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Gia
Gael se ha puesto delante de mí gracias a su instinto protector. Lo percibo tensarse en la manera en que su respiración se agita. Sé que Gael está calculando un ataque como las posibilidades que tenemos de salir ilesos de esta emboscada, o por lo menos, de que yo lo haga. Pero si cree que lo dejaré solo en esta situación está muy equivocado.
«¿Qué buscan en nuestros territorios?».
Escucho a Gael conversar con ellos por telepatía, dado que los intrusos están convertidos en lobos.
«Vinimos a convencerte de que te vengas a nuestra manada».
¿Ah?
¿Acaso a estos lobos les patina el cerebro? ¿Por qué Gael se iría con ellos?
«No me digan», responde Gael en tono de burla, «Soy el próximo alfa de Luna creciente, ¿por qué me iría a su manada?»
«Porque no es justo que le des tanto poder al alfa Mateus y a Luna creciente sin recibir nada a cambio. No tendrías que verte a escondida con tu propia mate cuando tienen la solución en sus narices».
Gael se queda helado y no responde; en su lugar, él los mira con desconcierto y sorpresa. Yo también estoy sorprendida, ¿cómo rayos saben ellos que Gael y yo somos mates?
El mutismo se ha adueñado del lugar y los lobos que nos acorralan se miran entre ellos, como si ya hubiesen ganado con su tonto argumento sin sentido. Aunque la reacción de Gael me tiene intrigada.
«Regresen a su manada y déjennos en paz. Cada manada goza de tranquilidad y seguridad, ¿para qué arruinar eso? Les pediré que no vuelvan a atacarnos», responde Gael, tras unos segundos en pleno mutismo.
«Nosotros no los hemos atacado, ha sido lo contrario. Sí estuvimos merodeando sus tierras porque queríamos hablar contigo, pero los lobos de tu manada no fueron muy corteses que digamos».
Ellos se alejan de nosotros de forma lenta hasta desaparecer en la oscuridad, pero algo me dice que no este asunto no termina aquí, por lo que tengo el presentimiento de que regresarán.
—Gael, ¿sabes a qué se refirieron? ¿Cómo es que le das poder a papá?
—Te juro que no tengo ni idea de a lo que se refieren con eso. A decir verdad, lo único que me inquieta es que ellos saben que tú y yo somos mates y que nos vemos a escondidas. Es obvio que nos están vigilando.
Me tenso y me pongo nerviosa. ¿Tan de cerca nos espían que saben nuestro secreto?
—Gael, ellos dijeron que la cura está en tus narices, ¿a qué se refirieron con exactitud?
—Lo mismo me pregunto. —Gael se queda pensativo por unos segundos, pero me da la impresión de que tiene una lucha interna.
—No le creerás, ¿cierto? Sabes que papá nunca te robaría; él es un buen hombre con todo y su mal genio.
Otra vez veo la duda en Gael y esa lucha interna en su silencio. Se lo está pensando.
» Gael, ¿te atreverías a traicionar a papá? —interpelo, llena de preocupación.
—No sería capaz de hacer algo así. Mejor vámonos, ya es tarde.
Gael y yo regresamos a la casa en un silencio incómodo. Yo, desesperada por acabar con esta tensión; él, sumido en sus más profundas meditaciones.
***
No pude dormir en toda la noche porque no puedo dejar de pensar en el extraño evento que tuvimos en el bosque. No le encuentro sentido, pero me intriga y me preocupa. ¿Tiene eso que ver con lo extraños que han estado Gael y papá?
Sacudo la cabeza para alejar esos pensamientos. Necesito un descanso mental o me volveré loca. Mejor me preparo para ir a la oficina.
—Hola, preciosa. —Gael me jala para su habitación cuando camino por el pasillo y cierra la puerta detrás de sí, entonces me besa como si no hubiera un mañana.
Vaya que se siente bien...
—¿Cómo es que besas tan rico? —balbuceo sobre sus labios, bajo el efecto de un delicioso éxtasis.
—Eso mismo me pregunto yo, ¿cómo es que tu boca es tan deliciosa? Tan embriagante, desquiciante y adictiva.
Nos volvemos a besar.
—Gael —le llama el alfa del otro lado de la puerta.
¡Me muero!
—Shhh... —Gael acaricia mis labios con sus dedos y responde al alfa.
—Debemos irnos —le avisa papá.
—Sí, ya estoy casi listo —responde él con una sonrisa juguetona. No escucho más al alfa, pero espero unos minutos para hablar, y ni pensar en salir ahora. Gael me besa de nuevo y yo me pierdo en el disfrute de sus labios.
Acaricio su cabellera, que le cubre la mitad de los brazos, para luego dirigir los dedos a su rostro; sigo hasta su oreja derecha y me detengo en el arete plateado que tiene allí desde que fue traído a esta manada. Su torso está vestido con una franela ajustada, dado que no se ha puesto la camisa, por lo que sus brazos se encuentran libres de tela y eso me permite acariciarlos.
—Gael... ¿te tatuaste? —le agarro el brazo mientras escudriño aquel extraño tatuaje en forma de raíz negra—. ¿Por qué lo hiciste y con un dibujo tan feo? ¿No se supone que los líderes de la manada deben tener la piel limpia?
Gael se tensa.
—Esto... —Acaricia la raíz con repulsión—. Esto no es un tatuaje, es una advertencia de que no debo tocarte.
¿Ah?
—Me imagino que tiene que ver con la maldición, el veneno o lo que sea. ¿Cómo no lo vi antes?
—Eres un poco distraída, pequeña princesa. —Me pellizca la nariz de forma juguetona.
—Oye, ¿por qué nunca te has quitado ese pendiente? —Observo la joya con fascinación. Es tan linda y atrayente a la vista.
—No puedo.
—¿Qué? ¿Por qué?
—No lo sé… —Suspira. Hay tanto misterio en la vida de Gael, que a veces me siento frustrada. Es decir, nos conocemos desde niños y siempre hemos vivido bajo el mismo techo; sin embargo, tengo esa sensación dolorosa de que nunca termino de conocerlo, que me molesta.
—¿Nunca has intentado quitártelo? Es hacerlo y punto. —Intento sacarle el pendiente, pero es imposible. No tiene cerradura y pareciera que está incrustado en la piel.
—Duele… —se queja—. No lograrás quitarlo. Recuerdo que el alfa, junto a otros líderes intentó hacerlo, pero nunca pudieron.
—¿Qué? ¿Cuándo?
—Cuando me trajeron a esta manada. ¿Recuerdas que me llevó al centro de curación por unos días? —Asiento—. Pues, aparte de revisarme y de intentar de que yo recupere la memoria, ellos intentaron quitarme el pendiente. Incluso uno de ellos propuso que me amputaran la oreja.
¿Ah?
Me tenso y me muero del susto. ¿Qué diablos?
—¿Por qué harían algo así? —inquiero aterrada.
Gael aprieta los ojos, como si luchara contra sus propios pensamientos o memorias.
—No estoy muy seguro, ya que los recuerdos de aquel entonces se tornan borrosos y a veces desaparecen. Solo sé que lo hacían por mi bien.
No me quedo satisfecha con esa respuesta, pero no insisto porque sé que Gael es sincero. No sé qué me sucede, pero en estos días, que estoy tan cercana a él y que ambos hemos reconocido nuestro vínculo, tengo una sensación extraña en el pecho que me pone inquieta y recelosa. Es como si mi ser quisiera defenderlo de algo o de alguien, pero no logro descifrar cuál es el peligro.
—Gael, si los lobos de la manada Luna de fuego saben acerca de nuestro problema, ¿crees que sea cierto que conocen la solución? —cambio el tema de repente, porque desde anoche tengo esa cuestión y creo que Gael también.
Él me abraza en silencio y sé que debe estar pensado en lo mismo que yo, desde ayer. Pero, ¿qué tal que los de la manada Luna de fuego tengan razón?
» No sería traición si vamos y escuchamos las palabras de ese alfa, Gael. Solo es enterarnos qué tanto saben —insisto, debido a que puede ser que Gael se cohíba de buscar respuestas por lealtad a mi padre y por miedo a que yo lo juzgue.
—¿Crees que ellos nos darán información sin nada a cambio? Estoy seguro de que estos algo se traen. Puede que tengan parte de la verdad y, sospecho cómo la han obtenido, mas, que lo demás sea una mentira es una posibilidad también. Yo tengo una teoría, así que seguiré buscando la solución a mi manera.
—Si me dijeras la verdad completa podría ayudarte.
—Si te dijera la verdad completa no estarías en condición de hacerlo y actuarías por impulso.
¿Qué tan grave es lo que tiene Gael que teme tanto decirme? ¿Por qué actuaría yo por impulso si me entero de qué va la maldición?
—Siempre y cuando tú estés bien no tengo por qué actuar por impulso. Si algún día debo renunciar a ti para que no sufras lo haré. Me importa más tu bienestar.
Otra vez esa tensión. Me gustaría entrar en la mente de Gael, así como lo hace él. Su reacción me asusta, ¿y si la maldición le hace daño? No, Gael está bien. Él siempre lo estará.
Me aferro a su cuerpo con fuerza, ya que el simple hecho de imaginarme que algo malo le suceda me da ganas de llorar.
No, mi Gael siempre estará bien.



