¡Mate! -Capítulo 26: Secretos, celos y emociones desbordadas

Gia

Me despierto con un dolor de cabeza horrible y náuseas. ¿Por qué todo está oscuro? ¿Ya ha anochecido? Me levanto de a poco porque el malestar es insoportable y enciendo la luz; al mirarme en el espejo, no sé si llorar o reír ante mi aspecto desaliñado y mis ojos hinchados y rojos. ¡Me veo tan fea!
Un suspiro y nuevas lágrimas me mojan las mejillas; no, no debo llorar más o me estallarán los ojos. Me las limpio con rudeza y me dirijo al baño. Con todo y ropa me pongo debajo de la ducha; una vez que el agua recorre mi piel, los recuerdos me visitan como un torturador.
Gael…
¿Por qué?
Estoy cansada de esta situación y no sé si valga la pena luchar por un amor tan problemático. No entiendo la razón por la que Gael se acobarda frente a papá; ese tonto ni siquiera me defendió, sino todo lo contrario, dejó que papá me humillara delante de todos.
Él estaba con ella.
Ese infeliz de seguro volvió a copular con ella en el río. Imbécil, mentiroso, desgraciado…
He vuelto a llorar en el baño, acción que ha empeorado el estado de mis ojos. Aquí, sentada sobre la cama, me debato entre salir a comer algo o quedarme en la habitación encerrada. Me da tanta vergüenza encontrarme con los demás, asimismo, temo mucho ver a Gael junto a ella. Prefiero estar refugiada en la soledad, aunque debo comer.
«Gael te debe una explicación», se queja mi loba, muy enojada.
Me abrazo a mí misma y miro la puerta. Unos segundos de debate más y me encuentro poniéndome un vestido corto y de tela fresca, luego meto mis pies en unas chancletas sencillas y me dejo el cabello suelto y mojado. Cuando tengo la mano sobre la perilla de la puerta, exhalo un suspiro y abro con lentitud, acto seguido, salgo de la habitación con cautela, puesto que temo ser vista después de semejante espectáculo.
Voy a la cocina y no veo a nadie, lo que es bueno. Tengo tanta hambre que me comería un jabalí. Mi plan es sacar comida rápido para llevarla a mi habitación sin ser descubierta, pero varias personas que están riendo entran a la cocina, por lo que ese plan se ve arruinado.
—Cariño, ya despertaste —dice mamá y se me acerca—. Deja eso, te prepararé algo delicioso.
—No es necesario —gruño, abrazando el pan a mi pecho. Tomo queso y un cuchillo, a continuación, me dirijo a la repisa con la mirada baja.
—Gia, te saltaste el almuerzo y la cena, debes comer algo más sustancioso que eso —me regaña mamá.
La ignoro. Continúo preparando mi pan y, una vez termino, tomo un vaso de jugo y me dirijo al patio sin decir nada. Ella tampoco me defendió. Claro, don alfa es la ley y todos debemos obedecer sus estupideces y caprichos. No soporto a esta familia, yo me largo de aquí mañana mismo.
Me devoro el sándwich con rabia más que con ganas. ¿Qué haré ahora? No tengo dinero para vivir por cuenta propia, dado que el alfa es quien debería pagarme por mi trabajo. El año de voluntariado lo tomé a costa de papá y es obvio que ya no contaré con su apoyo si abandono la manada.
¿Dónde puedo conseguir un empleo y empezar de nuevo?
—Gia, ya despertaste. —¡Lo que me faltaba! Empiezo a mecerme en el mueble mientras miro al cielo—. Amor, hablemos, ¿sí?
¿Amor? ¿Se puede ser tan cínico como este idiota?
Continúo ignorándolo.
» Pequeña princesa, déjame aclararte todo, por favor.
—Gael, no pierdas tu tiempo conmigo. En realidad, no tiene sentido que lo hagas. Tú estás bien con Lía, así que sigue apareándote con ella todas las semanas y sé feliz; no necesitas tener más problemas ni mal sabores al liarte conmigo.
» ¿Para qué estar con una mujer que no te provoca deseo cuando puedes tener a la que sí? Si quieres estar conmigo por lástima o porque crees que me debes algo, no es así. Yo ya te había rechazado como mate, así que no tienes ningún compromiso conmigo.
—Lo estás entendiendo todo mal, amor.
—¡Deja de llamarme así! —estallo. Es que no entiendo su insistencia. Debería estar feliz porque lo estoy liberando.
—Vamos a hablar a otro lugar, por favor. —Mira por todos lados con recelo.
—No quiero. Déjame en paz.
—No seas así, Gia. Hablemos.
—¡Deja de joder, con un carajo! No iré contigo a ninguna parte. ¿Crees que soy idiota? Te acostaste con esa zorra, ¿cierto? Debe hacerlo muy bien para que solo quieras intimar con ella.
—¡No me acosté con Lía! —Salto en mi lugar cuando la voz gruesa de Gael retumba en el patio. Este sí sabe hacerse sentir.
—No me digas… —ironizo mientras lo miro un poco intimidada.
—Sí te digo. No me acosté con Lía; te prometí que no lo haría y cumpliré con mi promesa.
—Si para ti es tan difícil el no revolcarte con tu zorra, tranquilo, yo ya no seré una razón para abstenerte.
—¡Con un demonio, Gia! Te amo a ti, te deseo solo a ti.
—No me pareció ser así esta tarde. Gael, fui tratada como una obsesiva que le ruega a un hombre que está en otra relación. Pudiste haber desmentido eso, pudiste darme una explicación en ese momento, pero no lo hiciste.
—Te dije que sería un secreto por ahora, Gia. Debe ser así por un tiempo. El alfa nunca aceptaría nuestra relación y no es porque sea malo, él tiene sus razones.
—¡Sus razones! Está amargado porque su mate murió. Ahora le molesta que los demás estén con las suyas.
—No hables así, no es eso.
—¿Y qué es, Gael? ¿Esa mierda del veneno?
Gael juega con su cabello con impotencia.
—No quiero que sufras.
Mi carcajada debe escucharse en las manadas vecinas. Y sí, es de pura burla.
—¡No me digas! Te ha quedado muy bien, yo para nada sufro. —Toda mi frase denota sarcasmo.
—No estás lista para saber ciertas cosas. Gia, empecemos de nuevo. Ya hablé con Lía y le expliqué que no necesito de sus servicios… ¡Rayos! Es decir…, que ya no tendremos ese tipo de relación.
—¿Ya el alfa no le pagará a tu prostituta para que tengan sexo? —escupo, desdeñosa.
—No lo digas de esa manera, se oye mal.
—¿Existe una forma bonita de decirlo?
Me duele la cabeza. Esto es demasiado absurdo. Si Gael puede tener relaciones con ella, ¿por qué conmigo no? Yo no le cobraría.
¿Qué estoy pensando?
—Gael, aléjate de mí. No quiero que te me acerques nunca más. —Me levanto del mueble dispuesta a irme, pero él me sostiene por el brazo y me jala hasta sentarme encima de sus piernas.
¡Ah!
—Por favor, mi amor… —Se aferra a mi cuerpo en un abrazo—. Necesito fuerzas para no rendirme, una esperanza. Gia, necesito de tu amor para poder luchar contra mi mal.
—Ni siquiera sé a ciencia cierta de qué trata tu mal. —Intento liberarme.
—Ya te lo dije… —masculla molesto.
—Eso es una estupidez, Gael. Solo son suposiciones del alfa. ¿Qué tal que papá se haya inventado todo ese asunto para separarnos? ¿No lo has sopesado aún?
Gael se queda pensativo.
—Muchas veces… —masculla dolido—. Sin embargo, puedo sentir la oscuridad que me rodea y que me insta a aparearme. Sé que estoy envenenado y maldito, pero no estoy seguro de que te pueda perjudicar; no obstante, tampoco lo pondré a prueba. Jamás me perdonaría si pongo tu vida en peligro.
—Yo prefiero morir a vivir toda una vida sin ti, imbécil.
—Yo te prefiero viva, realizada y feliz, aunque no sea conmigo —refuta él, y por alguna extraña razón, me da la sensación de que ya se ha resignado a ello.

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