¡Mate! – Capítulo 29: Gael y Gia frente a las intrigas de la manada

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Gael
«Acaba con ese intruso. Ella es nuestra mate», ordena mi lobo, quien lucha por tomar el control.
Entretanto, sudores fríos me recorren el cuerpo y tengo que apretar los puños para controlar los temblores que me corroen. Los latidos de mi corazón son tan fuertes que retumban de forma dolorosa en mi pecho y me llevan al límite de los nervios.
Debo controlarme.
—Gael, ¿estás bien? —La voz del alfa Leoncio me tortura de forma fastidiosa.
Debo calmarme, necesito calmarme.
—Gael —me llama el alfa Mateus, quien, por el tono de voz, deduzco se encuentra preocupado, pero puedo percibir cierto reclamo cuando me nombra.
¿Por qué el alfa me hace este mal si me considera como a un hijo? ¿Era necesario traerme aquí para recibir esta noticia de golpe? Controlo las lágrimas que se me han acumulado en los ojos y trato de recuperar la compostura. Con respiraciones profundas me incorporo, ni siquiera había notado que me había encorvado ni que me había robado la atención de los presentes.
—Disculpen... —Miro a todos con expresión abochornada—. No me siento bien hoy.
—Tal vez debes regresar a casa y descansar —sugiere el alfa rubio. No, no me iré. Necesito escuchar todo el plan de unión y así saber con cuánto tiempo cuento, para poder llevarme a mi mate lejos de la manada.
—Estaré bien, disculpen el espectáculo —respondo, más tranquilo.
—No es ningún espectáculo. Solo no te sientes bien. —Miro la mano que el rubio ha colocado sobre mi hombro, y un pensamiento me pasa por la cabeza: ¡Córtasela!
—Bueno, continuemos —interviene el alfa Mateus.
Somos dirigidos por un largo pasillo y el mayordomo del alfa Leoncio nos enseña cada rincón de la mansión, el valor de los lujos que hay aquí, asimismo, habla sobre el patrimonio del alfa, la historia de la manada y de cómo este quedó huérfano y perdió a su mate por una enfermedad; esto último nos sorprende a todos, puesto que los licántropos no nos enfermamos; sin embargo, nadie dice nada al respecto.
Según el tal Leoncio, los miembros y líderes están pidiendo una luna que traiga bendición, herederos y seriedad al alfa, por tal razón, busca una esposa que le ayude a administrar la manada y que sea la madre de sus futuros cachorros.
El alfa Mateus se muestra muy interesado en la explicación de ellos y puedo ver su cara de satisfacción, al saber que su hija tendría toda esta riqueza a su disposición y el futuro asegurado. Riqueza que yo no puedo darle. Ni siquiera está segura conmigo. Muerdo mi labio inferior y presto atención a todo lo que ellos dicen, en especial la manera de cómo ese rubio fanfarronea de sus habilidades y fortuna.
—Cuando vi la fotografía de su hija quedé prendado a ella. Gia es una mujer hermosa y se le nota que tiene carácter en la mirada. Estoy ansioso por conocerla en persona, ¿cuándo se dará nuestro encuentro?
Percibo al alfa tensarse. Río en mis adentros porque esta sería la parte más difícil: convencer a Gia de casarse con este desconocido.
Ella me ama a mí.
Aunque debo admitir que estaría mejor con este alfa. Me duele esta realidad, pero yo no sé si pueda romper con la maldición, lo que significa que tendría que alejarme de ella de forma definitiva. Viendo las cosas de esta manera, no culpo al alfa, él solo quiere el bienestar de su hija.
¿Por qué tuviste que ser mi mate, Gia? Todo hubiese sido tan sencillo si yo no tuviera una pareja destinada.
Después de un largo recorrido por la mansión y los cultivos del alfa Leoncio, almorzamos en un elegante salón con música de fondo y comida cara y fina. Gia se merece todo esto, yo no debería ser tan egoísta en arrebatarle una buena vida.
Ella no sería feliz.
Suelto un largo suspiro. Es cierto, Gia no sería feliz en esta mansión llena de lujos. A ella le gustan las cosas sencillas y el desayuno que yo le preparo, correr descalza por el bosque y bañarse en el río. Ella es una chica aventurera y libre que odia las etiquetas y los protocolos, asimismo, se siente cómoda usando sus chancletas de plástico o sus botas. Mi Gia no se sentiría cómoda en un lugar como este.
—Alfa Mateus, aun espero su respuesta en cuanto el encuentro con la bella Gia —insiste el intruso.
—Gia es un poco complicada y de carácter fuerte, por lo que tendrá que ser paciente con ella y conquistarla de forma lenta. Ella no va a aceptar una unión impuesta por mí.
—Ummm... Me suena a reto y yo amo ser retado y ganar. Al parecer, su hija es más interesante de lo que había imaginado. En ese caso, hagamos que nuestro encuentro parezca coincidencia. Iré a visitar su manada por asuntos de "negocios"; usted asegúrese de que ella esté presente en ese momento, que del resto me encargo yo.
—Perfecto. Así será. —La satisfacción en el semblante del alfa Mateus me irrita.
Ellos se irán con todo.
Observo a mi rival y la inseguridad me provoca estragos. Él es un hombre apuesto, elegante y seguro de sí; sumándole la gran riqueza y poder que posee, ¿qué impediría que Gia cayera rendida a sus pies? Al fin y al cabo, él sí puede darle placer y una familia. Yo, por el contrario, tengo poco tiempo de vida y la puedo arrastrar conmigo a mi maldición.
Me duele el corazón y mucho. ¿Por qué me tuvo que pasar esto a mí? Hubiera sido mejor haber muerto junto a mis padres a tener que vivir este infierno.
Por fin nos despedimos de ese intruso fanfarrón y nos subimos a los vehículos que nos llevarán de vuelta a la manada. ¡Qué bien que ya este día de mierda terminó!
Los dos jefes que vienen en el auto del alfa parlotean sobre lo afortunada que será Gia y lo mucho que esa alianza nos favorecerá, lo que me provoca un maldito dolor de cabeza. Estoy cansado del tema de mierda, necesito llegar a casa y encerrarme en mi habitación a lidiar con mi desdicha en soledad.
No...
Necesito verla y abrazarla fuerte; saborear esos lindos y deliciosos labios que tanto me enloquecen. La necesito, aunque sea por un momento.
—Gael ha estado callado y raro en todo el día —comenta Diogo con malicia en su tono, rompiendo el hilo de mis pensamientos.
—Al parecer la noticia, en vez de alegrarlo, le cayó como espina en el culo —añade Lar con burla—. ¿No deberías estar feliz de que ya la chiquilla no te molestará con la ridiculez de que eres su mate?
La ira que me inunda en este momento es para convertirme en lobo y arrancarle la lengua a ese infeliz; no obstante, decanto en ignorarlos porque todo esto es mi culpa, ya que Gia siempre ha tenido razón en cuanto a nosotros, y por esa verdad es juzgada como caprichosa, obsesiva y loca. 
—Solo estoy indispuesto —respondo de mala gana.
—Deben callarse y dejar de hablar del tema cuando lleguemos a la manada —advierte el alfa—. No quiero que Gia sepa sobre los planes de unión. Le haremos creer que continúo buscándole pareja, así nunca sospechará nada y estará más receptiva al alfa Leoncio.
Todos asentimos. Si antes me sentía como la mierda, ahora estoy peor. No es justo que sea partícipe de esto, Gia no se merece que se burlen de ella de esta forma tan baja.
Desde que llegamos, me desmonto del vehículo para correr a mi habitación, pero el alfa me detiene.
—Gael, espero que continúes siendo prudente en cuanto a este asunto. Sé que siempre has sido leal y has obedecido a mis mandatos, pero me preocupa que tu amor por ella te haga cometer una estupidez. Si de verdad te importa, entenderás que esto es lo mejor para mi hija.
—Lo sé, Alfa. —Mi voz sale con amargura—. No le diré nada por más desagradable que me parezca que la engañen y que la utilicen, como si ella fuera un objeto sin decisión propia. Al fin y al cabo, pese a que Gia es mi mate, no tengo derecho si quiera a soñar en estar a su lado. No hay beneficio de la duda para mí y mi capacidad de conseguir una solución. Se me prohibió desde que la reconocí el siquiera intentarlo.
» Lo entiendo, es su padre y primero está el bienestar de su hija, pero la manera en que hace las cosas me parece muy baja. Mas no se preocupe, no me interpondré entre sus planes ni le diré nada a Gia. Pero alfa, de algo no me puede privar. —Lo miro con desafío por primera vez en mi vida—. No dejaré de velar por ella ni de protegerla, aun tenga que hacerlo a distancia. No permitiré que ese alfa ni nadie más le haga daño; así que, mientras respire, viviré para velar por la vida de mi mate.
—Confío en el alfa Leoncio, así que no tienes que estar a la defensiva con él. Además, es trabajo mío velar por ella en caso de que ese alfa se atreva a hacerla sufrir. Mejor enfócate en tus asuntos y olvídate de Gia, ella tendrá un esposo que cuidará de su bienestar. No debes verlo como el enemigo, él es su futuro y es quien tiene que vivir para velar por ella.
—Él será su esposo, pero yo soy su mate. Nadie nunca, ni siquiera usted, la amará tanto ni sentirá su dolor como yo: En carne propia.
Lo dejo con la palabra en la boca y me apresuro a mi habitación. Estoy que estallo de la ira y la decepción. A un extraño sí se la confía, pero a mí, que siempre he estado para ella y la he cuidado con mi vida, a quien no he reclamado ni marcado porque me importa más ella que yo, a quien se ha sacrificado para que ella esté bien y ha tenido que sufrir su ausencia en silencio, a mí que tan leal he sido ni siquiera me permite intentarlo.
Entro a la habitación con la piel ardiendo y los ojos llenos de lágrimas. Pero me quedo estático en mi lugar al encontrar a Gia en mi cama y abrazada a mi almohada.
—¡Llegaste! —Salta con rapidez y se me tira encima. Sus besos tiernos y desesperados por todo mi rostro son un relajante, una píldora aliviadora a mi malestar.
Gia, si supieras que pronto alguien te llenará los ojos con su atractivo y riqueza, que tu vida se ha planeado en un salón lleno de hombres calculadores. Gia, espero poder resolverlo antes, pero si no lo logro, ojalá te enamores de él y seas feliz.


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