Gia
El almuerzo no salió tan mal como pensé. En realidad, fue un refrigerio para mi ánimo caído, y hasta me siento un poco mejor. El alfa Leoncio es un hombre divertido y agradable; es fácil mantener una conversación con él, y he de admitir que me siento a gusto con su compañía.
—Entonces estás soltera. —Dejo de caminar al escuchar su comentario. Este tipo no pierde tiempo; creí que se limitaría a las indirectas y al tono seductor, pero no.
—Sí… —balbuceo. Otra vez el recuerdo de Gael apuñala mi corazón, y las ganas de llorar regresan. ¿Cuándo lo superaré?
—¿Estás bien? —inquiere el alfa con preocupación. Por mi parte, esbozo un suspiro y finjo una sonrisa.
—Sí, lo estoy. —Adelanto el paso.
Papá me dijo que le mostrara el territorio que rodea la casa, y eso estoy haciendo. Me intriga la insistencia del alfa para que Leoncio y yo estemos solos, aunque sospecho la razón: papá ha de estar desesperado para que me olvide de Gael.
—Me gustaría que fuéramos amigos, Gia. Eres una mujer agradable, con quien puedo hablar de forma fluida; desde que mi mujer murió, no me había sentido tan bien con la compañía de una persona.
Esto se está tornando incómodo.
El alfa me mira, avergonzado, y niega varias veces con la cabeza.
—No me malinterpretes. —Se frota el mentón—. No es que tenga alguna intención romántica contigo, solo te ofrezco una amistad. Aunque, seré sincero contigo: me siento atraído por ti desde la primera vez que te vi. ¿Por qué no somos amigos y vemos si, en un futuro, podemos ser algo más?
Vaya…
—Podemos ser amigos, pero no le garantizo que eso cambie.
—No importa. Seamos amigos, bella Gia. —Toma mi mano y la besa; luego me mira con picardía. Este hombre no se va a rendir. En fin, estoy siendo clara con él, así que no me haré responsable de nada más.
Después de una larga conversación sobre asuntos de la manada, regresamos a la casa.
***
La brisa fría me levanta el cabello y susurra promesa de lluvia, mientras observo el amplio cielo negro y sin la luz de la luna, que se acompasa a la perfección con mi estado de ánimo.
Entre suspiros y pensamientos melancólicos, me meso en el mueble del patio, reviviendo recuerdos para aferrarme a ellos, pues es lo único que me queda ahora.
Gael no está, y debo aprender a vivir con ello; sin embargo, mi corazón necio no quiere renunciar tan fácil.
—¿Qué te traes con ese alfa? —Doy un respingo cuando Kali habla detrás de mí y camino por los alrededores, nerviosa. ¿En qué momento se colocó aquí?
—Nada. ¿Por? —Miro en dirección al cielo nublado, que impide que las estrellas sean admiradas hoy. Kali se para a mi lado y me observa con los ojos entrecerrados.
—No me gusta él ni sus intenciones —dice, cortante. Camino de regreso al mueble mecedora y vuelvo a sentarme; él hace lo mismo.
—No es un mal hombre —le refuto sin ninguna emoción.
—¡No me digas que te gusta! —La ironía en su tono es un poco molesta. ¿Qué le pasa?
—Y si me gustara, ¿qué? —Me cruzo de brazos, desafiante.
—¿Y Gael? —contraataca. ¡Qué vil!
La simple mención hace que mi corazón salte con euforia y esa tristeza punzante intensifique mi agonía. ¿Por qué tuvo que mencionarlo?
Quiero golpearlo.
—Gael me abandonó, ¿recuerdas? —contesto con ironía. No puedo evitar la mueca de dolor que vino después de eso.
—Debe tener sus razones —se limita a decir con una naturalidad que enciende algo dentro de mí.
¡No lo puedo creer!
Mis manos se aprietan en puños, me muerdo el labio inferior y trago pesado porque siento que la garganta se me reseca. Estoy muy molesta ahora mismo.
—¿Estás de su parte? ¿Qué clase de amigo eres? ¡Sus razones! ¿Existe alguna razón válida para su cobarde huida? No, Kali. Gael me ha vuelto a romper el corazón, y nunca se lo voy a perdonar. Además, él no confía en mí y me ha dejado fuera de su vida —estallo, como si Kali fuera el culpable de mi sufrimiento y frustración.
—Gia, sé que hay una razón fuerte para su comportamiento. Estoy preocupado por mi amigo, presiento que algo malo le sucede.
La angustia en su voz provoca que un escalofrió me recorra el cuerpo y deje una sensación gélida en todo mi interior.
Estoy enojada con Gael, pero no puedo evitar angustiarme ante las palabras de Kali.
—No me importa —miento—. Él decidió dejarme fuera, es su problema ahora. —No le doy chance a Kali para refutar; más bien, me levanto del mueble y entro a la casa.
Me dirijo a mi habitación y, una vez adentro, enciendo la luz. Otra vez mi ventana está abierta y huele a… ¿Gael? Busco con desesperación en todo el cuarto, pero él no está. En su lugar, encuentro una carta dentro de un sobre.
Gael…
Las manos me tiemblan, por lo que abrir el sobre es toda una odisea. Cuando logro liberar el papel, leo con ansias. Qué puedo decir, soy toda una hipócrita.
«Hermosa y amada mate:
Lamento mucho haberme ido de esta manera, pero no tuve opción. Te he visto y sentido sufrir, y eso me está torturando. No sufras más, por favor. Te prometo que estoy haciendo todo mi esfuerzo para regresar por ti, si tú quieres esperarme, por supuesto.
Sé que anhelas saber la verdad, y te la diré: si te marco, ambos moriremos. Es todo lo que te puedo decir por ahora para que me entiendas. Aquella noche estuvimos a punto de reclamarnos y marcarnos; si el alfa no llega a tiempo, estarías maldita ahora mismo. Eso nunca me lo perdonaría.
Por otro lado, debes estar atenta a Natura. No pude saber con exactitud qué busca en nuestra manada, por eso te pido que estés alerta a su comportamiento y trates de investigar qué es lo que esconde en realidad; no creo que sea una simple loba ni que haya caído en este lugar por accidente.
Gia, espero que me perdones y, si no estás dispuesta a esperarme, entonces haz tu vida y sé feliz. Yo solo quiero tu bienestar. Me iré lejos, ya no estaré por estos alrededores para protegerte, así que cuídate mucho.
Gia, te amo».
Lloro…
Dejo salir el llanto con gemidos sonoros y permito que mi alma se desahogue. Las lágrimas traen alivio a mi corazón, que está adolorido por su ausencia.
Gael…
Yo también te amo, y te esperaré.
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