¡Mate! – Capítulo 42: Iré por ti

Gia

El alfa Todd y sus hombres mantienen una guerra de miradas conmigo y con Kali. Hace rato que estamos sentados frente a él, bajo el atento escrutinio de sus guerreros, quienes están alertas a cualquier movimiento de parte de nosotros para atacarnos.

—No me sirve de nada darles información a ustedes si Gael se marchó —replica el alfa Todd.

—¿Me parece sospechoso su interés en nuestro próximo alfa? —responde Kali con marcado enojo.

—Su futuro alfa es una persona muy especial, portador de una gran bendición y sabiduría. Es un licántropo fuerte y que ve más allá de lo que los demás ven, por lo que es un desperdicio que lo tengan revisando informes en una oficina. El alfa Mateus lo ha estancado porque se siente amenazado por él —contesta él, muy seguro y con expresión indignada.

—Eso que dice es pura basura —contraataca Kali—. ¿Por qué no nos ponemos sinceros? ¿Qué es lo que busca en realidad?

—El alfa Ralph, padre de Gael, era mi amigo. Es mi responsabilidad ayudar a su hijo. Yo no hice nada al principio porque creí que él estaba en buenas manos, pero al parecer me equivoqué. Ahora él se encuentra en peligro de muerte y sufriendo.

Esas palabras me inquietan.

—¿Por qué está en peligro de muerte? —rompo el silencio en el que me había sumergido desde que llegamos. Las miradas de todos recaen sobre mí. Entonces el alfa Todd sonríe, malicioso, mientras me escudriña.

—¿No lo sabes? Tu amado mate morirá pronto. Al parecer, el veneno de la maldición está en su punto máximo y es cuestión de tiempo para que tome el control de todo su cuerpo, hasta que no quede aliento en él. La única forma de salvarlo es que le devuelvan el zarcillo dorado.

¿Qué?

Me quedo helada en mi lugar.

De repente hace frío, y las palabras se me atascan en la garganta. El corazón se me acelera mientras soy sacudida por grandes temblores, al tiempo en que se me resecan los labios.

—Nuestro alfa no tiene esa piedra —refuta Kali.

Por mi parte, soy incapaz de hablar, mi mente deambula en las palabras de ese alfa y esa angustia oculta empieza a torturarme.

—Si él no la tiene, entonces ¿quién? Llegó allí primero que nosotros, y ya la piedra no estaba —responde el alfa Todd, un poco alterado—. Además, su manada se ha tornado muy fuerte y fructífera en estos últimos años…

—¡Porque el alfa y sus hombres han trabajado duro! —lo interrumpe Kali, alterado—. ¿Cree que el estado de nuestra manada es bueno comparado con lo que podría ser si tuviéramos esa joya? El alfa Ralph era el triple de rico y poderoso que nosotros; no hay comparación entre lo que ese zarcillo hacía a su manada y lo que nosotros hemos logrado. Es una tontería siquiera suponerlo.

Todos los guerreros y el alfa se quedan en silencio por un largo rato, como si analizaran el argumento de Kali. Yo, en cambio, solo puedo pensar en Gael. No acepto que se esté muriendo.

—Vinimos aquí porque, supuestamente, usted podría ayudar a Gael, pero, al parecer, usted solo quiere obtener el pendiente —digo al fin, frustrada.

—No solo eso, Gia. Esta gente ha estado metiendo sus narices en nuestra manada; incluso tienen a un infiltrado allá —asegura Kali con una sonrisa maliciosa—. Primero, Loni empieza a cortejar a la hija del alfa de la nada, pero, dada su naturaleza de imbécil, arruinó el plan.

» Luego desaparece sin dar ninguna explicación al alfa ni a los jefes de la manada, para regresar todo arrepentido y con un interés sospechoso en ayudar a Gael, cuando sabemos que estos dos nunca se soportaron.

El alfa Todd se tensa.

No había pensado en eso. Ahora todo cobra sentido. Entonces Loni es un traidor; debe ser esa la razón por la que insistía tanto en que atacáramos esta manada. De seguro era una trampa.

Kali y yo nos marchamos de la manada Luna de Fuego con las manos vacías, con el único descubrimiento de que estos solo quieren los dichosos pendientes y que tenemos a un posible traidor entre nosotros. Por supuesto, el alfa Todd negó todo, y salir de allí casi nos cuesta una pelea.

***

Esto es horrible. Gael está muriendo en algún lugar y yo no sé cómo encontrarlo. ¿Será verdad lo del dichoso pendiente? Pero ¿cómo lo encuentro?

Salgo al patio para tomar el aire fresco de la tarde. Hoy el día está nublado y hace mucho viento; aun así, es mejor que esas cuatro paredes, donde siento que me asfixio.

Camino por todo el territorio para calmar la ansiedad, admirando las hojas ser movidas por el viento y el tono melancólico de un día que augura lluvia. De repente, escucho unos sollozos que me ponen alerta. Me debato entre continuar en dirección al conglomerado de árboles, donde se escucha el llanto, o simplemente ignorarlo.

¿Y si es Gin? Ella ha estado muy deprimida en estos días, y muchas veces me la he encontrado llorando en los rincones de la casa.

Ignoro las alarmas de mi cuerpo, que me grita que huya, y obedezco a la preocupación que ese llanto me provoca. Por lo tanto, me adentro al conglomerado y, cuando he caminado por unos minutos, me encuentro a esa mujer rubia tirada en el suelo, llorando desconsolada.

—¿Natura? —pronuncio con sorpresa. Ella me mira mientras frunce el ceño y se seca el rostro con rapidez.

—Vete —ordena con descortesía.

—¿Por qué lloras? —Me molesta su actitud, pero es una persona, después de todo.

—No es tu asunto. —Se levanta del suelo y se sacude la falda de su vestido corto y ajustado—. ¿Qué? ¿Te burlarás de mí ahora?

—Nunca haría algo así.

—¡Sí, claro! Yo no te caigo bien, no seas hipócrita.

—Tienes razón, no me agradas. Pero jamás me burlaría del mal ajeno; creo que eso es lo que me diferencia de ti —contraataco. Quise ser amable, pero ella me la pone difícil.

—Ya… —balbucea con ironía—. Tú y yo tenemos un deseo en común.

—No lo creo.

—Claro que sí. Quieres que me largue de este lugar. ¡Sorpresa! Yo también me quiero ir. Mi esperanza era Gael; él me aseguró que podía transportarme, pero él ya no está. ¿Cómo regresaré a casa ahora? Odio este lugar lleno de arrogantes. A veces creo que esto es una pesadilla, pero no: sí estoy en una manada que me recuerda lo inútil que soy. —Me mira de forma despectiva.

Entorno los ojos y me cruzo de brazos.

—No es que nosotros estemos muy felices con tu visita.

—Por eso digo que tú y yo tenemos un deseo en común. Por tal razón, quiero proponerte un trato. Hoy escuché una conversación donde tu padre terminaba de aclararle el asunto de la maldición de Gael a tu madre. Al parecer, ella ignoraba gran parte de esta.

Mi atención se pone sobre ella, pues me interesa mucho lo que dice. La escucho, con un malestar en el estómago y temblores involuntarios.

—Era obvio que no te diría lo que descubrí, porque tú tampoco me agradas —continúa, denotando su característica arrogancia—. Pero si puedo sacar ventaja de contarte, entonces no le veo el problema a hacer un poco de caridad.

Me tenso. No confío en esta arpía, pero si ella sabe algo que yo no sobre Gael, no me importa hacer un trato con tal de salvar a mi mate.

—¿Qué escuchaste?

—No. Primero hagamos un trato. Debes prometerme que convencerás a Gael de transportarme a casa.

—¿Por qué no lo haría? ¿Qué parte de que me molesta ver tu cara de idiota no has entendido?

—Vaya, tan amable como siempre —ironiza con disgusto—. Bien. Escuché que tu padre le contaba a su esposa que Gael nunca te dijo nada porque, al llegar este momento en su vida, tú te sacrificarías para alargársela.

» Al parecer, si tú marcas a Gael, o él a ti, ambos compartirán la maldición y el tiempo de vida de él se extenderá. Por supuesto, eso no sirve de mucho, porque al final, ambos morirán consumidos por el veneno.

«Pero ganaremos tiempo», pienso esperanzada.

Y lo que tanto temía estalla en mi cara con crueldad. Las lágrimas se me acumulan en los ojos y están a punto de estallar. Siento que mi cuerpo es sacudido por varios escalofríos y la esperanza regresa a mí. Solo es buscarlo y marcarlo, luego tendremos tiempo para encontrar el zarcillo y romper la maldición.

Y si nunca lo encuentro… entonces moriremos juntos. Pero, por lo menos, le daré más tiempo a Gael y nuestros últimos días serán amándonos. Prefiero eso a vivir sin Gael. Su ausencia sería demasiado dolorosa.

—Tu expresión me dice que estás dispuesta a sacrificarte por él. Creo que él lo sabía y por eso se marchó —comenta con sorna.

—Gael es mi mate. Haré hasta lo imposible para ayudarlo. El problema es que no sé a dónde se ha marchado —me lamento, a punto de perder la compostura.

—Esta es la información que te daré porque necesito que lo encuentres, para que él me regrese a casa antes de que se muera —dice ella, y la esperanza regresa a mí, aunque no debería confiar en esta arpía.

Además, la manera fría con la que dice la última frase me da ganas de golpearla hasta el cansancio, pero decanto en calmarme.

—¿Sabes dónde está? —La desesperación en mi voz es muy obvia.

—No exactamente. Es decir, escuché algo acerca de su paradero, pero ni idea de dónde queda eso. El alfa le dijo a tu madre que él se encuentra en la casa que construyó para ti. ¿No es eso romántico? Un hombre me construye una casa y me lo follo hasta el cansancio. Algunas zorras tienen tanta suerte…

No la soporto.

» En fin, el alfa tuvo que decirle dónde estaba para tranquilizar a tu madre. Creo que ella buscaría la manera de visitarlo sin que te dieras cuenta.

Sé que mamá y papá quieren protegerme, pero es inevitable no sentirme traicionada por ellos.

Doy la vuelta para correr en dirección a la oficina. ¿Cómo no se me ocurrió antes?

—¡Recuerda nuestro trato! —grita Natura a la distancia.

Tomo el vehículo de Kali sin su permiso y me dirijo a la oficina.

Celi me recibe con mucho cariño y, después de hablar un rato con ella para que no sospeche nada, me encierro en el lugar donde Gael y yo solíamos trabajar juntos. Con manos temblorosas rebusco entre sus cosas, pero no encuentro nada. A este punto, la desesperación ha tomado control de mí.

¡Al desgraciado de Gael no se le escapa nada!

Inhalo y exhalo varias veces para recuperar la compostura.

Toques en la puerta me sacan de mi trance. Le abro a Celi, quien trae dos tazas de café en una bandeja; es justo lo que necesito en este momento para calmarme.

—Celi, Gael una vez me contó que construyó una casa en un lugar remoto. Pero nunca me dijo la ubicación. Ahora mamá está preocupada por su desaparición y me pidió que investigara sobre el asunto. Es por eso por lo que vine hoy. Al parecer, el alfa no quiere que lo encontremos.

—Entiendo… —Sonríe con nerviosismo—. El alfa me advirtió acerca de ello. Me dijo que por nada del mundo hablara sobre el asunto. Hace poco descubrió lo de la casa, lo hizo porque le dije que Gael pudo ir allí.

—¿Papá no lo sabía?

—Tenía una vaga idea, pero nunca le dio importancia.

—Celi, por favor, necesito que me digas. Te prometo que no le diré a papá.

—No lo sé, Gia. No quiero tener problemas con el alfa.

—No tendrás problemas con papá. Él no tiene por qué enterarse y, en caso de que lo haga, diré que encontré esa información entre las cosas de Gael.

» De todas formas, él ya me había contado acerca de la casa. Por favor, Celi. Gael está enfermo y mamá y yo queremos ir a verlo y llevarle algunas cosas. Todo será en secreto, por favor.

Insisto e insisto, hasta que ella suspira con resignación.

—Bien, tú ganas. Gia, te diré dónde está Gael, pero que te conste que no admitiré nunca que yo te lo dije; asumirás las consecuencias tú solita.

Asiento. Estoy con los nervios de punta y el corazón a mil. Por fin veré a Gael y estaré entre sus brazos.

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