarlo; no obstante, es detenida por una ráfaga de viento que la hace caer de bruces al suelo terroso—. ¡Mamá! ¿Por qué hiciste eso?

—Tú y yo vamos a hablar, jovencita —suelta Alexa intimidante. De las pocas veces que Legna la ha visto enojada de verdad, ésta le parece más escalofriante que las anteriores.

—No es momento para conversar, mamá; debo detener
a papá o matará a Dylan. ¡Y todo por un malentendido!

Alexa se acerca a ella con pasos amenazantes, a lo que Legna se limita a tragar pesado. Todo su ser tiembla, ya que la energía de su progenitora la paraliza. Al parecer, la indignación ha despertado su parte zolleb más tosca.

—¿Me dirás lo que tengo que hacer? ¡Este es el colmo de la insolencia! —profiere la luna, escandalizada.

—Mamá, déjame ir a explicarle todo a mi padre antes de que se busque problemas con el alfa Tron. ¿Dejaremos que arruine una amistad de tantos años sólo por una asunción de ustedes? Las cosas entre Dylan y yo no sucedieron como ustedes se imaginan. No fue él quien se negó a la formalización, fui yo, mamá.

—¿Qué dices? ¿Por qué harías algo como eso? —El semblante de Alexa cambia a uno preocupado.

Legna suspira rendida y deja que las lágrimas bañen sus mejillas sin molestarse en secarlas.

—Dylan y yo no podemos reproducirnos porque eso alteraría el equilibrio de este territorio. Los licántropos puros no aceptarán que su pureza desaparezca, debido a los híbridos. Mamá, nosotros somos una nueva especie, una que es desconocida y que aterrorizará a los lobos puros cuando se enteren. Eso podría ser desastroso. ¿Crees que no lo he marcado por mero capricho? Me duele demasiado no estar junto él… Yo lloro todas las noches porque temo a que llegue el día en que tenga que dejar de verlo por siempre.

—Cariño, ¿has cargado con todo esto tú sola? —Alexa la abraza—. Deja de preocuparte por situaciones que no podemos controlar, mi niña. Papá es un paranoico, no dejes que sus ideas raras te afecten. ¿Acaso ha sucedido algo malo en estos veinte años?

—No ha pasado nada porque nuestra identidad es un secreto, mamá. Pero si nos empezamos a reproducir, es cuestión de tiempo para que los licántropos puros se enteren… Tendrían el derecho de cazarnos, mamá. Ese no es el futuro que quiero para mis futuros cachorros ni los de mis hermanos.

—Cariño, así como Riú y yo pudimos resolverlo, también ustedes lo harán.

—No es lo mismo, mamá. No podremos ocultar nuestras habilidades por siempre. Quizás mis hermanos y yo hemos sido prudentes, pero nosotros sólo somos tres. ¿Te imaginas a más cachorros? No, eso será imposible de esconder, mamá.

Alexa se queda pensativa porque no tiene cómo refutar a su hija, quien al parecer ha analizado el futuro mejor que ella.

—Buscaremos una solución, mi niña. Mientras tanto, alcancemos a tu padre antes de que cometa una locura. —Ella la vuelve a abrazar y ambas flotan por encima del suelo; ya arriba, se mueven a una velocidad impresionante en búsqueda del mestizo.

***

Riú toma un atajo que Alexa y Legna desconocen, puesto que no quiere que ellas lo intercepten con sus habilidades. No se dejará convencer por ese par, mucho menos permitirá que su familia sea ofendida, por más alianza que tenga con Rayo dorado.

Tras varias horas de haber corrido en su forma lobuna, Riú cambia a su figura humana y queda vestido al instante por la ropa que sale del cordón.

Después de un saludo que denota reverencia y respeto, los guardias lo dejan pasar y él se apresura a ir a la casa de Tron.

Con zancadas tensas y rápidas, Riú llega a la enorme y lujosa casa de su amigo.

—¡Y esa sorpresa! —lo recibe Tron, muy contento.

—¡Sorpresa me llevé yo hoy! ¿Dónde está tu hijo?  Él tiene una cuenta con mi familia que debe saldar.

Tron se queda estupefacto por unos segundos, hasta que recuerda los líos amorosos que se traen Dylan y Legna.

—Creo que debemos hablar este asunto con la mente fría… —musita Tron contrariado, debido a que nota el enojo de Riú.

—¿Hablar con calma? ¡Tu hijo mancilló a mi niña y no se quiere hacer cargo! ¡¿Dónde está?! ¡Voy a acabarlo con mis propias manos!

Tron agranda los ojos por la sorpresa, puesto que Dylan no le había contado ese pequeño detalle.

—Oye, tranquilo, amigo… —Tron se aclara la garganta—. Estoy seguro de que se trata de una equivocación porque mi hijo sí quiere todo con tu cachorra. ¡Si fue ella quien le partió el corazón! Vaya, no puedo creer que mi cachorro ya coronó, ese pillo se lo tenía bien guardado —espeta con una sonrisa traviesa.

—¡Maldición! ¡Se trata de mi hija, con un demonio! —Riú gruñe colérico—. ¿Acaso quieres que te parta la cara? ¡Deja de sonreír como un idiota!

—Cálmate, gruñón, nuestros hijos son mates, por lo tanto, pueden coger todo lo que quieran. ¿No es eso una buena noticia? ¡Seremos familia!

La ira quema dentro de Riú y su vista se torna más roja de lo que ya estaba. En ese momento, lo único que desea es borrarle a puros golpes la sonrisa de felicidad que muestra Tron.

—¿Buena noticia? Acabaré con tu hijo con mis propias manos. ¿Dónde está ese infeliz?

—¿Cómo osas en venir a amenazar a mi cachorro en mi propia casa? Entiendo que estés molesto, de verdad lo entiendo, porque yo actuaría de la misma manera por causa de Miha; sin embargo, no te dejes cegar por la rabia y los celos paternos, ya que estoy seguro de que los chicos tendrán una buena explicación para este asunto. ¿Acaso se te olvida que tú también pasaste por lo mismo?

Riú gruñe porque se siente confrontado. ¿Con qué moral le va a reclamar a ese cachorro, si él se negaba en aceptar a su mate al principio?

«Esto es diferente», se justifica en su mente mientras niega con la cabeza.

—Le daré el beneficio de la duda a tu hijo, pero él tendrá que asumir su responsabilidad o yo mismo le arrancaré la cabeza —decide, resignado.

—Estoy de acuerdo contigo. No permitiré que Dylan actúe como un cobarde.

—¿Dónde está él?

Tron se tensa ante esa pregunta por la manera en la que Riú la expresa, es como si todavía tuviera ganas de despedazar a su cachorro.

—En su casa… —dice titubeante—. Él se mudó allí desde que terminó de construirla. Yo te llevaré.

—Por lo menos tiene un techo para que se haga cargo de mi hija —masculla Riú entre dientes.

—Y su propio negocio. Tu cachorra estará en buenas manos, además, Dylan es mi heredero, así que cuenta con las riquezas de Rayo dorado. Él es un buen partido. No te imaginas todas las propuestas que he recibido de parte de alfas que tienen cachorras en edad para el apareamiento. A eso se le suma lo atractivo que Dylan es, tu hija va a comer bueno… —Tron deja de hablar cuando la mirada asesina de Riú lo confronta.

—Deja de decir estupideces… —gruñe molesto—. Mi hija es la cachorra más hermosa en todo el territorio licántropo. Ella refinará a tu familia —bromea.

El semblante de Tron se relaja al notar la media sonrisa del mestizo.

—No te discuto que tu hija sea la más hermosa de este territorio, pero no concuerdo con lo de «refinar a mi familia». Nosotros somos todos hermosos. ¿Te imaginas los cachorros de nuestros hijos? Esos sí serán bellos.

—Y poderosos —añade Riú con una sonrisa.

—Tendremos unos nietos maravillosos…

Los dos hombres caminan en dirección al sur mientras conversan acerca del futuro, asimismo, de lo beneficiosa que será la unión entre sus primogénitos.

Mientras tanto, Legna y Alexa llegan a los límites de Rayo dorado, pero la primera detiene a su madre de forma repentina.

—Vamos a dividirnos, mamá —propone. Alexa la mira confundida.

—¿Por qué?

—Porque quiero hablar con Dylan antes de que se enfrente a papá.

—No te entiendo. Ya tu padre debió haber llegado…

—Lo sé —la interrumpe—, pero Dylan ya no vive con su familia, él tiene su propia casa. Estoy segura de que se encuentra allí porque está trabajando en un nuevo proyecto. Ve a calmar a papá mientras yo hablo con Dylan.

—Espero que esa conversación se trate de su unión. No es bueno que sigan separados.

Legna asiente no muy convencida. Madre e hija se separan, pero Legna no quiere perder el tiempo, por lo que decide usar la técnica de teletransportación, aunque sabe que no debe utilizar esa habilidad a la ligera.

«Podría considerar este evento como una emergencia, así que no estoy siendo irresponsable, ¿cierto?», se convence a sí misma, antes de desvanecerse y aparecer frente a la casa de su mate.

Un aroma conocido capta su atención y todas las alarmas de su cuerpo se encienden, al igual que el instinto asesino de su loba.

Con nerviosismo, Legna abre la puerta con la llave que Dylan le dejó la última vez que se vieron. Una vez en el interior de la casa, ella busca con la mirada a la dueña del olor que no pertenece a su mate.

—Hola, Clara —saluda en un tono sarcástico, tomando por sorpresa a la rubia y a Dylan—. Espero no estar interrumpiendo nada íntimo.

Dylan llega a ella deprisa y nervioso.

—No te hagas ideas raras, Legna… —pide abrumado, dado que puede percibir la decepción en su compañera.

—No es necesario hacerme ideas, todo está muy claro ante mis ojos… —escupe molesta.

—No, Leg, no lo está…

—¿Por qué Legna tiene llaves de tu casa? —lo interrumpe Clara—. ¿Qué se traen ustedes dos, cariño? —añade en forma de reclamo.

«Cariño», se repite en la mente de Legna de una manera insoportable.

—¿Qué haces aquí, Clara? ¿Con qué derecho le reclamas a mi mate? —Hace énfasis en las últimas dos palabras.

—No es de tu incumbencia, Legna. No quiero ser grosera contigo, pero ya me tiene harta que andes detrás de Dylan todo el tiempo. ¿Acaso no tienes vergüenza? Siempre has querido llamar su atención, al punto de ridiculizarte a ti misma.

—¡Cállate, Clara! —profiere Dylan incómodo—. No permitiré que le hables así a Legna.

—¿Por qué Clara está en tu casa cuando tú te encuentras solo, Dylan? —interpela la pelirroja, ignorando a la rubia—. ¿Hasta cuándo tendré que soportar esta situación? Se supone que eres mío y de nadie más, por lo tanto, me debes respeto.

—Ella sólo vino a visitarme… —responde él nervioso.

—Ya… —musita la pelirroja mientras hace leves asentimientos con la cabeza. La indignación resalta en su semblante.

Antes de que Legna haga otro reclamo, los llamados de Tron se escuchan desde afuera, mas, puesto que la puerta se encuentra a medio abrir, él entra a la casa junto a Riú sin esperar una respuesta de parte de Dylan.

—¿Qué sucede aquí? —inquiere el mestizo, tras encontrarse esa escena sospechosa donde Legna luce triste y desilusionada. Entonces, cree comprender por qué el hijo de Tron no formalizó la unión con su hija—. ¿Acaso este infeliz piensa reemplazar a su propia mate por esta niña? —escupe, lleno de resentimiento. Para él, el pasado se burla en su cara al repetirse su amarga historia con su hija.

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